SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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SALARIOS Y POBREZA EN MÉXICO

1 de junio de 2002

El deterioro continuo del salario en México, ha sido una constante a lo largo de los últimos 19 años, en los que se ha implementado una política económica dirigida a objetivos de estabilización, que si bien ha permitido la reducción de la inflación y la estabilidad del tipo de cambio, -particularmente a partir de 1999- ha propiciado una impresionante disminución del poder de compra de las clases populares, deteriorando las condiciones de vida de la población y sin poder generar una dinámica de crecimiento económico sostenible.

En la práctica, la contracción salarial ha sido el instrumento mediante el cual se ha logrado la reducción de la tasa de incremento de los precios mediante dos formas: la primera porque el efecto que provoca es una disminución considerable del consumo y, por lo mismo, de la demanda agregada. Se entiende que si la demanda disminuye, los precios tienden también a la baja, aunque el costo de esa disminución sea la pobreza. Segundo, la reducción del salario real abarata la fuerza de trabajo y permite mantener un nivel determinado de utilidades sin necesidad de incrementar los precios, en la medida en que dicho abaratamiento no es sino la reducción de un costo de producción. A lo largo del período 1982-2002, muestra una caída en el valor real, que desciende de 30.10 pesos en el primer año a 11.38 pesos en el segundo, es decir, una pérdida de más del 60% de su valor. Dicho de otro modo, el salario mínimo real de 2002 puede comprar, apenas, el 40% de lo que compraba el salario mínimo en 1982. Esta pérdida tan grande sólo podría ser compensada con un incremento salarial tal que el salario mínimo nominal diario actual, fuera de 110 pesos, con lo que el salario real alcanzaría, al menos, el nivel que tenía en 1982. Sin embargo, actualmente las remuneraciones mínimas son de 40 pesos y cuando más, están creciendo un nivel igual o ligeramente superior a la inflación, lo que impide su recuperación.

La reducción del salario ha operado a través de una mecánica mediante la cual, su valor expresado en términos nominales, se ha ido incrementando a una tasa de crecimiento que es menor a la que ha observado la tasa de inflación.

De este modo, aunque dicho valor aumenta, al expresarlo en términos reales, muestra una disminución permanente. Esto ha sucedido como resultado de la decisión gubernamental de revertir la política de fijación del salario mínimo que hubo hasta los setenta, la cual era guiada por el objetivo de compensar la inflación observada, que pretendía el mínimo objetivo de mantener el nivel de satisfacción de las necesidades básicas de los trabajadores, compensando el deterioro del poder adquisitivo e incluso permitiendo incrementos reales. Esta política correspondía a una estrategia de desarrollo, que requería el incremento de la demanda para fortalecer el mercado interno y cuyos resultados fueron altas tasas de crecimiento económico, sostenidas durante décadas. Al renunciar a esa estrategia de desarrollo y orientar al país hacia el mercado externo, el salario perdió importancia como factor de crecimiento económico y el criterio con el que se fijaba el salario mínimo cambió hacia una política que ajusta el salario mínimo, indexándolo a la inflación futura esperada, la que normalmente ha sido y es, mayor que el incremento salarial. El crecimiento del índice inflacionario acumulado muy por encima de los salarios mínimos a lo largo del período abre una brecha entre uno y otro que es la causa de la profunda pobreza que hoy viven millones de trabajadores.