SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

SALARIOS, EMPLEO Y POLÍTICA SOCIAL

Hilario Barcelata Chávez

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DESARROLLO Y DEMOCRACIA

Para mi hija Claudia, hoy en su cumpleaños.

La profunda crisis civilizatoria que vive el mundo, los problemas de desempleo, caída de los salarios, la pobreza y una profunda reducción de las expectativas, están amenazando la gobernabilidad en casi todos los países democráticos. Y todos estos son elementos que muestran que la democracia y la libertad no son factores suficientes para propiciar el desarrollo, el bienestar y el mejoramiento permanente de los pueblos.

De hecho se alcanza a percibir un desconsuelo, una decepción de la democracia, una gran desconfianza respecto a que ésta sea un factor que garantice el progreso nacional.

Tal es el caso de América Latina, en donde se ha llevado a cabo, en los últimos veinte años, uno de los más profundos procesos de transformación política en la medida que las dictaduras militares se han transformado en gobiernos civiles, como es el caso de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Guatemala por ejemplo. De igual modo, los regímenes autoritarios civiles como México, han transitado hacia un régimen democrático.

Hoy, indudablemente, se respira en Latinoamérica un ambiente de mayor libertad y democracia. Sin embargo, el subcontinente vive una de sus peores crisis económicas de la historia. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) el desempleo afecta a 18 millones de personas, lo cual representa una tasa promedio de desempleo del 9.4%. Esta es la cifra más alta desde hace 22 años y se espera que para fines de año se ubique en el 10%. Como consecuencia, el trabajo en la economía informal representa ya el 50% del empleo del existente en la economía formal.

El mismo informe precisa que un tercio de los asalariados urbanos no cotizan en sistemas de seguridad social, en tanto que en el sector informal esta proporción sube hasta un 73%

El acceso a los sistemas de salud también es muy restringido pues dos tercios de la población económicamente activa (PEA) de la región están al margen de ese beneficio y los salarios mínimos reales han descendido en promedio un 1.5 por ciento de diez años a la fecha.

Todo esto es resultado de una caída de la tasa de crecimiento económico que para este año será de -1.5 a –3.6%, lo cual representa una disminución de 2.5 puntos porcentuales de la tasa esperada, lo cual es resultado de la caída de -13.5 por ciento que tendrá este año la economía Argentina, (según datos de la CEPAL) –5% la de Uruguay, y de -3.5 por ciento la de Venezuela. Lo cual constituye la peor situación en que se haya encontrado América Latina desde 1983 en que la tasa de crecimiento continental fue de –2.9%.

La pregunta que surge e inquieta es entonces, ¿por qué la democracia no ha traído el desarrollo? Y aquí creo muy oportuno insistir sobre una idea esencial que ha planteado Norberto Bobbio, acerca de que la democracia no es sino un conjunto de reglas técnicas que se refieren a las competencias y procedimientos, que determinan la distribución -lo más equitativa posible- del poder político, para influir en las decisiones colectivas. Estas reglas técnicas no dicen, para que cosa va a ser usado el poder, que orientación política tendrá.

Es decir, en esencia, la democracia no tiene un contenido social específico. Son los partidos políticos, los candidatos, los gobernantes con su oferta política, con sus proyectos de gobierno, los que le dan sentido y contenido a la democracia. Son ellos quienes deciden para que va a ser usado el poder, que orientación política se le dará al Estado, .que ideal persigue, que intereses, que fines, que aspiraciones. Son ellos quienes tomarán las decisiones que beneficiarán o perjudicarán a la sociedad o a determinados grupos de manera distinta. Es decir, la democracia tiene que ver con las formas y no con los contenidos de las decisiones políticas.

Por eso el avance democrático no se ha traducido en un avance de la justicia social y el desarrollo. Quienes hoy detentan el poder han alcanzado resultados tan inequitativos como quienes gobernaron autoritariamente, porque aún gobiernan las élites. Porque en la democracia los más poderosos económicamente tienen más posibilidades, porque si bien hay libertad para participar, los competidores son muy desiguales. Y mientras sigan gobernando las élites, los pocos seguirán teniendo mucho y los muchos seguirán teniendo poco.