DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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CAPITULO III. EL DESARROLLO INDUSTRIAL EN EL MÉXICO MODERNO.

3.1. Crecimiento y expansión acelerada en la industria nacional. Un nuevo patrón de acumulación.

3.1.1. El ascenso de la burguesía al poder.

El período que se inicia con el término del mandato presidencial del General Lázaro Cárdenas y con el inicio de la segunda guerra mundial, trae consigo una serie de elementos muy importantes que de manera fundamental explican el curso que tomará el desarrollo del país y que son reflejo o forma de expresión de las fuerzas que subyacen en la sociedad mexicana, la cuales vuelven aquí, a entrar en actividad, respondiendo así, a una necesidad histórica.

La etapa cardenista, trajo al escenario político a las masas populares, dándoles un lugar y un papel sumamente relevante. Así y a través del estrecho nexo que existió entre el estado y dichas masas, Cárdenas llevó a cabo ciertas tareas que estaban comprendidas dentro del proyecto revolucionario y que se imponían como necesidades históricas para el desarrollo capitalista del país.

El estado cardenista apoyó y posibilitó el fortalecimiento de la burguesía industrial. Esto fue posible gracias a la política anti-imperialista, que defendió los espacios para la acumulación de capital de los sectores nacionales, e inmiscuyéndose en la actividad económica con el fin de apoyar dicha acumulación.

De la misma forma actuaron las leyes de fomento industrial y la política proteccionista que libraba a la actividad industrial de la competencia extranjera.

Con Cárdenas, se reformulan las relaciones de producción y se sientan bases y condiciones necesarias para el fortalecimiento económico y posterior consolidación de la burguesía industrial dentro del bloque en el poder.

Dos fueron principalmente los elementos que permitieron una amplia acumulación de capital durante la década de los cuarentas. Uno es el fortalecimiento de la burguesía industrial que logra conseguir la hegemonía en el bloque en el poder, a través de lo cual se verá favorecida por un amplio conjunto de concesiones, que no sólo amplían la escala de acumulación en este período, sino que también le permitirán consolidar su hegemonía y dominación, y así, crear las condiciones necesarias y suficientes que garanticen la acumulación de capital en períodos posteriores.

Una de las armas usadas por el estado para el control del movimiento popular organizado y que actuó como una concesión a favor de la burguesía industrial, pues actuó como un instrumento para la contención salarial, fue el lanzamiento de la consigna de la unidad nacional, que obligaba a todas las clases sociales a la colaboración y al sacrificio de sus intereses particulares con el fin de defender la soberanía nacional amenazada por el nazi-fascismo. Así, la Unidad Nacional, vino a contener y superar cualquier demanda de reivindicaciones obreras al grado de hacer renunciar el proletariado de organizar huelgas o paros.

En el mismo sentido actuó la fraseología Ávila Camachista de la igualación y equilibrio de los factores de la producción conseguida por el gobierno cardenista y la superación de las contradicciones entre las clases sociales, lo cual justificaba contener el movimiento obrero y campesino.

Gracias a todo ello, los salarios de los obreros pudieron ser contenidos durante todo lo que duro el conflicto bélico, así, de 1940 a 1945, el salario perdió el 50% de su valor respecto al que tenía en 1939 . Por ello, mientras que en ese mismo año, del total del ingreso nacional al trabajo de obreros y campesinos le correspondía el 30.5% y al capital de los empresarios el 26.2%; hacia 1944, al primero le correspondía el 21.5% y al segundo 45.1% .

El otro de los elementos mencionados, es de carácter coyuntural. Se trata de las condiciones que fueron creadas por la segunda guerra mundial y el impacto que ésta tuvo en la economía mexicana en general, y en los sectores industriales en particular.

El conflicto bélico, vino a quebrantar el esquema de la división internacional del trabajo, a través de la cual, nuestro país se insertaba en la órbita imperial como productor y exportador de materias primas y alimentos, a la vez que receptor de bienes manufacturados. Dicho quebramiento, se originó por la imposibilidad de los centros hegemónicos de seguir produciendo bienes manufacturados dada la necesidad de dedicar su expansión industrial hacia la producción de armamento y pertrechos de guerra. De esta forma, dicho esquema sufre un atrofiamiento por el lado de las importaciones de las manufacturas lo que provocará dos fenómenos muy importantes: por un lado, que la ausencia de dichos bienes manufacturados crea una demanda insatisfecha no sólo de la economía nacional que antes las importaba, sino también en los países que las exportaban. Dicha demanda insatisfecha originará el segundo fenómeno, esto es, que dentro de nuestro país se intensifique la producción de esos bienes manufacturados, que ya se venían produciendo pero en pequeña escala; no sólo para satisfacer la demanda interna, sino para añadir a los flujos de explotación de materias primas y alimentos la de esos bienes manufacturados necesarios en la economía en guerra, lo que va a provocar en todo el período bélico una expansión sin precedentes de exportación, a la vez que un crecimiento excepcional de las exportaciones de productos agropecuarios y mineros, por lo que es imposible afirmar, que por el la dado de las exportaciones de materias primas y alimentos, el esquema de la división internacional del trabajo se vio profundizado, gracias a la coyuntura histórica.

Es así, como el volumen de la producción manufacturera crece en un 34% en el periodo 1940-45 , provocando, que mientras en 1940 se exportaba el 1.6% del valor de la producción, para 1945 esta cifra se incremente hasta ser un 6% ya que la demanda externa, había crecido a una tasa promedio anual del 3.9% .

En este periodo, como lo muestran los cuadros 10 y 11, casi todas las ramas manufactureras mostraron un incremento notable en los volúmenes y en el valor de la producción.

Podemos observar así, como los renglones industriales más beneficiados resultan ser: la preparación y conservación de alimentos, que elevó su volumen de producción en un 243% en el período 1939-1947, y el valor de dicha producción en un poco más de 1000% en el mismo período. De igual manera, el renglón de cervezas, muestra un amplísimo incremento del 176.7% y 21% respectivamente. Así también, los textiles, tanto los de lana como los de algodón incrementan en un 64.9% y 16.9%, su volumen de producción respectivamente y 238 y 161.7% el valor de dicha producción cada uno. Por su lado, la producción de hierro y acero se ve incrementada en un 122% y su valor en un 351%, en el mismo período. Así como el cemento, que crece en un 61.2% en su volumen y 264% en su valor. Otro renglón que presenta la misma situación, es el vidrio, que crece en un 104% en su volumen y en un 235% en su valor.

En cuanto al nivel de exportaciones, resulta relevante observar que los renglones que más incrementaron su producción, fueron aquello que incrementaron también sus flujos de exportación. Así, los textiles de algodón se incrementaron del 1% en 1940 a 41% sobre el total producido, en 1945 , del total de la producción para los mismos años. Lo mismo que la industria de alimentos que incrementó sus exportaciones en más de un 300%, al igual que al renglón de bebidas que muestra un explosivo 400% de incremento en el valor de sus exportaciones en el periodo antes considerado. .

Con todo esto, es posible afirmar, que en la misma medida en que se llevaba a cabo un amplio proceso de acumulación de capital, se iba configurando una situación en la cual la industria nacional va ganando terreno, tanto en la producción para el mercado interno, como para el mercado mundial, si bien de hecho este amplio crecimiento industrial, no se basa fundamentalmente en el mercado interno, entonces deprimido por la fuerte contención salarial. Por ello, y en la medida que se observa que la expansión se debió principalmente en manufacturas tradicionales, es posible afirmar que más que un proceso de sustitución de importaciones, a lo que dio lugar el conflicto bélico fue a una profundización en el esquema tradicional de producción industrial, puesto que no se observa, ningún tipo de diversificación.

El Estado, jugó un papel muy importante, para posibilitar esta expansión, como ya habíamos dicho. Principalmente a través de la promulgación de leyes como la publicada en 1949, que estimulaba la creación de nuevas empresas, liberándolas de impuestos hasta por cinco años, y al amparo de la cual se crearon 346 empresas de 1941 a 1945 . De igual manera, en 1945 se estableció la ley de Industrias Nuevas y Necesarias, a través de la cual, gran número de empresas, disfrutarían de exenciones fiscales hasta por 10 años, ya fuera por impuestos a la importación, renta, utilidades, timbre, etc. , mecanismo que se convirtió, en realidad en un fuerte impulso a la creación de gran cantidad de empresas. De la misma manera, se desgravan las importaciones para maquinaria y equipo importado, necesarios para el desarrollo industrial del país. Esto se logró mediante la modificación de la Regla XIV de la Tarifa General de Importaciones.

El gasto público, fue otro elemento de promoción a la industria privada, principalmente a través de la inversión en obras de infraestructura y sectores estratégicos. Así, la inversión de fomento industrial (electricidad, petróleo, gas y otras industrias) pasó de representar un 12% de la inversión pública total en 1939 a un 30% en 1950 . Con ello, los sectores estratégicos de apoyo a la expansión industrial mostraron un amplio crecimiento. Así, la capacidad de refinación de petróleo aumentó de 138 000 a 266 000 barriles diarios entre 1940 a 1950, a la vez que se diversificaba la producción de derivados de petróleo como son los lubricantes y gasolina de alto octanaje . De igual forma, la generación de electricidad aumentó de 3069 a 7049 millones de Kwh., lo cual significaba un incremento del 129%; y su capacidad instalada, pasó de 720 000 a 1 930 000 Kwh., esto es 169% de aumento, en el mismo período .

Ante este nuevo horizonte abierto a la acumulación de capital a través de la industria, es lógico observar a un amplio crecimiento en el número de establecimientos industriales en el período 1940-1945. Así mientras que en 1940, existían 13 510, en 1945, éstos alcanzaban la cantidad de 51 128 . La inversión en dichos establecimiento fue de 3 135 millones de pesos y de 4 353 millones respectivamente. El valor de la producción pasó de 3 115 millones de pesos en el primer año, a 5 342 millones en el segundo, y el número de empleados se incrementó de 389 953 en 1940 a 593 970 en 1945. .

Es importante observar, por otra parte, que esta expansión industrial, se basó fundamentalmente en la utilización de la capacidad instalada y en el incremento de la explotación de la fuerza, debido principalmente a la escasa posibilidad que existía en esos momentos de importar bienes de capital que permitieran la modernización de la industria y una modificación importante en su estructura interna. De ahí, que se observe una gran proliferación de pequeñas industrias que empleaban un mínimo de capital constante , haciendo, por tanto, un uso intensivo de la fuerza de trabajo y realizando una intensificación den su explotación.

Este hecho, sin embargo, no alteró sustancialmente la estructura de las importaciones que en 1950 se dividían en un 23% para bienes de consumo, 25% para bienes intermedios y 51.7% para bienes de capital.

Como es posible derivar de todo lo anterior, el eje de la acumulación de capital comenzó a mostrar un viraje claro de las actividades agropecuarias y mineras, a las industriales, prueba de ello, es el aumento que mostró la participación dentro del PIB, el sector industrial, quien contribuyó con el 27.6% en 1945 mientras que en 1940 participaba con el 24%; a comparación del sector primario que en el segundo año originaba el 29.6% y en 1945 había disminuido hasta 21.2% y el sector comercial y de servicios que controlaba el 49% del PIB . Con ello, es posible afirmar que un modelo de acumulación se abría paso al interior de la economía nacional, un modelo que giraría en torno a la expansión industrial, dependiendo de ésta cada vez de manera más importante. Lo cual, por otra parte, es la condición necesaria y suficiente para hablar del inicio de un proceso de industrialización en nuestro país.