DERECHO: ¿CUÁL DERECHO?
DE LA CONSTITUCIÓN BURGUESA A LA CONSTITUCIÓN DE NUEVA DEMOCRACIA

DERECHO: ¿CUÁL DERECHO? DE LA CONSTITUCIÓN BURGUESA A LA CONSTITUCIÓN DE NUEVA DEMOCRACIA

Álvaro Bedoya Salazar

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2. 2 La teoría pura del derecho, de Kelsen

Una figura que, en la lucha entre las escuelas, merece particular atención es la de Hans Kelsen, cuyas obras, tratados, tesis y ensayos han ejercido en Colombia una enorme influencia. Kelsen y sus seguidores, en el marco neokantiano, han creado algo así como una religión de la llamada teoría pura del derecho, siendo sus dos obras fundamentales –Teoría pura del derecho y Naturaleza y sociedad– los evangelios de la Biblia para muchos, Kelsen el dios y La Haya, su basílica principal, donde se reúne el tribunal internacional en el sínodo de los cardenales –magistrados y jurisconsultos–, que en vez de tiara y estola, tienen la toga y el martillo para sentenciar desde allí la suerte y la aplicación de la justicia para toda la humanidad, con sacerdotes y acólitos regados por todo el mundo, sin reconocer que la base fundamental del derecho internacional se debe acendrar es en el respeto a la autodeterminación e independencia de todos los pueblos y naciones de la Tierra. Y por ende, cada cual debe gozar del derecho a tener su propia Constitución y su propia organización del derecho y de las normas que rijan y orienten la sociedad, sin ninguna intervención extranjera.

El doctor Abel Naranjo Villegas, profesor de la UPB, en su tesis La concepción social de la teoría de Kelsen, Estudios de Derecho, Marzo de 1981, dice:

Para lograr una unidad de análisis en la vasta obra de Hans Kelsen, no es suficiente el escrutinio microscópico de las ideas en que se apoya su teoría pura del derecho. Conviene, pues, anticipar que no tiene esa pretensión alguna de las que he preferido para este recuerdo de su memoria al cumplir los cien años de su nacimiento. Una de esas ideas, con la plenitud de vigencia en nuestro tiempo, es aquella que encara el derecho como una ideología. No obstante que su teoría son las de una total limpieza y purificación de la idea del derecho, para que no esté contaminada de ideología, ni de religión, ni de política ni de moral, ni de sociología, él mismo advirtió que no hay contradicción en que, simultáneamente, al confrontar el derecho con la realidad natural, aparezca ya como una ideología y sin embargo se proponga presentarlo como algo desprovisto de toda ideología.

Estos supuestos suyos tienen plena validez y fundamento en su obra Naturaleza y sociedad, en la cual plantea escrupulosamente la diferencia que existe entre la naturaleza y la sociedad, es decir, la estructura social en la que va involucrado el derecho, como una implantación que hace el hombre a la naturaleza.

De esta confrontación, en la que la naturaleza aparece regida por invulnerables leyes de casualidad y la sociedad por leyes de finalidad, concluye el sabio vienés su categoría de imputación como la correspondiente al derecho, en oposición a la categoría de causación, que corresponde a la naturaleza.

De ahí que inicie su especulación con el trabajo de la pureza metódica, que le sirve para limpiar la noción del derecho de todas las vegetaciones que ha ido acumulando en la confusión de los métodos. Mediante esa depuración del método separa todos los elementos de otras disciplinas como la política, la moral, la psicología, la sociología y hasta la justicia, como ajenos al derecho. Brota así el derecho como un orden normativo, o al revés de esta postulación, emerge la exigibilidad de un método que lo presente bajo la categoría de un ‘deber ser’.

Como técnica social establecida para alcanzar determinadas finalidades humanas, el derecho en sí no tiene finalidad, sino que es el medio para otras finalidades que están más allá de él mismo y, por tanto, su conocimiento debe separarse radicalmente de los conocimientos adecuados de otras disciplinas. La normatividad lógica es la que compete al derecho que, reitera, es un ‘deber ser’.

Se considera que la teoría de Hans Kelsen plantea un derecho tan puro, que no está concebido para hombres, sino para ángeles, lo que equivale a decir que no se puede aplicar en el planeta Tierra, donde habitamos los seres humanos, sino en el cielo, para las cohortes de querubines y arcángeles, que no sienten, ni sufren, ni comen, ni trabajan, porque son espíritus, como lo narra la mitología, no tienen forma corporal, no son materia: o sea, no existen. Ante esto, lo racional, lo concreto, es que el derecho lo hacen los hombres para los hombres, contrario a las concepciones de Kelsen, con sus oníricas y puras visiones en forma de normas para el mas allá, mientras que nosotros luchamos y trabajamos por los derechos de los hombres en el mas acá, para que como especie eminentemente social nos podamos proyectar física, material e intelectualmente. Con miras a cumplir ese objetivo es que exigimos la plenitud de los derechos y libertades para todos los pueblos y naciones del orbe, y ese avance no lo podemos lograr en un mundo de esclavos, prisioneros bajo el dominio de un imperio, que no respeta derechos, ni normas, ni garantías, ni leyes, ni fronteras, ni Constituciones, ni pueblos, ni naciones.

A este Estado monstruoso, a este endriago, es al que sirven teorías individualistas y puras como las de Kelsen, sin mancha, como lo anota el profesor Naranjo,

Depurada, limpia y purificada la idea del derecho, para que no esté contaminada de ideología, ni de religión, ni de política, ni de moral, ni de sociología .

Y como si fuera poco, advierte además Naranjo que no hay “contradicción”, y si así es la cosa, tampoco hay derecho.

Pero resulta que sí hay contradicción, y no de cualquier tipo, porque el señor Kelsen teoriza en defensa del capitalismo, y además, del capitalismo monopólico, cuyo dominio busca prolongar para siempre. Y así, la contradicción, profesor Naranjo, es de clase. La contradicción es entre los millones de hombres y mujeres oprimidos y esclavizados en todos los rincones de la Tierra, por un lado, y del otro, el imperialismo norteamericano, que hoy subyuga a todas las naciones y comunidades.

En este teatro de operaciones en el que la humanidad libra a diario las batallas por la libertad y los derechos, desde antes de Espartaco hasta nuestros días. Tanto sacrificio de los combatientes por la libertad no ha sido en vano, porque a través de los tiempos y en medio de portentosos estallidos populares se han desplomado muchos imperios.

La posición de Kelsen no aparece de la nada. Es una posición de clase, una escuela que en la historia de la filosofía tiene sus representantes y el más cercano es Kant, maestro de Kelsen, quien desarrolla sus posiciones sobre la filosofía crítica en tres tratados fundamentales, Crítica de la razón pura (1781), Crítica de la razón práctica (1788) y Crítica del juicio (1790). En el primero, Kant expone su doctrina del conocimiento; en el segundo, la ética; en el tercero, la estética y la teoría de la finalidad de la naturaleza.

En la primera de las tres obras, Kant expone la conocida tesis de la cosa en sí y refuerza su posición agnóstica cuando afirma que a la mente humana le es imposible llegar a conocerla.

En esta tesis de la cosa en sí, Kant es idealista afirma que, “Ni las percepciones de nuestros órganos sensoriales, ni los conceptos y juicios de nuestro entendimiento, ni los conceptos o ideas nos dan, ni pueden darnos, un conocimiento teórico de las cosas en sí”.

Kant fue un físico y astrónomo de enorme importancia. A él se le debe, entre otros muchos aportes, el descubrimiento de las nebulosas o nubes de gas estelar. Por otra parte, en sus concepciones sociopolíticas e históricas, Kant se alimenta de la Ilustración francesa e inglesa, en especial de Rousseau, y defiende la soberanía del pueblo. Pero como es un teórico de la burguesía alemana, y por tanto inconsecuente con su pueblo, llega a afirmar que, - Ibidem, “En realidad, la soberanía del pueblo es impracticable y la voluntad del pueblo debe subordinarse por completo al poder existente.”

Concepto que, en resumen, hace converger al debate sobre el derecho positivo como instrumento del poder establecido, es decir, lo que Kant propone es la rendición de los pueblos ante sus opresores.

La base real de las concepciones jurídicas de Kant, y su parte progresista, consiste en oponer el ordenamiento jurídico burgués, emanado de la propiedad privada, a la arbitrariedad y absolutismo feudales. Kant, entiende la libertad civil como el derecho del individuo a acatar sólo aquellas leyes con las que se declara conforme.

Lenin dice : “La crítica de la filosofía kantiana desde la izquierda se desarrolla fundamentalmente en el siglo XIX, por la doctrina materialista de Feuerbach y otros. Y, desde la derecha, vivo aún Kant, en el último decenio del siglo XVIII, el principal exponente fue Fichte”.

El otro gran pilar del idealismo en la filosofía clásica alemana, pero ya desde una posición dialéctica, es Hegel, uno de los más importantes filósofos del derecho. Es idealista, por cuanto centra la cuestión del avance humano en la autosuperación del pensamiento, en el desarrollo inmanente de las ideas por la vía de su negación. El proceso del desarrollo histórico constituye exclusivamente la realización del desarrollo de las ideas y se convierte por ello en una alegórica historia sagrada. Las representaciones políticas buscan en el pensamiento mismo las instancias de su realización y superación. Marx sostiene, por el contrario, que al ser la base económica la que origina las ideas y no a la inversa, es precisamente la realidad social la que decide sobre el real significado de estas últimas.

La crítica de la teoría hegeliana del desarrollo histórico, la crítica de la teoría hegeliana del derecho y del Estado, así como la crítica de la teoría hegeliana de la conciencia y el papel de la filosofía convergen en la convicción marxista que la actividad abstracta del pensamiento debe concebirse de un modo práctico, histórico y real y no, como Hegel lo hace, como actividad espiritual que expresa las transformaciones de la idea al margen del mundo real.

El hombre –dice Marx en la Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel – “es el mundo de los hombres, el Estado, la sociedad”.

Esta consideración histórica y concreta del hombre como un ser real que actúa bajo las condiciones reales de la existencia material, bajo las condiciones reales de la sociedad de clases, se convirtió en el núcleo de la filosofía que Marx opuso a Hegel.