DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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1.2.1.3.4 La industria

El desenvolvimiento de la industria durante el Porfiriato sigue el mismo ritmo a ascendente que las otras ramas productivas aunque no presenta un crecimiento tan acelerado como para hablar de un auge industrial en el país.

La mayor parte de los establecimientos industriales al iniciar el Porfiriato eran pequeñas unidades productivas. Sólo en algunas ramas se notaba cierto vigor en la producción, como en la fabricación de textiles.

Sólo hasta la última década del siglo pasado podemos hablar de que hubo un proceso más o menos de aceleración en la incipiente industrialización del país.

Entre las causas que originan esta creciente expansión encontramos, el ensanchamiento del mercado interno, de lo cual ya había hablado. Pero, un factor que fue determinante y favoreció grandemente a la naciente industria, fue la amplia protección arancelaria que existía en esa época. Tan era así, que en muchas ocasiones se llegó a prohibir la total importación de mercancías que pudieran competir con las nacionales. Según Solís, “... la industria en general disfrutó de protección comercial, con aranceles de 50% a 200% del valor de importación e incluso en la textil hubo prohibición absoluta de importar productos similares a las manufacturas internamente .

De la misma manera actuó el hecho de que el peso permaneciera subvaluado durante todo el período. Situación que deja de rendir sus frutos hacia 1905 cuando gracias a la reforma monetaria, se vinculó el peso al oro con una equivalencia fija, es decir, que se revaluó la moneda, la cual abrió las puertas a la importación de manufacturas extranjeras, con los consecuentes efectos negativos para la industria nacional.

Otro factor que impulsó la producción industrial fue la desaparición de las alcabalas, que gravaban el comercio y hacían poco atractiva la producción.

Como en casi todas las demás actividades productivas, el gobierno trató de estimular la inversión en la industria, tratando de atraer capitales sin recurrir al proteccionismo. Prueba de ello en la ley del 30 de marzo de 1893, mediante la cual el gobierno quedaba autorizado para otorgar franquicias y concesiones a “... las empresas que garantizaran la inversión de capitales en el desarrollo de industrias nuevas en el país. (...) Las franquicias y concesiones, consistían en exenciones de impuestos federales hasta por diez años al capital invertido; importación libre de derechos, por una sola vez, de la maquinaria, aparatos, herramientas, materiales para la construcción y demás elementos para la fábrica y edificios...”

Con todo, sin embargo, la expansión industrial en esta época, fue limitada. Sobre todo por otros factores que actuaban en forma negativa, tales como: una demanda poco diversificada, un mercado poco amplio, la falta de una infraestructura adecuada y de elementos financieros disponibles, y sobre todo, por que era mucho más atractivo invertir en actividades productivas, dedicadas a la exportación, que en la industria que se dedicaba al abastecimiento, primordialmente, del mercado interno. Así tenemos que “...en el período 1877 a 1910, el producto de la industria de transformación sólo logró un crecimiento modesto e irregular de 3% anual a precios constantes...”

Podemos observar, que fue la industria una de las ramas en que la inversión extranjera fue más baja. Esta, como ya vimos, se dirigía a actividades más lucrativas, como la minería y ferrocarriles, lo cual, no significa, que no haya sido significativa que la participación en la industria, pues

“... el 71% del capital invertido entre 1886 y 1910 en nuevas sociedades industriales lo aportaron mexicanos, y el 29 % restante extranjeros: de un total de 121 millones de pesos, 86 correspondieron a empresas mexicanas y 35 a firmas extranjeras. La inversión extranjera total en las manufacturas del país (no tan sólo de nuevas sociedades) se estimaba hacia 1911 en 131 millones de pesos...” .

De este total de capitales invertidos en la industria, que es realmente bajo, si lo comparamos con la inversión extranjera en los ferrocarriles en donde sobrepasa los 1 000 millones de pesos, Francia tenía la inversión más alta con 71 932 368 pesos, lo que significaba el 7.9% del total de sus inversiones en México y el 55.2% del total de las inversiones extranjeras en la industria. Alemania participaba con 26 960 000, lo que era el 41.3 % del total de sus inversiones en el país y el 20.5% del total invertido por los capitales extranjeros en la industria. Estados Unidos, tenían un total de 21 200 000 pesos, lo que en el mismo orden, representaban 1.7 % y 16.1%. Finalmente Gran Bretaña tenía 10 855 800 pesos lo que era el 1.1% y el 8.2% respectivamente (para estos datos, véase cuadros 3 y 4).

La industria se vio beneficiada en esta época por los avances tecnológicos que pudieron introducirse, aumentando con ello su productividad y sus niveles absolutos de producción. Tales fueron: la utilización de la máquina de vapor y de la energía eléctrica, así como también, el uso de petróleo como combustible. Esto mismo obligó a utilizar medios de producción más sofisticados que obviamente tuvieron que importarse, de la misma manera que creció la demanda de insumos industriales. Sin embargo,

“...la mayor parte de la expansión industrial se efectuó dentro de las pautas tradicionales, es decir, a base de pequeñas unidades fabriles de baja eficiencia y dedicadas a la producción de bienes de consumo. Así para 1906 estaba en operación 6 338 industriales de las que tres cuartas partes eran de alimentos. En algunas ramas tuvo lugar una sustancial modernización (textiles, papel) y en otras, sólo se establecieron grandes fábrica debido a exigencias técnicas (cerveza, cemento). Pese a todas las limitaciones del caso, la industria se fue convirtiendo en un elemento de creciente importancia para la expansión de la burguesía...”