MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

MERCOSUR Y UNIÓN EUROPEA

Manuel Cienfuegos Mateo y otros

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2. Bases para la convergencia CAN – MERCOSUR

La Declaración de Cusco9determina que la Comunidad Sudamericana de Naciones -CSN- se conformará con la “convergencia de sus intereses políticos, económicos, sociales, culturales y de seguridad como un factor potencial de fortalecimiento y desarrollo de sus capacidades internas para su mejor inserción internacional”. Dicha “convergencia” se define entonces, como el cimiento para la construcción de este nuevo proceso de integración.

Esta directriz se confirma cuando se establece el desarrollo y perfección de seis procesos entre los cuales se prioriza, ubicando en segundo lugar a “la profundización de la convergencia entre MER-COSUR, la Comunidad Andina y Chile a través del perfeccionamiento de la zona de libre comercio, apoyándose en lo pertinente en la Resolución 59 del XIII Consejo de Ministros de la ALADI del 18 de octubre de 2004, y su evolución a fases superiores de la integración económica, social e institucional. Los Gobiernos de Suriname y Guyana se asociarán a este proceso, sin perjuicio de sus obligaciones bajo el Tratado revisado de Chaguaramas”10.

Por tercera vez en la Declaración de la cual nace la CSN se utiliza el término “convergencia” al afirmar que “la Comunidad Sudamericana de Naciones establecerá e implementará progresivamente sus niveles y ámbitos de acción conjunta, promoviendo la convergencia y sobre la base de la institucionalidad existente, evitando la duplicación y superposición de esfuerzos y sin que implique nuevos gastos financieros”11.

Para la construcción de este nuevo proceso de integración, en el marco de la Primera Cumbre Presidencial de la CSN de Brasilia12, la Unión Interparlamentaria Sudamericana propone como ”punto de partida” una Agenda de Convergencia para la Comunidad Sudamericana de Naciones”. La mencionada Cumbre concluiría13 con la “Declaración Presidencial y Agenda Prioritaria” en cuyo 5º párrafo se dirá textualmente: “En el campo económico los propósitos de la Comunidad Sudamericana de Naciones incluyen el avance y la consolidación del proceso de convergencia encaminado al establecimiento de una zona de libre comercio sudamericana, con miras a su perfeccionamiento, así como la promoción del crecimiento económico y la reducción de las asimetrías, cuando ello sea posible, mediante la complementación de las economías de los países de América del Sur”.

El descripto plexo de declaraciones fundacionales menciona entonces repetidas veces el término “convergencia” relacionando aspectos bien diversos del nuevo relacionamiento emprendido. Ellos son: intereses políticos, económicos, sociales, culturales y de seguridad; profundización de las relaciones entre MERCOSUR, Comunidad Andina y Chile con el objeto de lograr una Zona de Libre Comercio; avance progresivo de una institucionalidad que evite duplicación de esfuerzos y la promoción del crecimiento económico y reducción de asimetrías. La ya referida “Agenda para la Convergencia” define en cinco campos a este proceso de convergencia: institucional, político, social, comercial y de política exterior.

Dada la evidente multiplicidad de áreas a converger, nos preguntamos acerca del alcance de su concepto como premisa para la comprensión profunda del proceso emprendido.

Conforme los documentos fundacionales resulta claro que la CSN se construirá sobre la base de la aproximación y convergencia entre la CAN, el MERCOSUR, y la participación activa de los otros tres países miembros Chile, Surinam y Guyana. Es decir, que en la construcción de la CSN tanto la CAN como el MERCOSUR deberán aportar sus fortalezas y al mismo tiempo profundizar sus respectivos procesos de integración en busca profesamente de su convergencia.

Se ha valorado positivamente14a la mayor profundidad institucional de la CAN que sin duda enriquecerá tal construcción gradual.

De la misma forma, y algunos autores15, lo han hecho con la flexibilidad organizacional del MERCOSUR; que puede ser útil como un aporte a la nueva construcción.

No se ha pensado prima facie en la construcción orgánica de la CSN en nuevas instituciones que reemplacen y se superpongan a las ahora existentes en la CAN o el MERCOSUR, no obstante haberse señalado la necesidad de contar un “Instrumento de Solución de Controversias para dar apoyatura institucional”16. Se ha interpretado en este sentido17que se trata de un proceso de confluencia de voluntades que significará mantener por un buen tiempo las especificidades de cada proceso de integración, mientras se confluye armónicamente en una voluntad de mayores propósitos, en los diferentes ámbitos de confluencia que se han previsto. Ellos son:

• Diálogo político • Integración física • Medio ambiente • Integración energética • Mecanismos financieros sudamericanos • Asimetrías • Promoción de la cohesión social, de la inclusión social y de la justicia social • Telecomunicaciones Cuatro son los pilares sobre los cuales reposa esta construc14 WAGNER, Allan. Secretario General de la CAN. “Un Programa para la: 1) cooperación política; 2) integración comercial y complementación productiva; 3) integración energética; 4) infraestructura, competitividad y desarrollo.

1) La cooperación política de Sudamérica comienza a abrirse espacio en varias etapas o fases. En primer lugar, mediante mecanismos de consulta y cooperación política en temas importantes de la agenda internacional, concertando posiciones que luego se puedan llevar a otros foros. Luego, estableciendo mecanismos de diálogos y cooperación con otros países y regiones del mundo. En ambos casos, se espera el aprovechamiento de la experiencia acumulada al respecto en los procesos de integración preexistentes sin haber previsto instrumentos al respecto.

2) Los anteriores acuerdos comerciales bilaterales concertados en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI) han ido cediendo espacio a la convergencia gradual expresada. Estos deberán ser progresivamente profundizados para incorporar los elementos necesarios que afirmen la integración comercial, como son el libre tránsito de bienes y personas, infraestructura, políticas comerciales comunes, complementación industrial y coordinación macro-económica. En la medida en que se logre que el comercio interno sudamericano se incremente será posible hablar de una integración económica en perspectiva. Existe aquí un reto importante, al cual no son ajenas las consideraciones de una mayor competitividad internacional y aquellas referidas al reconocimiento de las asimetrías en la construcción del espacio sudamericano18.

3) Los países andinos constituyen un polo energético de gran importancia en el continente sudamericano. Poseen reservas de petróleo, gas, energía hidroeléctrica y carbón. Ello otorga a la CAN y a Sudamérica la posibilidad de optimizar su potencial en el mundo, a condición de poder establecer redes energéticas viables y eficientes.

Pero no se trata sólo de la interconexión para un intercambio del producto final, sino de aunar esfuerzos y establecer una infraestructura y mecanismos de convergencia que hagan que el potencial energético pueda ser utilizado no sólo con provecho comercial, sino ante todo para la promoción del desarrollo de los países, y de las regiones menos favorecidas19. Los diversos circuitos energéticos interconectados que podrían construirse en Sudamérica constituyen sin duda otra de las bases de su competitividad futura en el mundo. Aquí el realismo político deberá primar por sobre planteamientos retóricos, como en su momento lo hizo Europa al estructurar su núcleo de integración alrededor de la Comunidad del Carbón y del Acero.

4) El programa IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana) recoge los proyectos de interconexión vial de Sudamérica, otorgando prioridad a una treintena de ellos, a fin de lograr la interconexión básica y necesaria entre nuestros países, no solo en el sentido Norte-Sur, sino también en el sentido Este-Oeste. A lo largo y ancho de los grandes ejes de interconexión sudamericana podrán promoverse nodos de desarrollo económico y social que resulten estratégicos para nuestro continente.

Ante el ambicioso programa presentado se ha dicho que “la construcción gradual de la Comunidad Sudamericana de Naciones significa para algunos países la posibilidad de acceder a las riquezas del interior del continente, antes poco explorado y menos desarrollado.

Para otros países, se trata de comunicar su propia producción y su visión del mundo, con otros, incluso vecinos, tradicionalmente aislados en sus consideraciones de política exterior o de comercio. Para otros más, se trata de un mecanismo que les permitirá solucionar en el marco multilateral algunas viejas diferencias bilaterales. Para todos, en general, se trata de ganar posibles mercados para sus propios productos, y sin duda también, de ganar fuerza política en escenarios multilaterales y frente a algunos actores mundiales”20.