SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

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Hilario Barcelata Chávez

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DESEMPLEO. MITOS Y REALIDADES

10 de marzo de 2000

El profundo problema que representa el desempleo en nuestro país, manifiesta un conjunto de características que a simple vista no son notorias y que es indispensable conocer para tener un diagnóstico acertado del mismo, pero también, para que las soluciones propuestas se hagan de acuerdo con esas particularidades.

Un primer hecho que hay que reconocer es que el desempleo aqueja primordialmente a las personas con mayor nivel de preparación académica. La tasa de desempleo abierto (TDA) mas alta (de acuerdo con el INEGI), la encontramos entre la población que tiene estudios universitarios o de bachillerato. Para el año pasado, está tasa se ubicó en un 3.54%. De igual modo es alta entre las personas que cursaron secundaria completa e incompleta. Dicha tasa fue del 2.9%. En cambio se observa una tasa de desempleo mas baja para las personas con muy escasa instrucción o sin instrucción. Entre las personas con primaria incompleta y personas sin ningún tipo de instrucción, la TDA es de 1.8%. Es importante aclarar que esta estructura del desempleo no es coyuntural, sino que se presenta como una tendencia histórica. Ya que por lo menos desde 1992 (según la misma fuente) se observa que a mayor nivel de instrucción mayor desempleo. Esto significa que (no sólo ahora sino durante toda la presente década) quien más problema tiene para conseguir trabajo son las personas que más estudios han realizado. En cambio, se observa que a menor nivel de preparación escolar, mayor la posibilidad de conseguir empleo. Estas cifras rompen, definitivamente con la idea ampliamente aceptada de que la educación escolar es la mejor formula para combatir el desempleo. Y tal vez lo sea para resolver el problema individual del desempleo, pero no para resolverlo como un problema social.

Otro aspecto que hay que considerar es la elevada tasa de desempleo que existe entre la población que ya ha realizado algún trabajo. Durante el año pasado, del total de personas desempleadas, el 85% del total eran personas con algún tipo de experiencia, en tanto que sólo el 15% de los desocupados eran personas sin experiencia. Esto se puede entender, también, como que el desempleo se explica en mayor parte por personas que han perdido su empleo y menos por la incorporación de nuevas personas al mercado de trabajo y que nunca han trabajado. Cabe destacar que esta situación se presenta, también como una tendencia histórica. Aunque se observa un agravamiento del problema a lo largo de la década, pues en 1990 los desocupados con experiencia sumaban el 77% (menos que actualmente) y los sin experiencia 23% (más que ahora).

Por último hay que mencionar que el desempleo es un problema más profundo para las personas más jóvenes que para las de mayor edad. La tasa de desempleo tiende a ser mayor en las personas que se encuentran en una edad entre 12 y 19 años. Aquí la TDA es de 4.8%. Igualmente para la población entre 20 y 24 años. Su TDA es de 3.7% En cambio para las personas de 24 a 30 años, la tasa es de 1.9% y para los de 35 a 44 años es apenas del 1%. Se puede argumentarse que esto se debe a que nuestro país tiene una alta proporción de personas jóvenes. Esto significa que el sistema productivo es incapaz de incorporar de manera permanente a la población mayoritaria del país.

Estas especificidades del desempleo apuntan todas en una misma dirección: el desempleo no es producto de que la gente no esté preparada académicamente, tampoco de que no tenga alguna experiencia laboral y menos de que no tenga edad o disposición para el trabajo. Se puede afirmar, en general, que es la situación de recesión interna que guarda el país, la que está provocando que el problema sea de esta naturaleza. La incapacidad del mercado interno para generar empleo ante la falta de oportunidades para invertir por la profunda recesión que sufre la demanda interna. Así que es un problema que hay que atacar no con programas de motivación sino con programas que generen puestos de trabajo permanentes. Es decir programas que fomenten la inversión y el consumo interno.