DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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3.1.4. La acumulación de capital bajo las nuevas condiciones de la posguerra

Como ya se mencionó anteriormente, las nuevas condiciones que privaron en la economía nacional a partir del fin de la guerra, contribuyeron a cambiar aún más el panorama del desarrollo industrial.

La abierta expansión de los monopolios internacionales y principalmente los norteamericanos presentaban un amplio riesgo para la acumulación a nivel interno.

El amplio flujo de manufacturas importadas, amenazaban a la industria nacional que no se encontraba en condiciones de competencia. Tan sólo de 1945 a 1948, éstas se incrementaron a un promedio anual de 2 084 millones de dólares. Por otra parte, las exportaciones perdieron completamente su dinamismo ante el nuevo auge que mostraba los países dominantes en materia industrial y dada su escasa posibilidad de competir con las manufacturas de dichos países. Las exportaciones, tuvieron en el mismo período mencionado un incremento medio anual de 61.3 millones de dólares .

Paralelamente, la acumulación de capital pierde su dinamismo. El sector industrial que presentó una expansión gracias al crecimiento del mercado externo y que no diversificó su producción, se encontró con una crítica situación, ya que los mercados externos se cerraban y el interno se encontraba seriamente deprimido e invadido por manufacturas importadas.

En este sentido, es importante observar, que la pérdida del dinamismo de la industria, se resuelve mediante tres factores:

• el primero, ya se anotó anteriormente y se trata de la penetración del capital extranjero que permitió obtener los medios de producción necesarios para la reproducción del capital en la industria.

• El segundo, es la política proteccionista adoptada por el gobierno mexicano, que libró a muchas industrias nacionales de la desigual competencia de los productos importados, y que a la vez, incentivó la instalación de empresas transnacionales, las cuales, encontraron, más redituable invertir directamente, aprovechando el mercado interno cautivo, que exportar sus productos desde su país de origen. En este sentido, la industria nacional pasó a depender para su reproducción, tanto del capital extranjero, como del Estado.

• El tercer factor, fue una fuerte contención salarial, que permitió, una mayor apropiación de plusvalía a la burguesía industrial. Pero que a la vez, marginó a lo que podría llamarse la esfera baja del consumo en el mercado interno esto es, los sectores de más bajos ingresos, de participar en el consumo de los productos manufacturados. La producción de manufacturas devino entonces, en su producción para una vigorosa clase media que se fortalecía, cada vez más, debido a la creciente expansión de las actividades urbanas (comercio, servicios, administración pública); y para una burguesía nacional, que concentraba en gran medida el ingreso nacional.

Es importante destacar que esta separación del mercado interno, es lo que originó, que la expansión industrial a partir de los años cuarentas, se hiciera en base a la diversificación de la producción de bienes de consumo suntuario (como más adelante veremos) y no a una ampliación de bienes de consumo básico que cubriera las necesidades de la mayoría de la población.

Hasta antes de la segunda guerra mundial, la industria, venía basando su expansión en base a productos de tipo tradicional, cuyo consumo estaba difundido de manera, más o menos homogénea en el mercado interno. Hecho, que se rompe, después de la guerra, pues el mercado interno se ha dividido, dada la concentración del ingreso propiciada por la amplia acumulación de capital durante la guerra, y la contención salarial. Hechos, que deprimen la esfera baja del consumo y fortalecen la alta. La expansión de la industria en la coyuntura histórica analizada, no podía ya basarse, entonces, en la expansión de la producción de bienes de consumo básico, sino en la de nuevos productos de tipo suntuario, que aprovecharán la demanda amplia y creciente de la esfera alta.

La expansión de la industria tendrá su fundamento en la expansión de la demanda de la esfera alta de consumo, cuya demanda segura y efectiva, comparada con la escasa participación de la esfera baja hace más favorable insistir sobre la intensificación del consumo de dicha esfera, que ampliar la participación de la baja. El mercado de dichas industrias se expande, no a partir de la incorporación de un mayor número de demandantes, sino a partir de una intensificación del consumo de quienes ya lo son.

Los elementos que han permitido, esta situación son: la concentración del ingreso a favor de la esfera alta y la creciente participación de empresas transnacionales en la economía.

Podemos observar (como más adelante se comprobará), que este esquema productivo, ha sido impuesto, por la forma en que funcionan las empresas transnacionales en nuestro país y su poder definitorio sobre la forma que adquiere el producto social. Dichas empresas, han desarrollado y reproducido un esquema productivo en México, que responde más bien a la realidad de un país dominante cuyo mercado es homogéneo de altos ingresos, y que se expande mediante la intensificación del consumo y la diferenciación del producto. Dicho esquema, es posible trasponerlo extralógicamente en nuestro país, porque la existencia de la esfera alta del mercado interno, al reproducir los patrones de consumo de los países dominantes crea las condiciones adecuadas para la importación de dicho esquema.

Por otro lado, si la industria quisiera hacer accesibles este tipo de bienes (automóviles, cosméticos, farmacéuticos, eléctricos, electrónicos, línea blanca, etc.), a la esfera baja del consumo, se encontraría con que habría que hacer más homogéneo el mercado interno, lo cual llevaría a destruir lo que causa esa diferenciación, esto es, la excesiva concentración del ingreso, lo cual significa, una mayor participación del ingreso por parte de los sectores que perciben menos, a expensas de una disminución de la participación de aquellos que reciben más, lo cual atendería no sólo contra la tasa de ganancia de los sectores industriales, sino contra todo el patrón de acumulación que ha dado origen a dicha concentración, y que ha basado la obtención de elevadas tasas de ganancia, en la sobre explotación de la fuerza de trabajo, sustento fundamental del desarrollo capitalista dependiente y subordinado de nuestro país.

Por todo lo anterior, vemos que resulta lógico que se reproduzca el mismo esquema productivo basado en la mayor diferenciación de las esferas de consumo, que aunque, por un lado provoca la reducción del mercado interno, por otro lado la expande, en grado mucho mayor.

Esta transposición extralógica de la que hablamos va a originar un peculiar fenómeno, esto es, que no existe una correspondencia entre el tamaño de planta y de mercado interno, por lo que la primera tiende a ser mayor que el segundo, hacho que provoca que muchas ramas industriales, operen con una amplia capacidad ociosa. En la medida en que capacidad ociosa en mayor, menor será la perspectiva de hacer crecer la demanda del producto original y menor su grado de especialización. A la vez, será mayor el proceso de diversificación. Esto es por dos razones: primero, por que la estructura del mercado interno no permite hacer masivo el consumo de este tipo de bienes de que ya hablamos, a todo el mercado y de esta forma, utilizar mayor parte de la capacidad instalada. La industrial nacional, se ve obligada a diversificar su producción para aprovechar su capacidad instalada, masificando el consumo de nuevos productos dirigidos a un solo sector del mercado interno (ya que la única forma de intensificar el consumo de dicho sector es a través de la diferenciación de productos) antes que especializar su producción para abarcar todo el mercado interno, ya que un amplio sector de éste, no podría, como de hecho sucede, consumir.

Durante los años posteriores a la guerra y hasta finales de la década de los cincuentas, (en que se marca el inició de una nueva etapa dentro del desarrollo industrial del país y de la acumulación de capital, signada por la amplia concentración y centralización del capital en manos de los monopolios extranjeros y por una nueva política económica, que estrecha los vínculos con el imperialismo y consolida el poder burgués), la economía mexicana, presenta un marcado crecimiento, visible en los datos del PNB, que indica un ascenso en su valor de 30 000 millones de pesos ( a precios de 1950) en 1945, a 66 000 millones en 1958 , esto significa, un crecimiento de más del 100% en 13 años.

Una amplia participación en la creación de dicho producto, pertenecía a la industria manufacturera, la cual contribuía en 1950 con 8 437 millones de pesos, y con 14 500 millones de perros en 1958 ; lo que indica que su valor en ocho años, creció un 71%, aunque su participación sólo creció de 20% en el primer años, a 21.7% en el segundo.

El índice de producción de la industria manufacturera pasó de 46.8% en 1950 (tomando 1960-100) a un 85.1% en 1958, lo cual significa que dicho volumen casi se duplicó en estos 8 años .

Las ramas más dinámicas, en la producción industrial eran principalmente la de trasportes, que mostró una tasa de crecimiento de la producción bruta de 10.3% entre 1950 y 1960 (véase cuadro 18). La de productos metálicos, con una tasas de 9.2% en los mismos años; la de maquinaria y aparatos eléctricos con un 11.7%. Del mismo modo, la industria química y la de metálicos básicos, que muestran tasa de 10.7 y 11.3% respectivamente.

Por otra parte, las ramas tradicionales, muestran un crecimiento comparativamente menor. Así tenemos, que, por ejemplo: la mayor tasa de crecimiento fue la industria de alimentos con un 5%, la de bebidas con un 7.5% y la de imprenta y editorial con un 6.6%. Se puede observar así, que son las ramas nuevas principalmente las productoras de bienes de consumo durables e intermedios las más dinámicas, cuyas tasas de crecimiento en todos los casos, sobrepasas la tasa de crecimiento para el conjunto de manufacturas que era de 6.3%. Mientras, que las ramas de bienes de consumo básico, las llamadas tradicionales, crecen a tasa muy bajas y sólo en los casos arriba mencionados logran igualar o sobrepasar ligeramente la tasa de crecimiento del conjunto.

De la misma forma, la demanda interna para los productos de las ramas nuevas, crece aceleradamente como podemos observar, en el mismo cuadro, para el caso de la maquinaria y aparatos eléctricos cuya tasa de crecimiento es de 11.6% para el período mencionado; la de transporte con un 9%; la química con 10.6%; la de metales básicos con 10% y la de hule con 9.5%. Superiores todas, a la tasa de crecimiento de la demanda total que era de 8.3%.Por otro lado, las ramas tradicionales, obtuvieron tasas de crecimiento de la demanda bastante más bajas, incluso, menores a la de la demanda total. Sólo destaca la de bebidas que tuvo una tasa de 7.3%, la de alimentos 5.1% y la de imprenta y editorial 6.5%.

Esta tendencia, hacia un mayor dinamismo de las ramas nuevas (duradero e intermedio) confirma la hipótesis de que la producción industrial, tiende cada vez más, a la producción de bienes de consumo duraderos para una esfera alta del consumo, cuya demanda es la que crece con mayor rapidez, como ya vimos. En tanto que se rezaga la industria de bienes de consumo básico, cuyos principales demandantes son los sectores de la población que componen la esfera baja del mercado interno.

Podemos observar, de igual manera, que a pesar de la expansión industrial tan acelerada, las ramas productoras de medios de producción se han quedado al margen también de dicho crecimiento y salvo en algunos sectores, se siguen produciendo los mismos medios, sin que se de una amplia diversificación en la producción de éstos, como era de esperarse, sobre todo por las nuevas y crecientes necesidades de un aparato industrial que en otras ramas se renovaba rápidamente.

Así, podemos ver que mientras la industria se especializa en la producción de bienes de consumo e intermedios, los medios de producción no crecen de igual manera. Por ejemplo, mientras que en 1939 el 79.1% del valor bruto de la producción industrial correspondía a ramas productoras de bienes de consumo, 15.4% a los bienes intermedios y 5.6% a los bienes de capital ; en 1950 casi se ha mantenido sin cambios muy relevantes: el 73.9% era para bienes de consumo, 17.6% para bienes intermedios y 8.5% para bienes de capital. Finalmente, en 1958 la distribución era así: 66.1% para los de consumo, 22.4% para los intermedios y 11.5% para los de capital. Notándose aquí, ya una mayor participación de los bienes intermedios y la muy escasa aún de los bienes de capital, frente a la todavía amplísima de los bienes de consumo.

Esta misma situación, se refleja en la estructura de las importaciones. Así, tenemos que para 1939, los bienes de consumo absorbían el 23.0% de las importaciones totales industriales, los bienes intermedios el 25.3% y los bienes de capital el 51.7% . En 1950, los primeros absorbían el 11%, los segundo el 31% y los terceros el 57.1%, notándose, pues, la reducción de bienes de consumo, como era lógica esperar de una expansión industrial interna basada en estos bienes; mientras se nota el crecimiento de os requerimiento de bienes intermedios, aunque su producción a nivel interno se incrementaba, y la elevación también de los bienes de capital, lo que resulta obvio, en una economía en expansión, con nuevas necesidades de dichos bienes, cogía dinámica parece no pertenecer a dicha expansión. Para 1958, podemos observar que esta tendencia sigue reafirmándose ya que los porcentajes son: 8.9%, 32.4% y 58.7%.

En este marco de expansión industrial, el Estado, como ya se dijo, jugó un papel fundamental. Podemos vera, así, que, por ejemplo: la inversión pública se incrementó de 848 mil millones de pesos (de 1950) en 1945, a 2 672 millones en 1950 y a 4 408 en 1955. Lo cual quiere decir que en este año, la inversión pública fue un 400% mayor que la de 10 años atrás . Destaca, sobre todo, la participación de la inversión pública en el fomento industrial, que en 1945 era de 132 millones de pesos, y en 1955 de 1 738 millones de pesos, esto significa un crecimiento de más de 1000%. Además, su participación porcentual en el total de la inversión pública, se elevó de ser un 15% en 1945 a un 39% en 1955. Este incremento, contrasta c los presentados por el resto de destinos de la inversión pública federal, así, por ejemplo, el fomento agropecuario mostró una participación decreciente, de 16.9% a un 13.7% en los años mencionados, de igual manera que la inversión dirigida a las comunicaciones y transportes que pasó de 54% en 1945 a un 32% en 1955 .

De igual manera, el Estado, participa en la creación de condiciones más favorables para la acumulación de capital de la burguesía industrial, a través de garantizar una importante infraestructura industrial adecuada, que se refleja en la elevación de la producción petrolera que pasó de 43 877 000 barriles diarios en 1945 a 913 700 000 en 1955 . De igual forma, a través de la diversificación de la producción de derivados de petróleo.

Asimismo, se incrementó la capacidad instalada de la industria eléctrica, que creció un 167% en el mismo período, pasando de 720 000 Kw. a 1 929 000 para cada año, respectivamente. .

Por otra parte, la industrialización del país, recibió también mediante otros medios, un fuerte apoyo, principalmente, a través de la amplia transferencia de recursos financieros de las actividades agropecuarias a la industria. Esto se dio a través de diferentes canales dentro de los que se pueden mencionar los siguientes: primero, a través de la intermediación financiera, el ahorro generado en las actividades agropecuarias permitió apoyar con crédito a la industria. Segundo, a través de la vía fiscal, los impuestos obtenidos por el pago de las actividades agropecuarias a sus obligaciones fiscales, permitió incrementar el fomento industrial y crear una estructura fiscal para exentar a la actividad industrial del pago de impuestos. Tercero: la oferta de materias primas industriales y alimentos baratos, permitió que la burguesía industrial pudiese obtener mayores tasas de ganancia, ya que ello le permitía disminuir el valor de la fuerza de trabajo y del componente circulante del capital constante. Cuarto: el éxodo de campesinos, que despojados de sus tierras emigraban hacia los centros urbanos, incrementó el ejército industrial de reserva, permitiendo con ello mantener bajo el valor de la fuerza de trabajo. Quinto: la amplia expansión de los cultivos para exportación, permitió un fuerte ingreso de divisas al país, lo que a su vez, posibilitó el financiamiento de las importaciones de bienes intermedios y de capital necesarios, cada vez en mayor medida para la expansión industrial .

Es posible, en conclusión, ver que si bien la industria nacional, está teniendo una amplia expansión, las bases en las cuales estaba fincando su desarrollo, no eran las del todo firmes, ya que incluso dentro del mismo ámbito nacional era sumamente dependiente. Sin embargo, son bases que al fin al cabo, le permiten irse desarrollando, aunque este desarrollo lleve implícitas una serie de contradicciones, que más tarde se reflejarán en toda la economía nacional.