DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

Volver al índice

 

 

 

 

2.3.3 Inversión Extranjera y Política Anti-imperialista

El proyecto cardenista de un claro corte nacionalista, lleva a cabo una tarea impetuosa con el fin de rescatar las posiciones que dentro de la economía nacional, había ganado inversión extranjera. El plan de Cárdenas, sin embargo, no era acabar con la participación del capital extranjero en el país, sino más bien limitarlo de alguna manera, poderlo tenerlo bajo control.

Dos fueron las medidas más radicales a este respecto: la nacionalización de los ferrocarriles y la industria petrolera, las cuales se llevaron a cabo basadas en la ley sobre la expropiación en beneficio de la nación, promulgada en 1936. En el mismo sentido, actuó la elevación de los impuestos sobre las ganancias de los monopolios extranjeros y la promulgación de la ley sobre el impuesto a los super beneficios. Estas últimas dos medidas, si bien tenían clara intención anti-imperialista, también afectaban a los monopolios nacionales, en gran medida aliados a los intereses extranjeros.

La intervención del Estado en algunos renglones de la economía, tenía también el mismo propósito por ello es que crea dos instituciones estatales. Una es la Comisión Estatal para el Desarrollo de la Industria Minera, la cual trataría de orientar la explotación de la riqueza mineral del país a fines nacionales, a la vez que buscaba reducir y limitar la influencia de las compañías mineras extranjeras. Esto es, servir de contrapeso: el mismo papel desempeñará la Comisión Federal de Electricidad creada en 1938, la cual mantendrá un rígido control sobre el sistema eléctrico del país, a la vez que evitaría los abusos de las compañías extranjeras que operaban en esta rama.

Las compañías petroleras, fueron en nuestro país, por mucho tiempo, el ejemplo clásico de la forma en que operaba el capitalismo extranjero a su interior; tanto por los mecanismos e instrumentos que utilizaba para obtener el mayor número de ganancias, como por el uso de otros para presionar al gobierno a conceder mejores facilidades para la acumulación de capital, y por la secuela que sus acciones con llevaba, esto es, el no progreso al interior del país.

Las principales compañías petroleras que operaban en México, eran: la Royal Dutch Shell, la Standar Oil de New Jersey, La Gulf Oil Corporation, la Sinclair Oil. Co., la City Services, y la Warner Quinla. De menor importancia fueron: la Continental Oil., la Union Oil, la South Penn, la Mexican Seabord y la Pierce Oil. La relación de éstas con la economía nacional era realmente muy débil, ya que estaban dedicadas a satisfacer el mercado externo casi exclusivamente y su vínculo se daba sólo a través del pago de impuestos, salarios y rentas . Este débil nexo que existía entre la inversión petrolera y la economía nacional, fue según Meyer, resultado de tres factores:

“... en primer lugar, el descubrimiento de los grandes depósitos de la Costa de Golfo que ofrecían excepcionales facilidades naturales para la exportación por su cercanía a los puertos de embarque; en segundo, el aumento de la demanda interna, propia de una economía subdesarrollada...” .

En tercer lugar no existía por parte de estas compañías, un interés por vincularse a la economía nacional. Así, tal demanda interna era tanto por el escaso dinamismo de la economía y otro poco por l apolítica de precios elevadísimos para el mercado interno.

La batalla contra las compañías petroleras se había iniciado a raíz de la promulgación de la constitución de 1917, en el cual se consagraba la propiedad de la nación sobre el subsuelo nacional de donde los monopolios petroleros extraían el petróleo.

Una larga lucha diplomática se entabló entonces, ya que mientras por un lado, las compañías petroleras luchaban por conservar la propiedad de los yacimientos petrolíferos, el Estado Mexicano, trataba de limitarlos, dándoles simplemente concesiones por tiempo limitado para la explotación del subsuelo nacional.

El gobierno, sin embargo, jugaba con un arma de doble filo, ya que si bien era de utilidad pública conservar la propiedad del subsuelo, también era de vital importancia conservar la gran cantidad de ingresos que por impuestos, pagaban las compañías petroleras y que podría dejar de percibir, si éstas -ante las presiones del gobierno- respondían la agresión. Tal fue el hecho que sucedió durante los años 1921-1932 en los cuales se redujo la producción de petróleo de 193 millones 399 barriles en el primer año a 32 millones de barriles en el segundo. Lo cual significó que los ingresos del gobierno se redujeran notablemente. Así, mientras que en 1922, los ingresos vía pago de impuestos a la exportación de petróleo representaban el 30% del total de ingresos del gobierno, en 1927 ya solo representaba el 8% .

Este hecho, fue facilitado por la aceleración de la producción de petróleo venezolano, dado por la amplia penetración de las compañías imperialistas en ese país, a raíz de los descubrimientos de yacimientos petrolíferos. Y también por la falta de condiciones propicias para la explotación y extracción de petróleo en México dada por cuestiones técnicas y operativas. Así, aunque proveniente de un factor económico, este hecho devino un elemento político que abrió un amplio margen de negociación y presión por parte de dichas compañías.

Otro hecho que ejemplifica claramente la actuación de tales compañías en México y su total desinterés para adecuar su funcionamiento al del resto de la economía nacional, esto es, su tendencia a mantener la producción petrolera como una explotación de enclave se manifiesta en los altos precios especulativos a los que eran vendidos dentro del país el petróleo y sus derivados. Por ejemplo: la bencina, se vendía en México en un 193.4% más cara que en otros países, la kerosina en un 341.10% . El precio de la gasolina era de un 134.43% más alta que en el exterior; el gasoil un 171.1% y los lubricantes un 350.77% más caros que en cualquier otro país .

Es evidente que ante estos elevadísimos precios de productos que eran necesarios para hacer funcionar el aparato industrial del país, el desarrollo económico de México, permaneciera obstaculizado. En la medida en que las compañías petroleras, en lugar de adecuarse a las necesidades del país, respondían a sus propios intereses de extracción de plusvalor y acumulación de capital a través de sus altas ganancias. Así por ejemplo, en los años 1934 a 1936, el porcentaje de utilidades en relación con el capital social de las empresas petroleras fue de 34.28%, mientras que el mismo porcentaje, de las compañías, pero en los Estados Unidos, fue sólo 6.13% . Cifras que obtienen una, mayor relevancia si notamos que el capital invertido en la industria petrolera en México hacía 1935 representaba, apenas el 0.73% del capital invertido en la industria petrolera norteamericana, en tanto que su producción petrolera representaba el 4.05% en comparación con la norteamericana

La política salarial de las empresas petroleras fue también una feroz arma para la acumulación de capital y una fuente de graves conflictos entre éstas y los obreros petroleros, quienes, no solamente recibían menos del 23% del sueldo de un obrero norteamericano, sino que además, su productividad media, era 12 veces mayor que en los estados Unidos, lo cual habla de la aguda explotación de la fuerza de trabajo, que llevaban a cabo las compañías del petróleo .

Todos estos datos hablan por sí solos, del carácter antagónico y contradictorio que representaba el funcionamiento y permanencia de las compañías petroleras en nuestro país, con respecto a las necesidades de desarrollo del mismo y de la utilización de esta rama económica tan dinámica como piedra fundamental para dinamizar al resto de la economía.

Vemos así, que en el fondo de la lucha contra los monopolios petroleros no sólo se encontraba el problema de la interpretación del artículo 27º constitucional y la legislación petrolera, sino que tras de todo ellos, subyacía el hecho de impedir una explotación irracional del petróleo y no seguir permitiendo que el país dejara de obtener beneficios de la explotación de una de sus principales materias primas como era el petróleo.

Por todo esto, es que el conflicto petrolero concluye con la expropiación de todos los bienes de las compañías petroleras; de otra forma, nunca se hubiese solucionado el problema y por otra parte, el desarrollo del país, hubiese seguido supeditado a los caprichos de dichas compañías. Así,

“...a partir de la expropiación de 1938, el destino de la producción petrolera cambió radicalmente: la industria se dedicó principalmente al abastecimiento de las necesidades del país, no sólo por la pérdida de los mercados extranjeros, sino fundamentalmente, por el incremento del consumo interno que trajo consigo la aceleración del ritmo de industrialización promovido por la segunda Guerra Mundial. Después de conflicto, el consumo interno habría de absorber más del 90% de la producción total...”

De esta forma, hacia 1940, las inversiones extranjeras directas, se habían reducido a 2 2262 millones de pesos, esto es 419 millones de dólares, mientras que en 1935, esa cifra ascendía a 3 900 millones de pesos. Esto significa que dicha inversión se redujo en un 42%

Pese a que de esta forma se debilitaron ampliamente las posiciones extranjeras en la economía nacional, su presencia siguió vigente, si bien se reorientó a otras ramas productivas, en algunas de las cuales ya se encontraban afianzada, como en los servicios públicos, comercio, industria y minería. Así, en 1939, el 89% de las inversiones extranjeras se concentraban en servicios públicos y minería. La industria absorbía el 6% y el comercio el 3% del total . El comercio exterior era un sector en donde también, los intereses extranjeros tenían amplia influencia, a la vez que significaba un fuerte eslabón en las relaciones de dependencia económica; sobre todo el que se mantenía con Estados Unidos; país con el cual, hacía 1939, se realizaban el 74% de las transacciones comerciales (tanto importaciones como exportaciones).

Se puede ver así, que aunque los monopolios extranjeros y los nacionales aliados a éstos, se vieron debilitados en el régimen de Cárdenas, en el afán de éste por llevar a cabo una redistribución de la riqueza y hacer más racional el funcionamiento del capitalismo nacional; no desaparecen y al contrario aprovechan muchas de las condiciones creadas en este período para pasar a la ofensiva una vez iniciada la segunda guerra mundial, y al finalizar ésta sobre todo, por las nuevas posibilidades que la coyuntura histórica presenta para el desarrollo industrial del país. Mientras tanto, el Estado, pasará a cubrir un papel de centro de decisiones político económicas, que favorecerán al capital industrial, principalmente, a la vez que fortalecerá su papel como agente económico.