DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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3.2.4. Inversión extranjera, industria transnacional. un proceso de desnacionalización a través del patrón nacional de acumulación

Las modalidades que venía adquiriendo el patrón de acumulación impuesto por la burguesía industrial cada vez más fuerte en su posición de fracción de clase hegemónica y su creciente imposibilidad para desarrollar la industria de una manera autónoma, dieron lugar a un creciente proceso de penetración de inversiones extranjeras, ya a través de la inversión directa en forma de empresas transnacionales o como mecanismo de importación de bienes controlados por grandes empresas monopólicas.

Este fenómeno, como ya se ha visto a lo largo de este trabajo, no es nuevo, sin embargo, en esta etapa su relevancia es mayor y su presencia determinante, ya que logra influir de manera definitiva en el desarrollo industrial del país puesto que es uno de los principales elementos que explican el subdesarrollo industrial, entendido éste como un proceso que al ir superando etapas del desarrollo productivo del aparato industrial, no conduce, sin embargo, al igualar los niveles o etapas de los países dominantes, pues en lugar de eliminar las condiciones que producen el atraso, las reproduce de manera ampliada, agudizando con ello la dependencia económica del país con el exterior, causa fundamental de dicho subdesarrollo.

Según podemos ver en el cuadro 13, la inversión extranjera ascendía a 2 822.3 millones de dólares en 1970, esto es, cerca del doble de lo que existía en 1964 (1 474.8 millones de dólares). De dicha cantidad, el 79.4% esto es, 2 240.7 millones de dólares, correspondían a inversiones norteamericanas, teniendo los demás países, una muy pobre participación individual. Alemania, que era el segundo país en importancia, sólo absorbía el 3.4%

En este mismo año, la industria manufacturera absorbía, el 74.4% del total de la inversión extranjera acumulada, siguiendo en orden de importancia, el comercio con un 15.5%.

Dos cosas son posibles de destacar de las cifras anteriores, primero: la preponderante posición que adquirió estados Unidos al interior de la economía nacional, hecho que le permitió una mayor posibilidad de monopolizar aquellos sectores donde invertía, sin la molesta competencia de otros países. Segundo: la importancia que adquirió la industria como centro de atracción de dichas inversiones, pero también, su mayor vulnerabilidad y susceptibilidad para ser monopolizado por el capital extranjero, como en realidad ha sucedido.

El cuadro 21 muestra, además de la preponderante participación de la inversión industrial en el conjunto de la inversión extranjera, la creciente participación y concentración de aquello en el rendimiento totales que ésta obtenía.

En base a esas cifras, es posible tener una idea más clara de la enorme importancia que la industria nacional guarda para los intereses extranjeros. Podemos ver así, por ejemplo: que en 1970, las inversiones industriales extranjeras absorbían el 78% del total de utilidades obtenidas por empresas extranjeras que operaban en el país, producía el 78% de las utilidades remitidas y absorbían el 78% de las utilidades reinvertidas.

La participación de los capitalistas extranjeros va desde la propiedad total de las empresas, hasta la asociación con capitalistas nacionales, en la cual su participación puede ser mayoritaria o minoritaria sin desmerecer su grado de control de la empresa y su influencia. En el mismo plano, se da también su asociación (aunque es más escasa), con el propio estado Mexicano.

De acuerdo a los datos incluidos en el cuadro 22, en 1970, existían un total de 1883 empresas con participación extranjera, de las cuales, 1 107 correspondían a la industria manufacturera. De éstas, 549 empresas, esto es, el 49.6% tenían un 100% de participación extranjera, 74 empresas, (el 6.8%) tenían de un 75% aun 100% de participación extranjera, 119 empresas, ( el 10.7%) tenían de un 50% a menos de 75%, 320 empresas ( el 4.0%) de 5% a menos de 25% de participación extranjera.

Se puede observar, también el mayor número de empresas, concentradas en la industria química (302, esto es, el 27% del total) y la proliferación de otra gran cantidad de empresas en la producción de bienes de consumo (447, esto es, el 40%), lo cual significa que la inversión extranjera se corresponde con la mal formación del aparato productivo, que muestra una concentración en las industrias que producen bienes de consumo e intermedios.

Por otra parte, esto significa también que la inversión extranjera, al concentrase en la producción de dichos bienes, no contribuye a la producción y sustitución tecnológica interna, que se importa de los países dominantes; y sí, por el contrario agrava más la dependencia del aparato industrial.

A la misma conclusión nos lleva el cuadro 22, que muestra el valor de la inversión extranjera por ramas de la industria manufacturera, y donde destaca que los mayores volúmenes de inversión, se encuentran en las industrias productoras de aquellos bienes mencionadas. Así, tenemos, que cerca de 73% de la inversión extranjera se concentra en dichas ramas industriales correspondiendo un 36% a bienes de consumo duradero y no duradero, 30% a la industria química y el resto a otros bienes intermedios.

Cabe observar, que a pesar de que algunas industrias absorben volúmenes relativamente menores de la inversión, no por ello extrañan una menor posibilidad de ser controlados por la inversión extranjera.

El cuadro 23, permite observar, la participación de las empresas transnacionales (ET) en el volumen total de la industria por ramas, encontrando que dichas empresas controlan una buena parte del producto social global, 34.9% del total, en 1970. Sin embargo, al analizar la desagregación por ramas, vemos que en algunas de ellas la participación de las ET es mucho más amplia que la que ejerce en conjunto frente a la producción total. Por ejemplo: en el tabaco, el 96.8% de la producción se origina en ET, en productos de hule el 63.9%, en la industria química el 50.7%, en productos de petróleo y coque 48.7%, en máquinas eléctricas 52.1%, en equipo de transporte 64%. Situación que se hace aún más aguda, el desagregarse la información por sectores. Así, tenemos que mientras que en los productos alimenticios la participación es del 21.5%, en 4 de los cuarenta sectores que componen esa rama, su participación (delas ET) es superior al 80%; fabricación de leche condensada 98.3%, fabricación de café soluble y té 96%; fabricación de chicles 84.9% y la fabricación de concentrados y jarabes 80.2%

En las ramas de industrias metálicas básicas, la participación de las ET es de 46.6%, sin embargo, esta provienen principalmente de tres sectores de la rama, en las cuales su participación es superior al 75%, éstos son: fundición, refinación y laminación de cobre 79.9%; fundición de plomo, estaño, cinc y otros metales no ferrosos 92.3% y laminación, extracción y soldadura de aluminio 79.7% .

Incluso en donde las tasas de participación de la producción por ramas es alta, como en la de productos de caucho, (63%), la participación por sectores es aún más alta. En llantas y cámaras, por ejemplo: dicha participación es de 88.7 .

Del 100% de la producción de las ET, el 29.1% se concentra en aquellas ramas en la que su participación en la producción nacional es de más de 75%; el 39.3% en aquellas ramas en donde se concentra menos del 75 % y más del 50%; el 16% en ramas donde participa con menos del 50% y más del 25% y el 155 en aquellas donde sólo concentra menos del 25% . Esto quiere decir que la producción de las Et, se concentra o se origina en aquellas ramas en las cuales éstas participan con más del 50% de la producción nacional. Concretamente, el 69% de la producción de las ET se origina en estas ramas.

Es importante señalar, como se compone la producción industrial de las ET de acuerdo al tipo de bien producido y en comparación con la producción de empresas nacionales.

Podemos observar así, principalmente, la amplia participación de las ET en la producción total de bienes durables, que es del 61.5%, el doble de su participación en cualquiera de los otros tipos de bienes. Sin embargo, esta participación, sólo significa el 6.4% de la producción industrial de las Et, lo cual habla de la amplia concentración que es capaz de ejercer la ET con una reducida cantidad de su producción total y de los escasos medios de los que se vale para controlar gran parte de a producción industrial nacional. Resalta más aún esta concentración, si vemos que, por oro lado, con el 10.8% de su producción total, las empresas nacionales (EN) sólo logra controlar el 48.5% de la producción de bienes durables.

Por otra parte, tenemos también, la elevada participación que tienen los bienes de consumo y los intermedios en la producción industrial de las ET, cuyos porcentajes son de 42.2% y 41.4% sobre el total producidos por ET respectivamente. Producción que les permite controlar el 30.2% de la producción nacional de bienes de consumo y 32.1% de bienes intermedios.

Tenemos también, que los bienes de consumo durables e intermedios concentran el 90% de la producción de las ET, mientras que la producción de bienes de capital sólo absorbe un 10%, lo que habla de la tendencia que sigue la producción de dichas empresas en nuestro país, que fortalecen la producción en sectores productores de bienes de consumo final, mientras que dejan de lado la producción de sectores cuya expansión resulta indispensable para el desarrollo del país, como los bienes de capital, agudizando con ello, la tendencia al atrofiamiento y disfuncionamiento del aparato productivo y hacia una mayor dependencia del exterior.

Hay que observar, que las EN muestran también, como ya se había mencionado, la misma estructura productiva y la misma tendencia. Así tenemos que el 89.8% de la producción de estas empresas se componen de bienes de consumo final e intermedio y el 10.2% de bienes de capital. Lo cual, en todo caso, se debe a las determinaciones fundamentales que sobre la forma del producto social ejercen tanto la presencia del capital extranjero en el país a través de las tendencias que sigue al asociarse con el capital nacional, como la dependencia y subordinación a los monopolios extranjeros que surten de tecnología al país, así como también a la configuración real del mercado interno y a la política proteccionista del Estado Mexicano, que crean un cuadro en el cual la producción total está concentrada en bienes de consumo final (53%) y bienes intermedios (36.4%), mientras que sólo un 10.4% corresponde a bienes de capital.

Con ello se comprueba también que las Et están con amplias posibilidades de determinar la forma del producto social de la industria nacional, dada la forma que adquiere su estructura productiva y el elevado control que sobre la producción puede ejercer, viniendo a convertirse, así, en la contraparte que cierra el circulo de dependencia y subordinación en el cual se haya la industria nacional, cuyo producto social, ya de por sí es determinado exógenamente, dada su dependencia y subordinación tecnológica con los monopolios transnacionales, que imponen y definen la forma que adquieren los bienes que dicha industria importa.

De otra parte, conviene observar, la amplia concentración de la producción industrial de las ET, identificándola con la posición de liderazgo que tiene éstas en amplios sectores de la industria. Podemos ver así, que el 79% de la producción se genera en sectores en que por lo menos uno de los cuatro mayores establecimientos es una ET, y que el 55% tiene su origen en sectores en que por lo menos dos de los mayores con ET . Este porcentaje, tiene una mayor relevancia, dado precisamente ese liderazgo que tiene las ET sobre la producción industrial, lo cual arroja una mayor posibilidad de influencia y control sobre la producción.

Este fenómeno se observa ampliamente en ramas como la de alimentos, sonde la participación de las ET en la producción global de la rama es de 21.5% y sin embargo, el 60% de la producción se genera en sectores en los que por lo menos una ET se encuentra en el grupo de las empresas lideres . De igual manera, en la rama química, en la que el porcentaje de participación de las ET en el total de las ramas es de 50.7%, pero el 98% de la producción se genera en sectores en lo que por lo menos una ET está incluida en el grupo de las empresas líderes. Asimismo, en las ramas metálicas, en las que los porcentajes son 46.6% y 100%, respectivamente. En maquinaria no eléctrica 52.1% y 99%. En maquinaria eléctrica 50.1% y 100% y en material de transporte 64% y 95%.

Si se lleva a cabo este análisis a nivel de tipo de bienes, se observa que el 70.5% de la producción de bienes de consumo, 80.9% de bienes intermedios, 90.1% de bienes durables y 83.8% de bienes de capital, se generan en sectores liderados por lo menos por una ET.

Un acercamiento mayor, al alto grado de participación que han adquirido las ET en la industria nacional y su creciente concentración en diversas ramas, (hecho que ha ido moldeando la estructura productiva de la que ya se hablo antes), nos la da el cuadro 25.

Podemos observar así, que la mayor participación en el capital social de las 290 mayores empresas industriales en México, corresponden a las ET con un 45.4%, un poco menor es la de las EMP, 41.8% y un 12.8% pertenece al Estado. En 7 ramas, las ET participan con más del 50% de capital social. En alimentos, es de 43.8%, enmadera y corcho 32.6%, en celulosa y papel 25.2%, en editoriales el 29.8% y en metálicos el 24.4%.

Es notable también, l a de mayor concertación de capitales de ET en ramas industriales dedicadas a la producción de bienes intermedios, en la mayoría de las cuales absorbe mas del 50% del capital social, y su menor participación en ramas de consumo final de las llamadas tradicionales, a excepción del tabaco.

Esto es así, porque las industrias de bienes intermedios, por requerir altos niveles tecnológicos, requieren una gran inversión, si se corresponde con una amplia participación de estos bienes en la producción total (32.1%), el producto en sí, no corresponde a las etapas de desarrollo de la industria nacional sino mas bien, viene a complementar otros procesos productivos que se realizan fuera del país. Esto es, dichas ramas industriales se han convertido en partes complementarias y pertenecen a otras etapas de desarrollo industrial de los países dominantes, que sí son producidos en el país, es sólo debido a que este ofrece una mayor posibilidad para obtener altas tasas de ganancia. Ello quiere decir, que dicha producción no esta en relación a los requerimientos de la industria nacional y por tanto no la complementa, lo cual significa un atrofiamiento en el aparato productivo del país.

La mayor preponderancia del capital social de las ET con respecto a las ENP, en aquellas ramas productoras de bienes de intermedios y de capital, les permite un mayor control sobre la definición del tipo de producto que se genera, y con ello queda en sus manos, por tanto, la definición de la estructura que adquirirá el sector productivo de dichos bienes.

Por otra parte, en las industrias productoras de bienes de consumo final (durable y no durable) la participación de las ET con respecto a las nacionales privadas resulta ser menor en un nivel de análisis por rama industrial, pero al observar su participación por sectores industriales y empresas, podemos ver que por parte de aquellas, hay una mayor concentración del capital que la que sugiere el análisis por ramas.

Es esta concertación la que posibilita definir las formas que adquiere el producto en dichas ramas y sectores que se concentra en la producción para la esfera alta del consumo, evadiendo con ello la satisfacción de los requerimientos de una gran parte de la población cuy capacidad de demanda es muy pobre, pero cuyo número hace una mayoría en comparación con aquello que si tienen dicha capacidad y que son los que disfrutan los beneficios de la “industrialización del país”.

Finalmente, es de notarse a especialización que sufren las empresas nacionales en determinadas ramas productivas, principalmente las tradicionales, como alimentos, bebidas, calzado, textiles, madera y corcho, celulosa y papel, editoriales, algunas excepciones en bienes intermedio y una mayor marginación en bienes de capital. Esto habla entonces, de una división dentro de la propia estructura productiva del país pues mientras, las ET, concentran el capital y monopolizan el producto de las ramas y sectores más modernos, las ENP se especializan en la producción para la esfera baja de consumo.

Retomando el análisis de la concertación de la producción, encontramos que, de 230 sectores que componen la industria manufacturera nacional, en 114, cuatro de las más grandes establecimientos generan mas el 50% de la producción, y en 46 sectores, las cuatro mayores establecimientos generan mas del 75% de la producción, en 1970 .

En estos 114 sectores con dicho índice de concentración (mas del 50%) se genera un 40% de la producción industrial, lo cual significa, que ese porcentaje de la producción se genera en sectores no competitivos, esto es, monopolizados. Sin embargo, si se consideran sectores monopolizados aquellos que tengan un 25% o más de índice de concentración, tenemos que l 75% de la producción industrial de México, se genera en sectores monopolizados .

De acuerdo a la misma fuente, los sectores con un mayor índice de concentración de la producción son: tabaco 77%; derivados del petróleo y carbón 75%; metales básicos 69%; productos de hule 68%; y material y equipo de transporte 55%. Índices, por cierto, mucho mas elevados que el promedio nacional que es de 42.6%. Por otra parte, los de menor índice de concentración son: editoriales 11%; muebles 18%; cuero 25% y madera 27% y calzado y vestuario 27%. Estos últimos, pertenecen a las industrias tradicionales y están controladas, tanto en su capital social, como en su producción, por ENP; mientras que en los primeros predomina el capital extranjero, tanto en su capital social como en cuanto a control de la producción, lo que hace concluir que aquellos sectores que están dominados por ET, muestran un mayor nivel de monopolización de la producción que aquellos dominados por ENP, lo cual a su vez, habla de la existencia de una relación directa entre presencia de Et en la industria y grado de monopolización.

Esta misma tendencia, es posible observarla al analizar la concentración por tipo de bienes. Así tenemos, que la concentración promedio, más alta pertenece a los bienes durables, siendo de 53.5% enseguida se encuentran los bienes intermedios con un 46%, lo de capital con un 43% y los de consumo con un 35%. Esto comprueba una vez más, que en los sectores dominados por Et, el índice de concentración es mayor, como es el caso de los durables, cuya producción está concentrada en un 61.5% por ET y muestra el mayor índice de concentración y los bienes intermedios y de capital sectores en cuya capital social hay una amplia participación de inversiones extranjeras. Mientras que los sectores que producen bienes de consumo muestran un menor índice de concentración a la vez que una menor participación de inversión extranjera y una mayor participación de capitales nacionales.

Finalmente, una prueba más de esta argumentación es que el 61% de la producción de las ET se concentra en sectores con un índice de concentración mayor al 50%, mientras que en las empresas nacionales, tan sólo el 29% de su producción total tiene su origen en sectores con ese índice de concentración . Asimismo, ene l sector productor de bienes intermedios y de consumo durable, el 69% y 74% de la producción total de dichos bienes, respectivamente, de las ET, se origina en sectores con un índice de concentración mayor al 50%. En las de consumo, mientras el 54% de la producción de las ET se genera en los sectores más concentrados, sólo el 18% de la producción de las EN proviene de esos sectores, lo cual indica que incluso en aquellas ramas en las que el índice de concentración es el más bajo, sectorialmente, alas ET muestran índices más altos de concentración de la producción. Esto constata, pues, que medida que es mayor la participación de la inversión extranjera en las grandes empresas industriales, mayor es su grado de concentración.

Todo este control que está en posibilidades de ejercer la empresa transnacional tiene su fundamento en las condiciones más favorables que posee para llevar a cabo los procesos productivos. Elementos como un mayor desarrollo tecnológico, a la vez que su instalación en sectores en donde es impenetrable la empresa nacional, son factores que promueven dichas condiciones más favorables.

Generalmente las empresas transnacionales se sitúan en sectores que presentan serias dificultades de penetrar a las EN, principalmente por que, los tamaños mínimos de planta implican inversiones muy amplias, que requieren un elevado nivel tecnológico en que las EN no están en posibilidades de obtener . Por ello, generalmente ve siempre asociado un tamaño de planta con la presencia de Et. Así, tenemos que mientras que en los sectores de alta concentración y participación de las ET, el tamaño promedio es de 32.8 millones de pesos de producción anual; en los sectores de baja concentración y participación de ET, el tamaño promedio es de 0.5 millones de pesos, siendo que, además, el promedio para le total de la industria manufacturera es de 1.7 millones de pesos en 1970.

Esta situación favorable se refleja también, en las mejores posibilidades de la ET, de obtener altas tasas de productividad del trabajo con respecto a las EN. Así, tenemos que la relación de la productividad por hombre ocupado aumenta con el grado de concentración y con la participación de la ET en la producción de determinados sectores. En los de mayor grado, la productividad promedio es de 3.7 mayor que la nacional; en los de menor grado es de 1.7% . Esto permite, una mayor utilización de capital constante por hombre ocupado, sin embargo, sólo parte de esa productividad es transferida a los salarios, aunque éstos sean más altos en las ET que en las EN, siendo por ello, que estas últimas los salarios representan una parte mayor del valor agregado.

Por lo anterior, vemos que la tendencia de las ET es hacia una mayor composición orgánica de capital, debido a una mayor utilización del capital constante, sin embargo, por ir seguida de un aumento menor en el valor de la fuerza de trabajo, se logra retardar y contrarrestar la caída de la tasa de ganancia. Esto ha permitido que en los ET, la tasa de utilidad sea 31% superior que en las EN. En la producción de bienes de consumo la diferencia es de 56%, en los intermedios de 19%, en los de capital de 22% y de 68% en los durables . La diferencia entre dichas tasas, es mayor en sectores de mayor concentración y participación de ET, en donde el promedio es tras veces mayor que los de las EN, mientras que en los sectores de baja concentración no existe diferencia.

Otro de los mecanismo que ha servido a las ET para penetrar en la industria nacional y obtener su control, ha sido la adquisición de empresas nacionales ya existentes, que más que la creación de nuevas empresas. Según Fanjzylberg hasta 1946, el 73% de las ET habían sido incorporadas a la economía nacional a través de la incorporación de nuevas plantas y sólo 20% mediante la adquisición de empresas ya existentes . Entre 1946 y 1957 estos porcentajes eran de 52% y 32% respectivamente y de 1958 a 1967, el 54% correspondió a adquisición de empresas ya existentes y el 34% a plantas nuevas. Lo que muestra, que en la medida que crece la participación de las ET en la industria, se va dando un proceso de desnacionalización del capital, no sólo a través de la incorporación de más inversiones extranjeras, sino también, cada vez en mayor escala, a través del desplazamiento de inversionistas nacionales.