DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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3.1.2.1 La imposibilidad histórica de un desarrollo autónomo. Una nueva dependencia externa

El proyecto de desarrollo capitalista, basado en la producción industrial y encabezado por la burguesía industrial nacional, muy pronto encontró sus límites. La progresiva expansión y penetración del capital extranjero en la industria, canceló la posibilidad de que el desarrollo industrial se llevara a cabo de manera autónoma. El hecho de que se diluya esta posibilidad, obedece concretamente a varios factores de carácter tanto interno como externo, de fuga y atracción.

El principal elemento de carácter externo o de fuga, es el expansionismo imperialista de los centros hegemónicos (principalmente Estados Unidos). La necesidad de expandir los mercados en los cuales colocar sus productos manufacturados por parte de los monopolios transnacionales, se aúna a la necesidad de colocar fuertes cantidades de capital acumulado que ya no encuentra tasas de ganancia adecuadas en su país de origen y la necesidad de darle uso a la maquinaria y equipo que con extrema rapidez deviene obsoleto en los países industrializados y que aún está en posibilidades de ser usado.

Por otra parte y dentro de los que se pueden considerar elementos de carácter interno o de atracción, existe como ya se había señalado, una creciente necesidad al interior de la economía por parte del sector industrial de ampliar su escala de acumulación, para lo cual era necesario ampliar la planta industrial y diversificar la producción, maquinaria y equipo del exterior. En esta necesidad, la que al satisfacerse permite la entrada de capitales extranjeros, en cuyos países de origen la industrialización ha alcanzado etapas más altas de desarrollo y de los cuales, tendrá que depender la industria nacional, para el abastecimiento de maquinaria, implementos y materias primas industriales. La acumulación de capital, entonces, sólo será posible a través de la vinculación con el capital extranjero, lo cual implica que dicha acumulación dependerá en amplia medida de dicho capital y que esta dependencia y su carácter indispensable se hará a medida que se avance en el proceso de industrialización del país.

La profundización en el proceso de industrialización está en función de un mayor uso de la tecnología, la cual, por ser cara y compleja, obliga a muchos empresarios nacionales a asociarse con capitalistas extranjeros quienes son dueños de dicha tecnología. Pero también, la posibilidad que brinda su mejor posición de competencia llevará a muchas industrias extranjeras a instalarse dentro de un país, sobre todo porque, además podrá gozar de las barreras arancelarias que, aunque fueron creadas para defender los intereses de la industria nacional permiten a los capitalistas extranjeros disfrutar de los mismos beneficios.

Por otra parte, esta situación dará a los empresarios extranjeros una mejor posición de competencia dentro del mercado nacional, al permitirle aumentar sus tasas de ganancia, gracias al uso de alta tecnología, y por tanto alcanzar altos niveles de acumulación. Esto mismo, la posibilita para fijar sus precios a niveles más bajos que las empresas nacionales y por tanto ir poco a poco controlando y monopolizando el mercado. Esta situación es un fuerte elemento de atracción de los capitales extranjeros hacia dentro de la economía nacional.

A la burguesía nacional, se le imponían como necesidades básicas, dos importantes cuestiones. Por una parte, conquistar el mercado interno con sus productos, lo cual se conseguiría a través de la diferenciación de la producción y por otro lado, la necesidad de acumulación de capital, obligada a aumentar la tasa de ganancia a través de l incremento en la explotación de la fuerza de trabajo (plusvalía relativa). Ambas cuestiones se solucionaban con el uso de tecnologías modernas, por ello, es que el capitalista nacional se ve, cada vez más cercano a la asociación con el capital extranjero.

Como dice Marini:

“...Como quiera que sea el momento en que las economías industriales dependientes van a buscar en el exterior el instrumental tecnológico, que les permitirá acelerar su crecimiento, incrementando la productividad del trabajo, es aquél también en el que a partir de los países centrales tienen orígenes importantes flujos de capital hacia ellas, flujos que les aportan la tecnología requerida...”

De modo que, entonces, se va configurando una nueva modalidad de la división internacional del trabajo, en el cual los países dependientes como México, se ven marginados a desarrollar las etapas de menor tecnología en la producción industrial, mientras que los centros hegemónicos desarrollan las etapas más avanzadas .

Por todo lo anterior, se puede concluir, que existe una imposibilidad histórica de la burguesía industrial nacional para llevar a cabo un desarrollo nacional autónomo. Dicha imposibilidad se origina en la necesidad de ampliar la escala de acumulación de esta etapa del proceso de industrialización, y la imposibilidad de hacerlo, con los medios propios que son insuficientes, lo cual obliga a abrir la entrada a la inversión extranjera, hecho que implica a su vez, estrechar los nexos de dependencia tecnológica. Así lo hace ver Peralta al afirmar que:

“Si la reproducción de la actual etapa de acumulación de capital, amplía necesariamente la reproducción ampliada de la dependencia tecnológica, esto quiere decir que no hay condiciones estructurales que posibiliten un desarrollo capitalista autónomo. Es esta dependencia de la fracción nacional de la burguesía industrial en relación al capital extranjero, lo que imposibilita objetivamente para ser portadora de un proyecto de liberación nacional. Su reproducción como fracción del capital, es imposible al margen de la reproducción de la dependencia. Esto indica la fusión entre dos contradicciones antagónicas: la específicamente capitalista y la que se deriva de nuestra inserción como país dependiente en una estructura de relaciones de producciones mundiales.”

No había pues, otra forma de reproducir el esquema de la burguesía industrial, sino únicamente a partir de la inclusión del capital extranjero en dicho esquema. Lo cual lleva implícito la reproducción de las relaciones de dependencia. Por otra parte, existe, hacia dentro de la economía nacional otro elemento que obstaculiza la proyección del desarrollo nacional autónomo. Se refiere al hecho de que si la burguesía industrial, en cuanto fracción de la clase interesada en la defensa de los espacios económicos nacionales, hubiera planteado una política nacionalista, su principal aliado debía haber sido el proletariado. Esto hubiera obligado a hacer concesiones económicas y políticas que el gran capital nunca hubiera permitido, ya que habría deteriorado y atentado contra la tasa de ganancia y contra la acumulación del capital.

Por otra parte, cabe señalar que si bien la alianza del capital nacional con el extranjero comprometía el desarrollo industrial del país, esta situación era velada por el cambio de carácter del propio capital extranjero, que ella no se identificaba con aquel factor de saqueo y venía ahora bajo la imagen de un elemento de apoyo al desarrollo industrial del país.

De este modo, es posible afirmar que, como ya se ha comprobado, el capitalismo por ser un sistema esencialmente internacional, no es viable concebir, ni históricamente, ni teóricamente el desarrollo de éste, a nivel nacional, ajeno y paralelo al desarrollo del sistema mundial.

Esto es, el capitalismo nacional, no puede actuar desligado de las formas y modalidades que adopte a nivel mundial, siendo, que por otra parte, aquel es también, parte constitutiva y está dominado por esa misma lógica de funcionamiento.