SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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SALARIOS, MERCADO INTERNO Y EXPORTACIONES

12 de abril de 1990

El tiempo pasa y la tan ansiada reactivación y recuperación económica sigue sin llegar, a pesar de que el año pasado hubo un considerable crecimiento en algunos sectores y ramas productivas; lo cual no sólo muestran la incapacidad de la economía y de la propia política económica para integrar un crecimiento económico generalizado, sino que además crea más problemas porque agudiza “cuellos de botella” y desequilibrios macroeconómicos.

Pero lo que es más grave, es que los sectores y las ramas con mayor dinamismo han sido aquellas ligadas directa o indirectamente al mercado externo. En tanto que, el grueso de la planta productiva nacional se encuentra con bajos niveles de producción debido a que su funcionamiento depende del mercado interno y éste se halla cada vez más deprimido.

De hecho la política de fenómeno a las exportaciones han servido de salida a muchas empresas para colocar sus productos en el exterior ante la caída de la demanda interna. Sin embargo, el problema es que estas empresas no cuentan con la capacidad competitiva necesaria para conquistar mercados internacionales por su obsolescencia tecnológica y baja eficiencia técnica, que de hecho las coloca en el rubro de “exportadores ocasionales” cuyas ventas externas dependen primordialmente de que el peso se encuentra subvaluado con respecto al dólar y de que los salarios internos se siguen manteniendo bajos para poder mantener precios competitivos sin menguar sus ganancias. Pero estos dos factores afectan negativamente la situación interna de nuestra economía dado que, por un lado la subvaluación del peso, si bien abarata las exportaciones y las vuelve más atractivas, también encarece las importaciones que realiza el país y por tanto presiona al alza el nivel de los precios, con lo que el consumidor nacional, paga con inflación, lo que el exportador gana en la subvaluación.

Por otro lado, la política de contracción salarial como mecanismo de estímulo a la producción ha provocado una estrepitosa caída de las ventas al interior del país, lo que ha afectado a muchísimas más empresas que a las que han beneficiado ya que, si no hay mejora en el ingreso no hay consumo, ni ventas, ni producción, ni ganancias, ni nueva inversión y se agudiza la recesión.

De otra parte, además, la política de fomento a las exportaciones sólo ha beneficiado a las grandes empresas, principalmente transnacionales; las que tienen la mejor posición para exportar. Pero lo más grave es que dicha política (por su mismo carácter coyuntural) ha desarrollado un proceso exportador sin relación orgánica con la situación económica del país, en tanto que el crecimiento de las exportaciones no está obedeciendo (y eso es claro) a un proceso de expansión de una economía que vende excedentes después de satisfacer su mercado interno. Sino por el contrario esta respondiendo a una urgente necesidad de captar divisas para el financiamiento de la economía, (y en esta medida se ha vuelto un proceso irracional e indiscriminado). Pero también responde a lo nuevos lineamientos de las empresas transnacionales que se instalan en el país (principalmente como maquiladoras) para aprovechar los bajos salarios y exportar a bajos costos a sus países de origen.

Por otra parte, tampoco podría decirse que la política de estímulo a las exportaciones ha sido siquiera medianamente exitosa. En 1989, México vendió mercancías al extranjero por un total de 23 105 millones de dólares (md) cantidad apenas 11% superior a la registrada en 1987 (20 656. 2 md) e inferior a un -4.5% a la registrada en 1984 que fue de 24 196 md.

Vistas así las cosas resalta el hecho de que, de cualquier forma la economía mexicana no ha podido, ni podrá, vía expansión externa, expandirse internamente. Por el contrario, el proceso debe darse a la inversa. Para lo cual es necesario reactivar la economía desde dentro, brindando un fuerte estimulo a las empresas que producen para el mercado interno. Para ello es condición necesaria reactivar la demanda interna, lo que implica aumentar los raquíticos salarios actuales para que la población incremente su capacidad de compra (no sólo como una medida de justicia social) sino también como una forma de incrementar las ventas que realizan las empresas y con ello estimular la producción. Lo que ampliaría la demanda interempresarial, y con ello se desataría un efecto en cadena de crecimiento si es posible, crear las condiciones para obtener una mayor competitividad y pensar en ampliar la producción para exportar.

La expansión de la economía norteamericana se ha dado en base precisamente a esta norma. Mejores salarios crean mejores consumidores y crean mejores productores, y mejores y más sanas economías. Pero claro mientras que en E.U., el salario mínimo por hora es de 3.80 dólares (10 564 pesos); es decir 30.4 dólares (84 512 pesos) al día; 912 dólares (2,535,360 pesos) al mes. en México el salario mínimo es de 10,100 pesos equivalente al salario mínimo por una hora en E.U.; al mes el salario mínimo mexicano es de 303,000 pesos, cantidad que un trabajador de salario mínimo estadounidense gana en 3 días y medio.

Por ello es tan atractivo para las empresas transnacionales instalar maquiladoras en nuestro país. Por ello también nuestro país no puede reactivar su economía. Con tales salarios de miseria quién va a poder comprar algo en el mercado y qué empresario va a querer producir si nadie compra.

Es una lástima que los graduados de Harvard y del Instituto Tecnológico de Massachussets, no se hayan dado cuenta aún de esto a pesar de haber vivido por años en E.U.

Es, por ello mismo ilógico, incongruente e injusto seguir manteniendo una política restrictiva de salarios cuando lo que la economía exige para crecer es, precisamente, una fuerte expansión de la demanda. Ahora sobre todo que las otras fórmulas han demostrado totalmente su fracaso.