DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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2.2. La formación de un nuevo Estado y la economía posrevolucionaria (1921-1934).

Una vez concluida la Revolución mexicana, en cuanto movimiento armado, surge un período de relativa paz social, en el cual se van asentando en el poder los grupos o fracciones de clase más poderosas y progresistas, aquellas que en consecuencia fueron las principales beneficiadas por la revolución. Y precisamente porque el bloque en el poder surge de una revolución con base campesinas, es porque el gobierno adquiere tintes, primero con Obregón, de un bonapartismo pequeño burgués, y más tarde con Cárdenas, de una populismo clásico. En síntesis, el objetivo de la clase o fracción de clase que adquiere el poder político será su consolidación política dentro del Estado. Presentando su proyecto histórico como un proyecto propio y de las masas populares; y acabar con el desorden social y político, ya fuese reprimiendo manifestaciones de inconformidad, como en la guerra cristera; ya fuera reivindicando las posiciones que las masas populares exigían para sí, que además, eran postulados contemplados por la Constitución de 1917.

Durante la etapa en que Calles se mantiene en el poder (1924-34), se lleva a cabo una serie de reformas políticas que precisamente son las que van a permitir, primero darle al nuevo Estado una personalidad propia y segundo, hacerlo estable y sobre todo servirle de bases para su consolidación. Sin embargo, las incumplidas reformas socio-económicas por las cuales lucharan las masa populares durante la revolución y el grado de contradicción que había alcanzado la sociedad mexicana, obligan a incluir dentro del proyecto burgués a dichas masas; por tres razones principalmente

• primero por que de no hacerlo peligraba la estabilidad política y social.

• Segundo, por que dichas reformas eran necesarias, no sólo para dichas masas, sino para todo el sistema en su conjunto, ya que significaban su renovación y modernización necesarias para seguirse desarrollando.

• En tercer lugar, porque sin el apoyo de las masas, dichas reformas no hubiesen sido posibles. Así, dice Cockroft al respecto:

“... Un estado debilitado por la guerra civil –una economía caótica, grandes deudas externas y tensiones de clases continuas- tenía que ser vuelto a consolidar sobre nuevas bases: aquellas que permitieran estabilizar el conflicto de clases, impulsar la economía dentro de la vía capitalista y garantizar el estatus de la burguesía (interna y foránea), como la clase dominante...”

Al observar la situación del país en el período inmediato posterior a la revolución, esta muestra aún la prevalescencia del sector primario exportador dominado por el capital extranjero, como eje del patrón de acumulación; la producción agrícola sigue en manos de grandes latifundistas; la hacienda sigue siendo aún el núcleo fundamental de la explotación agrícola y de la tenencia de la tierra y en fin, el país sigue manteniendo su carácter netamente agrario.

Sin embargo, la revolución trastoca las estructuras socioeconómicas y políticas tradicionales y proyecta una serie de cambio (que se dan en forma paulatina) cualitativos, que conducen a la transformación del capitalismo en el país.

Con la llegada al poder, de una burguesía agraria que buscará la modernización de la explotación en el campo, se da también, la llegada de una naciente burguesía industrial que impulsará un proceso de crecimiento industrial en el país, pero cuya consolidación en el poder, sólo se dará hasta la década de los cuarentas.

En este sentido, es importante señalar, la presencia de un factor que impulsará y posibilitará una mayor acumulación de capital al interior del país, al proveer de recursos financieros a todas las ramas productivas, pero principalmente a la industria. Así tenemos durante este periodo, una firme reorganización de un sistema bancario, desquiciado por la revolución, del cual, al llevarse a cabo una serie de acciones legales y presiones políticas, se logra eliminar casi por completo a todas las agencias bancarias extranjeras, mexicanizando así el crédito y asegurando la acumulación interna de capital; sobre todo, porque el control del sistema bancario y financiero quedaba en manos de una fracción de la burguesía ligada al capital industrial y orientada fuertemente hacia el mercado interno, respondiendo, de esta manera más a una necesidad de desarrollo hacia dentro, que como lo fue antes bajo el control del capital francés.

Las principales medidas tomadas por el gobierno a este respecto, fueron: la creación en 1925, del Banco de México, centro del sistema bancario a partir de ese momento; la expedición de diversas legislaciones, tales como la Ley General de Instituciones de Crédito y establecimiento Bancarios en diciembre de 1924; los Bancos Refaccionarios en septiembre de 1924; la de compañías de fianzas en marzo de 1925 y la de Bancos de Fideicomiso en junio de 1926. Logrando así, modificar y modernizar el sistema bancario y financiero, el cual, además, se fortalecerá aún más, en 1933 con la creación de Nacional Financiera, organismo fundamental para el desarrollo industrial del país.

Por lo anterior, debemos considerar este período, que va de 1921 a 1940, como de transición; de un México rural y atrasado y orientado al exterior, a un México que logra modernizar su economía volviendo el eje de acumulación de capital, hacia el mercado interno y encaminando un proceso de industrialización que si bien, a fin de cuentas, no rompe la dependencia con el exterior, si le permite ir en la búsqueda de nuevos espacios para su desarrollo.

De esta manera, vemos que comienza a generar en el país una importante acumulación de capital en la rama de la industria manufacturera en las actividades agropecuarias y en el gobierno, como consecuencia del crecimiento del mercado interno y el fortalecimiento de aquellas ramas que nacieron como complementarias al antiguo patrón de acumulación (finanzas, electricidad, petróleo, transportes, etc.)