DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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2.3. La etapa Cardenista (1934-1940)

2.3.1 Populismo y lucha de clases

Desde cualquier punto de vista, la serie de reformas que suceden durante el período 1934-40 que dura el mandato del General Lázaro Cárdenas, -que forman parte de su proyecto político- son, no sólo necesarias, sino ineludibles e inaplazables, ya que la situación que se vivía amenazaba con un estallido social y a la vez, por otro lado, frenaba el desarrollo del país, en particular, la acumulación de capital sobre vías de un capitalismo moderno. De esta forma, el fin fundamental del proyecto cardenista, se resume a la creación de las condiciones tanto sociales como económicas que permitirán garantizar la acumulación del capital, lo cual significaba, reformular las bases sobre las que se deben las relaciones de producción.

El proyecto reformista de Cárdenas, no fue aceptado en principio por la burguesía nacional y en menor medida por la extranjera. Parecía ser demasiado radical, para pensarse que en algo podría favorecerlas. Por otro lado y en la medida que beneficiaba a la amplia capa de masas populares, también necesitó de estás para ser llevado a cabo, sólo por que de otra forma, no hubiese sido posible. Esto es así, porque dicho proyecto, se proponía concretizar las tareas que la revolución dejará inconclusas.

Bajo una política populista, Cárdenas logra llevar a cabo, acciones anti-imperialistas que permitirán recobrar, para el país, renglones productivos que servirán más tarde de apoyo ala industrialización del país, como el petróleo. Además, logra conducir el movimiento obrero y campesino para reformular las relaciones obrero-patronales, esto es, modificar la forma en que se pacta la venta de la fuerza de trabajo; a la vez que da un gran paso en la reforma agraria.

Son precisamente las bases populistas y la retórica socializante del gobierno de Cárdenas, las que confunden a la burguesía de ese tiempo y la hacen temer al proyecto reformista, llegando a ver, incluso, en él un ataque a la propiedad privada, sólo porque a corto plazo afecta seriamente algunos intereses burgueses (sobre todo de la burguesía monopolista aliada al capital extranjero). Sin ver, que ello es necesario para sentar las bases de una nueva forma de organización económica y social dentro de los marcos capitalistas. Porque, como dice Cockroft, el populismo,

“...no sólo conduce a alguna forma de consolidación de la burguesía en el poder, sino que se encamina hacia allá. Como alternativa a la revolución, el populismo es un programa de característico en una formación social capitalista de una fracción ascendente de la burguesía en su batalla contra las clases rivales de dentro y de fuera...” .

Dos aspectos, dignos de mencionarse, destacan el análisis del populismo. Por un lado, que éste se da en una determinada coyuntura histórica, esto es, en los momentos en que la burguesía se encuentra débilmente formada como para tomar el poder político y así imponer su proyecto histórico; a la vez que en el seno de las masas populares existe una gran agitación, pero priva la desorganización, hecho por el cual no pueden imponer su fuerza política y de esta forma, mejorar sus condiciones de vida material. Surge de aquí, entonces, una superestructura política e ideológica que a la vez que legítima y garantiza la reproducción de la explotación capitalista, atrae a las masas explotadas haciéndoles uno de sus elementos constitutivos con el fin de cumplir con sus reivindicaciones; y por este medio lograr su control, para así dirigir su potencial política dentro de las causas de expresión de un Estado burgués.

El funcionamiento práctico del Estado, en esta modalidad, lleva a considerarlo como un ente autónomo, que se levanta sobre las clases sociales, y que de manera imparcial busca el bien común de toda la sociedad. Pero, esto no es más que una forma, que permite, a la vez, el ocultamiento de la explotación y la dominación de la clase burguesa. Limitando, además, el carácter y las dimensiones de la lucha proletaria. Como se afirma antes, uno de los fines del proyecto cardenista es la reformulación de las condiciones en la que se pacta la venta de la fuerza de trabajo. En la medida en que el Estado, busca pautar las relaciones sociales en el nivel económico en términos del intercambio entre equivalentes (no olvidar que la idea de Cárdenas era equilibrar la posición de los factores productivos) pauta también el ocultamiento de la explotación capitalista , ya que como sabemos, ésta no nace del intercambio desigual entre equivalentes (salario y fuerza de trabajo) porque, existe la falsa idea, de que una vez desaparecida la desigualdad, desaparece la explotación, lo cual, ala vez, conduce a limitar la lucha popular al plano puramente economicista, esto es, el mejoramiento en las condiciones de trabajo, que lo mismo puede ser una disminución de la jornada laboral, que un aumento de salario, etc. Pero nunca su desaparición (de la explotación). En el mismo sentido, Peralta afirma que:

:”...para pautar las relaciones sociales, para regular la lucha de clases, es necesario que exista una estructura institucional destinada a efectivizar estas pautas. En este sentido uno (y sólo uno entre muchos otros) destinados a orientar la lucha de clases en pos de objetivos que no ponen en cuestión la estructura de explotación existente, sino que la enmarcan dentro de los cánones del intercambio es precisamente el sindicato...” .

Por ello, ese afán de Cárdenas de organizar a las masas populares en sindicatos y más tarde incluirlos dentro de un partido político. Así, de ser una forma de organización popular para ganar posiciones en la lucha de clases, el sindicato, deviene en una institución que será el elemento mediante el cual el estado, se servirá para controlar, manipular y mediatizar el movimiento obrero y campesino. No es, sin embargo, que Cárdenas se propusiese tal mediatización. Su proyecto político buscaba una mayor participación política de las masas, con el fin de lograr un reacomodo de las fuerzas político-económicas, en general y de las relaciones de producción en particular, para así, instaurar un nuevo patrón de relaciones de producción capitalistas más racional, y que respondiera a las necesidades de modernización del aparato productivo y de la acumulación de capital, lo cual era posible, sólo si los trabajadores luchaban por ello, dentro de los marcos abiertos por el Estado. En este sentido, un mecanismo que servirá para este fin, será la huelga, que según Cárdenas, permitía el acomodo de los intereses representados por los dos factores de la producción (trabajadores y capital). En este sentido, el gobierno no está bloqueando el capitalismo, por el contrario, modifica las condiciones jurídico políticas de las relaciones de producción para su mejor funcionamiento y expansión

La tarea del Estado Cárdenista no hubiese sido posible de no haber existido una gran agitación social que facilitó el encauzamiento hacia el corporativismo; una relativa debilidad de la burguesía que permitió ampliar las concesiones a las masas populares y una participación en la vida interna del país, por parte del imperialismo, disminuida por las pugnas ínter imperialistas y condiciones de alguna manera por preludio de la guerra mundial.

Cárdenas, aprobó la contratación colectiva, el salario mínimo; le dio vigencia ala Ley Federal del Trabajo, promulgada desde 1931; permitió las huelgas a gran escala y satisfizo las demandas de los obreros y campesinos; apoyó el derecho de los trabajadores y del Estado de tomar las fábricas donde la maquinaria productiva estuviese inactiva o donde los propietarios desobedecieran las leyes laborales; promovió la reforma agraria y repartió más tierras que ninguno de sus predecesores desde la revolución de 1910.