DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

Volver al índice

 

 

 

 

3.1.3. La inversión extranjera en el marco de las nuevas relaciones de dependencia

Al gran descenso que existió en el monto de las inversiones extranjeras durante el gobierno de Cárdenas, seguirá un amplio repunte de estas; de manera irregular durante el período bélico y de manera acelerada y sostenida, dadas las nuevas condiciones que imperaron a partir de la conclusión de la segunda guerra mundial, en el sistema económico internacional, y en la economía mexicana en particular.

Así las inversiones extranjeras ascendieron a 413 millones de dólares en 1940, a 582 millones de dólares en 1946; a 728 millones en 1952 y a 1 169 millones de dólares en 1985; a 1 474 millones en 1964 y a 2 822 en 1970 (véase cuadro 12). Mostrando un crecimiento de 64% de 1940 a 1952; de 164% a 1958 y de 537% a 1970.

Otro indicador que muestra el fuerte aceleramiento de la entrada de capitales a nuestro país, son las tasas de crecimiento anual que mostró la inversión extranjera. Así tenemos, que en el período 1940-46, dichas inversiones crecieron a un ritmo anual de 4.66%, de 1946 a 3.8%; de 1952-58 al 8.21%; de 1958 a 1964 al 3.94%, menor en este período, por motivo de la desinversión en la industria eléctrica, toda vez que nacionalizada, dicha tasa, sin embargo, se incrementó hasta el 11.42% para el periodo 1964-70.

Un fenómeno de suma importancia, que viene a consolidar una tendencia que ya se venía presentando desde las primeras décadas del siglo presente. Se trata de la fuerte concentración que sufrían las inversiones en un solo país de origen: Estados Unidos.

Podemos apreciar así, en base a la información del cuadro 13, que para 1939, la inversión de este país en México, ascendía a 266.8 millones de dólares, esto es, el 60.2% del total, En 1946 representaba el 69% del total, en 1952 el 75.7%, en 1964 el 84.6% y en 1970 el 79.9%. Esto implica, que a medida que se van profundizando los vínculos de dependencia de nuestro país con el exterior, apunta en un solo sentido: la dominación y subordinación de la economía mexicana a los interese de específicos monopolios de origen estadounidense.

Esta amplísima participación del capital norteamericano en la economía nacional, permitió una posición hegemónica, de aquel al interior del país, no sólo ante el capital nacional, sino ante el de los demás países que aquí confluían, y los cuales, según el cuadro de referencia, a pesar de incrementar sus inversiones, obtenían una participación cada vez menor en el total convertido. Así por ejemplo, mientras que en 1939, Canadá e Inglaterra, que eran los países que seguían en importancia a Estados Unidos, tenían una participación de 25.3% y 7% respectivamente. Para 1946, participaban con el 14% y el 8.2%. Para 1952 con el 14.3% y 3.8%. Para 1958 con el 13 y 4.3%, para 1964 1.6 y 3.8% y para 1970, 1.6 y 3.3%.

En el cuadro 14, podemos observar, como, al mismo tiempo que se van ampliando los volúmenes de inversión extranjera en México, ha ido cambiando la dirección que siguen dichas inversiones. Así, observamos como la participación de la inversión extranjera en el sector industrial se va incrementando aceleradamente, pasando de un 6% del total en 1939, a un 18.7% en 1946, a 30.9% en 1952, a 42.5% en 1958, 62.7% en 1964 y 74.4% en 1970. Esta tendencia confirma la tesis de que a partir del fin de la segunda guerra mundial y dado al dinamismo que adquiere la industria a nivel interno y a nivel mundial, las relaciones de dependencia se redefinen en base a la penetración del capital extranjero a este nuevo sector dinámico. Del mismo modo, se confirma que a partir de ese momento, los países, ponen más importancia en la exportación de capital para la creación de plusvalor en la industria, a diferencia de lo ocurrido hasta antes de la guerra, en que se ponía en el desarrollo de las actividades comerciales para, a través del intercambio desigual, extraer amplias utilidades, así, como también en la exportación dirigida a las actividades agropecuarias o mineras.

En el mismo cuadro se puede observar, que mientras la inversión extranjera en la industria crece aceleradamente y obtiene el mayor porcentaje, el comercio viene siendo una actividad en la cual, si bien su valor absoluto crece y su participación en el total de las inversiones extranjeras también, en comparación con la realizada en la industria va siendo marginalmente, cada es, menor. Así, en 1939, la relación del porcentaje de participación en la industria con el comercio es de 6 a 3; en 1946 de 18 a 7; en 1958 de 42 a 16; en 1962 de 62 a 17 y en 1970 de 74 a 15.

Por otra parte, la inversión extranjera en las actividades agropecuarias y mineras, a pesar de ir incrementándose en valores absolutos, en términos de participación porcentual va siendo cada vez menor. Así, mientras en 1939, la minería absorbía el 26.3% del total y las actividades agropecuarias el 0.7%; para 1958 la primera bajo a un 15.2 (a pesar de un crecimiento del volumen de la inversión que paso de 116.5 millones de dólares en el primer año a 176.4 en el segundo) mientras la segunda pasó a un escaso 2%. Para 1964 la minería obtenía ya tan sólo el 11.0% y en 1970 el 5.5% mientras que las actividades agropecuarias se situaban en un 1.4% y 1.1% sobre el total para los mismo años.

Este cambio en la distribución de la inversión extranjera, no implica que las actividades que presentan, relativamente una participación menor de capital extranjero tiendan a desaparecer, y por ende, que la exportación de capitales propias de otras fases de desarrollo vayan despareciendo. Por el contrario, siguen estando vigentes, y aunque ya no son dominantes, continúan siendo formas, a través de las cuales se sigue transfiriendo una gran cantidad de plusvalía. Sin embargo, la forma dominante, alrededor de la cual girará la creación de plusvalía, y por tanto la acumulación de capital de los inversionistas extranjeros, será la exportación de capitales (vista no sólo como exportación de capital dinero, sino como y principalmente en forma de tecnología y medios de producción para la instalación de industrias, así como también como exportación de servicios técnicos, patentes, etc.) dirigidos a la producción de manufacturas.

Resulta así, que las inversiones extranjeras, se fueron concentrando cada vez más, en un determinado y reducido número de actividades económicas, como eran la industria manufacturera, el comercio, la minería y la electricidad (hasta antes de su nacionalización). Es posible observar, de acuerdo al cuadro anterior, que estas actividades, absorbían el 68.3% del total de la inversión extranjera en nuestro país en 1939. En 1952 este porcentaje se elevó hasta un 91.6%. En 1964 llegó a 93% y en 1970 hasta el 96.9%, año en el cual, tan sólo el comercio y la industria absorbieron el 90% del total de dichas inversiones.

Un dato importante, que revela el papel fundamental que a través del tiempo ha adquirido la inversión extranjera en la economía nacional, es el que resulta de observar la participación que ésta ha tenido en la creación de la riqueza nacional. Tenemos, por ejemplo: que en 1940, la riqueza nacional ascendía a 100,462 millones de pesos , mientras que las inversiones extranjeras, tenían un monto de 2 262 millones de pesos (419 millones de dólares), lo cual quiere decir que éstas representaban el 2.25% de la riqueza nacional. En 1946, dicha riqueza se elevó a 119 685 millones de pesos, mientras que las inversiones extranjeras eran de 2824 millones de pesos, lo que elevó su participación a 2.37%. Hacia 1952 la primera se incrementó a 158123 millones y la segunda a 6 302 millones de pesos, elevando dicho porcentaje a 3.98%. En 1958las cifras eran 198 759 millones de pesos la primera y 15724 la segunda, elevándose así su participación a un 7.91%. Este crecimiento (del 2.25% en 1940 a 7.91% en 1958) habla por sí solo de la gran importancia y relevante posición que ocupan las inversiones extranjeras en nuestro país en esta etapa de análisis.

Otra forma de observar la creciente importancia de la inversión extranjera en nuestra economía, es a través de la comparación del monto de éstas con el Producto Nacional Bruto, aunque si bien, estrictamente se refieren a cosas distintas (la primera se refiere al valor de los activos productivos y la segunda al valor de los bienes y servicios producidos durante un año), permite establecer una idea de lo que representan los montos de la inversión extranjera y su dimensión.

En base a este cuadro, podemos observar la creciente importancia que van adquiriendo las inversiones extranjeras en comparación al PNB. Así, vemos que mientras en 1939, la inversión extranjera representaba el 10% del PNB, en 1952 asciende a 13.9%. En 1958 al 22.1% y en 1968 al 24%, es decir, que para este último año el volumen de las inversiones extranjeras alcanzó un monto igual a la cuarta parte del PNB en ese año.

De otra parte, la comparación del ritmo al cual crecen las inversiones extranjeras y el PNB, es otro indicador que ayuda a entender esa carrera creciente de estas inversiones.

Podemos observar, que en el período 1940-46, estas inversiones crecen a un ritmo promedio anual de 6.5%, en tanto que el PNB crece al 7.2%. De 1947 a 1952, la primera lo hace en un 4.2% y el segundo a un 6.8%. De 1953 a 1958 crecen en un 7% y 7.8% respectivamente. De 1959 a 1964 en un 6.8% ambas, y de 1956 a 1968 en un 7.4% la primera y 6.8% el segundo. . Esto quiere decir, que si bien en un momento el ritmo de crecimiento de las inversiones extranjeras fue menor al del PNB, a través de los años se confirma que el de las primeras va siendo cada vez mayor al grado de sobrepasar al del PNB en el último período analizado.

El cuadro que se presenta a continuación, ilustra sobre la posición que guarda la inversión extranjera con respecto al monto de la inversión nacional, lo cual nos da una visión más amplia de lo que significan las inversiones extranjeras en nuestro país.

Podemos así, observar, que mientras que en el primer período, la participación que tiene la inversión extranjera con respecto a la nacional, es del 5.5%, en el segundo período esa cifra se eleva a 10.25, en el tercero al 15.1%. Sin embargo, a partir del cuarto período la relación baja a un 4.3% y luego asciende mínimamente a un 4.6%, lo cual, por otro lado no resta fuerza al capital extranjero que en este momento ha entrado en una fase del desarrollo industrial en la cual ha logrado monopolizar la producción de tal manera que la centralización y concentración del capital y la producción se conviertan en mecanismos más eficientes de control, que un monto muy elevado de inversiones. De tal forma, que su importancia no radica tanto en el volumen invertido, sino en el control que ejerce sobre la producción.

De la misma manera, podemos observar, la relación que guarda la inversión extranjera con respecto a la inversión privada nacional, mediante el siguiente cuadro:

Es posible, observar, la amplia aportación de la inversión extranjera a la inversión privada nacional, que lleva un ritmo de ascendente pasando de ser un 14.5% en el primer período a un 25.6% en el segundo y un 4.7% en el tercer período, esto es, más de la tercera parte de la inversión privada total. Como en el cuadro anterior, observamos que a partir del período 1959-64, declina su participación pasando a un 9.5 y más tarde a un 9%, lo cual se explica por las razones antes citadas.