NOTAS SOBRE GLOBALIZACIÓN

NOTAS SOBRE GLOBALIZACIÓN

Galo Viteri Díaz

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CAPITULO II. IDEOLOGÍA DE LA GLOBALIZACIÓN

Según Vilas(11), la ideología de la globalización se sustenta en las siguientes proposiciones:

i) La globalización es un fenómeno nuevo;

ii) La globalización es un proceso homogéneo;

iii) Gracias a la globalización todos seremos, antes o después, iguales;

iv) La globalización conduce al progreso y al bienestar universal;

v) La globalización de la economía lleva a la globalización de la democracia; y,

vi) La globalización acarrea la desaparición progresiva del Estado, o al menos una pérdida de importancia del mismo.

Se trata, anota, de una ideología conservadora que encubre la realidad para inhibir la voluntad de modificarla. Como toda ideología conservadora, enfoca de manera selectiva al mundo de acuerdo con una configuración de poder establecida, a la que se pretende preservar y consolidar. Presenta así como indispensable e inevitable una configuración contingente de la realidad, y como resultado de la dinámica inmanente de la técnica lo que es en realidad producto de decisiones particulares en función de objetivos e intereses específicos. La dinámica egoísta del mercado y la búsqueda de la ganancia pecuniaria por sobre cualquier otra consideración son exaltadas como la realización de la razón y del progreso, postulando como un avance hacia la modernidad, e inclusive la “posmodernidad”, lo que en muchos aspectos es un regreso a las modalidades más perversas y depredadoras del capitalismo.

Las afirmaciones que integran esta ideología conservadora, manifiesta, no se encuentran avaladas ni por la historia ni por la observación del presente; por el contrario, cuando son contrastadas con la realidad la mayoría de ellas resulta desvirtuada, o por lo menos tan fuertemente acotada que pierde toda validez. Dicho en otras palabras, las citadas proposiciones están equivocadas.

A criterio de Romero(12), la globalización desde el punto de vista ideológico es el argumento neoliberal que busca justificar la inevitabilidad de someter el desarrollo de los países a los dictados del mercado, bajo el supuesto de la igualdad de oportunidades para todos. En este marco se aprecia la intensificación del proceso de apertura de los países menos desarrollados, como requisito para la pretendida inserción competitiva en los mercados internacionales. Sin embargo, la realidad difiere sustancialmente del planteamiento teórico, toda vez que en la práctica globalización no significa homogeneización de las economías, sino por el contrario profundización de la brecha económica y tecnológica entre los países más desarrollados y el resto de naciones del planeta. En este sentido, el concepto de globalización constituye el pretexto para ampliar el dominio del capital transnacional sobre las economías menos avanzadas, mediante los flujos de capital de préstamo e inversiones directas, así como de la penetración de los medios de comunicación masiva.

El SELA(13), indica que la ideología de la globalización realza el fundamentalismo del mercado; exalta la libertad de comercio; impulsa el libre flujo de los factores de la producción, excepción por supuesto de la mano de obra que permanece sometida a restricciones de distinta índole; propugna el desmantelamiento del Estado; asume la monarquía del capital; promueve la utilización de nuevas tecnologías; y, favorece la homologación de las costumbres y la imitación de las pautas de consumo y fortalece la sociedad consumista.

Sus partidarios, señala, han sido exitosos como propagandistas, ya que han conseguido convencer de las bondades de la globalización incluso a quienes constituyen sus víctimas potenciales. De manera sagaz han defendido la idea de que lo que resulta conveniente para los grupos dominantes de los países desarrollados es conveniente para todos, desconociendo el hecho de que la globalización tiene ganadores y perdedores.

Para Olesker(14), la ideología de la globalización arguye la inevitabilidad de la misma y de sus consecuencias, de tal forma que, por un lado, amenaza con la marginación y autodestrucción a quien se oponga a ella y, por otro, predica que la salvación o el avance de los países tiene solamente un camino, cual es, ser competitivo en el mercado mundial. En ese sentido, la ideología y el desarrollo comunicacional cumple un papel relevante en la consolidación del modo de acumulación.

Ferrer(15) habla de una visión fundamentalista de la globalización. Ella sugiere que el dilema del desarrollo en un mundo global ha desaparecido por la sencilla razón de que actualmente las principales decisiones no son adoptadas por las sociedades y sus estados sino por los agentes transnacionales. El mensaje es, consecuentemente, contundente: lo único que puede hacerse es implementar políticas amistosas para los mercados funcionales a los intereses dominantes, tales como, apertura de la economía, desregulación de los mercados reales y financieros, achicamiento del Estado a las expresiones mínimas consistentes en la preservación de la seguridad y el orden jurídico, el equilibrio fiscal y la estabilidad de los precios. Entonces, las políticas adecuadas permitirían que los agentes transnacionales sean atraídos y promuevan el crecimiento económico y la competitividad internacional de los países elegidos, siendo así posibles la acumulación de capital y el incremento de la productividad, presumiblemente también con la expansión del empleo; por el contrario, adoptar políticas mal recibidas por los mercados generaría fuga de capitales, inestabilidad, estancamiento económico y marginación.

Para Amín(16) el uso del término mundialización o globalización es parte de un discurso ideológico encaminado a legitimar las estrategias del capital en una fase de su expansión imperialista; discurso que presenta a la globalización como una fatalidad, independiente de la naturaleza de los sistemas sociales, actuando como una ley de la naturaleza originada por el estrechamiento del espacio planetario.

García Morales(17) contradice a quienes aceptan una globalización que genera una gigantesca transformación política, que suprime al marco nacional y estatal de las economías, ocultando la operación del capital, los cursos de acumulación y de concentración, colocando en su lugar la operación abstracta del mercado redistribuidor de oportunidades, sustentado en supuestos que ponen al trabajo como instrumento de producción al lado de la omnipotencia tecnológica sin claros centros de control.

Bonefeld(18) anota que el término “globalización” se sustenta en la idea de que una sociedad cohesiva y aislada y una economía doméstica ya no se sostienen, evidenciándose la creación de una economía y de una sociedad verdaderamente globales y de la dependencia de la vida cotidiana de fuerzas globales, haciéndose la aseveración de que la globalización se ha constituido en una transformación cualitativa del capitalismo, desarrollándose una nueva relación de interdependencia más allá de los estados nacionales.

El Foro de Investigación y Acción Participativa para el Desarrollo de la Sociedad del Conocimiento (FIAP)(19) señala:

El fenómeno de la globalización se nos suele presentar con tintes marcadamente idílicos. Pareciera que con la globalización ya existe un mundo plenamente desarrollado, libre y democrático, en el que todos los países y personas cuentan con igualdad de oportunidades y en el que no existe ninguna restricción para la libertad de pensamiento y la circulación de las ideas.

Se nos sugiere que la globalización está configurando un nuevo espacio sin clases en el que el flujo de capitales es transparente, equilibrado y generador de riquezas universales, y en el que las innovaciones tecnológicas se difunden generosa y dinámicamente entre un país y otro alcanzando por igual a todas las capas sociales. Implícita o explícitamente, se pretende asimilar 'globalización' con integración social universal, y 'mundialización' con sociedad abierta y sin fronteras para todos. Estas pretensiones no se corresponden con la realidad.

Como todos los mitos, la globalización también tiene su particular decálogo ideológico que realmente es lo primero que se globaliza. Se trata de una serie de principios que constituyen la columna vertebral del capitalismo global:

1. Absolutización de la economía: los intereses económicos priman sobre las razones políticas y sociales.

2. El referente máximo es el movimiento del capital especulativo y su margen de operación (beneficios).

3. El capital solo se afinca en la medida que su componente especulativo tiene garantizados márgenes suficientes de beneficio a corto y medio plazo.

4. Todo lo que potencialmente pueda ser rentable es susceptible de convertirse en capital privado. La propiedad privada es inviolable.

5. El Estado es el problema; el mercado, la solución.

6. La desregulación económica y laboral, las privatizaciones y el libre intercambio sin trabas, son los factores básicos e imprescindibles del desarrollo.

7. El Estado deberá garantizar la libertad económica y no intervendrá en el libre comercio, salvo para subvencionar la radicación de empresas, asumir los costes de aquellas que no generen suficientes beneficios o sanear los fallidos de las grandes entidades financieras.

8. El desempleo es una simple variable estadística, consecuencia de modelos sociales proteccionistas y de la falta de adaptación de la sociedad al libre mercado.

9. No existen más derechos sociales que aquellos que se consiguen en el mercado. La democracia es un principio universalmente válido... excepto en el ámbito laboral.

10. Los valores ecológicos son un coste, no una inversión.

Machado(20) sostiene:

La globalización postula de nuevo un modelo centralista y ejerce su influencia totalitaria en la política internacional, en las normas jurídicas, en la comunicación, con una ética selectiva y excluyente que espera que observemos con resignación como escogen de nuestra región tal o cual recurso natural, tal o cual rama, tal o cual cerebro, y lo articulan en el lugar exacto de sus necesidades, cuando no nos exportan una tecnología contaminante.

La globalización, en tanto ideología hegemonista y selectiva, busca siempre una premisa: es bueno y aceptable lo que es bueno y aceptable para los intereses de los centros de poder.

Observamos que si bien una buena parte de la humanidad no ha disfrutado de los avances de la modernidad, esta nueva fase de expansión capitalista adopta una filosofía en virtud de la cual todos partimos de cero. De capitalismo imperialista no se habla, de sus culpas por las desigualdades de hoy no se habla, de nuevo se postula formalmente que todos somos libres e iguales ante el mercado que aparece como Dios y es el que impone justicia, su justicia.

Siendo el eje el mercado omnipotente, a ello deben amoldarse las explicaciones filosóficas, sociológicas, jurídicas.

Para Jans(21) los conceptos que sustentan la ideología de la globalización y donde encuentra su nutriente, son los siguientes:

i) La concepción neoliberal, que plantea la exaltación del mercado como regulador de toda la actividad humana, frente al cual, toda otra actividad de los hombres, tiene que subordinarse.

ii) Existe un abandono de la concepción capitalista clásica, donde primaban las necesidades de la propiedad de los medios de producción, del control de las fuentes generadoras de materias primas y la búsqueda del monopolio en los mercados. La nueva concepción del capitalismo es financiera exclusivamente, donde las capitales financieros han llegado a ser superiores en veinte veces el valor del comercio internacional. La clave del capitalismo de la globalización se basa en la oportunidad, la movilidad y la competitividad.

Objetivamente, la producción, dejó de depender de los recursos naturales, y a los financistas no les preocupa quién tiene la propiedad de los medios de producción. La gestión no está sustentada en instalaciones físicas, equipos o maquinarias, sino en el conocimiento y la organización. Hoy, todos los esfuerzos de gestión, se vinculan a la capacidad de mejoramiento de la organización, con la finalidad de optimizar la eficiencia y estimular la creatividad. Ese es el paradigma del capitalismo de inicios del siglo XXI.

iii) El abandono a las limitaciones nacionales. En ese sentido, ni siquiera se puede hablar de que prima un internacionalismo, es decir, una relación entre naciones, sino un transnacionalismo, o sea, una estrategia que traspasa los marcos nacionales. Todo obstáculo que imponga cualquier Estado Nacional en términos políticos o culturales, se convierte en una limitación a la globalización, es decir, al nuevo orden mundial y, por lo tanto, materia de alguna forma de sanción.

Fariñas(22) afirma que la globalización es una ideología en sí misma, esto es, una ideología paneconomicista y monocultural al servicio de un grupo particular, que pone en marcha un proceso nuevo de dominación hegemónica o de colonización a nivel planetario cada vez más intenso; que consigue reemplazar la primacía del estado-nación por la de las nuevas empresas transnacionales (ETN) y sus ciegos mecanismos financieros; y que trata de anular las culturas locales a través de la imposición de una supuesta "cultura global", cuyo fin es el de homogeneizar social y culturalmente el mundo. En consecuencia, la globalización implica una ideología única, dogmática y triunfalista, cuyos sustentos universales incuestionables y absolutos son el "libre mercado", la "tecnología" y el "capital".

Frente a las consideraciones expuestas sobre la “ideología” de la globalización, en las páginas siguientes se analizarán sus aspectos más relevantes a efectos de determinar su pertinencia o validez.