SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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DESIGUALDAD ECONÓMICA Y PROPIEDAD DEL CAPITAL

La capacidad de los individuos para utilizar sus activos (capital humano y físico) con fines productivos constituye un factor determinante de la desigualdad económica al influir en el proceso de generación de ingresos de las personas.

Durante los últimos años, las posibilidades de utilizar el capital humano medido por la participación en el mercado laboral, han cambiado de manera significativa, particularmente en el caso de las mujeres. Entre 1989 y 2002 en México los incrementos en la utilización del capital humano se deben, casi en su totalidad, a la mayor utilización de este activo por parte de las mujeres. Sin embargo la distribución de las oportunidades de utilización depende del nivel educativo. Así, del total de mujeres con primaria incompleta, menos del 40% tiene empleo, en tanto que del total con educación superior, esta variable sube al 70. Además, entre 1984 y 2002, la participación laboral femenina creció más para aquella con niveles educativos entre secundaria y preparatoria que para las que tenían estudios por debajo de la educación media básica. Esto significa que los activos de capital humano pueden influir sobre la distribución del ingreso, porque la educación es un activo en sí mismo y porque el nivel de educación determina las posibilidades de ser utilizado, pues a mayor acervo del activo, mayores posibilidades de utilizarlo para generar un ingreso en el mercado laboral.

Otro factor determinante de la desigualdad es el nivel de remuneración que pueden obtener las personas como resultado del uso de sus activos. De acuerdo con los datos disponibles respecto a la diferencia en la remuneración a trabajadores con educación superior y secundaria, por un lado y la de los individuos con educación superior y primaria, por otro, se observa que entre 1977 y finales de los 90, la brecha entre los salarios de los dos grupos se incrementó en 16 países latinoamericanos.

De igual modo, los ingresos correspondientes a los mayores niveles de educación han crecido relativamente más con respecto a los de los niveles de educación más bajos desde el año de 1984. En ese año, contar con educación primaria implicaba, en promedio, un ingreso 1.48 veces mayor al de una persona sin educación formal, mientras que en el año 2002 la diferencia fue de 1.78 veces. Completar la secundaria incrementó la diferencia de 2.63 a 3.17 veces y completar preparatoria y universidad implicaron aumentos de 3.48 a 4.90 y de 4.76 a 8.19 veces con respecto al ingreso que recibía la persona promedio sin escolaridad.

Es claro que las personas que cuentan con menores dotaciones de capital humano reciben las menores retribuciones: porque su acervo es menor, y porque las remuneraciones se incrementan a medida que cuentan con mayores niveles de educación. Esto les permite a su vez acumular más activos y obtener así mejores retribuciones en el mercado, lo que acrecienta la desigualdad en la distribución del ingreso.

Lo mismo sucede con los activos de capital físico tanto en su distribución como en su remuneración.

Con respecto a su distribución esta es muy desigual y se observa que a mayores acervos, mayor es su nivel de utilización: el 42 por ciento de la inversión total la realiza el 10 por ciento de los hogares mexicanos más rico, en tanto que el 20 por ciento más pobre realizan solamente 2.2 por ciento de la inversión. (Se considera como inversión el valor de las erogaciones financieras que realiza cada hogar y las cuales incluyen: depósitos en cuentas de ahorros, tandas y cajas de ahorros; préstamos a terceros; compra de monedas nacionales o extranjeras, metales preciosos y alhajas; seguros de vida; compra de casas, condominios locales o terrenos que no habita el hogar; compra de terrenos, casas o condominios que habita el hogar; pago de hipotecas; compras de maquinaria, equipo o animales destinados a la producción; compra de valores y otras erogaciones financieras)

En cuanto al nivel de remuneración se observa que la rentabilidad depende del monto invertido, por lo que aquella esta condicionada a poder alcanzar los montos mínimos que se solicitan para poder realizar una inversión. Por ejemplo, algunos instrumentos financieros requieren un monto mínimo de 750 mil pesos, mientras que para tener acceso a las cuentas de cheques, el requisito mínimo son 5 mil pesos, pero el rendimiento para el primero es casi tres veces superior al del segundo. Lo mismo sucede con los instrumentos de mercado de dinero cuyo monto mínimo de inversión es de 100, 50 ó 10 mil pesos, respectivamente: a mayor monto, mayor es el rendimiento.

Se observa pues, que los individuos que acumulan una mayor cantidad de este tipo de activos cuentan con mayores posibilidades de utilizarlos y cuando lo hacen, obtienen una mayor retribución por unidad, que la que obtienen los individuos con menores acervos. Al igual que en el caso del capital humano, esta situación permite acumular más activos y obtener así mejores retribuciones en el mercado, lo que acrecienta la desigualdad en la distribución del ingreso.

Así pues, puede afirmarse que: a) las personas y hogares que cuentan con menores acervos de activos también cuentan con menores oportunidades para utilizarlos de manera productiva en la generación de ingresos y b) entre más reducido sea el acervo de un activo, menor es la remuneración por cada unidad del activo utilizado.