SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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EL PACTO: SOLIDARIDAD EMPOBRECEDORA

2 de agosto de 1990

Al amparo de la solidaridad, la gran mayoría de los mexicanos subsisten, resisten y enfrentan los incrementos inflacionarios que agudizan su pobreza ya que los aumentos salariales no han alcanzado a compensar la pérdida de su poder adquisitivo.

La inflación a más de ser empobrecedora ha afectado de manera diferencial a los diferentes grupos y clases sociales de nuestro país.

De acuerdo con datos publicados por Luis Acevedo (El Financiero 23-VII-90) el índice de precios para aquellos que reciben un salario mínimo fue, durante el primer semestre de este año, del 17% ; dos puntos porcentuales arriba del índice general que fue de 15.2% . El índice de precios para aquellos que perciben de uno a tres salarios mínimos fue de 15.8%. Y el índice de precios para aquellas personas con ingresos mayores a tres salarios mínimos fue de 14.4%. este mismo fenómeno se presentaba el año pasado pues, por ejemplo en el primer trimestre del año mientras que la inflación para los ingresos altos fue de 19.9% , para los salarios bajos fue de 21.8%.

Lo anterior demuestra que el proceso inflacionario es más marcado en aquellos productos que consumen los grupos de ingresos más bajos, lo cual permite afirmar que el índice nacional de precios al consumidor (INPC) es engañoso y poco confiable como indicador del comportamiento de los precios. Pero también permite afirmar que la inflación actúa con más fuerza como fenómeno empobrecedor sobre quienes son más pobres.

Al mismo tiempo se puede observar que el impacto inflacionario es menor en los productos que consumen los grupos de mayores ingresos, los que no sólo enfrentan un problema menos agudo sino que además tienen mayor capacidad para enfrentarlo.

Si a esto agregamos el hecho de que a menor nivel de ingreso, los incrementos en los ingresos han sido los más reducidos dentro de toda la población durante, por lo menos, toda la vigencia del Pacto, y que a medida que avanzamos en los distintos niveles de ingreso hacia arriba. los ingresos han ido en ascenso a una velocidad mayor que ha permitido un menor desgaste del ingreso frente a la inflación. De aquí podemos concluir, entonces, que la estrategia inflacionaria a contribuido tanto o más que el propio proceso inflacionario en el empobrecimiento generalizado de las población y que el atenuamiento del ritmo de crecimiento de los precios se ha logrado gracias precisamente al freno al crecimiento de los ingresos de los grupos con ingresos más bajos y en menor medida de los de ingresos medios.

A tal grado llega el nivel de pobreza en nuestro país que la población ha visto reducida drásticamente su dieta y por ende su nivel nutricional. Y es que simplemente no alcanza. Por ejemplo, el salario mínimo de esta región (Xalapa) es de 8 750 pesos diarios, pero con ello un trabajador no puede comprar un kg. de carne cuyo precio es como mínimo de 10,000 pesos. La dieta socorrida por el mexicano es a base de frijol, sin embargo, actualmente, tampoco está ya muy alcance de sus posibilidades. En el mercado dicho producto se vende en promedio en 5,500 pesos por kg., de tal forma que el salario mínimo de un trabajador alcanzará para comprar 1.5 kg. de frijol y nada más. En cambio podrá adquirir 7 litros de leche o un kg. de jamón de baja calidad o 13 kgs. de tortillas o 87 bolillos. Si tratamos de distribuir, lógicamente el presupuesto diario del trabajador en los diferentes alimentos que hemos mencionado, tendríamos que al día podría adquirir un litro de leche, un kg. de frijol, un kg. de tortillas y un kg. de arroz, pero dejaría de consumir (y de hecho no consume alguno de ellos) azúcar, aceite, sal, sopa, pan de dulce, huevos, carne, pescado y un sinfín de etcéteras. En realidad sin embargo, el consumo del trabajador será menor ya que no se ha considerado hasta aquí otros gastos que realiza diariamente como transporte, vivienda, luz, combustible, vestido, educación y salud. Lo más grave es que lo poco que llega a comprar con su salario, lo tiene que consumir en compañía de su familia que generalmente es numerosa pero que la podemos suponer de 5 miembros ¿estará bien alimentada una persona que come al día 200 gramos de frijol, 10 tortillas, 200 gramos de arroz y un vaso de leche? esto es en el idílico caso que pueda comprar todo esto. ¿Podrá un niño crecer sano y desarrollar todas sus aptitudes y acudir a la escuela con ánimos y disposición con una alimentación como ésta?

De acuerdo al Banco de México y la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, en la distribución del presupuesto familiar urbano (como se indica en el cuadro que se presenta enseguida) el rubro de alimentos, bebidas y tabacos ocupa el 55% del total de ese presupuesto. Es decir, que si el salario mínimo para esta región es de 8,750 pesos, se supone que sólo 4812 pesos se destinan a la alimentación diariamente; exactamente 144 375 pesos al mes (más o menos lo que a veces se paga por el consumo de una comida para unas 4 personas en uno de los restaurantes de lujo de esta ciudad).

Si esto es así, al día, un salario mínimo repartido podrá consumir en alimentos: medio litro de leche, medio Kg. de frijol, un Kg. de tortillas, medio Kg. de arroz y un bolillo; lo que se tendrá que repartir entre 5 personas (promedio de miembros de una familia mexicana). Hay que tomar en cuenta que el consumo en alimentos puede ser mayor si se sacrifican otros rubros igualmente necesarios pero aunque todo el salario se dedicara a alimentación, como ya vimos, ese consumo maximizado no alcanzaría, ya no digamos para satisfacer la necesidad de nutrientes en una persona , sino siquiera para saciar su hambre.

Este problema de consumo de los grupos con bajos ingresos (que haría las delicias de cualquier economista neoclásico ya que presenta un verdadero reto el encontrar su consumo óptimo ante el reducido ingreso, precios altos y necesidades ilimitadas) evidencia la urgente necesidad de incrementar cuanto antes el salario de los trabajadores ya que de otra forma se pone en riesgo su subsistencia y hay que tomar en cuenta que en esta situación se encuentra al menos 10 millones de trabajadores, al menos 9 millones de personas que sobreviven en el sector informal de la economía y tres cuartas partes de los ejidatarios del país, es decir 2 millones 550 mil personas; en total 21 millones 550 mil personas en el país que cobran un salario mínimo o menos y que por ello se encuentran en el oscuro espectro entre la sobrevivencia y la pobreza extrema.

No se entiende, por esto, la posición del Arsenio Farell Cubillas, secretario del Trabajo en el sentido de oponerse rotundamente al incremento salarial. Tampoco se entiende en general una política económica que ha castigado hasta el cansancio a las masas más empobrecidas del país empobreciéndolas más con una estrategia antiinflacionaria concentradora del ingreso y por ende, injusta. Una política económica que acuñó el término de solidaridad para ganarse el apoyo convencido de los trabajadores pero con el que ya no puede nutrirse ni el espíritu de los trabajadores. Y ha creado un Programa de Solidaridad para atender los problemas de pobreza ya existentes y los que ha generado, sin ver que no sería necesario ese programa si fuera otra la política salarial