SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

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Hilario Barcelata Chávez

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¿NEOLIBERALISMO O SALUD PARA LOS TRABAJADORES?

14 de septiembre de 1995

El modelo económico neoliberal aplicado en nuestro país por el gobierno anterior y el presente ha hecho renunciar al Estado mexicano de su compromiso y obligación de cuidar del bienestar de la población. Sobre todo de aquella con menos recursos (que es más de la mitad de los mexicanos).

Bajo esta consideración y en la medida que el mismo modelo exige reducir el gasto público como condición para la estabilidad económica, el gobierno ha reducido su apoyo a las instituciones gubernamentales de beneficio social. Reducción que se profundiza, aún más, por la presencia de una crisis económica que se pretende resolver por la vía de la disminución de las erogaciones públicas. De entre las cuales las de beneficio social son las que sufren un mayor impacto.

Una muestra de como se manifiesta este fenómeno y su impacto en la sociedad es la situación actual del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

Esta institución, encargada de velar por la salud de millones de mexicanos se enfrenta, en la actualidad, a una profunda dificultad para prestar los servicios de salud a la población en la manera en que ésta lo requiere. Situación que en realidad nos habla de una grave crisis de las instituciones que procuran el desarrollo social.

Al funcionamiento ineficiente y despótico de los servicios de salud que presta IMSS, se a una, ahora, el hecho de que ya no se le brindan a sus usuarios los medicamentos que les recetan sus médicos. Ahora el paciente que acude con todo su derecho a recibir atención gratuita tanto en consulta como en medicamentos, se ve obligado a comprar la medicina que le recetan. Ello porque simple y sencillamente el IMSS ya no se los proporciona.

Entiendo que esta situación puede deberse a una decisión de racionalizar el gasto de la institución por el hecho de que ya no cuenta con recursos suficientes para financiar el servicio.

Y ello se explica, en buena medida al hecho de que el gobierno, en su afán por equilibrar las finanzas públicas, le ha recortado el apoyo económico.

Es cierto que el IMSS se financia, también, con las aportaciones patronales. Pero este rubro también se ha reducido considerablemente debido a la quiebra de miles de empresas que ha propiciado el modelo neoliberal.

Y precisamente por esa razón, es que el gobierno debería incrementar su apoyo económico. Cosa que se justifica, aún más, por el hecho de que el amplio desempleo y la pérdida del poder adquisitivo del ingreso (también propiciados por el modelo neoliberal) agravan la necesidad de la población de acudir a esta institución en busca de servicio médico gratuito.

Lo de gratuito es un decir, porque, en realidad, el servicio es una prestación que recibe el trabajador como parte de su remuneración. Lo cual, entonces, obliga, aún más, al gobierno, a prestar una mayor atención a lo que le sucede al IMSS. El impacto social de un problema de ésta naturaleza es muy grave.

Los usuarios no reciben una atención adecuada: tienen que aguardar grandes horas de espera para ser atendidos por un médico general. Si, por desgracia, tiene que acudir a un especialista, tiene que aguardar hasta semanas. Mientras, los males avanzan.

Si tiene suerte que el médico le recete, tendrá que comprar su medicina, para la cual no tiene dinero. Lo cual es lógico. Si tuviera dinero no acudiría a solicitar ese servicio.

Si tiene la mala suerte de enfermarse de algún mal que requiera atención urgente y hospitalización, deberá demostrar que el mal es lo suficientemente grave (digamos mortal) para ser atendido en la sección de urgencias.

En fin, muchos pacientes acaban por acudir a los médicos privados, gastando un dinero que no tienen y que conseguirán endeudándose o empeñando pertenencias de valor. Cosa que sucede también si son atendidos en dicha institución, pues deberán surtir de su propio bolsillo la receta que reciban.

Esta situación es dramáticamente angustiosa para quienes la sufren y para colmo injusta.

El problema es que para un trabajador es prácticamente imposible financiar los gastos de una enfermedad dado el costo tan elevado de las medicinas y los servicios médicos privados. Cosa que, para variar, se ha agravado durante los últimos dos sexenios de gobiernos neoliberales.

Veamos por ejemplo: De acuerdo con cifras publicadas por el Banco de México (25 Preguntas y Respuestas sobre el INPC. Agosto 1995) en 1980 una consulta con un médico general costaba N$ 0.4 (cuarenta centavos de nuevos pesos) y el salario mínimo (s.m.) era de N$ 0.16 (diez y seis centavos de nuevos pesos). Es decir, para poder consultar a un médico particular un trabajador requería dos y medio salarios mínimos. En 1995, la misma consulta vale cerca de N$ 100.00 y el s.m. es de N$ 16.34. El trabajador requiere, ahora, 6.1 s.m. para tal fin.

En 1980 se requerían 6.7 s.m. para pagar la hospitalización en un cuarto de un hospital privado de clase intermedia con alimentación. El día de hoy se requieren 24.35 s.m. para el mismo fin.

En 1980 el costo de un jarabe equivalía al 15% de un s.m. El día de hoy, equivale al 32%. En 1980 el costo de un antibiótico era igual al 34% de un s.m. Ahora equivale a un 80% del s.m.

Como vemos se ha deteriorado profundamente la capacidad de los trabajadores para (en un momento de desesperación) acudir al servicio médico particular. Sin embargo, lo que es más grave, es que se ha vuelto prácticamente inaccesible dicho servicio para los trabajadores.

La pregunta es ¿qué ha hecho el IMSS por mejorar ésta situación? Si de racionalizar el gasto se trata ¿no es más conveniente reducir su burocracia o los sueldos de los altos funcionarios en lugar de no dar medicinas a sus pacientes y obligarlos al padecimiento eterno o quizás la muerte?.

¿Qué ha hecho el gobierno para subsanar ésta situación? ¿acaso no se justifica un incremento del gasto en salud y de plano el subsidio para salvar la salud de tantos millones de mexicanos? ¿es, acaso, más importante el equilibrio financiero que la vida de tantos mexicanos pobres y enfermos?.

¿Dónde han quedado los principios de dignidad humana, de solidaridad, de respeto a la vida y de justicia social, elementos fundadores de la sociedad y que por tanto deben estar presentes en su gobierno?

¿Acaso nos domina ya la barbarie económica, a tal grado de haber perdido la sensibilidad social para preocuparnos por más de cuarenta millones de prójimos desprotegidos?

Algo importante y de manera urgente debe hacerse para revertir la situación que vive el IMSS y otras tantas instituciones de carácter social. Algo por un simple principio de justicia social. Y si no, aunque sea por piedad.