SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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EMPLEO, SALARIOS Y RECESIÓN ECONÓMICA

5 de abril de 1995

La profunda crisis económica que empezó a manifestarse en México a partir de 1982 no ha podido ser resuelta. Puede pensarse que durante la administración salinista se obtuvieron resultados exitosos. Es cierto, pero visto el problema de manera global podemos afirmar dos cosas: Una, la crisis actual, es una crisis estructural que tiene su origen en la forma en que se encuentra estructurada la planta productiva nacional. Dos, el proyecto neoliberal no ha resuelto la crisis y por el contrario la ha profundizado porque ha debilitado las bases estructurales sobre las cuales se puede fincar el crecimiento económicos y porque ha reducido al mínimo las fuentes de ahorro interno y por tanto las fuentes de inversión.

Una de las bases fundamentales para imprimirle dinámica y vigor al crecimiento económico es el mercado interno. Por lo mismo su expansión debe ser un objetivo de la política económica que quiere resolver la crisis. Sin embargo, la propuesta neoliberal ha sacrificado el crecimiento del mercado interno como fórmula para resolver la crisis, desplegando, con ello, un proceso económico profundamente injusto para la sociedad. Y ello, no ha hecho otra cosa, sino imprimir mayor velocidad al proceso de deterioro económico del país.

En materia de empleo, (en el que se sustenta el crecimiento del mercado interno) la política económica neoliberal ha sido profundamente regresiva. Así, mientras en 1981 el empleo en la industria manufacturera crecía a una tasa anual de 5.47% en 1993 decreció a un ritmo de -7.25% y en 1994 a -4.33%. En la industria de la construcción la situación es muy parecida. En 1984 el empleo crecía a una tasa anual del 10.23% ya para 1993 y 1994 cae a -2.01% y -6-69% respectivamente. En el comercio también se muestra una caída para estos dos últimos años en un -0.94% y -0.87% respectivamente.

Los asegurados en el IMSS se reducen a una tasa de -8.38% en 1993 y -0.79 en 1994. (Datos tomados de Arriaga Lemus, María de la Luz "TLC, precarización y desempleo" en El Cotidiano No. 27. Enero Febrero 1995.

En términos absolutos podemos ver que mientras en 1982 el personal ocupado en la industria manufacturera era de 1,0554,282 hacia junio de 1994 esa cantidad se había reducido a 813,428. Siendo en la industria de textiles, prendas de vestir e industria del cuero donde se ha resentido mayormente esa reducción pues el monto del personal ocupado en esa industria se redujo casi a la mitad en el mismo periodo.

Si vemos el comportamiento del salario, es posible, también, observar el impacto fulminante que ha tenido en este renglón la política económica neoliberal y por ende en el mercado interno por la vía de la reducción de los salarios reales.

El salario mínimo medido en término reales tomando como base 1982 (1982=100) tenemos que el salario mínimo actual representa apenas el 30% del salario que se percibía en 1982. Si medimos este salario en pesos constantes de 1994 tenemos que en 1982 el salario mínimo equivalía a N$ 38.74. En cambio, este año, el salario mínimo equivale a N$ 11.90 (pesos de 1994).(Datos tomados de Gómez C. Manuel. y Schwentesius R. Rita. "Impacto de la devaluación en el sector agropecuario" en El Financiero 24 de marzo de 1995.

Todavía más, si medimos el salario en términos de su valor en dólares vemos que para 1981 el salario mínimo equivalía a 7 dólares, en tanto que a 1994 equivalía a 4.32 dólares y al día de hoy equivale a 2.76 dólares al tipo de cambio de N$ 6.50 por dólar.(Arriaga Lemus, Ma. de la Luz op. cit.)

El deterioro del valor del salario mínimo ha sido brutal como se puede ver. Ello ha propiciado una contracción muy amplia del mercado interno porque los trabajadores ya no tienen la misma posibilidad de comprar productos en el mercado. En el mismo sentido opera la reducción del empleo, que como ya se vio también ha sido muy profunda.

Es difícil entender como el gobierno pretende resolver la crisis ahondando la contracción económica y profundizando el deterioro del bienestar familiar. También es difícil entender como el solo hecho de cumplir con los compromisos de deuda va a sacar al país de la crisis.

Sobre todo porque para cumplir con dichos compromisos se están invirtiendo recursos que bien podrían orientarse a reactivar el crecimiento vía la creación de nuevos empleos, el mantenimiento de los ya existentes y el incremento de las percepciones salariales.

Tan sólo el 17 de marzo de este año las reservas internacionales de divisas sumaban, según el Banco de México 7,854 millones de dólares. Al 31 de marzo las reservas se ubican ya en 6,849 millones de dólares. Una reducción de 1,000 millones de dólares en tan sólo 14 días. Dólares que se van del país porque se están utilizando para pagar la deuda externa (principalmente Tesobonos). Pero también, se van producto de la incertidumbre en la estabilidad económica. Esos dólares sumados a los cerca de 10,000 millones que se fugaron entre diciembre y febrero da una cantidad de divisas muy amplia. Suficiente para inyectarla a la economía y reactivarla. Para ello seria necesario renunciar a pagar los compromisos de deuda temporalmente. (digamos un año). Y establecer un control de cambios para evitar el uso especulativo de las divisas. Medida que también puede tomarse de manera temporal. ¿Por qué no se hace? Porque las prioridades del gobierno están al revés. Primero paga y luego crece (si puede). Hay que poner al derecho esas prioridades. Primero crecer para poder pagar. Porque, además, con ello, se garantiza un esquema de mayor justicia social.