MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

Manuel Cienfuegos Mateo y otros

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2. La Unión Europea como punto de referencia

Antes de caracterizar a la UE quisiera hacer dos puntos que contribuyen a una cierta inseguridad en muchos economistas en cuanto a la evaluación del fenómeno del regionalismo:

1. Durante mucho tiempo la teoría económica ha tratado el tema de integración regional como un problema estático de alocución de los recursos y de los flujos de exportaciones e importaciones. Según este análisis la integración económica regional, a causa de su carácter discriminatorio, provoca efectos de crecimiento y efectos de desviación de comercio exterior.

El concepto de multilateralismo, sin embargo, no tiene estos efectos de desviación. Por eso, el multilateralismo es preferible al regionalismo en términos de beneficios económicos. Sin embargo, trabajos recientes sobre el regionalismo toman una perspectiva más amplia e incluyen aspectos de crecimiento y de desenvolvimiento.

Así, hoy en día, hay que diferenciar entre efectos estáticos y dinámicos de integración y proyectos de integración débil (TLC, UA) (“shallow integration”) y profunda (MC, Unión Política) (“deep integration”) (Lawrence, 1996).

Tomando en cuenta el carácter dinámico del asunto así como el aspecto de la integración profunda, el análisis de los efectos de la integración regional se presenta mucho más complejo que antes e incluye muy diferentes tipos de integración.

2. El segundo punto importante que se agrega a la incertidumbre de los economistas en cuanto al análisis del regionalismo es que el tema es interdisciplinario. Es decir, la mayoría de los proyectos no solo existe a causa de sus potenciales ventajas económicas. Por el contrario, son motivos políticos que son de suma importancia, mientras que los motivos económicos tienen solamente carácter instrumental. Uno de los ejemplos más importantes es la misma UE. El objetivo fundamental de su fundación ha sido el establecimiento de un orden político pacífico en Europa después de las destructoras experiencias de las dos guerras mundiales. Así, la integración de Alemania en el nuevo concepto europeo era mandataria.

Los fundadores de la UE ni siquiera tomaban como algo creíble que la integración política inmediata fuera posible. Por eso iniciaron el proceso de integración en el campo económico, esperando que la integración económica fuera el vehículo de la integración política.

Tomando en cuenta las relaciones estrechas entre las intenciones políticas y económicas, parece difícil analizar el regionalismo estrictamente
en términos económicos. Sin embargo, es importante reconocer que los aspectos económicos del regionalismo tampoco deben ser sub-estimados. En el caso de la integración Europea eso significa que últimamente el éxito del proyecto depende de que la Unión se establezca como una región de desenvolvimiento continuo y de crecimiento estable. Los políticos Europeos ciertamente entienden esta condicionalidad. La iniciativa de Lisboa, por ejemplo, es un resultado de esta preocupación política con la fe económica de la comunidad.

Incluyendo los aspectos político-económicos se puede clasificar a la UE según el concepto del NR que anota dos objetivos centrales:

1. El establecimiento de una región de integración profunda en términos económicos y políticos (Mercado Común y, finalmente una Unión Política).

2. La implementación de un régimen económico abierto en cuanto a los no-miembros. (Este objetivo significa que la Comunidad debe obedecer a las mandas de Artículo 24 de la OMC).

Ambos aspectos están inevitablemente vinculados: la integración profunda por medio de la formación de mercados comunes establece mercados grandes y diferenciados, mejora a la alocución y (de suma importancia) la transferencia de tecnologías, disminuye los costos de las transacciones y sube las presiones competitivas.

De esa manera ejerce un impacto positivo sobre el crecimiento económico.

La apertura hacía el mercado mundial, a su vez, apoya los efectos internos del crecimiento.

Los aficionados de este concepto creen que la región, siguiendo estos principios, se establece como región de alto crecimiento, y, a su vez, entrega efectos de spill-over para los no-miembros. Como resultado, los efectos negativos de la discriminación de los no-miembros disminuyen o desaparecen. Entonces, desde el punto de vista económico (y del NR), el tipo de integración que promete más éxito es el que se define del modo más cercano a la Unión Política.

Sin embargo, en el camino desde el TLC hasta la Unión Política, el contenido político del tratado también crece. Evidentemente, con los asuntos políticos creciendo, los derechos de soberanía de los Estados participantes disminuyen. En concreto, siguiendo el concepto del NR, los Estados miembros están obligados de transferir sus derechos de soberanía sucesivamente a los cuerpos políticos regionales (“sovereignty sharing”). Políticamente entonces, la integración regional profunda no viene sin costos para los participantes.

Regresaremos a este punto más tarde.

Hay que destacar que el concepto del NR se ha establecido en gran parte basado en las experiencias de la UE. No extraña entonces que la UE en este sistema aparece como un proyecto ya muy avanzado.

Hoy en día tiene un mercado interno casi completamente integrado, es libre en cuanto al flujo de capitales y de trabajo, ha establecido un sistema supra-nacional de instituciones y avanza con políticas comunes y un sistema de derechos comunes (Tribunal Europeo). Por fin, en 1999, la UE ha establecido el Euro como moneda común. En cuanto a las relaciones externas, la UE cumple con los principios de la apertura hacía fuera (no obstante las áreas criticas de las políticas de comercio exterior como, por ejemplo, el sector agropecuario).

De esta manera, en términos del NR, la UE forma la agrupación regional más completa que existe actualmente en el mundo.