NOTAS SOBRE GLOBALIZACIÓN

NOTAS SOBRE GLOBALIZACIÓN

Galo Viteri Díaz

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CAPITULO X. GLOBALIZACIÓN Y MEDIO AMBIENTE

La globalización provoca también impactos negativos crecientes sobre el medio ambiente, de ahí la necesidad de profundizar sobre el tema.

Al respecto, Rodríguez(127) sostiene:

La globalización significa una extensión del capitalismo y de las relaciones de mercado, supuestamente libre a cada vez más lugares y cada vez más actividades humanas, combinada con fenómenos nuevos como la “deslocalización productiva”, es decir, el uso de componentes y procesos que se llevan a cabo en zonas geográficamente muy distantes para obtener un producto dado. La deslocalización productiva aumenta las necesidades de transporte y estimula la producción de todo tipo de mercancías, lo que, en igualdad de condiciones, representa un mayor uso de energía y recursos, lo que comporta un mayor deterioro medioambiental (MENOTTI y SOBHANI, 1999). El crecimiento del comercio internacional, muy superior al de la economía en su conjunto, produce efectos similares.

Además de estas relaciones obvias entre globalización y medio ambiente, aquélla está influyendo indirectamente en la degradación ambiental de dos maneras:

- Por el debilitamiento de las normas ambientales ante la preeminencia del libre comercio, consagrada en los acuerdos de la OMC. Los conflictos entre normas ambientales y libre comercio se han saldado en su casi totalidad hasta la fecha en resonantes derrotas a favor del segundo. (RETALLACK 1997).

- Por la competencia internacional que el paradigma del libre comercio provoca, que hace que se sacrifiquen normas ambientales, aunque no lo demande la OMC, en aras de la competitividad, y para atraer a empresas multinacionales, aunque éstas provoquen fuertes impactos ambientales.

Mander(128) se refiere a los absurdos argumentos de los que abogan por la globalización económica, que alegan que en el largo plazo ésta aumenta la protección ambiental:

Su teoría consiste en que a medida que los países se globalizan, a menudo explotando recursos como bosques, minerales, petróleo, carbón, peces, vida silvestre y agua, su mayor riqueza les permitirá salvar más porciones de naturaleza de posibles estragos, y además les permitirá introducir elementos técnicos para mitigar los impactos ambientales negativos derivados de su propia producción aumentada. Sin embargo, existen fuertes evidencias de que cuando los países aumentan sus aparentes ganancias dentro de una economía global, la mayor parte de ellas va a las corporaciones globales, que tienen pocos incentivos para volver sus beneficios hacia la protección ambiental. En vez de hacerlo, arrastran al país a una explotación aún mayor, o simplemente se guardan el dinero y escapan rápidamente del país. Tal es la conducta corporativa normal dentro de una economía global.

La idea de globalización como una suerte de estrategia ambiental es totalmente ridícula. Pero el asunto es aún más serio de lo que parece a primera vista. En el hecho, la propia globalización económica - las mismas ideologías y estructuras que la dirigen - se opone intrínsecamente a la supervivencia de la naturaleza. Ni los acuerdos ambientales laterales, ni los controles de contaminación, ni las tecno-soluciones podrán mitigar los daños inherentes a una economía globalizada, con sus modelos de producción orientados hacia las exportaciones; los problemas están integrados dentro del diseño.

Para Blanco, Togeiro y Gallagher(129) existen cuatro mecanismos (escala, composición, técnica y regulación) que permiten observar los efectos indirectos que la liberalización del comercio y la inversión tienen en el medio ambiente y el desarrollo:

i) Los efectos de escala ocurren cuando la liberalización genera una expansión de la actividad económica. Si las características de dicha actividad se mantienen sin modificaciones, pero la escala o magnitud aumenta, entonces la contaminación y el agotamiento de los recursos aumentará a la par de la producción.

ii) Los efectos de composición suceden cuando el incremento en los niveles de comercio conduce a las naciones a especializarse en los sectores donde tienen una ventaja comparativa. Cuando esta ventaja es producto de diferencias en las exigencias regulatorias, el efecto de composición en el comercio agravará los problemas ambientales y sociales vigentes en los países con regulaciones más flexibles.

iii) Los efectos de técnica, o cambios en las tecnologías de extracción de recursos y de producción, pueden conducir a una reducción de la contaminación por unidad de producción. La liberalización del comercio y la inversión puede estimular la transferencia de tecnologías más limpias hacia los países en desarrollo. Se afirma que estos inversionistas extranjeros instalan generalmente operaciones con tecnologías y sistemas de gestión modernos, los cuales son más avanzados y menos contaminantes que los existentes en el plano local.

iv) El efecto regulación implica, en el caso de los países en desarrollo, que las exigencias de la integración económica, y su dinámica, pueden distraer a las autoridades en su tarea de crear políticas e instituciones apropiadas para el desarrollo.

De Sebastián(130) realiza varias precisiones respecto del impacto de la globalización sobre el medio ambiente:

i) La globalización, si bien contribuye al crecimiento de muchos países, aumenta la presión de los seres humanos sobre los recursos naturales, los no renovables tanto como los renovables, y los daños al ecosistema y el calentamiento global.

ii) Uno de los efectos visibles de la globalización es el aumento de la competencia entre empresas. La movilidad de las multinacionales, su búsqueda incesante por emplazamientos que les signifiquen ventajas sobre sus competidores, es un factor que afecta al medio ambiente, mediante su intento de evitar las regulaciones para defenderlo. La necesidad de competir a corto plazo es un estimulo para no respetar, entre otras cosas, las regulaciones nacionales para la protección del medio ambiente. De manera particular, las industrias más reguladas en el mundo rico tienen un aliciente permanente para buscar en el mundo pobre unas circunstancias propicias para disminuir los costos que este tipo de regulación implica.

iii) Uno de los efectos negativos de la globalización es que sus beneficios no están bien repartidos, porque mientras crecen las fortunas de los más ricos, crece también la miseria de los más pobres, y un buen número de países se está hundiendo en la pobreza. La pobreza no es buena para el medio ambiente, ya que está ajena a la conservación y en general al mediano y largo plazo.

De acuerdo a Morín(131), entre los problemas ecológicos mundiales actuales generados por la economía globalizada, se encuentran:

En los países industrializados: contaminación de las aguas, incluidas las capas freáticas; envenenamiento de los suelos por el exceso de pesticidas y fertilizantes; urbanización masiva de regiones ecológicamente frágiles (como las zonas costeras); lluvias ácidas; almacenamiento de desechos nocivos. En los países no industrializados: desertización, deforestación, erosión y salinización de los suelos, inundaciones, urbanización salvaje de megalópolis envenenadas por el dióxido de azufre (que favorece el asma), el monóxido de carbono (que produce trastornos cerebrales y cardíacos) y el bióxido de nitrógeno (inmunodepresor).

Los problemas globales que afectan al planeta en su conjunto: emisiones de CO2 que intensifican el efecto invernadero, envenenando los microorganismos que hacen la limpieza, alterando importantes ciclos vitales; lenta destrucción de la capa estratosférica de ozono, agujero de ozono en el Antártico, exceso de ozono en la troposfera (parte más baja de la atmósfera).

Liegle(132) manifiesta que “la globalización trae un rápido progreso en la tecnología, una elevada movilidad de bienes y personas, una aumentada necesidad de redes de comunicación y mucho más. Esta evolución tiene como consecuencia que toda la sociedad, tanto los productores como los consumidores, tiene una elevada demanda de energía y recursos naturales. Para satisfacer la demanda mundial las empresas tienen que ser competitivas, que significa que intentan producir a los precios más bajos, lo que tiene como consecuencia una elevada explotación y contaminación de los recursos medioambientales”.

Lamarca(133) plantea valiosos criterios sobre la temática:

La globalización y la libertad de comercio socavan el entorno. Un mercado libre sin control ninguno que sólo persigue el beneficio económico entra en contradicción flagrante con la protección, la conservación y la sostenibilidad del medio ambiente, por más que se empeñen en hablar de desarrollo sostenible. Por donde pasa este sistema económico no vuelve a crecer la hierba.

El espectacular aumento del comercio global ha traído como consecuencia lógica un aumento del transporte mundial tanto de materias primas como de manufacturas, así como un incremento del consumo de energía y de la emisión de sustancias contaminantes.

Los países de la Periferia se ven obligados a sobreexplotar sus materias primas para la exportación para obtener divisas como pago de los intereses de la deuda externa. La deforestación se produce por el desmonte de tierras, por la creación de monocultivos para la exportación a los países del Centro, por las explotaciones mineras y la fabricación de carbón vegetal, por la tala indiscriminada de árboles, etc. Se esquilman así los recursos madereros, los alimenticios, la pesca, los minerales y la energía de los países que eufemísticamente se denominan “pobres”, cuando son los que más riquezas poseen y estas riquezas van destinadas a los países “ricos”.

Además, los impactos ambientales de la producción industrial para la exportación, exigen un consumo intensivo de energía que agota los recursos no renovables y tiene graves repercusiones sobre el cambio climático, la contaminación del agua y aire y la generación de productos químicos tóxicos y el vertido de residuos. Existe incluso un comercio de desechos y de residuos tóxicos, la mayor parte de ellos van destinados a los países del Sur.

Particular que es compartido por González(134), quien señala: “Los procesos de globalización han implicado diversos riesgos para el medio ambiente. El comercio y tránsito libre de mercancías (químicos, organismos genéticamente modificados), la emigración de empresas a países en vías de desarrollo con escasa o nula reglamentación ambiental con objeto de pagar menos costos por contaminar, así como el incremento de los niveles de consumo en países desarrollados, han generando graves problemas de contaminación y han presionado la continua sobreexplotación de toda clase de recursos naturales”.

En realidad, como bien afirma Botana(135), la globalización basada en el modelo económico capitalista tiene efectos muy perjudiciales sobre el medio ambiente:

- El capitalismo es un sistema económico en el cual el mercado predomina. Mediante la globalización, se eliminan las barreras comerciales entre los distintos países, y esto desencadena la aparición de un mercado internacional a escala global, lo que ha provocado un aumento en el consumo de recursos energéticos como consecuencia del transporte entre los distintos países, ya sea de materias primas o de productos manufacturados. Este aumento en el consumo de recursos energéticos, principalmente combustibles fósiles, incrementa la emisión de sustancias contaminares, principales responsables del cambio climático y del calentamiento global del planeta.

- Otro efecto colateral de la globalización sobre el medio ambiente es el que “obliga” a los países más pobres a aumentar la explotación de sus recursos, como pueden ser bosques o recursos pesqueros, para satisfacer la demanda impuesta por el creciente número de consumidores o por la necesidad de generar dinero para poder pagar las deudas externas contraídas con los países ricos. Los países más pobres encuentran en la sobreexplotación de sus recursos una manera de poder solventar sus deudas.

Un dato curioso es que los llamados países pobres son en realidad los que poseen las riquezas en cuanto a recursos, pero son las empresas de los países ricos las que los explotan y las que realmente obtienen el beneficio.

- Otro hecho es que para poder ser más competitivos en este mercado global, existen países que reducen sus estándares ambientales y empresas que para reducir sus costos de producción reducen sus gastos en seguridad ambiental.

Hoy en día, las grandes empresas transnacionales no sólo colocan sus fábricas en países donde la mano de obra es más barata, sino también en aquellos países cuya legislación ambiental es menos severa y permite reducir costes en este ámbito, de modo que las empresas pueden fabricar productos más baratos y más competitivos, que benefician al consumidor en cuanto al dinero que tiene que gastarse para adquirir el producto.

- La globalización promueve un mercado libre, y un mercado libre sin ningún tipo de control que lo único que persigue es el beneficio económico, y esto va en contra de cualquier acuerdo ambiental cuyo propósito sea la protección y conservación del medio ambiente.

- Además este mismo capitalismo que está asociado a la globalización va en contra de la conservación medioambiental ya que suscita al consumismo exagerado y sin justificación, con la consiguiente sobreexplotación de cualquier recurso en el que pensemos (comida, combustibles, materiales como el plástico, etc...).

Indudablemente, los globalizadores presentan argumentos tendientes a minimizar los efectos negativos de la globalización en el medio ambiente. Meira(136) realiza una síntesis de algunos de los argumentos más utilizados para negar, minusvalorar, relativizar o reinterpretar la “crisis ambiental”:

- La especie humana, en su proceso filogenético, siempre ha manipulado y alterado su entorno con el fin de obtener de él lo necesario para satisfacer sus necesidades. Que el hombre, por lo tanto, origine impactos, incluso importantes, sobre el medio ambiente, forma parte de su naturaleza. Que en ese proceso adaptativo otras especies se vean afectadas, o que ciertos ecosistemas desaparezcan, se transformen y domestiquen entra dentro de la dinámica natural del desarrollo humano. La extinción y el cambio, muchas veces catastrófico, también forma parte de la dinámica natural.

- La existencia de problemas ambientales (no problemática, ni crisis), cuyo origen se puede atribuir a la acción humana, nadie la puede negar. Pero son problemas de ajuste -daños colaterales- y, en todo caso, la historia demuestra que son resolubles gracias al ingenio humano y a su plasmación en alternativas sociales y tecnológicas que mejoran continuamente los procesos de obtención, transformación y distribución de los recursos naturales. La fe en el progreso aparece aquí en todo su esplendor: se representa (es una representación ideológica-social) como una línea que asciende desde la proto-cultura de los primeros homínidos hasta la civilización occidental con su poderoso equipaje cultural, científico y tecnológico (de ahí surge, por ejemplo, el curioso concepto de “sociedad avanzada”). Para llegar hasta aquí hemos necesitado aceptar riesgos de muchos tipos sin que ello supusiese ningún retroceso importante para la humanidad: los peligros que se derivan, pues, de los desajustes ambientales forman parte de ese “juego adaptativo” y debemos saber aceptar las reglas. Como en la bolsa o en el mercado, quien no se arriesga no puede esperar beneficios.

- Es absurdo plantear, como hacen algunos movimientos y teóricos del ecologismo más fundamentalista, el retorno a una “naturaleza pura”. Ese estado nunca ha existido ni existirá. La historia humana, como la historia natural, siempre avanza hacia delante. El “idealismo naturalista y bucólico” es absolutamente irracional y sólo sirve para entorpecer el avance hacia un futuro mejor. Cada vez acumulamos más conocimientos sobre cómo es realmente el mundo y tenemos instrumentos cada vez más sofisticados para “mejorarlo”: es en el futuro, y no en el pasado, donde estará el “paraíso”.

- No se puede anteponer la conservación de una naturaleza que “no existe” a la satisfacción de las necesidades humanas. Nuestra supervivencia exige establecer prioridades en la toma de decisiones y los intereses humanos, por lógica (antropo-lógica), han de ser considerados en el primer escalón valorativo para ordenar dichas prioridades. Cualquier otra forma de razonamiento social o moral es rechazable por antihumana (Ferry, 1994).

- No debemos adoptar decisiones de cambio precipitadas, que pueden tener implicaciones sociales y económicas extremadamente graves a corto y medio plazo, simplemente porque sospechemos la existencia de “problemas” que, sin embargo, no conocemos y no comprendemos suficientemente bien desde el punto de vista científico. Mientras no tengamos datos fehacientes e irrefutables que permitan acotar con objetividad las causas, los procesos y las consecuencias “verdaderas” o “reales” de los problemas ambientales que atribuimos a la acción humana debemos anteponer nuestros intereses y necesidades.

- Los problemas ambientales que existen se deben, sobre todo, a que las personas y las comunidades no poseen un conocimiento “objetivo” y “real” de cómo es y de cómo funciona el mundo real. Por ello, la educación en general, y la Educación Ambiental, en particular, debe centrarse en transmitir aquellos conocimientos científicos que permitan construir una imagen real de su entorno -para que la gente lo perciba y entienda tal y como realmente es- y, por lo tanto, les permita actuar también en consecuencia. La insistencia en convertir la Educación Ambiental en una educación esencialmente “científica” expresa muchas veces este tipo de proyectos deconstructivos.

Información adicional al respecto(137), menciona:

Los defensores de la globalización aseguran que algunos problemas ambientales, como la calidad del agua y ciertos tipos de contaminación, mejoran al crecer el nivel económico, o que el libre comercio favorece el uso eficiente de recursos y la difusión de tecnologías limpias y que contribuye a acabar con subvenciones y políticas que favorecen productos y actividades ambientalmente nocivos.

… los problemas ambientales surgen de una regulación inexistente o inadecuada de la producción y el consumo, por lo que la globalización no sería su causa. Así, consideran que las soluciones no deberían plantearse limitando el libre flujo de inversiones, mercancías y servicios, sino fortaleciendo las políticas ambientales, maximizando los beneficios y minimizando los costos para la sociedad.

Finalmente, para conocer el estado de la cuestión, resulta fundamental exponer las principales ideas contenidas en el “Informe GEO-4: Perspectivas del Medio Ambiente Mundial, 2007 – Medio Ambiente para el Desarrollo”, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)(138):

El mundo ha cambiado radicalmente desde 1987… a escala social, económica y medioambiental.

La población mundial ha pasado de tener unos 5.000 millones de personas a superar los 6.700. La economía mundial se ha expandido y ahora se caracteriza por una creciente globalización. A escala mundial, el PIB per cápita ha aumentado desde los USD 5.927 de 1987 a los USD 8.162 de 2004. Pero este crecimiento se distribuye de forma irregular entre las regiones. La tecnología también ha variado y los patrones de comunicación han cambiado radicalmente con el crecimiento de las telecomunicaciones y de internet. La población humana y el crecimiento económico han provocado un aumento de la demanda de recursos naturales.

La Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo (WCED) reconoció hace 20 años que las cuestiones medioambientales, económicas y sociales están interrelacionadas.

Recomendó que se integraran estos tres aspectos en la toma de decisiones sobre desarrollo. Al definir desarrollo sostenible, la Comisión reconoció la necesidad de lograr una equidad tanto intra como intergeneracional: un desarrollo que no solo satisfaga las necesidades del ser humano en la actualidad, sino las de las generaciones futuras.

La variación de los agentes impulsores, como el crecimiento de población, las actividades económicas o los patrones de consumo, ha ejercido una creciente de población, las actividades económicas o los patrones de consumo, ha ejercido una creciente presión sobre el medio ambiente. Sobre el desarrollo sostenible siguen pesando unas barreras persistentes.

En los últimos 20 años las cuestiones medioambientales se han integrado de forma bastante limitadas en la toma de decisiones sobre desarrollo.

La degradación medioambiental socava el desarrollo y amenaza el desarrollo futuro.

El desarrollo es un proceso que permite a la población mejorar su bienestar. El desarrollo a largo plazo solo se podrá conseguir a través de la gestión sostenible de diversos activos: financieros, materiales, humanos, sociales y naturales. Los activos naturales, entre los que se incluyen agua, suelos, plantas y animales, constituyen el sustento de las personas.

La degradación medioambiental amenaza todos los aspectos del bienestar de la humanidad.

Se ha demostrado que la degradación medioambiental está relacionada con problemas de salud de las personas, como algunos tipos de cáncer, las enfermedades de transmisión a través de portadores, la creciente transmisión de enfermedades animales al ser humano, los déficits nutricionales y las afecciones respiratorias. El medio ambiente proporciona unos activos de material esenciales y una base económica para el empeño humano. La industria pesquera, forestal y agrícola crea el 50% del empleo mundial. El uso no sostenible de recursos naturales como la tierra, el agua, los bosques y el mar puede amenazar el sustento individual, así como las economías nacionales e internacionales. El medio ambiente puede jugar un papel importante a la hora de contribuir al desarrollo el bienestar de la humanidad.

El Objetivo del Milenio No.8, la sostenibilidad medioambiental, fundamental para el logro de los ODM.

Los recursos naturales son la base de subsistencia en numerosas comunidades pobres. El capital natural representa el 26% de la riqueza de los países de bajos ingresos. Hasta el 20% de la carga total de la enfermedad en los países en vías de desarrollo está asociado con los riesgos medioambientales.

Se han hecho algunos avances en dirección al desarrollo sostenible desde 1987, cuando se presentó el informe de la WCED, Nuestro futuro común.

Ha aumentado el número de procesos intergubernamentales relacionados con el medio ambiente y el desarrollo (por ejemplo, Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992 y la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible de 2002), y se ha producido un rápido crecimiento de los acuerdos medioambientales multilaterales (por ejemplo, el Protocolo de Kioto y la Convención de Estocolmo sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes) para afrontar los retos medioambientales.

Se han puesto en práctica estrategias de desarrollo sostenible a escala local, nacional, regional e internacional. Un número creciente de evaluaciones científicas (por ejemplo, los informes del Panel intergubernamental sobre el Cambio Climático) ha contribuido a comprender mejor los retos medioambientales).

Pese a los cambios en la gestión medioambiental y a una mayor comprensión de los lazos entre medio ambiente y desarrollo, se ha avanzado muy despacio hacia un auténtico desarrollo sostenible

Las estrategias de desarrollo ignoran a menudo la necesidad de mantener unos servicios esenciales del ecosistema de los que dependen los objetivos de desarrollo a largo plazo. Las medidas se han limitado a ciertos problemas, como por ejemplo el cambio climático, los contaminantes orgánicos persistentes, la gestión de la industria pesquera, las especies foráneas invasivas y las especies en extinción.

Hacen falta respuestas políticas efectivas a todos los niveles

Mientras se siguen aplicando soluciones probadas, los líderes mundiales también deberían hacer frente tanto a los agentes impulsores de cambio como a los problemas medioambientales en sí mismos. Una gran variedad de herramientas que ha surgido a lo largo de los últimos 20 años puede servir para un uso estratégico. Instrumentos económicos, como derechos de propiedad, creación de mercado, bonos y depósitos, pueden ayudar a corregir los fallos del mercado y asimilar los costos que supone la protección del medio ambiente. Las técnicas de valoración se pueden aplicar para comprender mejor el valor económico de los servicios del ecosistema