DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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2.2.2.2 La inversión extranjera en el período

Como ya se ha sostenido antes, el atraso de la economía mexicana se debe en gran medida a la dependencia con respecto al capital extranjero. Así en la medida en que se avanza en el desarrollo (del subdesarrollo) nacional, se ahonda dicha dependencia y se fortalecen las posiciones del capital extranjero.

En 1929 del total de inversiones directas de Estados Unidos en América (un total de 3 705 millones de dólares) correspondían a México 683 millones de dólares, es decir, cerca del 18%. Lo cual lo colocaba en el segundo lugar entre los países latinoamericanos, siguiendo solamente a Cuba . De este total de capital invertido, 230 millones de dólares se invierten en la minería, esto es, el 33.7% del total; 206 millones en el petróleo, es decir, 30.0% y 164 millones en el transporte y servicios, 24.0%; y únicamente 6 millones de dólares en la industria de transformación, esto es menos del 1% .

Después de los Estados Unidos, se encontraba el capital inglés. El total de sus inversiones en México en 1930 era de 275 millones de dólares. España contaba con un capital de 238 millones de dólares y Francia con tan sólo 25 millones.

En 1935, del total de las inversiones realizadas en el petróleo, sólo el 1% correspondía al capital nacional y el 99% a capital extranjero. En la industria de los metales el 98% para el capital extranjero y el 2% para el nacional. La energía eléctrica estaba controlada en un 100% por el capital extranjero. La industria de elaboración en un 54% y el comercio y los servicios en un 42% . Según José Luis Ceceña:

“...Las inversiones extranjeras, que en su mayor parte tomaban la forma de filiales de grandes monopolios norteamericanos, alcanzaban un valor en libros de 3 900 millones de pesos en 1935. Su importancia puede estimarse por el hecho de que ese año el Producto Nacional Bruto del país fue de 4 500 millones de pesos...”

Las principales empresas extranjeras, que invertían en nuestro país eran las siguientes: la Compañía Mexicana de Petróleo, el Águila, La Standar Oil de New Jersey y la Sinclair Pierce, quienes juntas controlaban el 95% de la producción total de petróleo. La Compañía Mexicana de Luz y Fuerza Motriz (dominada por el grupo monopolístico canadiense-europeo SOFINA) y la American and Foreign Power, las cuales manejaban alrededor del 90% de la industria eléctrica . La America Smelting, la American Metal Co. Y la Anaconda Koper de capital norteamericano, manejaban el 90% de la producción minera del país.

En las comunicaciones y transportes la empresa Western Union, La Ericson (de capital sueco y norteamericano) y la Mexicana de Teléfonos que era subsidiaria de la International Telephone and Telegraph de Estados Unidos, quienes juntas controlaban totalmente el servicio telefónico del país. en cuanto a los transportes, el servicio marítimo de altura era atendido exclusivamente por líneas extranjeras, tanto el de pasajeros como el de carga. En los ferrocarriles también había abundantes intereses extranjeros. De 3 empresas que existían: Ferrocarriles Nacionales de México, Ferrocarril Mexicano y Ferrocarril Sudpacífico; la segunda representaba inversiones extranjeras de capital inglés, la tercera de capital norteamericano y la primera era controlada en un 49% por capitalistas extranjeros. De la misma manera, el transporte aéreo estaba controlado por capital norteamericano en una sola firma, la Pan American World Airways.

En la industria, la inversión extranjera iba ganando terreno poco a poco, principalmente en la producción de bienes intermedios y de capital. Así, controlaban ya, la producción de automóviles, que aunque en pequeña escala, debido al limitado mercado, ya se iniciaban en nuestro país. De esta manera, la Ford Motor Co., la General Motors y la Chysler Corporation, establecieron plantas de ensamble en México. De la misma forma se establecieron plantas para la fabricación de llantas, por parte de casi todas las firmas norteamericanas, principalmente la Goodrich y la General Tire.

En la industria del cemento, se establecen en la British Cement Manufactures quien establece las dos más grandes plantas de cemento, la tolteca y Cementos Mixcoac, que producían cerca del 90 % del total del país. En el hierro y el acero, invertía la Consolidada de propiedad norteamericana y segunda en su rama. En papel, las Fábricas de San Rafael y Anexas y la de Loreto y Peña Pobre, que eran, de propiedad francesa la primera, y alemana la segunda. Y en la industria química, la Dupont y la American Smelting, de capital norteamericano ambos. El gran comercio estaba en manos francesas, casi por completo, sus mayores empresas eran: El Palacio de Hierro, El Puerto de Liverpool, El Centro Mercantil, La Francia Marítima y Paris Londres. El sistema bancario, también era presa del capital extranjero, principalmente, gracias al establecimiento de bancos como el Banco de Londres y México, el National City Bank, y el mismo Banco Nacional de México, que aunque bajo control mexicano, tenía amplia participación de capital francés, español y británico. Así mismo, el Banco Internacional, que contaba con una fuerte participación de capital de empresas norteamericanas como la Goodrich Euzkadi.

Todos estos datos, nos permiten apreciar las características de monopolización y concentración de la producción y de la riqueza nacional, que presentaba y adquiría cada vez más la participación del capital extranjero en nuestra economía.

De esta manera, vemos que a más de 10 años de haberse concluido la revolución, la economía del país, venía presentando las mismas características que en el período revolucionario. Esto es, el patrón de acumulación seguía teniendo su eje en el sector exportador dominado de manera monopolística por los inversionistas extranjeros. De igual manera, se iba concentrando aún más el poderío económico u político en una clase social, la cual fue directamente beneficiada por la revuelta de 1910. Los problemas económicos y sociales de agravaban. La reforma agraria había sido clausurada antes de desplegar todas sus posibilidades. La represión y la escasa participación política amenazaba con desestabilizar todo el sistema estatal de gobierno. LA crisis, no hizo más que ahondar las brechas sociales y económicas. El desempleo, la miseria y el hambre, hacían presa a la gran mayoría de los mexicanos. La burguesía se fortalecía gracias a la acumulación de capital y a sus nexos con el capital extranjero, mientras otra clase se proletarizaba y se pauperizaba cada vez más, en un orden de cosas.