DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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1.2. Las condiciones de la economía mexicana durante el Porfiriato.

1.2.1 Características generales del período.

1.2.1.1. Las relaciones de producción.

El periodo que ahora analizamos, contraste fuertemente con el que le precede por las condiciones, tanto políticas, como económicas que a ambos caracterizan.

La etapa que transcurre todo lo largo desde la consumación de la independencia hasta la restauración de la república, es una época de anarquía tanto política como económica es el conflicto entre dos fracciones de la nueva clase dominante que lucha por el poder, hecho que le permitirá llevar a cabo su proyecto histórico: conservadores y liberales. Conflicto que no se soluciona, sino hasta el Porfiriato, en el cual un gobierno dictatorial implanta los principios del liberalismo económico para encaminar el desarrollo del país hacia el capitalismo.

Esta anarquía existente, de la cual hablaba, provocó que el crecimiento económico fuera casi nulo durante la época, hecho que sin embargo, sirvió como un proceso para sentar las bases del futuro desarrollo favoreciendo la acumulación originaria de capital.

“...Debe considerarse que cada episodio, era, en diverso grado, parte del proceso de acumulación originaria, en tanto que las convulsiones favorecieron la implantación del capitalismo en diversas formas: movilizando la población, rompiendo estructuras antagónicas, ayudando a la concentración de riquezas por negocios, despojos, et...”

Sin embargo, el total estímulo a la formación de capitales, no fue en la mayoría de los casos, un estimulo para la creación de un capitalismo industrial clásico, pues, como sabemos, muchas de las medidas tomadas con ese fin, no hicieron, sino reforzar las unidades productivas tradicionales como la hacienda, basadas en relaciones de producción precapitalistas. Tal es el caso de las leyes de desamortización de tierras del clero y comunidades indígenas que más que hacer surgir una burguesía rural, fomentaron el latifundio y la desviación de capitales que pudiendo haberse invertido en actividades productivas desde el punto de vista capitalista, se canalizaron a la especulación.

Es en esta etapa que surge en México el capitalismo no sólo como resultado de la expansión capitalista e imperialista, ya que su incorporación al mundo capitalista se da gracias a vínculos externos; pero también como e resultado de una dinámica propia y autónoma interna; y, además, por ser voluntad expresa y manifiesta de un Estado dispuesto a desarrollarlo.

La principal característica de este desenvolvimiento capitalista, es que está condicionado fuertemente por sus vínculos externos y su papel en la división internacional del trabajo.

“... ello causa una diversidad de consecuencias, entre ellas, el que se adelantase el surgimiento de relaciones capitalistas en los sectores de mayor contacto con el exterior, lo que fue imprimiendo formas de evolución en el resto de la sociedad que no era exactamente producto de un tránsito espontáneo o autóctono hacia el capitalismo por impulsos autónomos, sino por el contacto de esas relaciones exteriores con estructuras y relaciones pertenecientes al mundo interno...”

El hecho de que las relaciones de producción capitalistas que ya surgían del seno de la sociedad mexicana hayan sido violentadas por el vínculo externo y su desarrollo se haya acelerado en ciertos sectores, mientras que en otros prevalecían formas de producción tradicionales, provocó que el desarrollo posterior del país tuviere como característica principal, la desigualdad y heterogeneidad.

Surge así, el capitalismo, como un sistema articulado de relaciones de producción capitalistas y relaciones de producción precapitalistas, que no entran en contradicción, no se excluyen, sino que pasan a formar un conjunto social, en el que, si bien, el modo de explotación dominante no es de tipo capitalista, sí lo es en las actividades más dinámicas y en las cuales se basa el desarrollo del país en su conjunto:

“...La hegemonía final del modo de producción capitalista se evidenció no porque desaparecieran todas las otras formas de organización de la producción y sus correspondientes superestructuras, sino por la dependencia del conjunto de sistema económico, para reproducirse, de las relaciones de producción, no lo ha hecho ahora. Las fue relegando a finalidades y actividades secundarias, a veces en contradicción, pero también en las más de las ocasiones bajo condiciones de complementación mutua, sobre todo a partir de su pleno dominio, cuando termina propiamente la acumulación primitiva...”

Vista así la economía mexicana, en esta época, nos da una idea clara del atraso que debía existir y de la necesidad de adecuación de un sin fin de elementos y la carencia de otros que imposibilitan un desarrollo más acelerado e integral.

La posibilidad, a principios del Porfiriato, de crear una base productiva capitalista, se veía obstaculizada principalmente por la casi total inexistencia de capitales nacionales que ambicionaron invertir en actividades productivas propiamente capitalistas. La existencia de un sin fin de

“...pequeñas unidades económicas ajenas e la economía de cambio autárquicas, que producían para su consumo inmediato cuanto necesitaban y que sólo buscaban en el mercado de fuera, aquellos elementos de vida que, siéndoles imposible producir, eran sin embargo, imprescindibles, tal digamos, una herramienta de cierta complicación...” .

Otro elemento, era la forma fragmentada en la cual se encontraban los mercados. Es decir, no se podía hablar de un mercado interno integrado. Y esto, se debía principalmente a la falta de medios de comunicación que unieran a las poblaciones con los centros de abasto (principalmente puertos y fronteras), así como también el escaso desarrollo del trabajo asalariado. Esta misma situación, actuaba como un elemento que deprimía la iniciativa de aquellos que pudieran invertir en alguna actividad productiva; primero, por que algunas zonas resultaban inaccesibles para su explotación dada la falta de medios de comunicación; y segundo, por la carencia de canales para distribuir los productos. En relación con la amplia extensión del territorio nacional, el conjunto de caminos tronconales que le cruzaban era raquítico. Además de ser insuficientes, tortuosos e inseguros, estaban mal trazados y conservados, y eran transitados por medios de transporte lentos y costosos, circunstancias todas que limitaban la circulación de los bienes e impedían la integración de un mercado nacional...”

En este sentido, actuaba también la existencia de las alcabalas, que eran amplías cargas impositivas que sólo pocos comerciantes aguantaban.

Por otra parte, no existían canales formales de crédito. Ni una organización financiera adecuada, así como tampoco políticas de fomento alguno, por parte del Estado, ni mucho menos, y es de esperarse que así haya sido, una mentalidad orientada a la inversión capitalista. Sólo hasta que estos obstáculos son derrumbados en su totalidad, y esa es en gran parte la tarea a la que se da el gobierno del general Porfirio Díaz, se comienza a vislumbrar el desarrollo del capitalismo, como tal, en nuestro país, con las limitaciones a las que ya hicimos referencia y con los resultados que veremos posteriormente.