SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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LOS RETOS DEL FUTURO

3 de diciembre de 1997

Uno de los retos más importantes que deberá afrontar el próximo presidente de México es el de la pobreza, al cual ha contribuido la profunda concentración de la riqueza derivada del actual modelo de desarrollo del país.

Para ilustrar la magnitud del problema veamos los siguientes datos:

En el medio rural el nivel de desnutrición alcanza hasta un 82%, y en las zonas urbanas un 42%.

Actualmente 11 millones y medio de personas (de las más pobres) reciben el 12.86% del ingreso nacional, en tanto que 2 millones de personas (de las más ricas) retienen el 65% de dicho ingreso (El Financiero 5 Nov. 93). Asimismo, tenemos que las familias de más bajos ingresos destinan al gasto en consumo básico hasta el 26% de sus ingresos, dejando muy poco para el resto de sus necesidades. En cambio, en las familias de más altos ingresos ese mismo rubro se cubre con un 11.4%.

Debido a esta situación las posibilidades de tener una vivienda digna, son muy difíciles. Por ello, las condiciones de la vivienda de muchos mexicanos son precarias. El 31.5% de las viviendas del país tienen apenas dos cuartos, y el 56.5% tiene entre tres y cinco cuartos. Estas cifras hablan de un grado de hacinamiento muy elevado y por lo mismo, de una muy baja calidad en el nivel de vida de la población.

Desde luego, esta situación tiene que ver con el profundo deterioro de los salarios reales de los trabajadores a lo largo de más de una década de ajustes económicos. Así, a pesar que, desde 1970 los salarios mínimos han recibido fuertes incrementos nominales, la persistencia de un elevado índice inflacionario ha provocado su deterioro y la imposibilidad de una recuperación.

Entre 1970 y 1993 el salario mínimo real acumuló una pérdida de su poder adquisitivo del 51.6% (El Financiero, 27 Nov. 93), lo cual se explica por el hecho de que mientras los salarios nominales recibieron un incremento del 51,000% en este periodo, la inflación creció un 114,000%.

Se explica de aquí, la pérdida que los salarios han tenido frente al capital. Así, mientras que en la agricultura las remuneraciones a los trabajadores tuvieron un deterioro del 5.1% entre 1980 y 1993, las ganancias empresariales tuvieron un incremento del 75.5%. Mismo caso en la minería, en donde el incremento de las ganancias fue del 97.2%, mientras que las remuneraciones cayeron un 2.2%. En el sector de servicios financieros y seguros mientras el incremento a las remuneraciones fue del 1.9% en el mismo periodo mencionado, el incremento de las ganancias fue de 156.5%.

De aquí que sea evidente un proceso de profunda desigualdad en la distribución de la riqueza del país.

Por si fuera poco, el desempleo sigue ganando terreno, con lo que la pobreza se agudiza, toda vez que no existen ingresos para satisfacer las demandas básicas.

El problema de la pobreza es, así, un problema de atención urgente. No sólo porque, como es obvio, una sociedad no puede vivir de manera tan indigna. Pero también, porque en la medida que haya pobreza e inequidad en la distribución del ingreso, la planta productiva nacional se estanca pues no existen elementos para expandir y diversificar la producción para el mercado nacional sobre todo por el escaso poder de compra.

Ante esta realidad pareciese que deberán venir profundas transformaciones en aspectos estructurales de la economía de manera que las necesidades sociales puedan ser satisfechas con propiedad. Ello sólo es posible ofreciendo un más elevado nivel de remuneraciones y un mayor número de empleos. Sólo que en las actuales condiciones ello no es posible, por eso la necesidad de los cambios estructurales.

Dar una vida digna a la población del país es un compromiso que debe adoptar cualquiera que sea el próximo presidente del país. De otra manera su decir será vacío y su hacer intrascendente.