DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

DESARROLLO INDUSTRIAL Y DEPENDENCIA ECONÓMICA EN MÉXICO. 1940-1970

Hilario Barcelata Chávez

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1.1.3 El desarrollo del subdesarrollo

Todo esta expansión que estaba teniendo lugar parte de Inglaterra, Francia y Alemania, y más tarde, como ya vimos por Estados Unidos, comienzan a cambiar completamente el panorama a la economía nacional. Por un lado se inserta al país, dentro de la órbita imperial, es decir, se le convierte en un apéndice de las economías imperialistas, y su organización y funcionamiento se ven condicionados a las formas que las haga adoptar el capitalismo monopolista. Esto como ya se dijo, se refiere concretamente a la orientación de la economía del país hacia al exterior, que luego irá adquiriendo otras formas y que se reflejará no sólo en este hecho.

Por otro lado, sin embargo, esta misma situación, provoca que se desarrollen fuertemente algunas actividades productivas que servirán como punto de apoyo para llevar al país hacia una etapa de amplio crecimiento económico. Pero, este mismo fenómeno provoca que los sectores que no son tocados por los monopolios extranjeros se vayan quedando a la zaga, aislados y en una situación de considerable atraso. Esto es así, porque la fuerza que irradian los sectores de mayor desarrollo no es hacia dentro de la economía, sino hacia fuera, y en consecuencia, el fuerte crecimiento de éstos, no provoca una reacción semejante en aquellos.

Esta aparente dualidad, que se va conformando, es una respuesta al choque entre el desarrollo acelerado de relaciones de producción capitalista, contra la inercia de relaciones de producción precapitalista. Y aquí hay que añadir, que no sólo entre relaciones de producción, sino que también es un choque entre formas de organización de la producción y comercialización nuevas y tradicionales, hábitos, instituciones, etc.

En esta etapa histórica a la que se hace referencia, en México, aunque ya se comenzaba a difundir las relaciones de producción capitalistas, no eran predominantes, sobre todo en el campo. Con la irrupción imperialista, se da una amplia aceleración del desarrollo de éstas, pero sólo es actividades determinadas, dejando intactas otras. Aquí cabe decir, que más que provocar un desarrollo acelerado de las relaciones de producción capitalistas, lo que en realidad está sucediendo, es que algunos sectores de la economía están siendo insertados a formas de organización de la producción de tipo capitalistas, lo cual no necesariamente significa que, (aunque de hecho lo es), en ellas haya relaciones de producción capitalista, como pasó por ejemplo en la explotación del tabaco.

Algunos teóricos del imperialismo, afirman, que,

“... la exportación del capital influye sobre el desarrollo del capitalismo en los países en que aquél es invertido acelerándolo extraordinariamente...” y que “... el capital que afluye al país de economía natural favorece el desarrollo de las fuerzas productivas de este país, orientándolo hacia una estructura capitalista...” .

Debemos observar, que, sin embargo, éste no es una condición que siempre se cumple. Una evidencia clara de ello, es que México, durante el periodo de expansionismo imperialista a finales del siglo pasado y a principios del presente, las relaciones de producción capitalistas, no prevalecían del todo, e incluso, no fueron aceleradas tan fuertemente como se afirma; por el contrario vemos que gran parte de la economía mexicana, prevalecen relaciones de producción no capitalistas.

Se podría afirmar, que tal difusión del capitalismo se da únicamente en aquellos sectores donde el capital extranjero impacta directamente. Y se presenta también, en aquellas actividades como la industria, el comercio, los servicios públicos, en donde no surgen precisamente debido al impacto externo. Más apegado a la realidad de nuestro país, sería decir, que la expansión imperialista ocasionó el desarrollo acelerado de un capitalismo subdesarrollado y dependiente, entendiendo esto como el surgimiento de un modo de producción que nace atrofiado, y que no logra desarrollar todas las características del capitalismo clásico, porque, su desarrollo esta subordinado a una influencia externa y no depende del libre movimiento autónomo de su dinámica interna.

Dos cosas caben decir aquí: por una parte, que aquellos sectores, como la agricultura tradicional, que no se modifican, no lo hacen precisamente porque no resulta necesario para la dinámica que adopta el sistema capitalista. Dicho sector, era proveedor principal de alimentos, amplio consumidor de manufacturas importantes y gran proveedor de recursos financieros, y dada esta posición mientras la siguiera manteniendo, no era necesario modificarla. Además de que atacarla, hubiera sido una fuente de graves conflictos. Mientras que también por ser una actividad poco redituable, dado el disperso mercado interno, no se dirigen a él las inversiones extranjeras. Es decir, que su estructura tradicional no resulta un obstáculo, no bloquea el funcionamiento de la economía que se proyecta hacia l exterior.

Por otra parte, la reexportación de las amplias utilidades que se venían obteniendo y el control total que sobre algunos sectores mantenían el capital extranjero, bloquea la posibilidad de alcanzar un desarrollo capitalista más avanzado.

Así, la misma dinámica del sistema, acelera y bloquea y mantiene la convivencia con otros sectores atrasados no en una situación de cualidad, entendida como el funcionamiento separado de dos formas distintas de organización, sino como dos elementos que son parte de un mismo sistema y por ende se encuentran estrechamente interrelacionadas. Es decir, el mismo modo de producción capitalista se sirve de formas de organización tradicionales pre-capitalistas para desarrollarse en otros sectores.

Un aspecto donde puede apreciarse todo esto, es en la existencia de la posibilidad de mantener los salarios bajos. Una estructura tradicional como la hacienda, en donde se practican relaciones de producción semi-feudales y donde el trabajador era fuertemente explotado, brinda la posibilidad de que cualquier salario, aún él más bajo, sea mejor, que mantenerse acasillado en una hacienda. Por otra parte, la existencia de comunidades indígenas que pobremente subsistían, brindaba también la posibilidad de disponer de una fuerte oferta de fuerza de trabajo y por lo mismo de poder ofrecer salarios excesivamente bajos, y a la vez mantener condiciones de superexplotación de los trabajadores. Por otro lado la existencia de dichas unidades productivas y el hecho de que mantuvieran un tipo de relaciones de producción no capitalista, permitía obtener alimentos a bajos precios y así también, abaratar la fuerza de trabajo asalariado en empresas capitalistas. Además, el hecho de que no estuvieran organizadas en forma capitalista, los convertía en un obstáculo menos, en un competidor menos en la actividad agrícola que redituaba más ganancias: la agricultura para la exportación; gracias a que el fin de la hacienda no era la explotación de actividades más redituables, sino el mantenimiento de un estatus determinado.

Es interesante, observar lo que Paolo Santi, nos dice a este respecto:

“...El capital británico primero y de otros países después, desarrolla las empresas mineras y las plantaciones explotando el trabajo a bajo precio, pero sin saber, ni poder ampliar las relaciones capitalistas de producción, más allá de una fracción con frecuencia insignificante de la economía. (...). La superpoblación en el campo facilitará a los propietarios de la tierra, nativos y extranjeros el mantenimiento de las viejas relaciones de producción con una excepción, la del sector exportador en el que prevalecerá la plantación capitalista. (...). En estas condiciones, el capital extranjero como el local no tienen demasiado campo de acción, una vez que se hayan adueñado de las riquezas mineras o agrícolas en general inexistentes o más costosos en los países capitalistas maduros, se extenderá hacia aquellos servicios indispensables para su explotación y continuará siendo extranjero en el país. (...). Como resultado, a pesar del bajo nivel de los salarios y de la a composición orgánica inferior, no se puede afirmar que se estaba produciendo una difusión de las relaciones capitalistas y que éstas tendían a convertirse rápidamente en preponderantes...”

De paso, servirá, mencionar otro factor, que en México impide la rápida difusión de las relaciones capitalistas de producción y es el gran acaparamiento de tierras que se llevó a cabo durante esa época, sobre todo gracias las leyes decretadas durante la Reforma, mediante las cuales se incorporaron al mercado las tierras ociosas que mantenían en propiedad el clero y las comunidades indígenas. Este hecho desvió grandes sumas de capital de actividades productivas, hacia acciones de franca especulación con la comercialización de las tierras aunque funcionó como un proceso de acumulación originaria.

De esta forma queda configurada la estructura de lo que se llamó el desarrollo del subdesarrollo vía la dependencia. Esta etapa es su punto de partida, por que marca el dislocamiento de la economía al proyectarla hacia el exterior e integrarla al funcionamiento e intereses de los monopolios de los centros hegemónicos del capitalismo dominante en franco desarrollo de las relaciones de producción capitalistas y dividiéndola en sectores que quedan atrapados y subordinados a la misma, hecho por el cual no logran un desarrollo más amplio. Ni éstos, por que su expansión queda limitada a las condiciones que haya implantado el capital monopolista, ni aquellas, porque condicionadas directamente, sólo crecerán hasta donde sea necesario y útil para el país dominante.

Así, se va desarrollando su estructura económica con un crecimiento desigual, en la expectativa de poder borrar dicha desigualdad mediante la difusión de las relaciones capitalistas de producción en todo el ámbito económico y lograr niveles elevado de desarrollo, que por la misma situación de dependencia conducen a ahondar la brecha de la desigualdad, manteniendo atrasado el sector tradicional y en el subdesarrollo al sector directamente ligado con el exterior, de tal manera que a medida que se desenvuelve en su propia dinámica, se desarrolla más la condicionante que mantiene el subdesarrollo, condición necesaria para el desarrollo del centro hegemónico y en general para todo el capitalismo desarrollado.