MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

Manuel Cienfuegos Mateo y otros

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4. Conclusiones

En esta ocasión, he analizado algunos aspectos del regionalismo mundial. Me concentré en el MERCOSUR, el NAFTA y la situación en Asia. El punto de referencia ha sido la UE.

Mucha gente ve a la UE como el prototipo del NR. Realiza un alto grado de integración y apertura, y, de tal manera, produce un crecimiento bastante alto. Sin embargo, la UE no es un éxito rotundo.

No siempre han sido rechazadas con fuerza suficiente las presiones de protección de ciertos grupos de interés. En cuanto a los países en vía de desarrollo, en particular, el sector agrícola y la industria de textiles son los ejemplos más negativos. En otros sectores la UE practica formas sutiles de protección no arancelaria y los tratados preferenciales con los países en vía de desarrollo contienen muchos elementos de discriminación. En los años ochenta, cuando se propusieron el mercado común, el mundo se temía que la UE se retiraría más del mercado mundial. Se habló de la fortaleza Europa que amenazaba al sistema multilateral y a la OMC.

Aun cuando los temores más graves no se materializaron, hay que admitir que la UE tiene dos rostros. Uno es lindo y representa a las buenas ideas del nuevo regionalismo. El otro, sin embargo, es feo y simboliza al mismo proteccionismo que pretende combatir. En realidad, son ambas características de la UE que han contribuido a la extensión del regionalismo contemporáneo. A unos les atrajo el ideal de asegurar el acceso a los mercados regionales e internacionales (regionalismo abierto), mientras que a otros fueron estimulados para iniciar proyectos de contrapoder y neo-mercantilismo.

Con la fundación del NAFTA, la UE dejó de ser el caso especial en los asuntos regionales. Países en cualquier parte del mundo empezaron a buscar nuevos caminos en el terreno regional. La proliferación del regionalismo empezó. También en los círculos académicos, la percepción del nuevo regionalismo era más y más positiva.

Se insistió en los efectos potenciales de crecimiento y las ventajas políticas. Además, a otros les parecía que el regionalismo se pueda instrumentalizar como alianza en contra de las exigencias de la globalización.

A pesar de todo, hasta ahora la UE continúa siendo un caso excepcional. Solamente el NAFTA parece ser un contrapunto de igual peso económico. El NAFTA, sin embargo, ejemplifica un tipo muy distinto de integración regional en comparación con la UE. Renuncia de manera explícita a la idea de la integración política y de instituciones supranacionales.

El caso de NAFTA enseña que descuidando los aspectos de integración profunda no necesariamente se daña a la región, siempre y cuando se practique el flujo libre de bienes, de servicios y de capital hacía adentro y hacía afuera. Esta observación también pone en duda la tesis que la intensificación de las interrelaciones económicas regionales en el mercado común necesariamente fuerza las interrelaciones políticas. De facto, esta tesis ha dominado el proceso de integración europea desde sus primeros días.

Aun cuando no sabemos todavía cómo se desarrollará el NAFTA, hay que tener en cuenta que desde hace un par de años no se observan tendencias políticas significantes de integración más estrecha entre los tres países.

Asia representa a otro campo de experimentación regional. La región ahora forma un conjunto bastante estrecho de redes de producción y comercio. Sin embargo, hasta hace poco este proceso tenía lugar sin apoyo alguno de reglas especiales de integración regional.

Por supuesto, hoy en día observamos varias actividades regionales que apuntan a acuerdos más institucionalizados. Pero estas actividades parecen ser más una consecuencia de la difusión del regionalismo en otras partes del mundo que el resultado de grandes fuerzas internas de integración. Es decir, el nuevo regionalismo en Asia parece más una respuesta defensiva a la segmentación de los mercados internacionales que una consecuencia inevitable de las interrelaciones ya existentes en la región.

Si eso es correcto, tenemos que concluir que, tras la fundación de la UE y del NAFTA el NR se alimenta más de su propia existencia que de su atractividad económica y sus perspectivas de crecimiento.

La consecuencia de esta observación es que la discusión sobre el regionalismo mundial todavía está por comenzar. Evidentemente, la suposición que la integración regional es un camino seguro de generar beneficios económicos y políticos para la región y todo el mundo, tiene poco apoyo en los hechos a nivel global. Por lo contrario, este análisis respalda a aquellos que previenen contra los efectos negativos del regionalismo. Se compadecen del llamado regionalismo Spaghetti-Bowl (Bhagwati) y anotan que el nuevo bilateralismo, que aparece con éste, lleva varios peligros cubiertos y clandestinos.

Los escépticos mantienen que el regionalismo presenta una grave amenaza para el sistema multilateral y para los países pequeños en particular.

¿Es la UE un caso especial? Muchos observadores abrazarían esta tesis. De hecho, hay que mencionar que la UE se ha transformado durante el último medio siglo (se celebró el quincuagésimo aniversario de los tratados de Roma el 27 de marzo de 2007) de un simple grupo de libre comercio en una unión estrechamente integrada.

No obstante, el objetivo final, la unión política, no se ha realizado todavía. Hoy en día, no hay ideas concretas de integración política, ni se sabe qué camino llevará a que se realice la unión completa.

El intento de implementar una Constitución Europea fracasó hace poco. El tratado nuevo que debe terminar la paralización política indica que los pueblos europeos todavía no están seguros sobre cuál será el futuro político del proyecto.

Y el proyecto Euro que se celebra por la fuerza actual de esta moneda, no ha demostrado su viabilidad bajo condiciones más difíciles de los mercados monetarios internacionales. Asimismo, los cambios dramáticos en las posiciones competitivas entre los países miembros que se observan en los últimos cinco años no se discuten en público.

Finalmente hay que cuestionar la tesis que la integración profunda y abierta de la UE es una garantía para un crecimiento económico fuerte. En estos días, en la UE no se confirma esta tesis. El crecimiento económico promedio de la UE está por debajo del nivel de NAFTA y Asia, por ejemplo. Y el problema del desempleo de Europa es endémico. Los políticos europeos sí ven estos problemas y proponen varias estrategias para revitalizar el crecimiento económico.

Un ejemplo es la llamada iniciativa de Lisboa, otro es el proceso de Bolonia. Ambos proyectos tienen la finalidad de aumentar el potencial innovador y de la formación de capital humano de la región.

Sin embargo, los resultados hasta ahora son moderados.

Estas anotaciones escépticas no se deben tomar como un alegato en contra del concepto europeo. Por cierto, le UE es mucho más que un mercado común. Por eso no sería correcto evaluarla simplemente en términos de crecimiento económico. Sin embargo, hay que concluir que el éxito económico de un acuerdo regional depende de manera crítica de los conceptos específicos que se usan. Es decir, la región, al igual que sus miembros, tiene que preocuparse de reglas adecuadas de funcionamiento de los mercados.

Los protagonistas del movimiento del NR han destacado que el mismo proceso de integración ya garantiza la modernización de las instituciones casi automáticamente, y esto en turno mejoraría las condiciones de crecimiento fuerte y estable de la región. La realidad enseña que esto no es cierto. El acto de la modernización institucional es crítico y depende de las capacidades políticas. El caso de la UE confirma esta tesis: sí ofrece un potencial de crecimiento alto y estable, pero las deficiencias del sistema político-institucional actual todavía impiden su realización satisfactoria.

Entonces, ¿qué nos enseñan las experiencias en regionalismo?

1. Las posibilidades de la formación de una región de integración profunda depende críticamente de la voluntad política de los países miembros de compartir sus derechos de soberanía. Cuando esta voluntad no existe, el enfoque del NR, la integración profunda, está basada en ilusiones, y el fracaso es probable.

2. La cooperación regional sí puede ser exitosa en términos económicos sin que haya ninguna pretensión por una integración política.

En el pasado, los procesos de integración (fuera de Europa) que se limitaron a iniciativas para abrir los mercados de bienes, servicios y capitales fueron más exitosos que los conceptos con alta pretensión política.

3. Otro punto crítico del nuevo regionalismo es su impacto sobre el sistema multilateral. En la medida que la extensión de los acuerdos regionales afecte negativamente al sistema multilateral, el peligro de que las relaciones económicas internacionales sufran crece. Analizando la proliferación del regionalismo y del bilateralismo durante los últimos quince años esto parece ser un peligro bastante grande.