SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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LOS SALARIOS EN MÉXICO. SITUACIÓN RECIENTE.

15 de Junio del 2002

1.- Salario e inflación

El deterioro continuo del salario ha sido una constante a lo largo de los años que han transcurrido desde 1983, en los que se ha implementado una política económica de corte monetarista dirigida a objetivos de estabilización y crecimiento económico. Este hecho ha propiciado una impresionante disminución del poder de compra de las clases populares y, por ende, de su nivel de bienestar. En la práctica, la contracción salarial se ha constituido en un instrumento que ha contribuido a reducir el incremento de los precios e impulsar el crecimiento económico y ha servido a estos dos propósitos de la siguiente manera: Primero, porque el efecto que provoca es una disminución considerable del consumo y, por lo mismo, de la demanda agregada. Se entiende que si la demanda disminuye, los precios tienden también a disminuir, aunque el costo de esa disminución sea la pobreza. Segundo, la reducción del salario es útil para impulsar el crecimiento económico porque abarata la fuerza de trabajo. Además, propicia un incremento de las utilidades, porque dicho abaratamiento implica reducir un costo de producción. En la Gráfica 1, se observa la reducción mencionada del salario, que pasa de un nivel real de 39.20 pesos en 1982 a un valor real de 11.44 pesos para el presente año.

Esto significa que el salario mínimo real actual es casi cuatro veces menor al que había antes de implementarse la política económica de estabilización. Para dar una idea del deterioro que esto significa hay que decir que para recuperar la pérdida sufrida y volver al nivel que se tenía en 1982, el salario mínimo tendría que ser actualmente de $142.90 y como sabemos, apenas es de $37.90, con todo y el reciente incremento autorizado para este año.

La reducción del salario ha operado a través de una mecánica mediante la cual su valor expresado en términos nominales se ha ido incrementando menos que la inflación, de manera que, aunque ese valor aumenta, en términos reales disminuye. Esto se ha logrado revirtiendo la política de fijación del salario mínimo que hubo hasta los setentas, la cual era guiada por el objetivo de compensar la inflación observada y con ello mantener el nivel de satisfacción de las necesidades básicas de los trabajadores e incluso permitir incrementos reales. Política que correspondía a una estrategia de desarrollo que requería el incremento de la demanda para fortalecer el mercado interno y cuyos resultados fueron altas tasas de crecimiento económico sostenidas durante décadas. Al renunciar a esa estrategia de desarrollo y orientar al país hacia el mercado externo, el salario perdió importancia como factor de crecimiento económico y el criterio con el que se fijaba el salario mínimo cambió para promover incrementos nominales basados en la inflación esperada, la cual, permanentemente, ha sido mayor que el incremento salarial. En la Gráfica 2 en donde se observa el crecimiento del índice inflacionario acumulado y el de los salarios mínimos, siendo notorio como la inflación crece de una manera mucho más amplia que el salario. Esa brecha entre uno y otro es, en buena medida, causa que ocasiona la profunda pobreza que hoy viven millones de trabajadores.

2. Los Salarios y la Productividad del Trabajo

Otro fenómeno que ha caracterizado el programa económico de los últimos tres gobiernos de la República ha sido el deterioro las remuneraciones de los trabajadores distintas al salario mínimo. No sólo, como ya se mencionó, el salario mínimo ha estado sujeto a un proceso de reducción sistemática, también los trabajadores de la industria manufacturera, que es el sector de mejores ingresos, ha sufrido un intenso deterioro de sus remuneraciones. Estas se redujeron, en términos reales, de 1993 a la fecha, en un 18.3%, tal como lo muestra la gráfica 3. Tan sólo un poco menos que el salario mínimo.

Este deterioro de los pagos a los trabajadores, no ha ido compensado con mejoras en las prestaciones sociales, por el contrario, éstas han disminuido en su valor aún más, ya que en el mismo período se redujeron en un 22%, según puede observarse en la gráfica 4.

Una argumentación que se ha dado como válida y que es utilizada para justificar la caída o el nulo crecimiento de los salarios es que la productividad de los trabajadores no ha crecido. Y, según se supone, sólo está justificado el incremento salarial si la productividad se incrementa. A este respecto vale la pena observar el comportamiento del indice de productividad de la mano de obra en la industria manufacturera, como un indicador que permite analizar la relación salario-productividad. Según es posible derivar de los datos presentados por Inegi, este indice de productividad se ha ido incrementando durante este período de una manera importante (vease la gráfica 3). De 1993 a 1999 la productividad del trabajador se incremento en un 42%. Esto significa que la tendencia del salario debió ser al alza y no a la baja. Así, entonces, se demuestra que es falso el argumento de restricción salarial motivada porque los trabajadores no son mas productivos.

3. Salarios y Globalización

La gravedad de la situación de los salarios se muestra en una mucho mayor amplitud debido a la disparidad que México observa con respecto a los países con los que tiene tratados comerciales. Disparidad que, además, se agudiza conforme se profundiza el proceso globalizador. Ello a pesar de la intensa dinámica que ha adquirido en nuestro país el proceso de integración económica y contra las expectativas abiertas por el discurso oficial (y el teórico) en el sentido del mejoramiento material de los mexicanos mediante dicho proceso.

De acuerdo con datos del Inegi, en 1993, un año antes de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), el salario en la industria manufacturera, (según se ve en la gráfica 5) era en México de 1.9 dólares por hora-hombre, en cambio para Estados Unidos era de 11.6 dólares, para Francia de 7.6 y para Chile de 1.4. dólares.

Siete años después, en medio de lo que se podría llamar el pleno auge de la globalización en México, los salarios, no muestran absolutamente ninguna mejora en términos absolutos, pero además, muestran un deterioro comparado con los otros países mencionados. Así, mientras que a fines de 1999, el salario manufacturero en México sigue siendo de 1.9 dólares, en Estados Unidos subió a 14 dólares, en Francia a 8.5 dólares y en Chile a 2.2. El deterioro relativo es bastante considerable (véase gráfica 6) En 1993 el salario mexicano era equivalente a una sexta parte del salario estadounidense, para 1999 se convierte en una séptima parte. El salario francés era 4 veces superior al mexicano en 1993, en cambio, en 1999 era ya 4.5 veces mayor. De igual modo el salario chileno era un 70% superior al salario mexicano, para 1999 es superior en un 120%.

Adicionalmente es importante mencionar que la evolución del salario en México, tampoco ha tenido una correspondencia con el ritmo de crecimiento de la producción industrial, lo cual es totalmente contradictorio, ya que se supone que si la producción se incrementa existen condiciones para incrementar el salario, sobre todo porque la productividad del trabajo en la industria manufacturera también se ha incrementado sustancialmente. Esto, por supuesto, no sucede en los otros países de referencia. Según se ve en las gráficas 8, la producción industrial en E.U. creció de 1993 a 1999 un 22.3% y el salario creció un 20.7%. En Francia la producción industrial creció un 14% y el salario lo hizo un 11.8% (gráfica 7) en cambio en México la producción industrial creció un 30.1% y el salario simple y sencillamente no creció (gráfica 9)

Como se ve, el proceso de globalización no parece traducirse en un mejoramiento salarial para los trabajadores de nuestro país, aunque se pone al descubierto que en otros países tales beneficios si se estarían obteniendo.

4.- A manera de conclusión.

El peso de la crisis económica que ha sufrido México en los últimos 17 años ha caído sobre los hombros de los trabajadores de modo deliberado.

La situación que aquí se muestra da muestra de ello y mueve a la reflexión por múltiples razones, dos son, quizás las mas importantes. La primera es que ningún país puede aspirar al al desarrollo económico con una masa de trabajadores mal pagados e inmersos en un proceso de empobrecimiento sistemático. Como principio de justicia social los salarios deben incrementarse. Segundo, ningún país puede aspirar al progreso económico sin una consolidación de su mercado interno que se convierta en el motor de su crecimiento. Por un principio de eficiencia y racionalidad económica las remuneraciones a los trabajadores deben incrementarse. Con salarios bajos y reduciendo el país seguirá en el subdesarrollo y inmerso en una crisis e inestabilidad económica permanente.