SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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GLOBALIZACIÓN Y SALARIOS

25 de marzo de 2000

En los últimos años en materia de salarios para los trabajadores, México observa una profunda disparidad con respecto a los países con los que tiene tratados comerciales. Disparidad que, además, se agudiza conforme se profundiza el proceso globalizador. Ello a pesar de la intensa dinámica que ha adquirido en nuestro país el proceso de integración económica y contra las expectativas abiertas por el discurso oficial (y el teórico) en el sentido del mejoramiento material de los mexicanos mediante dicho proceso.

De acuerdo con datos del Inegi, en 1993 (un año antes de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN), el salario en la industria manufacturera en México era de 1.9 dólares por hora-hombre, en cambio para Estados Unidos era de 11.6 dólares, para Francia de 7.6 y para Chile de 1.4. dólares.

Siete años después, en medio de lo que se podría llamar el pleno auge de la globalización en México, los salarios, no muestran absolutamente ninguna mejora en términos absolutos, pero además, muestran un deterioro comparado con los otros países mencionados. Así, mientras que a fines de 1999, el salario manufacturero en México sigue siendo de 1.9 dólares, en Estados Unidos subió a 14 dólares, en Francia a 8.5 dólares y en Chile a 2.2. El deterioro relativo es bastante considerable. En 1993 el salario mexicano era equivalente a una sexta parte del salario estadounidense, para 1999 se convierte en una séptima parte. El salario francés era 4 veces superior al mexicano en 1993, en cambio, en 1999 era ya 4.5 veces mayor. De igual modo el salario chileno era un 70% superior al salario mexicano, para 1999 es superior en un 120%.

Adicionalmente es importante mencionar que la evolución del salario en México, tampoco ha tenido una correspondencia con el ritmo de crecimiento de la producción industrial, lo cual es totalmente contradictorio, ya que se supone que si la producción se incrementa existen condiciones para incrementar el salario, sobre todo porque (como señalé en mi colaboración de la semana pasada) la productividad del trabajo en la industria manufacturera también se ha incrementado sustancialmente. Esto, por supuesto, no sucede en los otros países de referencia.

La producción industrial en E.U. creció de 1993 a 1999 un 22.3% y el salario creció un 20.7%. En Francia la producción industrial creció un 14% y el salario lo hizo un 11.8%, en cambio en México la producción industrial creció un 30.1% y el salario simple y sencillamente no creció.

Como se ve, el proceso de globalización no ha reportado beneficios a los trabajadores de nuestro país, pero se pone al descubierto que en otros países tales beneficios si se observan, lo cual significa que la globalización para poder beneficiar a la población de un país, debe contar con la voluntad de los gobernantes y empresarios de ese país. Aquí en México no sucede eso. La culpa de que exista un rechazo a la globalización en nuestro país no es, en todo caso, del proceso mismo, sino de quienes están encargados de implementar y que, como se ve, no la han podido hacer provechosa para los trabajadores.