DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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3.2.2. La acumulación de capital y la internacionalización de la economía Mexicana

Este período, se caracteriza, igualmente que el inmediato anterior ya analizado, por el rápido crecimiento de la economía, que medida en términos del PIB, creció a un ritmo del 6.5% anual desde finales de los cincuentas hasta finales de los sesentas .

El sector más dinámico de la economía siguió siendo el industrial, cuya producción creció al 8.6% anual, de 1955 a 1970, sólo superada por la electricidad y el petróleo que crecieron a un ritmo del 11.6% y 9.2% anual en el mismo período respectivamente , lo cual habla no solamente de la importancia que seguía gozando la industria, sino también, del vigoroso impulso que el Estado hizo para fortalecer la infraestructura productiva.

El acelerado crecimiento de la industria, se explica, como ya vimos, por la política de amplio apoyo implementando por parte del Estado, entre otras cosas.

En materia impositiva, contribuyeron, la exención de impuestos a la importación y bajos aranceles a las materias primas industriales, bienes intermedios y de capital. Las altas tasas impositivas a la importación de las manufacturas ya producidas al interior de la economía, por otra parte, se tradujeron en un fuerte proteccionismo. Fenómeno que a fin de cuentas se convirtió en un elemento fundamental del atrofiamiento y disfuncionamiento de la industria nacional.

Es notable, en este sentido, ver que los niveles de protección arancelaria, son mayores para los bienes de consumo, que para los bienes de producción. Así, por ejemplo: la producción de carne, leche y productos lácteos, gozaban de una protección efectiva de 195% en 1960 . La elaboración de bebidas tenían una protección del 45%, la producción de tabaco de 58%, la producción de cosméticos de 65%, la de vehículos automotrices y sus partes 254%. Cifras todas, que contrastan con la tasa de arancel impuestas a las materias primas, bienes intermedios y de capital, resinas y plásticos tenían una tasa arancelaria del 17%; los abonos, fertilizantes e insecticidas de 10%;la producción de minerales no metálicos de 3%;la de farmacéuticos y medicinas de 10%. La maquinaria y aparatos eléctricos de 44%, que si bien resulta elevada, se explica, porque considera también, bienes de consumo final en su mayoría. Cabe señalar que algunas ramas de bienes intermedios y de capital resultaron también beneficiadas con altas tasas impositivas como es el caso de los metales básicos y equipo y material de transporte, lo cual se explica más porque eran ya industrias establecidas que debían preservarse de la competencia extranjera, que por una supuesta política de sustitución de importaciones.

Es notable también, los bajos niveles de protección arancelaria que tenían los productos de los sectores primarios, tales como agropecuarios, silvicultura, pesca y minería metálicas y no metálica cuyos porcentajes eran en 1960 de 1.7, 6.2 2.5, -10.4, -0.9 y 1.05%, respectivamente. De igual manera, en materia petroquímica básica, cuyo porcentaje era de –7.9%, para el mismo año.

Esto quiere decir, que la política impositiva iba dirigida a la protección de una industria manufacturera de bienes de consumo final, hecho, que no se explica con el argumento del fomento a la sustitución de importaciones, sino más bien, ala necesidad de sobrevivencia de una industria nacional atrasada, que carecía de la oportunidad de competir ventajosamente con la agresiva política de expansión de los monopolios extranjeros, y que el amparo del proteccionismo pudo seguir su proceso de acumulación del capital, expandiéndose con todos los vicios que acarrea el poder contar con un mercado cautivo libre de competencia extranjera. Esta política, promovida por la burguesía industrial, traerá graves consecuencias en la estructura productiva del país, aunada a otros elementos tales como la penetración del capital transnacional y la modalidad que ésta adquiere dada su propia lógica de funcionamiento.

Los principales rasgos que adquirió la estructura productiva, inducidos por el proteccionismo fueron: primero al existir mayores oportunidades de competencia al interior de la economía, dada la elevada protección arancelaria, resultó más ventajosa dedicarse a la producción manufacturera de capital e intermedios (éstos últimos vinieron a ser desarrollados por las empresas transnacionales), cuya importación se comenzó a incrementar a medida que se abría un amplio mercado para nuevas manufacturas de consumo final.

Segundo: estas elevadas tasas impositivas, provocaron a su vez, que fuera más atractivo para la industria transnacional instalarse en el país y producir bienes que de otra manera tendría que exportar con altas tasas impositivas, venciendo con ello la política proteccionista y aprovechando a su favor, ya que en un mercado sobreprotegido, su alta competitividad le daba una gran ventaja sobre las empresas nacionales.

Tercero: el énfasis puesto en la protección a los bienes de consumo final ,provocó, pues, no sólo la distorsión en el desarrollo industrial, que se diversificó hacia una producción de nuevas manufacturas de consumo final y dejó de lado la producción de bienes intermedios y de capital, para lo cual, los capitalistas nacionales no estaban preparados, y el Estado, no promovía a través del proteccionismo y la industria transnacional no está dispuesta a reproducir el interior de la economía nacional, ya que esto no resulta necesario desde si propia perspectiva de funcionamiento.

Es fácil observar la gran dinámica que había adquirido la industria hacia estos años. Así, por ejemplo: mientras que en 1950, aportaba 23 467 millones de pesos, esto es, el 27% del PIB, en 1960, dicha cifra se incrementa a 43 933 millones, en decir, 29.2% del PIB y en 1972 crece un 300% respecto de 1964 sumando 114591 millones de pesos, esto es, el 35% del PIB .

En la estructura del empleo, la industria adquiere también una posición preponderante. Así, mientras que en 1950, absorbía el 18.9% de la PEA, en 1970 esta cifra se eleva a 22.9%, en contraste con la disminución de este mismo porcentaje en las actividades primarias que pasan de un 57% en 1950 a un 54% en 1960 y aun 39% en 1970 . En valores absolutos, el número de obreros ocupados, por la industria manufacturera fue de 1 556 000 en 1960 y de 2 169 000 en 1970 creciendo un 40% en 10 años .

Por otra parte, en cuanto al valor de la producción, tenemos que la producción bruta de la industria manufacturera, pasó de 30 708 millones de pesos (de 1960), en 1950 a 74 568 millones en 1960 y a 158 903 millones de pesos en 1969 , lo cual significa que de 1950 a 1960 dicha producción creció un 88% y de 1960 a 1969 de 113%.

Un fenómeno característico de esta etapa de desarrollo capitalista en nuestro país, es la ascendente concentración del capital en una cada vez menor cantidad de propietarios, hecho que se presenta en general en todos los renglones de la actividad económica y en particular en la industria.

Este proceso de concentración de capital ha consistido en una absorción constante de los pequeños capitalistas por los grandes industriales que, a través de dicha concentración buscan y logran la monopolización de la economía, hecho que posibilita acelerar su proceso de acumulación de capital.

De acuerdo a datos presentados por Aguilar Monteverde , de un total de 630 000 empresas industriales, comerciales y de servicios, censados en 1965, menos de 21 800 de ellas, esto es, el 3.5% concentraban casi el 80% del capital. En la industria, de un total de 136 066 empresas, 2 062, esto es el 1.5% de ellas, concentraban el 77.7% del capital (73 824, de un total de 95 664 millones de pesos).

Por otra parte, en 1960, el 17.7% de los establecimientos industriales aportaban el 78% del valor de la producción. En 1970, tan sólo el 4.38% de dichos establecimientos controlaba el 83.4% del valor de la producción, el 68.2% del personal total ocupado y el 80% del capital invertido. En contraste, el 70% de los establecimientos industriales eran de carácter artesanal y participaban con el 3.4% del valor total de la producción, el 2.1% del capital invertido y el 12.2% del personal ocupado .

Otros datos, permiten abundar sobre este particular. Por ejemplo, tenemos que en 1960, en la industria manufacturera, 407 empresas, con una producción mayor a los 50 millones de pesos, se apropiaban del 28.5% del capital y contribuyeron con el 33.3% de la producción bruta. En 1965, esas 407 empresas controlaban el 46.3% de la producción bruta y se apropiaron de un 46.6% del capital. .

En 1970, 771 empresas grandes, cuyo capital era mayor de 50 millones de pesos, controlaban el 56.1% de la producción, contando con un capital invertido de 86 585 millones de pesos, esto es, el 55.4% del total invertido, y se obtenían la mayor tasa anual de inversión 14.2% .

Este fenómeno de concentración de capital, si bien muestra agudeza al analizarse cuantitativamente, también es cierto, que cualitativamente tiene una enorme relevancia. Dicho factor, se refleja en la integración vertical y horizontal de un gran número de empresas que se organizan en grupos de poder económico, fusionando así, tanto el capital industrial, bancario y comercial, como integrando en su seno un sin fin de etapas de la producción de mercancías y de ramas productivas, lo cual le permite ampliar aún más, el control sobre la economía nacional y sobre la industria en particular.

Esta concentración del capital, además, va aunada a la creciente participación del capital extranjero en la economía nacional y a pesar de que dicho fenómeno es una necesidad fundamental del desarrollo capitalista y como tal aparece en México, la inversión extranjera se encarga de acelerarlo y orientarlo. La relación entre niveles de concentración de capital y de la participación de la empresa transnacional será analizada más adelante.

Otro de los rasgos característicos de la industrialización en México, es la marcada especialización de aparato industrial en la producción de bienes de consumo final, tanto duraderos como de consumo inmediato en comparación con una más escasa producción de bienes de capital e intermedios y su bajo nivel de sofisticación.

El cuadro 19, muestra la distribución del valor bruto de la producción y a través de su análisis podemos comprobar la mayor participación que obtienen las industrias productoras de bienes de consumo final en relación a las otras industrias. Vemos así, que dichos bienes tienen una participación en el valor total de la producción de 73.9% en 1950, 66.1% en 1958 y 54.1% en 1969, lo que a pesar de mostrar una disminución en su participación, no impide que siga siendo el sector preponderante. Por su parte, los bienes intermedios ven incrementar su participación de 17.6% en 1950 a 22.4% en 1958 y 28.6% en 1969, al igual que los bienes de capital que pasan de 8.5% a 11.5% y 17.3% para los años respectivos.

A nivel más desagregado podemos observar que las ramas más importante dentro de los bienes de consumo, ha sido la de alimentos, bebidas y tabaco, cuya participación sobrepasa con mucho la de cualquier otra rama, siendo ésta de 43.6% en 1950, 41.7% en 1958 y 32.8% en 1969. De menor relevancia aunque también con una lata participación relativa son las ramas textiles y la de calzado y productos de vestir, las cuales absorbían 7.4% y 7.2% del valor total de la producción, respectivamente en 1969.

En lo que respecta a la participación creciente de los bienes intermedios, destacan principalmente la industria química cuya participación pasa de 6.5% en 1950 a 8.4% en 1958 y a 12.9% en 1969. Mientras que los bienes de capital muestran un crecimiento de su participación menos relevante, destacándose principalmente la industria del transporte que pasa de 3.2% a 4.2% y a 7.6% en los años antes citados y la de maquinaria eléctrica que pasa de 1.7% a 2.8 y a 4.3% en los mismo años.

Cabe señalar que si bien está habiendo una expansión en la producción de los productos intermedios, no hay sin embargo, una diversificación adecuada de éstos, ya que, la que está teniendo lugar, no va de acuerdo al ritmo de crecimiento de las nuevas necesidades de la industria, ni al tipo de requerimientos.

Esta profundización, en el fenómeno ya indicado queda reflejado también, en la composición de la estructura de las importaciones. Así, mientas en 1958 se importaba el 8.9% de bienes de consumo final, 32.45 de bienes intermedios y 58.7% de bienes de capital; para 1969, estas cifras eran de 9%, 29% y 61.8%, respectivamente.

Con todo, podemos ver entonces, que si bien hay una preponderancia, en la producción de bienes de consumo final, esto no significa que la producción de los demás haya quedado estancada. Por el contrario, y de acuerdo al cuadro 18, son las ramas productoras de bienes intermedios y algunas de capital, las que muestran las tasas más elevadas de crecimiento de la producción, aunque también entre ellas, se encuentran las de productos de consumo duradero, las cuales son ramas nuevas que a fin de cuentas, no hacen sino reafirmar la tendencia ya mencionada. Tenemos así, que de 1960 a 1970, las tasas de crecimiento para la rama de transportes fue de 13.6% y la de maquinaria no eléctrica de 14.5%, las más altas e toda la industria. La industria química tuvo una tasa de 10.1% y la de metales básicos 9.3%, contrastando con las ramas de alimentos que mostró una tasa de 6.1% para el mismo período, la de textiles 7.3% la de tabaco 4.8 y la de calzado y vestido de 8.4%.

La considerable participación en la estructura de las exportaciones, refleja también, el fuerte empuje que tenían las ramas productoras de medios de producción en 1974 el 29% de las exportaciones manufactureras fue de bienes de capital, 25.1% de bienes intermedios y 42% de bienes de consumo final lo cual sin embargo, no borró el carácter secundario del aparato industrial.

Con base en lo anterior, podemos afirmar que la industrialización del país, iba rezagándose con respecto al desarrollo industrial de los centros hegemónicos, Rezago que se traduce en una especialización del aparato industrial en las etapas de la producción más simples, mientras, que otras, más sofisticadas al no cubrirse en el país, llegan del exterior en forma de importación de tecnología.

Estos viene a demostrar que tras 30 años de industrialización, el patrón de acumulación de capital, sólo pudo crear una estructura productiva con un relativamente bajo desarrollo del Sector I (medios de producción).

La carencia de este sector adecuadamente desarrollado dentro de la economía, traerá como consecuencia, la presencia de otro fenómeno: la internacionalización de la economía mexicana; hecho que define claramente los rasgos fundamentales de la subordinación y la dependencia económica.

Así, tenemos, que al no estar contenidos todos los elementos fundamentales de la producción en el producto social global, deviene necesario, que para reponer el valor de uso y cambio de dichos elementos en la producción, se haga necesaria la inclusión del mercado externo de importaciones par la reproducción del capital al interior de la economía mexicana. Esto significa, que por no haber una adecuada diferenciación en la producción del Sector I, no existen los elementos materiales para la reposición de medios de producción, para seguir con el siguiente ciclo de reproducción de capital, tanto en el Sector I, como en el Sector II (Bienes de consumo). Dado esto, la reproducción ampliada del capital y por ende el proceso de acumulación de capital, pasa a depender de un Sector I que se encuentra fuera de la economía nacional, esto es, en los países dominantes, principalmente estados Unidos. Esto es, pues, el principal elemento que da a la economía mexicana su carácter de dependiente .

Cabe aclarar, que si bien la internacionalización del capital de la que hablamos, no es privativa de los países dependientes, sino que general para todos los países capitalistas, son las consecuencias que ésta acarree, en países como México, lo determinante de la dependencia económica, ya que la capacidad decisoria del rumbo de la acumulación de capital en los países dependiente, la tienes los países dominantes a través del intercambio tecnológico y del funcionamiento de las empresas transnacionales. Esta capacidad para influir determinantemente en el rumbo de las economías dependientes es lo que vuelve dominantes a las economías con mayor grado relativo de desarrollo.

Las cifras siguientes, ilustran cuantitativamente este fenómeno: para 1970, el aparato productivo requirió de 193 969 millones de pesos para reponer los medios de producción, del subsector manufacturero y agropecuario de México . El sector I, productor en pequeña escala de medios de producción, como lo llama Perzabal, sólo produjo 47 046 millones de pesos, lo cual obligó la importación de medios de producción por un valor de 146 923 millones de pesos, esto es, el 75.8% de los requerimientos. Si se agregan los requerimientos del propio Sector I, este porcentaje se eleva hasta 83.66% .

Por otra parte, el otro elemento que complementa y reafirma el carácter dependiente de nuestra economía es la penetración de la inversión extranjera, en forma de empresas subsidiarias de los monopolios norteamericanos. Ambos elementos son la condición necesaria y suficiente para darle el segundo rasgo característico a la economía mexicana: el de subordinación.

Por ser en la economía dominante en quien recae la determinación de la forma material que adquieren los medios de producción (tecnología) que habrá de importar nuestro país, está en condiciones y tiene la posibilidad de decidir, la forma material del producto social global de la industria nacional.

Este hecho permite a su vez, enlazar la reproducción del capital social de dicha economía dominante a nuestra economía, a través de la transferencia de tecnología que ha venido de obsoleta, prolongando así, la transferencia del valor del capital fijo que por la rapidez con la que son sustituidos los medios de producción en dicha economía, queden aún con amplias posibilidades de seguir siendo utilizados. Esta necesidad de transferir dichos medios de producción obsoletos allá, pero novedosos para la industria nacional y su capacidad para absorberlos, es lo que convierte a la economía nacional en un momento más de la reproducción de capital social del centro hegemónico norteamericano y subordina a sus decisiones .

En la misma medida, la transferencia de tecnología altamente sofisticada (que dadas las condiciones de explotación de la fuerza de trabajo y las facilidades fiscales y de financiamiento que encuentran en nuestro país las industrias transnacionales), viene a integrar sectores productivos que buscan altas tasas de ganancia y que de igual manera, contribuyen a la definición de la forma que adquiere el producto social global de la industria nacional.

En base a lo anterior podemos observar que la forma material que adquirirá el producto consistirá preponderantemente en manufacturas de consumo final y en un componente escaso de medios de producción limitado a líneas de producción como: construcción y reparación de maquinaria, industrias metálicas básicas, construcción de vehículos automotrices y la industria química.

Según datos presentados por Carmona , la producción industrial en 1967 consistía en: bienes de consumo 48.3%; bienes intermedios 38.2% y 5.5% de bienes que ingresan a la formación anual de capitales. Datos que comprueban la hipótesis arriba planteada.

Esta limitación del Sector I, proviene de la carencia de una transferencia de tecnología hacia él, o de la transferencia selectiva hacia ciertas ramas que para las empresas transnacionales es más conveniente desarrollar en nuestro país. Obviamente, esta carencia o transferencia selectiva, no es una decisión interna, sino tomada en los centros de poder monopólicos por norteamericanos y en donde, por tanto, nuestro país no tiene capacidad de influencia, lo cual lemita sus posibilidades de poder guiar su propio desarrollo industrial.

La falta de diversificación y escaso desarrollo del sector I, que provoca una imposibilidad para llenar los requerimientos de reposición de los medios de producción del país, y la imposibilidad del mismo de influir en el proceso de decisorio que origina estos fenómenos, con el fin de revertirlos, son las condiciones necesarias para la reproducción de las condiciones de subordinación y dependencia. Dicha reproducción reproducirá, por otra parte, también, el esquema atrofiado de desarrollo industrial, que al impedir el desarrollo y diversificación del Sector I, empuje a la industria a la especialización de la producción en ramas industriales pertenecientes al Sector II.

Dadas estas condiciones, es posible afirmar que al darse una estructura productiva que se especializa en procesos productivos impuestos por una fuerza externa, tanto el desarrollo de las fuerzas productivas, como el de las condiciones de la reproducción ampliada del capital social, quedan determinadas de manera exógena, en manos de los monopolios transnacionales que operan en el país, asociados a un grupo selecto de capitalistas nacionales, y con la venía del Estado Mexicano. Ante estas circunstancias, es posible concluir con Perzabal, que:

“... El hecho de importar bienes de capital para reponer en ambos departamentos el capital constante, supone que el sector productivo (...) se le somete... al papel de complementar el ciclo del capital imperialista, al prolongar el tiempo de circulación del capital fijo más allá de su amortización (física o moral) : Así, la reproducción ampliada de las relaciones (acumulación), del modo capitalista de producción en condiciones dependientes, sirve para los fines y las necesidades de la acumulación de capital monopolista norteamericano” .

Resulta así, que lo que aparentemente es una integración del mercado externo a las condiciones de reposición y reproducción del capital a nivel interno, no es sino el reflejo y la forma velada en que se presenta la integración de la economía nacional y específicamente del sector industrial a la reproducción del capital social de los monopolios transnacionales.

Por otro lado, esta imposición de las condiciones para la reposición del capital, desde fuera, encuentra su contra parte en la aceptación de dichas condiciones por parte de un capital nacional que responde a la misma dinámica de la empresa transnacional, con la que se asocia y a cuyas condiciones se adecuada.