SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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MÉXICO: ECONOMÍA DE LA POBREZA

9 de agosto de 1990

Hay un programa de gobierno en marcha para lograr la reactivación económica del país y crear nuevas bases para el desarrollo nacional. Tales son los objetivos, pero en la búsqueda se arrastran, amplían y generan desigualdades, se exacerban contradicciones y su reflejo palpable es la imposibilidad de detener el deterioro del bienestar de la población producto de las medidas de política económica que se vienen aplicando.

Ya se ha dicho en otras ocasiones en este mismo espacio, pero es bueno repetirlo. El proyecto de nación que se pretende modelar, el cual tiene como premisa fundamental el crecimiento económico y la integración internacional sin importar su costo social no deja de ser un proyecto ajeno a nuestra realidad y a nuestro devenir histórico. Tampoco deja de ser dudoso que pueda tener éxito precisamente por dicha razón. Pero aún si tuviera éxito ello no necesariamente significa que el país en su conjunto vaya a beneficiarse.

Si bien es cierto que nuestra economía necesita cambios radicales que impulsen y consoliden la base productiva para crecer y desarrollarse, también es cierto que este proceso debe llevar consigo equidad, igualdad, mejoramiento social, independencia económica y eficiencia productiva, pero sobre todo justicia social.

La actual política económica ha subordinado en su proyecto a la política social y esto debe ser cambiado. Solo si se rediseña la política modernizadora de tal forma que gire en torno a una política social será posible tener un desarrollo con las características ya mencionadas.

Hay que detener y evitar el empobrecimiento de los mexicanos y la ampliación de las desigualdades de las que dan cuenta las cifras siguientes: Actualmente el 80% de la riqueza del país está en manos de sólo el 15% de la población. El 20% de las familias más pobres reciben el 4.5% del ingreso nacional y el 20% de las más ricas concentran el 51% (según datos del Consejo Consultivo del Programa Nacional de Solidaridad, Pronasol).

Un 20% de los mexicanos perciben menos de un salario mínimo y otro 20% percibe apenas un salario mínimo. Actualmente por ello 9 de cada 10 mexicanos son pobres sobre todo si consideramos además en términos reales el salario mínimo de hoy es menor en más de un 50% al de 1978.

Por este motivo el consumo de los principales productos alimenticios ha caído en los últimos años. Así, el consumo de arroz per cápita cayó de 6.8 kg. en 1981 a 3.7 kg. en 1989. Igualmente el consumo de frijol cayó de 18 kg. promedio anual el primer año referido a 3.7 kg. en este último. En el mismo período, el consumo per cápita del maíz cayó de 203 kg. a 167 kg. Asimismo la carne de bovino pasó de un consumo per cápita de 10.9 kg. a 7.4 kg. en los mismos años, la de pescado de 18 a 18.4 kg., la leche de 90 a 61 litros y el huevo de 14.5 a 9.6 kg.

Todo ello producto de la insalvable brecha entre salario y precios, pero también de la brecha entre nulas posibilidades para mejorar la capacidad productiva de muchos y la injusta concentración de esta posibilidad en unos cuantos grupos empresariales que a fin de cuentas son quienes mayor influencia tienen hoy en diseño de la política económica del país.

Otras cifras, ilustran también con dramático realismo la situación a la que se enfrentan millones de compatriotas.

Producto de la incapacidad para adquirir sus bienes básicos, el 50% de la población nacional no satisface sus necesidades básicas mínimas de subsistencia y por lo menos 40% de la población se encuentra por debajo del nivel nutricional mínimo.

La pobreza se enseñorea en nuestro país con dramática inquietud sin que parezca haber remedio, sobre todo porque la pauperización avanza día a día. Así, 40 millones de personas en México viven en la extrema pobreza; 27 millones de ellas en el sector rural.

De aproximadamente 2 millones de niños que nacen anualmente en nuestro país 100 000 de ellos mueren por desnutrición antes de cumplir los 5 años, y un millón de ellos sobreviven con defectos físicos y mentales por la mala alimentación.

Mientras no se abran los causes para el mejoramiento productivo de los mexicanos; mientras no crezcan las oportunidades de empleo; mientras no crezca la capacidad adquisitiva de los trabajadores, seguiremos viviendo y padeciendo la miseria de nuestra población y sus escalofriantes consecuencias.

Debe quedar claro que no es posible postergar por más tiempo el proceso distribuidor de la riqueza con el argumento de que primero hay que producir la y luego repartirla pues de no repartirla más equitativamente se van agotando poco a poco las posibilidades de poder producirla.

Lo que está en juego no es sólo la existencia de la millonada de pobres, sino también la existencia de un país como tal , capaz de decidir y definir su presente y su futuro y de darle lo justo y necesario a aquel que lo necesita. Por ello hay que actuar ya, pero no a base de un a continuidad velada de paternalismo irresponsable que denota algunas acciones gubernamentales que más parecen actos de beneficencia, sino a través del diseño y ejecución de programas para el mejoramiento productivo de los mexicanos y el desarrollo de nuevas oportunidades de empleo y producción que les permita tener acceso a un mejor nivel de vida.

Democracia en una política económica que debe tener un rostro humano para evitar desigualdades y combatir miserias. Es lo menos que merecemos como mexicanos.