SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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DETERIORO SALARIAL: INSTRUMENTO ECONÓMICO DE INJUSTICIA SOCIAL

18 de diciembre de 1997

Una de las variables económicas que han resentido de forma aguda los efectos de la crisis económica es el salario. Esto, sin embargo es un hecho fortuito. Es decir es sólo un producto natural de la crisis. Por el contrario la contracción del salario real ha sido utilizado como un instrumento de política económica porque ha sido el mecanismo mediante el cual se ha controlado la inflación y se ha apoyado la recuperación de económica. Por un lado porque al reducirse la capacidad de consumo de la población, se disminuye el volumen de la demanda, lo que obliga que los precios crezcan a un menor ritmo. Por otro lado porque los salarios constituyen un costo de producción, que en la medida que se mantenga lo suficientemente bajo, sirve para incrementar las ganancias de las empresas. De este modo constituye la base misma sobre la que se ha sustentado el programa de ajuste económico.

La pérdida del salario ha sido brutal. De acuerdo por un estudio realizado por la Facultad de Economía de la UNAM (El Universal 16/12/97) en 1987 para comprar una canasta básica un trabajador tenía que trabajar 8 horas 36 minutos. Para 1997 ese mismo trabajador tiene que trabajar un total de 32 horas 22 min. Esto significa que el trabajador debe trabajar cuatro jornadas de trabajo para comprar lo que hace 10 años compraba con una jornada de trabajo. Y esto es así, porque, según el mismo estudio, mientras que en 1987 había cierta igualdad entre el salario mínimo y el precio de la canasta obrera indispensable COI ($6.47 el primero, $6.86 la segunda) en 1997 mientras que el salario mínimo es de $26.44 (zona geográfica”A”) la COI alcanza un precio de $105.32. Esto significa que hoy el trabajador sólo puede comprar con su salario el 25% de una canasta de productos que en 1987 pagaba casi en su totalidad con ese salario.

De hecho el deterioro del salario es de mayor antigüedad. De acuerdo con información publicada por El Financiero (30/04/97) el salario en 1990 representaba el 59.6% del salario de 1980. Es decir que en esos 10 años el salario sufrió una caída de más del 40%.

Y es un fenómeno que tiende a agudizarse. De 1994 a la fecha el salario ha perdido 30% de su valor, pues aunque en términos nominales creció de $15.27 a $26.45, en términos reales redujo su valor a $10.69 (El Financiero 07/04/97).

Este fenómeno se explica por el hecho de que a los salarios se les impide crecer al mismo ritmo que lo hace la inflación, por lo que se provoca su pérdida de capacidad adquisitiva. Así, por ejemplo, mientras que la inflación acumulada de diciembre de 1994 a enero de 1996 fue del 54.28%, el incremento salarial fue de 31.95%, es decir, 22 puntos menos la inflación acumulada en 1996 fue de 27.2%, en tanto que el salario mínimo sólo creció un 12%. Durante el presente año se espera que la inflación acumulada sea del 13 o 14%, mientras que el salario no ha tenido cambio alguno.

En estos momentos se define el monto que habrán de tener los salarios para 1998. La propuesta es de alrededor de un 17%. Sin embargo, ese incremento, como se ve apenas servirá para resarcir el poder de compra perdido en 1997. No así para recuperar la pérdida cumulada en los últimos tres años que es más del 30%. y mucho menos para.

Recuperar la pérdida observada desde 1987, para lo cual se requeriría que el salario se aumentara en un 300%, es decir que pasara de 26.44 a 105.32.

Por si fuera poco, el incremento que se propone de 17% no considera el deterioro que sufrirá el salario como producto de la inflación de 1998, por lo que se espera que se reduzca su valor real para el próximo año.

La consecuencia de todo esto es la profundización de un proceso de creciente injusticia social que reduce el acceso a los satisfactores básicos a grandes sectores de la población deteriorando su alimentación, su educación, su salud, su dignidad como seres humanos y que cuestiona seriamente la falta de ética y ausencia total de valores y principios sociales de solidaridad, reciprocidad, igualdad y justicia por parte del gobierno, de los funcionarios públicos, de los diputados del partido oficial, de los grandes empresarios quienes apoyan y promueven un programa económico que en más de la racionalidad económica y la eficiencia se ha olvidado del hombre.