DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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2.3.2 Mercado interno y Acumulación de Capital

La febril actividad del Estado en el campo de lo social, también se vio materializada en el terreno económico, con una mayor participación e intervención de éste, tanto directa como indirectamente; obligado, sobre todo, por la necesidad de reactivar la economía, deprimida por la crisis de 1929; creando a la vez un campo propicio para la inversión privada, apoyándose así, la organización y la producción, principalmente en la agricultura y la industria; en general, fomentando el desarrollo del país en su conjunto.

Los principales mecanismos utilizados para este fin fueron la manipulación del gasto público y la creación de instituciones económicas que fundamentarían el sistema financiero del país. Así, para 1937 la participación del gasto público reorientado al área económica representa el 42% del gasto federal total, lo cual contrasta con un 23% que representaba en 1929 . De igual manera, tenemos, en esta etapa, la creación del Banco Nacional y el de Comercio Exterior; así como el fortalecimiento del Banco de Crédito Agrícola y la Nacional Financiera, que se convirtió en el principal apoyo a la producción industrial.

Así, gracias a las medidas tomadas, el país comenzó a vivir una etapa de crecimiento económico relevante. El PNB real (a precios de 1950) aumenta en 30% de 1934 a 1940, pasando de 15927 millones de pesos a 20721 y creciendo a una tasa promedio anual de 4.5%. En el mismo periodo la tasa anual de crecimiento del PNB en los principales sectores fue la siguiente: en la agricultura, el 2.1% en la minería, el 2.2%; en el petróleo, -1.3%; en las manufacturas, 7.2%; la construcción 8.8%; la industria eléctrica 3.4%; en los transportes 2.5%; en el gobierno 12.5%, y en el comercio 6% anual.

Un fenómeno característico del período fue el fortalecimiento del mercado interno. Gracias a él, pudo darse una notable expansión industrial. Dicho fortalecimiento se debe principalmente a la mejora en las condiciones de vida material de los trabajadores asalariados; a la repartición de tierras que permitió una generación mayor de ingreso en el campo y por tanto amplió la demanda; la misma expansión de los demás sectores crea condiciones más adecuadas para la canalización de la oferta de productos, tanto agrícolas como industriales, sobre todo notable, en los servicios públicos y en el sector gubernamental (ambos sectores, absorbían casi el 50% del ingreso nacional en 1940) .

Hacia 1940 el PNB, se distribuía de la siguiente manera: 4 248 millones de pesos, correspondían a las actividades primarias, esto es, el 20.5%; 5 159 millones de pesos, es decir, el 54.6% al sector servicios. Esta composición no difiere mucho de la forma en que se estructuraban el PNB de 1930, e incluso, hacia 1921. En el primer año, el 19.7% correspondía al sector primario, el 25.4% al industrial y el 54.9% al de servicios. En el segundo año, 25.0%, 21.0% y 53.2% respectivamente. Este hecho, nos hace pensar, que las reformas cardenistas y su apoyo y fomento al desarrollo económico de México, no alteraron la estructura productiva del país, el cual, siguió basando su desarrollo económico en el sector primario (agricultura y minería). Para comprobar, la importancia que mantenía en estos años dicho sector, observamos el siguiente cuadro, que muestra la estructura de la PEA para los 3 años a que se hizo referencia más arriba.

Pese a esto, es bien cierto, que la modernización y el empuje que adquiere en este periodo, dicho sector, servirá para fundamentar el desarrollo industrial del país en el período inmediato posterior. Esto, porque incrementa el suministro de materias primas para la industria, al mismo tiempo que expande la oferta de productos alimenticios y provoca el abaratamiento de la fuerza de trabajo que se empleaba en la industria, a la vez, que, como ya se dijo, expande el mercado interno. De igual manera, al producir bienes de exportación,

“...genera un excedente lo suficientemente grande como para cubrir gran parte del valor de las importaciones de bienes de inversión y de las adquisiciones en el exterior de las materias primas que se usan en la capitalización del país y en la producción industrial...” .

En el mismo sentido, transfiere recursos a la industria, ya sea por la vía fiscal o financiera, o mediante el diferencial en los precios relativos. Así mismo, genera una elevación de los ingresos de la población agrícola, dada en parte por la obtención de una parcela, pero también en alguna medida por la gran proletarización que tuvo lugar en el campo ante la demanda de fuerza de trabajo que resultó del fortalecimiento del sector agrícola-comercial exportador, porque, si bien es cierto que el reparto de tierra favoreció a una gran cantidad de campesinos, también es cierto que fortaleció posiciones de la burguesía rural. Un dato interesante al respecto, es que entre 1930 y 1940, el número de haciendas privadas, creció en un 44% .

El carácter de economía primario exportadora que aún mantenía el país en estos años, se evidencia, al observar los siguientes datos, los cuales prueban aún más, lo que se viene afirmando, en el sentido de que en este período de grandes cambios socio-económicos no hubo modificaciones en la estructura productiva: hacia 1940, el 73% de las exportaciones, se concentraban en productos minerales y petróleo (principalmente oro y plata) contra un 67.9% en 1929. 6.7% en productos agrícolas, contrastando con el 14.3% en 1929. Y el 0.3% en los dos años de referencia en productos manufacturados . Cabe observar, que si bien la participación de la agricultura se reduce a la mitad, este cambio se ve compensado con una modificación ascendente en la minería.

En este orden de cosas, es posible afirmar, que durante el subperiodo analizado en este apartado, no se inicio un proceso de industrialización como tal. De hecho, en estos años, el país, se encontraba escasamente industrializado y como ya vimos, otros eran los sectores dinámicos de la economía. Sin embargo, el apoyo prestado por las políticas de fomento del gobierno cardenista, dieron en esta etapa, un fuerte impulso a la industria. Así, ésta muestra los siguientes ritmos de crecimiento: para 1930 era de 105.3 (tomando a 1929 como 100); en 1935 de 122.0; en 1937 de 147.2 y en 1940 de 165.3 . De igual manera, la participación de este sector en la renta nacional, se eleva de 11.6% en 1930 a 24.23% en 1940.

En 1935, había un total de 6 916 empresas en la industria de transformación, con un capital invertido de 1 670 millones de pesos; un valor de producción de 1 890 millones de pesos y un número de 318 041 obreros y empleados. Para 1940, el número de empresas asciende a 13 510, su capital invertido y el valor de la producción a 3 135 y 3 115 millones de pesos respectivamente; y la cantidad de obreros y empleados a 389 953 .

La promulgación de leyes por parte del gobierno de Cárdenas, hizo mucho por provocar esta situación. De especial atención son las leyes que protegían la industria nacional de la competencia extranjera, como la del 1938, que establecía aranceles elevadísimos para la importación de mercancías que ya se estuvieran produciendo en el país. De igual manera, en 1939, se promulga un decreto oficial para dar estímulos a la creación de nuevas empresas mediante la exención de impuestos para la exportación de maquinaria y materias primas que de manera indispensable necesitaran dichas empresas y no se produjeran en México. De igual manera, se dan otra serie de disposiciones gubernamentales, que exentaban del pago de impuestos, canalizaban recursos a la industria, etc.

Así, se puede comprobar, que a pesar de que la producción industrial se concentraba en manufacturas básicas, comienza a mostrarse cierta diversificación en la producción, que será más palpable años más tarde, principalmente en lo que se refiere a bienes intermedios. Esto, no quiere decir, sin embargo, que se haya alterado en grado notable la estructura productiva de la industria del país durante esta época, basta observar, para ello la composición de las importaciones en 1939 y compararla con la existencia en 1929. Así, mientras en el segundo año el 33% de las importaciones eran bienes de consumo, 175 bienes intermedios y 50% bienes de capital; en el primer año, corresponde un 23% al primer rubro, un 25% al segundo y un 51% al tercero . Tenemos así que si bien se reducen las importaciones en bienes de consumo, como consecuencia lógica del crecimiento de la industria ligera, se incrementa, por otra parte, las de bienes intermedios y de capital, precisamente por la misma expansión de aquella y en consecuencia, aumenta la dependencia económica del país, bajo una nueva variante, cuyas condiciones serán reformuladas en el período posterior, en el cual, se entra de lleno al llamado proceso de industrialización en México, y para cuya realización es necesaria una mayor profundización en el vínculo externo, porque este hecho, ese es la ley que rige el llamado proceso de sustitución de importaciones en los países capitalistas dependientes.