MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

Manuel Cienfuegos Mateo y otros

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4.2. Cambios políticos

En Venezuela, la economía no-petrolera no juega ningún papel importante. Desde hace años, el país vive de sus petrodólares. Basado en esta riqueza, los venezolanos cultivaron a una economía rentista que no muestra señales serias de desarrollo económico sostenible (Boeckh, 2005). Hoy en día, el país ni puede exhibir un sector agrario competitivo ni hay industrias vivas y capaces de competir, ni siquiera a nivel regional. El poder político del país entonces se deriva exclusivamente de sus pozos de petróleo y otros recursos naturales.

En el pasado, el precio del petróleo varió bastante. Así bonanzas de petróleo como las de los setenta se alternaron con períodos de precios bajos y de escasez de divisas. Bajo estas condiciones de precios volátiles, el uso de los petrodólares como instrumento de política exterior ha sido limitado y las actividades de Venezuela se concentraron en la OPEP.

Hoy en día, muchos observadores opinan que la situación ha cambiado durante los últimos años. Es decir, se espera que los tiempos de la abundancia de petróleo hayan terminado definitivamente.

Bajo estas nuevas condiciones, el gobierno del presidente Chávez puede disponer de una afluencia continua de divisas que puede usar para realizar a sus ambiciones políticas internacionales. Muchos casos particulares muestran que Venezuela realmente usa aquella opción, llevando adelante diversos proyectos políticos con este apoyo financiero. Para aprehender más claro el contenido económico y político de estos proyectos es importante identificar a las ideas básicas del Chavismo.

El Chavismo se desarrolló como reacción al rechazo del modelo capitalista internacional actual. Este último modelo se entiende como modelo unipolar que reina y está garantizado por su hegemon, los Estados Unidos. Como alternativa, el Chavismo ofrece un modelo multipolar que se propone agresivamente5. Entonces, el hegemon del sistema unilateral es el adversario principal del Chavismo, y junto con él también lo es su enfoque económico, el neo-liberalismo (un término, que hoy en día se usa para cualquier tipo de economía del mercado). Este “neo-liberalismo” en su percepción difusa, a su vez, se identifica como el responsable de la globalización (y de todo mal en el mundo) a lo que también hay que enfrentar. De tal manera, el anti-imperialismo, que en realidad es un anti-americanismo (y un enfoque anti-mercado), forma la base ideológica del régimen actual de Venezuela (véase Petkoff, 2005a; Romero/Toklatián, 2006).

Además, desde el 2005, el Chavismo se entiende como protagonista de un “Socialismo del siglo XXI”, que se proclama como alternativa al neo-liberalismo. Lamentablemente, no hay ninguna imagen concreta de lo que significa. Según sus protagonistas, el nuevo socialismo es distinto del viejo Modelo Soviético o Maoísta, pero no hay información sistemática sobre el nuevo concepto (el que muy probablemente todavía no existe). Magnoli nota que el Chavismo y su revolución bolivariana no son congruentes con las ideas de Simón Bolívar quien luchó por libertad, razón y mercados libres6, ni encajan con la tradición del Socialismo democrático7.

De todos modos, tomando en cuenta las informaciones fragmentarias disponibles sobre el “Socialismo del siglo XXI”, se observa que éste tiene un enfoque estatista (ya mencionado), que opera por medio de empresas estatales en sectores estratégicos (energía) y proyectos “ad hoc” y de carácter social y caritativo. Además, está caracterizada por una vocación distinta de promover negocios de intercambio natural y de personas (petróleo por médicos etc.). Todo eso significa que el elemento político siempre está presente en las decisiones económicas del Chavismo.

Para crear a las condiciones políticas necesarias para la realización del nuevo orden internacional multipolar se sigue una estrategia que persigue actividades políticas internacionales en cuatro áreas diferentes.

* El fortalecimiento de la OPEP que tiene que garantizar precios altos de petróleo. Esta actividad, por cierto, es de suma importancia porque el petróleo es la base financiera del Chavismo.

* La participación activa en los foros internacionales para defender los intereses del Tercer Mundo contra las pretensiones hegemónicas de los Estados Unidos y sus aliados.

* La intención de establecer relaciones estrechas con países de convicciones políticas similares (el punto más importante que une a estos amigos es la oposición a los Estados Unidos).

* La integración mutua de los países de América Latina.

Por consiguiente voy a concentrarme en este último punto.

Ya en su discurso de bienvenida a los presidentes del MERCOSUR, Hugo Chávez puso en claro que sus visiones de la integración latinoamericana son muy diferentes por comparación de las que habían formado la base intelectual del MERCOSUR. Dijo que hay que reformar al MERCOSUR y transformarlo en algo nuevo, o no va a sobrevivir.

Lo que significa de “nuevo” en realidad es un concepto contrario al MERCOSUR (en el sentido del Tratado de Asunción). En concreto, Chávez propone la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA) que ahora tiene cuatro miembros (Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua) y un candidato (Ecuador), pero que no tiene ningún concepto visible, excepto que se lo alaba como alternativa al ALCA y, por cierto, al MERCOSUR.

Lo que se propone es la creación de una zona de libre comercio para toda la América Latina con poco vínculo con el resto del mundo (excepto en el sector energético) (Jácome, 2007, 18). Recientemente, se ha completado el sistema del ALBA con el Tratado de Comercio de los pueblos (TCP) que constituye el margen institucional para sacar adelante contratos comerciales (políticos) a nivel de los Estados (por ejemplo la operación milagro y programas de educación básica).

Aparentemente, este enfoque parece una copia del concepto del Viejo Regionalismo en América Latina, con sus incentivos discriminatorios de las exportaciones y su manejo político de asuntos económicos.

El nuevo aspecto del modelo es la financiación (e iniciación) de programas sociales específicos con créditos preferenciales que Venezuela ofrece a sus compañeros políticos. Esos créditos, a su vez, se ofrecen como moneda de cambio para demandas políticas.

No cabe duda que el concepto de ALBA no solo se sitúa en plena oposición a cualquier modelo de economía de mercados abiertos, sino que es francamente inconsistente con el modelo del Nuevo Regionalismo.

No extraña, que el Chavismo explícitamente rechace la integración económica como vehículo de integración política. En su lugar propone la vieja idea de unificación directa de los pueblos latinos.

Para dar un impulso al proceso de dicha integración bolivariana se propone, por ejemplo, la creación de una Unión Militar Sudamericana, la cooperación estrecha en el sector energético (Petroamérica) y a la fundación de un sistema de financiamiento del desarrollo económico (Bancosur). Salta a la vista inmediatamente que muchas de estas ideas son bastante visionarias. Su realización depende de un régimen fuerte políticamente y solvente econonómicamente, que mueve los remos y convence a los demás actores políticos de las ventajas de la ejecución común de sus derechos de soberanía. Aun cuando, en el pasado, fue imposible generar exactamente estas precondiciones básicas de la integración política sostenible de America Latina, Chávez no duda que Venezuela es el país (y él el protagonista) que tiene la capacidad de realizarlo8.

Dado el espíritu ideológico del gobierno Venezolano, entonces, hay que notar que la entrada de Venezuela al MERCOSUR podría marcar el comienzo de una difícil lucha política entre los aficionados al concepto inicial del Nuevo Regionalismo y su contrincante. Lo que éste último ofrece en realidad es una copia cruda de un modelo que ya fracasó en los setenta y que, en un mundo globalizado, no tiene ninguna probabilidad de ganar éxito. Peor aún, el concepto de Chávez amenaza captar a sus aficionados al sistema rentista del que Venezuela misma sufre ya desde años.

Lo que debe causar preocupación entonces es el hecho de que, bajo la impresión de las deficiencias de las reformas de los años noventa, el Chavismo aparentemente tiene un alto grado de popularidad en los pueblos. Por cierto, Chávez sabe aprovecharse de los principios e ideologías tradicionales para prometer nuevas ilusiones políticas. De esa manera intenta cambiar el equilibrio entre los aspectos económicos y políticos de integración hacía los últimos sin tener ningún concepto económico propio (excepto el uso extensivo de petrodólares para financiar cualquier deseo político).

Entonces, el aspecto clave para el análisis de las consecuencias de la entrada de Venezuela al MERCOSUR es la pregunta por el poder político real del Chavismo.