MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

Manuel Cienfuegos Mateo y otros

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3.1. El MERCOSUR

El MERCOSUR fue fundado después de la década perdida y del fracaso del modelo de la sustitución de las importaciones. Sigue (o seguía) al concepto del NR y proclama la aspiración de formar un mercado común y abierto. Con este objetivo parece más cercano al modelo europeo que las otras regiones, al menos formalmente.

Sin ir a detalles se puede destacar que para los fundadores del MERCOSUR el tratado regional era un pilar de una América Latina nueva y abierta y, a su vez, un instrumento de la reintegración a la economía global. También había ambiciones políticas como la reunión pacífica de la región y la formación de un grupo más poderoso en cuanto a las políticas extra-regionales.

La idea principal de los fundadores era realizar un proceso de integración profunda y parecida al de la Unión Europea, pero sin establecer ningún sistema supra-nacional de instituciones. A diferencia de la creación de instituciones comunes se tenía la intención de manejar la región por medio de una coordinación intensa regional.

En la realidad, las decisiones presidenciales “ad hoc” eran el instrumento principal de coordinación y de desenvolvimiento del proyecto.

Durante los primeros años de su existencia, el MERCOSUR avanzó rápidamente. Se bajó el arancel promedio desde aproximadamente 40% a 12% y se redujeron las barreras no-arancelarias de una manera radical. Hacía adentro, también se liberó a los mercados significativamente. En 1995, aproximadamente, el 85% de las posiciones aduaneras eran libres de restricciones. Más y más inversores internacionales redescubrieron al Cono Sur como objetivo de inversiones directas y la región parecía encontrarse en un estado de euforia.

Dado a estas condiciones favorables parecía relativamente fácil seguir el camino exitoso de la integración hacia el final. En 1995 se fundó la Unión Aduanera.

Como sabemos hoy, las visiones de los años noventa no se han materializado. Además de algunas deficiencias estructurales del concepto económico del MERCOSUR (Preusse, 2004), hay dos puntos claves que hay que anotar:

1. La UA conllevó para los miembros la obligación de ejercer una sola política de comercio exterior. Dicha obligación implicaba que los miembros traspasasen una parte de sus derechos de soberanía nacional hacía la comunidad (capítulo 2). Se tardó poco en comprobar que ni Argentina ni Brasil querían respetar esas limitaciones de su autonomía en serio. Así, acciones nacionales y unilaterales fueron la regla, no habiendo gremio ni institución que pudiera terminar con el abuso de las reglas de la UA. La política misma desacreditó a la UA porque no respetó sus propias reglas. Evidentemente, existe una cierta antinomia entre las aspiraciones del concepto de integración, que exige un cierto grado de ‘compartimiento de los derechos de soberanía’ (“sovereignty sharing”) y las realidades políticas nacionales.

Esta observación es importante para la evaluación de la prospectiva de formación de un pleno mercado común. Como ya destaqué, cada movimiento hacía el mercado común exige más disciplina en el campo de políticas nacionales porque más y más derechos nacionales se pierden en la región. Aparentemente se carece de voluntad política para aceptar esta consecuencia de la integración profunda. Por eso parece dudable, en este momento, que se pueda avanzar en el proceso de integración profunda, más allá de la UA, en tanto viva la contradicción entre el deseo de formar un Cono Sur (o, más bien, una América Latina) bien integrado y las realidades de las políticas nacionales.

2. El MERCOSUR todavía es una UA incompleta. 15% de las posiciones aduaneras no están dentro del programa. A primera vista esto no parece una barrera grande para el futuro del proyecto. Sin embargo, ese 15% incluye sectores sensibles como la industria automotriz y la del azúcar, que no son fáciles de integrar. Además, son sectores muy importantes de la región en términos cuantitativos.

El sector automotriz, por ejemplo, forma una parte clave de la industria brasileña (más de 10% de la producción industrial) y también es de gran importancia para Argentina. Sin embargo los aranceles en este sector todavía están en el 35%. Además, el comercio intra-regional todavía obedece a las reglas del ‘comercio equilibrado’, que sigue una filosofía que es exactamente lo contrario de un mercado libre. Más concretamente, el sistema de ‘comercio equilibrado’ elimina el funcionamiento de los precios y de la alocución de los recursos.

Desde la fundación de la UA se planifica terminar este vestigio de modelo de desarrollo administrativo. En varias ocasiones se ha decidido su cercana eliminación. Y cada vez uno de los actores rechazó al acuerdo. Ultimamente lo hizo el presidente Argentino Kirchner quien revocó el plan de integrar este sector en el concepto de UA en 2006.

No obstante estas deficiencias, lo que pesa aún más es que durante el final de los años noventa había un retraso significativo de reformas ya decididas e implementadas. Argentina, en particular combatió su crisis nacional y las turbulencias internacionales por medio de nuevas barreras no-arancelarias.

Como ya sabemos, las políticas de austeridad y la reintroducción de instrumentos proteccionistas no tuvieron éxito. A finales del 2001, Argentina cayó y sufrió una de sus crisis más graves de los últimos cien años. Lo que interesa en este contexto es que el MERCOSUR también pareció ser una víctima de la crisis.

Esto no ocurrió, el MERCOSUR todavía vive. Pero no queda mucho de la euforia de los noventa. Sí, los nuevos gobiernos en Argentina y Brasil proclaman su obligación de seguir adelante en el camino de la integración regional. Pero la retórica y la realidad no coinciden. Desde años, la región disfruta de un boom de materias primas y sus economías crecen fuertemente. Sin embargo no hay progreso en los campos centrales del proyecto “Mercado Común” (Schlageter/Preusse, 2008). Teniendo en cuenta que el nuevo miembro Venezuela no va a cambiar al rumbo del MERCOSUR hacía nuevas reformas de mercado, hay que concluir que, en este momento, no se puede saber cómo el concepto original del MERCOSUR puede ser revitalizado.

Por eso, desde el punto de vista de hoy, hay que destacar que el concepto del NR en el MERCOSUR no ha avanzado bastante bien y no puede entregar las ventajas esperadas. Además de las deficiencias económicas del proyecto que no puedo discutir en este discurso, la discusión ha revelado dos cosas principales de ese resultado:

1. No existe realmente la voluntad política de compartir y ejercer juntos los derechos de soberanía nacional a nivel común. Este hecho significa que la fundación de una comunidad de naciones del tipo “integración profunda” (Mercado Común) está fuera de las realidades.

2. No existe la voluntad política al día de hoy en la región para realizar un régimen común que esté basado en mercados e ignore a las reglas de los mercados globales.