SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

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Hilario Barcelata Chávez

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POBREZA: PRIVACIÓN DE CAPACIDADES Y FALTA DE INGRESOS

Existe una idea generalizada acerca de que la pobreza es resultado de la falta de ingreso de un individuo o familia. Sin embargo, un enfoque correcto obliga a identificar la pobreza con la privación de capacidades que son “intrínsecamente importantes” porque enriquecen la vida de las personas, las liberan de restricciones y las convierten en seres sociales más plenos, que ejercen su propia voluntad e interactúan e influyen en el mundo en el que viven.

El ingreso es, desde luego, un factor que influye en la pobreza real, pero no es el único, además de que sólo es “instrumentalmente importante”, es decir, sólo hace más digna una vida, en la medida que pueda convertirse en medios para incrementar el bienestar, a diferencia de otras capacidades que en si mismas son fuente de bienestar e incluso constituyen medios para aumentar la posibilidad de obtener un ingreso. Por ejemplo, el mejoramiento de la educación básica y de la salud pública constituye un incremento directo en la calidad de vida, pero también aumentan la capacidad de una persona para librarse de la pobreza de ingreso. Entre mas amplia y de mejor calidad sea la cobertura de la educación y salud, más posibilidades existen de disminuir la pobreza y evitar que los potencialmente pobres caigan en la miseria.

Aunque existen razones suficientes para desear más ingreso y riqueza, tenerlos no garantiza no ser pobre, porque pueden existir desventajas que reducen la posibilidad de una persona para transformar el ingreso en bienestar tales como: a) la edad de la persona (por ejemplo, a mayor edad se está más incapacitada o más enfermo y por tanto se puede necesitar más ingreso para lograr las mismas funciones); b) el sexo y los roles sociales (por ejemplo, las responsabilidades de la maternidad y las obligaciones familiares); c) el lugar de residencia (por ejemplo, los riesgos de una región a las inundaciones o a las sequías; o la inseguridad y la violencia de las grandes ciudades; d) la situación epidemiológica (por ejemplo, la presencia de enfermedades endémicas de una región) y e) otros factores que una persona no puede controlar.

Esto quiere decir que la influencia del ingreso en la obtención de capacidades es “contingente” y “condicional”, es decir la relación instrumental entre una y otra varía de unas comunidades a otras, de unas familias a otras e incluso de unos individuos a otros. Hay casos a nivel local, en los municipios del estado de Veracruz, donde el ingreso per cápita es alto en comparación de otros municipios, pero presentan indicadores de bienestar mucho más bajos.

Lo anterior significa que “pobreza real” entendida como la privación de capacidades, puede ser mayor de lo que parece medido por el ingreso. Es decir, si se observan las carencias de capacidades y libertades de las personas, es posible encontrar que son más pobres de lo que parecen ser, si sólo se considera su falta de ingreso.

Por esta razón es importante, al comparar el ingreso de los grupos sociales y las regiones geográficas, no olvidar cada uno de estos elementos que pueden disminuir la capacidad del ingreso para convertirlo en capacidades y en bienestar.

Esto es un factor crucial al momento de identificar y evaluar las políticas públicas que aspiran a reducir la pobreza, por lo que la mera reducción de la pobreza de ingreso no puede ser el principal objetivo de la política de lucha contra la pobreza.

Por lo anterior, no es conveniente concebir el crecimiento económico como un fin en sí mismo, sino, más bien como el medio a través del cual alcanzamos el desarrollo, entendido como el mejoramiento de la vida que llevamos y las libertades de que disfrutamos.