NOTAS SOBRE GLOBALIZACIÓN

NOTAS SOBRE GLOBALIZACIÓN

Galo Viteri Díaz

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CAPITULO III. GLOBALIZACIÓN: ¿FENÓMENO RECIENTE?

La globalización es actualmente una temática sujeta a un profundo análisis y discusión; no obstante, resulta importante destacar que la misma no es un fenómeno reciente como lo sostienen los ideólogos de la globalización. Wagner(23), sobre el particular dice:

…. el mundo siempre ha estado en un constante proceso de globalización, entendida como el incremento del contacto y de la interacción de los pueblos. El Mediterráneo fue el primer ámbito de globalización del mundo, el invento de la carabela permitió el descubrimiento europeo de América y la circunvalación del Africa, y luego vinieron las revoluciones industriales y de las comunicaciones producidas por la invención de la máquina a vapor, del motor a explosión y el empleo y difusión de la electricidad. Así, progresivamente, el mundo se ha ido haciendo cada vez más “global” gracias a los avances de la ciencia y la tecnología. Tal vez lo que caracteriza el actual proceso de globalización es su velocidad, profundidad y la extensión de su impacto, pero no hay que perder de vista que es parte de un continuo accionar de la humanidad.

Vilas(24), al referirse a la globalización dice que hablamos de un proceso que se extiende por lo menos durante 500 años. La globalización es un proceso íntimamente vinculado al desarrollo del capitalismo como modo de producción intrínsecamente expansivo respecto de territorios, poblaciones, recursos, procesos y experiencias culturales. En el siglo XVI la dinámica expansiva del capitalismo europeo, ligada al espíritu intelectual y político de la época, incentivó la apertura de nuevas fronteras para los procesos metropolitanos de acumulación. El desarrollo de la ciencia y su aplicación a la producción favoreció la conquista de nuevas fuentes de materias primas y de productos de consumo suntuario, así como la implantación política en territorios cuyas poblaciones fueron incorporadas a esta primera ola de globalización por el camino del sojuzgamiento colonial y la mutación cultural. En un esquema típico de intercambio desigual, sus recursos y sus vidas pasaron a ser parte de la economía, de la política y la cultura centradas en Europa, y éstas pasaron a depender de los recursos de las áreas coloniales. La primera revolución industrial a finales del siglo XVIII dotó de un dinamismo renovado a este proceso; la producción masiva de minerales, recursos forestales y alimentos se convirtió en uno de los elementos centrales del capitalismo europeo. En el último tercio del siglo XIX la denominada segunda revolución industrial constituida por el desarrollo de nuevos medios de transporte terrestre y naval, la aplicación de la energía eléctrica a la producción industrial, las nuevas técnicas de conservación de alimentos, entre otros, impulsó desplazamientos masivos de población excedente de Europa hacia América y Oceanía. A los flujos de capital y de comercio se añadieron las grandes corrientes de población.

Reyes(25), por su lado, manifiesta que los procesos de globalización han acompañado a las grandes revoluciones productivas en los últimos 200 años:

i) La revolución industrial, relativa a la mecanización principalmente de la industria textil robusteció los lazos de captación de mano de obra, producción primaria, producción industrial y procesos de mercadeo entre Europa, Africa, América y Asia;

ii) La revolución en el transporte, profundizada no solamente con la navegación marítima sino también terrestre, esta última con marcado énfasis a partir de la utilización generalizada del ferrocarril en el último cuarto del siglo XIX, a cuyos esfuerzos se uniría de manera posterior el desarrollo de la aviación; y,

iii) La revolución informática, que se vive actualmente, ha abierto nuevas aplicaciones y fronteras, las que sumadas a una mayor flexibilidad en el manejo de capitales, han facilitado una rápida interacción entre los principales mercados bursátiles; ha creado, adicionalmente, mecanismos de alcance planetario en los ámbitos de las comunicaciones y la difusión cultural.

En efecto, como afirma la CEPAL(26), si bien no se trata de un nuevo proceso, ya que tiene profundas raíces históricas, los cambios en términos tanto de espacios como de tiempos generados por la revolución en las comunicaciones y la información le han dado dimensiones nuevas, que significan transformaciones cualitativas con relación al pasado. En este sentido, los historiadores modernos reconocen etapas que se destacan en el proceso de globalización de los últimos 130 años:

i) La primera fase, comprendida entre 1870 y 1913, se caracteriza por una gran movilidad de capitales y mano de obra, junto con un auge comercial resultante de la disminución notable de los costos de transporte, más que al libre comercio. Esta fase fue interrumpida por la primera guerra mundial, que generó un período que se distingue por la imposibilidad de retomar las tendencias anteriores y la franca retracción de la globalización en los años treinta;

ii) Después de la segunda guerra mundial se inicia una etapa nueva de integración global, en la que resulta conveniente distinguir dos fases sucesivas. El punto de inflexión se produjo a inicios de la década de 1970, como producto de la desintegración del régimen de regulación macroeconómica establecido en 1944 en Bretton Woods; de la primera crisis petrolera; de la creciente movilidad de los capitales privados, intensificada a partir de los fenómenos anteriores, y del fin de la “edad de oro” de crecimiento de los países industrializados. Reconociendo este punto de quiebre, se puede hablar de una segunda fase de globalización, comprendida entre 1945 y 1973 y en la que priman un gran esfuerzo por desarrollar instituciones internacionales de cooperación técnica, financiera y comercial y una significativa expansión del comercio de manufacturas entre países desarrollados, junto con la existencia de una gran variedad de modelos de organización económica una limitada movilidad de capitales y de mano de obra; y,

iii) En el último cuarto del siglo XX se consolidó una tercera fase de globalización, caracterizada por la gradual generalización del libre comercio, la creciente presencia en el escenario mundial de empresas transnacionales que funcionan como sistemas internacionales de producción integrada, la expansión y la gran movilidad de los capitales unida a la persistencia de las restricciones al movimiento de mano de obra, y el acceso masivo a la información en “tiempo real”, gracias al desarrollo de tecnologías de información y comunicaciones. Igualmente, se aprecia una notable tendencia a la homogeneización de los modelos de desarrollo. En consecuencia, cabe destacar, que la fase actual de globalización presenta rasgos que la distinguen en diversos sentidos de las fases anteriores de internacionalización de la economía mundial.

Ferrer(27), por su parte, anota:

Desde el fin de la segunda guerra mundial, los avances científico-tecnológicos han profundizado y transformado los vínculos entre los países. La globalización no es un hecho nuevo pero adquiere ahora dimensiones distintas y más complejas que en el pasado. El crecimiento del comercio mundial se concentra actualmente en los bienes de mayor valor agregado y contenido tecnológico. Segmentos importantes de la producción mundial se realizan dentro de las matrices de las corporaciones transnacionales y sus filiales en el resto del mundo. El comercio y las inversiones privadas directas han adquirido un mayor peso en la actividad económica de los países. Esta globalización real refleja los cambios en la tecnología, la acumulación de capital y la aptitud de las economías nacionales para generar ventajas competitivas.

Trahtemberg(28), frente a quienes sostienen que la globalización es un fenómeno reciente, de los últimos 20 años, principalmente vinculado a la masificación de internet, los productos de la high-tech y la internacionalización de los capitales, indica que el mundo está globalizado al menos desde el siglo XVI, principalmente desde que Europa descubrió América, identificando tres etapas.

Respecto a la primera etapa anota que desde el siglo XVI cada vez más lugares del mundo han quedado interconectados de tal manera que lo que sucede en una parte del planeta influye en las otras. El asentamiento de europeos en América fue una de las primeras manifestaciones de la globalización, que determinó nuevos sistemas internacionales de relaciones políticas, económicas y culturales. De esta forma se abrió una nueva cancha de juego para la expansión del capitalismo comercial que vino aparejado con campos nuevos de acción ideológicos, culturales y religiosos, particularmente vinculados a las disputas entre poderes, por ejemplo el inglés y el español, o el católico y el protestante.

Indica que la segunda etapa de la globalización vino con las grandes revoluciones americana y francesa. Los nuevos estados naciones se impusieron sobre los viejos imperios envueltos no solo en confrontaciones ideológicas sino geopolíticas, interconectados todos ellos con la expansión del capitalismo industrial, económico y muchas veces colonial.

Señala que la tercera etapa de la globalización vino luego de la primera y especialmente la segunda guerra mundial, con la guerra fría entre capitalismo y comunismo, la cual no se limitó a dos países sino a dos bloques globalizados.

En síntesis, los diversos criterios expuestos refutan las afirmaciones de los globalizadores respecto a que la globalización es un fenómeno reciente.