DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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CAPITULO IV. HACIA UN CAMBIO RADICAL EN EL PATRÓN DE ACUMULACIÓN

A lo largo de todo este trabajo, hemos podido constatar la enorme importancia que ha representado el fenómeno de la inversión extranjera en nuestro país y las consecuencias negativas que ha provocado en el desarrollo nacional del mismo.

Este fenómeno como ya vimos, no es algo nuevo, pero sí lo son las formas y modalidades que va adquiriendo en las diferentes etapas del desarrollo de nuestro país, distinguiéndose el hecho de que a medida que va creciendo, su penetración se va convirtiendo en una fuerza incontrolable, cada vez más ajena a la realidad material de la sociedad mexicana en su conjunto, tanto en su forma de operar, como en los intereses a los que responde.

La afluencia de inversiones extranjeras en nuestro país, no es un hecho que se explique únicamente por la expansión imperialista, Caer en esa suposición, sería adquirir una visión errónea, puesto que también son fundamentales las condiciones internas que posibilitan su entrada. Principalmente, la presencia de una burguesía imposibilitada históricamente de manera autónoma e independiente.

La consolidación de la burguesía industrial como fuerza hegemónica dentro del bloque en el poder y su posibilidad de subordinar a las clases populares, fueron elementos determinantes, que permitieron la configuración del patrón de acumulación que dicha burguesía modeló.

No ha habido fuerza social, dentro del ámbito nacional, capaz de impedir o poner límites a las acciones de esta burguesía. El Estado, ha sido el principal mecanismo que ha posibilitado la presencia de las condiciones para la reproducción de dicho patrón de acumulación.

Burguesía industrial y empresa transnacional, han sido los principales elementos para la configuración del esquema productivo en la economía nacional.

Treinta años de desarrollo industrial se analizan en este trabajo, y sin embargo a través de ellos no podemos encontrar ningún signo que hable de un desarrollo industrial pleno, independiente, homogéneo. Por el contrario, las disparidades han sido agudizadas.

Treinta años de industrialización en México, no dieron sino un esquema industrial ineficiente e improductivo, deficiencias que han sido perpetuadas por un sistema arancelario proteccionista, que es a fin de cuentas, un elemento más del tergiversado desarrollo nacional.

El proceso de acumulación del país, basado en la monopolización de las actividades industriales, tanto por capitalistas nacionales como extranjeros, creó, también un proceso de depauperización de las masas populares y una excesiva concentración del ingreso en los círculos burgueses y pequeño burgueses, hecho que definió la estructura del mercado interno, el cual se dividió en una esfera alta y una baja, en al primera de las cuales se basaron todas los esfuerzos de expansión industrial, lo que originó una especialización de la producción en bienes de consumo final, mientras que las ramas dedicadas a las producción ara a esfera baja quedaban rezagadas, provocando con ello que la mayoría de la población nacional, quedara con muchas necesidades insatisfechas.

Esta especialización del aparto industrial, fue obra también de la dependencia y subordinación que tiene nuestro país con el exterior. Las Et, han obtenido tal control de la economía que son capaces de definir, no sólo el monto y carácter de las importaciones, sino también y gracias a lo anterior, la forma que adquiere el producto social en la industria, hecho que deja en lo fundamental fuera de las posibilidades del país, definir el rumbo de su desarrollo.

El producto social global de la industria ha consistido ante todo en bienes de consumo e intermedios y ha dejado marginada la producción de medios de producción, base fundamental para el desarrollo independiente de cualquier país. Así, el desarrollo preferente del Sector II y el muy escaso Sector I, ha limitado la capacidad de la industria para expandirse hacia nuevas etapas de la producción, mientras dicha situación se agudiza y con ello, crece la enorme dependencia económica.

Es pues, en estos aspectos donde se evidencia la escasa validez que tiene este patrón de acumulación con respecto a las necesidades históricas del país: la incapacidad para producir medios de producción y por tanto la necesidad de depender, cada vez más, de medios de producción importados; la especialización de la producción industrial en bienes de consumo para la esfera alta del mercado interno y la incapacidad para llenar los requerimientos de consumo popular; la condición de muchas empresas productoras de bienes intermedios d convertirse en un momento complementario de un esquema productivo que se encuentra afuera del país y que no le rinde beneficio al país.

La siempre presente participación del capital extranjero en la industria, ha creado mecanismo par la transferencia de plusvalía hacia el exterior. La misma reproducción de nuestra economía se ha convertido en un proceso de transferencia de plusvalía, provocando un constante proceso de descapitalización, no sólo porque las utilidades no son reinvertidas sino también, porque la base de expansión de las ET han sido los recursos financieros internos.

Hay que resaltar algunos elementos que destacan de este análisis. Primero: el grado de dependencia y subordinación de la economía mexicana, estará en relación directa con la presencia de la inversión extranjera. No precisamente con los montos de ésta, sino con el control y poder estratégico y decisorio que allegado a poseer. La inversión extranjera, ha sido la más beneficiada con el actual patrón de acumulación, que ha acumulado miseria y dependencia en México.

Segundo: un esfuerzo hacia la disminución de ese grado de dependencia y subordinación necesariamente tendrá que ir acompañado de una limitación de la participación de la inversión extranjera en la economía mexicana. Poniendo énfasis, no en los montos de inversión, sino en limitar su capacidad de definir y decidir la forma que adquiere el producto social. Su función, se tendría que apegar, entonces, a los requerimientos y necesidades nacionales y no sus propios intereses, respondiendo a una enorme normatividad estricta. Esto, no sólo referido a las ramas industriales en la s que podría o no participar, sino también y principalmente, a la forma en que lo podría hacer.

Tercero: el patrón de acumulación ha incubado vicios, uno de los principales es la escasa importancia que se le ha dado a la producción de los medios de producción, que eso el elemento vital para nacer más independiente el desarrollo industrial y romper la subordinación a la que se encuentra atado.

Cuarto: el desarrollo monopólico de la industria, basado en el patrón de acumulación ya descrito, permitió la concentración excesiva del ingreso en una minoría de la población.

Un esfuerzo hacia un cambio que permita la satisfacción de las necesidades de la mayoría de la población, necesariamente tendrá que basarse en la desconcentración de dicho ingreso, lo cual atenta de inmediato contra el patrón de acumulación, pues significa desconcentrar la propiedad de los medios con que s produce la riqueza en el país y canalizar los benéficos obtenidos en la producción, hacia la satisfacción de las necesidades de toda la población, mejorando con ello las condiciones de vida material de todo el país y no sólo de unos cuantos.

La elaboración y esquematización de una serie de medidas de política económica, debe estar correspondiéndose con las necesidades nacionales. El patrón de acumulación que se ha analizad, no surgió como propuesta para el desarrollo nacional, sino que correspondió a las necesidades de acumulación de la burguesía en el poder.

No puede esperarse, sin embargo, un cambio radical en el rumbo del país, mientras las fuerzas sociales que hegemonizan el bloque en el poder, sigan haciéndolo, mientras la política económica siga respondiendo a las necesidades de dichas fuerzas existentes en la sociedad mexicana a través del cual sé de un cambio en la concepción y puesta en práctica de una política económica que rectifique el camino y que dé al Estado un carácter regulador y organizador de la producción y sólo entonces, se podrá ir en busca de un desarrollo homogéneo y armónico, autónomo e independiente, reinvirtiendo la tendencia al patrón de acumulación y conduciéndolo hacia cambio radical.