GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

Emeterio Guevara Ramos

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III. REVERTIR LA LIBERALIZACIÓN

Mientras que algunos abogan por la reimposición de controles estrechos de capital, otros más apoyan las medidas más moderadas enfocadas a reducir la movilidad del capital internacional. En la última categoría, la proposición más prominente vino del economista James Tobin que sugiere que los gobiernos impongan un impuesto de uno por ciento por transacción en todos los puntos de intercambio con el extranjero. Sin interferir seriamente con los flujos de capital productivos a largo plazo o pagos relacionados con las transacciones comerciales, dicho impuesto estaría diseñado para reducir los movimientos financieros especulativos indeseables al incrementar el " peso” que los participantes del mercado dan a los fundamentos de largo rango relativos a las oportunidades especulativas inmediatas". Según Tobin el objetivo sería "echar un poco de arena en las ruedas" de las finanzas internacionales.

A pesar del apoyo por el impuesto Tobin, muchos críticos de la liberalización financiera están escépticos de que nunca pueda ser introducido. Además de la resistencia de los oficiales financieros conservadores que tienden a dominar la política en esta área, anticipan una oposición enorme a cualquier iniciativa que intente reducir la movilidad del capital financiero internacional de los bancos y de las organizaciones o empresas globales que favorecen los patrones liberales actuales de las relaciones financieras. Para sobrepasar esta oposición, aunque estas dinámicas políticas nacionales podrían sugerir que la liberalización financiera no puede ser de hecho fácilmente rebasado, hay un evento el cual puede alterar tales dinámicas considerablemente: Una importante crisis financiera internacional. Dicha crisis podría, por ejemplo, conduce a los gobiernos a ignorar la oposición de los actores nacionales y reimponer los controles de capital como una manera de defender la balanza de pagos..

Las presiones competitivas internacionales

Aún si los factores nacionales y regionales que promovían la liberalización en las finanzas están siendo dañados, hay una razón final para preguntarse si puede o no revertirse el cambio: La prominencia de una dinámica competitiva internacional en el sector financiero. Esta dinámica representa el tercer gran factor que los investigadores de la economía política internacional (EPI) han señalado para explicar la liberalización financiera. Dadas las respuestas de los operadores e inversionistas financieros a los diferenciales regulatorios entre los piases, los gobiernos a través del avanzado mundo industrializado han sido tentados en los últimos años a liberalizar los controles de capital externos y desregular los sistemas financieros nacionales en un esfuerzo de atraer capitales internaciones y negocios financieros a sus propios países. Una vez que un importante estado comience a seguir esta estrategia mercantilista de la liberalización de la desregulación competitivas, otros serían forzados a seguirla si esperan asegurar el capital y los negocios financieros en el orden financiero internacional emergente.

Esta dinámica competitiva asegura que cualquier esfuerzo para revertir la liberalización financiera debe ser cooperativo. Tobin, por ejemplo, argumenta que su impuesto a las negociaciones accionarias extranjeras debe imponerse uniformemente en cada uno de los centros financieros del mundo. Sin dicha cooperación, es probable que los gobiernos están al pendiente de las imposiciones unilaterales que dañarían la habilidad de su país de atraer capital y negocios financieros con relación a los países que no lo imponen. Los gobiernos también deben estar consientes de que su movimiento unilateral podría no ser muy útil al disminuir el nivel global de la movilidad de capital internacional mientras que los centros financieros en cualquier otra parte del mundo tengan voluntad de permanecer abiertos para los negocios internacionales. La dificultad obvia con dicha cooperación, sin embargo, es que sé toparán con problemas colectivos. Siempre habrá un estado que intente "beneficiarse" de los resultados de un orden financiero internacional más regulado (pe. Estabilidad de tasas accionarias mayores y una autonomía política), al rehusarse a implementar las regulaciones con tal de atraer capital y negocios financieros a sus mercados. De hecho las dificultades involucradas al resolver tales problemas colectivos han conducido a muchos a descontar la factibilidad de las propuestas corporativas tales como la propuesta de Tobin.

Podemos concluir que la liberalización financiera fue impulsada por un conjunto distintivo de factores a niveles nacionales, regionales, y sistemáticos, cada uno de los cuales esta siendo dañado cada vez más. A nivel nacional, conforme algunas de las consecuencias negativas del nuevo orden financiero internacional liberal se han vuelto aparentes en los últimos años, un número creciente de críticos de la liberalización financiera ha surgido para retar a los abogados del neoliberalismo y a las organizaciones o empresas internacionalmente orientadas que apoyan el cambio. Aunque los críticos se preocupan de la baja visibilidad política de los asuntos financieros internacionales que hace difícil que movilicen esfuerzos extensos para sus propuestas regulatorias. Habiendo alentado un gran incremento en la actividad especulativa en los mercados financieros internacionales con la liberalización, esto probará que los gobiernos batallan cada vez más en prevenir dichas crisis y sus políticos que las acompañan sé volverán obsoletas en los próximos años.

Las ofertas entre los estados que favorecieron la liberalización y de aquellos que estaban a la expectativa también se vuelven más frágiles después crisis monetarias. En particular, lo último podría resentir su compromiso con la liberalización financiera.

Finalmente, a nivel sistemático, varias iniciativas recientes han demostrado que es posible para los estados superar la dinámica competitiva internacional que ayudó a alentar la liberalización. Estas iniciativas han conducido a los Estados Unidos y a Inglaterra quienes han usado su posición financiera internacional dominante para persuadir a otros países a unirse a los proyectos regulatorios cooperativos. Aunque no se ha lanzado ninguna iniciativa para revertir la liberalización, estos dos Estados podrían verse más atraídos por la idea del nuevo orden financiero internacional liberal que amenaza con dañar su prominencia financiera al promover su competencia extranjera. Los Estados Unidos también podrían verse inclinados a apoyar dicha iniciativa debido a su estatus de deudor y para cambiar las percepciones nacionales de los beneficios de las finanzas del libre mercado.

En suma, existen algunas razones importantes para creer que el entusiasmo de los gobiernos de la OCDE por la liberalización financiera podría menguarse muy pronto, un desarrollo que podría ser un reto considerable para la globalización financiera. Sería una locura, por supuesto, afirmar algo más definitivo que esto. Dada la enormidad de los trastornos en las políticas mundiales recientes, es peligrosamente claro intentar predecir un desarrollo político aún a corto plazo. Esto, sin embargo, resulta ser uno de los puntos claves. El patrón y el grado de la interacción financiera entre estados que han sido y seguirán siendo influenciados no sólo por los desarrollos tecnológicos sino también por aquellos del ámbito político.

Este punto se puede reforzar de una manera final. Vale la pena observar que aún si los estados escogen el no reintroducir los controles a los capitales, el orden financiero global abierto podría de todos modos verse amenazado por un segundo desarrollo: Un mayor nivel de crisis financiera global. Esto fue, por ejemplo, la crisis financiera internacional de 1931 que acabó con el último orden financiero global dentro de la economía política internacional. Una vez más, el comportamiento de los estados es importante para determinar la probabilidad de dicho escenario dado que pueden jugar un papel clave al prevenir dichas crisis a través de las actividades de prestadores de recursos, de una supervisión prudencial y de una regulación de los mercados financieros internacionales y de la coordinación de las políticas macroeconómicas.

Aunque ya no hay lugar para discutir las políticas que rodean el comportamiento del Estado en estas áreas, es suficiente decir que por ningún medio es cierto que los Estados tendrán éxito al prevenir dichas crisis. Existen, por ejemplo, importantes limitantes políticas para las naciones y problemas colectivos que podrían ocultar sus esfuerzos. Estas dificultades también se derivan de la rapidez del crecimiento e innovación de los mercados financieros internacionales que pueden cambiar rápidamente las estrategias cooperativas existentes para impedir que los Estados manejen las crisis ineficazmente a su favor. La inadecuación de las estrategias de prevención de crisis existentes es a menudo no aparente para los políticos hasta que es demasiado tarde, es decir, que esto se revela con la crisis, de alguna forma, para entonces, ya no hay nada útil que hacer.

En ésta época de globalización, los atributos de los países y las empresas comienzan a converger ahora, ya que los países son como corporaciones, los ciudadanos cada vez se comportan más como accionistas, los líderes más como administradores y los analistas de política exterior como agencias de evaluación de créditos.

De igual manera los países como las empresas ahora pueden elegir ser prósperos o pobres dependiendo de la política que adopten. Ya que la riqueza de una nación es producto de su propia elección colectiva y es determinada por la manera en que ésta y sus ciudadanos deciden organizar y manejar su economía, las instituciones que tiene y el tipo de inversiones que hacen individual y colectivamente.

Existen hábitos de países de “alta eficacia” que son útiles para identificar los atributos que se necesitan para tener éxito como país en este nuevo sistema. Evaluando su poder y potencial económico por medio de ocho preguntas que desarrollaremos a continuación, que son las siguientes:

1. ¿Que tan conectado está su país?

2. ¿Cuán rápido es su país?

3. ¿Está su país cosechando sus conocimientos?

4. ¿Cuánto “pesa” su país?

5. ¿Se atreve su país a ser abierto? ¿Cuán bueno es su país para entablar amistad? La Administración de su País ¿Lo entiende?

6. ¿Cuán buena es la “marca” de su país?

Uno de los factores clave a tener en cuenta es el grado de conectividad el país. El grado de conectividad se mide por lo general según lo extenso que es el ancho de la banda de un país: la capacidad de sus cables, líneas telefónicas y fibras ópticas para transportar las comunicaciones digitales de punto a punto de las redes.

Cuánto más ancho de banda instalada tiene un país, mayor su grado de conectividad, definirá el grado de diseminación de información dentro de la población y hacia y desde los que toman las decisiones. Empleos, uso de los conocimientos y crecimiento económico gravitarán hacia las sociedades que están más conectadas, con mayor número de redes y mayor cantidad de ancho de banda, porque para esos países será más fácil amasar, desplegar y compartir conocimientos a fin de diseñar, inventar, fabricar, vender, proveer servicios, comunicarse educar y entretener.

Rapidez de ajuste del país. Se considera que es lento cuando no se capta el margen de beneficio temprano que se obtiene al ser el primero en el mercado. Lo anterior implica poder diseñar productos más rápidos que los competidores, dando a los clientes soluciones más rápidas que los competidores e igualmente poder recoger ganancias más rápidas que éstos, se convierte en un ciclo que se conoce como de “procreación”: llevar a un producto de la investigación al diseño, al desarrollo, a la fabricación, a la venta y en última instancia a las ganancias y luego volver a recorrer todo el ciclo. En este apremio permanente por una procreación más rápida se debe lograr reducir el “ciclo de efectivo a efectivo” que significa el intervalo promedio entre el momento en que se paga al abastecedor y el momento en que se recibe el dinero del cliente.

Si uno puede ser rápido, por definición va a crecer. Pero si uno crece y no sigue siendo rápido, decae.

Adicionalmente a lo anterior, un país necesita amasar conocimientos de manera efectiva, y desplegarlos de manera efectiva. Necesita estar más conectado que nunca y poseer mayor educación que nunca.

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OECD), que anualmente enumera cuáles de los veintinueve países más ricos del mundo producen los mayores porcentajes de aprobados en la selectividad y gastan los mayores porcentajes del presupuesto nacional de salarios en los docentes. Si revisamos ésta lista, el que la encabece seguramente va por buen camino.

Las empresas han descubierto que hay un beneficio material y mayor efectividad si se aseguran que en cada etapa de producción y desarrollo se están utilizando bien sus conocimientos y la información. Seguramente falta poco tiempo para que los países tengan un Ministro de Información cuya tarea no será la de informar al mundo lo que pasa dentro de su país, sino ayudar a que su país entienda lo que sabe y que se asegure de estar cosechando sus propios conocimientos en la forma más efectiva.

El peso del País. Ello tiene que ver con lo que los economistas denominan el “efecto de sustitución”, por el cuál las ideas, los conocimientos y las tecnologías informáticas progresivamente van reemplazando el peso a granel en la creación del valor económico.

Actualmente una medida de la fuerza, vitalidad y poder de un país tiene que ser lo liviano de su PIB. Hoy un país que exporte principalmente materia prima – mercancías, hierro, petróleo crudo- va a pesar mucho. Un país que se especialice en tecnologías y servicios informáticos va a pesar mucho menos y probablemente provea un mayor nivel de vida a su población. En pocas palabras, en el futuro contará más que el país se encamine a la producción de bienes y servicios donde el capital intelectual agregue conocimientos y no sólo esfuerzo de la mano de obra.

La apertura del País es decisiva para el crecimiento rápido. Las economías abiertas, crecen a un porcentaje promedio de 1.2 puntos por año más rápido que las economías cerradas, porque cuanto más abierto se es, más integrado se está en la red mundial de ideas, mercados, tecnologías e innovaciones de mercado de hoy.

En el futuro, las virtudes de mantener la economía tan abierta como sea posible se multiplicarán, porque en la era de la globalización los conocimientos son la única clave del crecimiento económico, y si uno cierra su país en cualquier sentido, sea a las mejores inteligencias del mundo o a las mejores tecnologías del mundo o a las mejores tecnologías del mundo, se queda atrás más y más rápido. Es por eso que a las sociedades más receptivas, tolerantes, creativas y diversas les resultará más fácil globalizarse, mientras que a las más cerradas, rígidas, convencionales, ensimismadas y tradicionales, que no se sienten cómodas con la apertura, les costará.

Hoy muchos más países son parte de lo que por propósitos prácticos se considera la economía global. En una economía de este tipo no se puede sobrevivir en ciertas industrias a menos que se pueda competir sobre una base global, y esto no se puede hacer sin alianzas. El incremento de presión para formar alianzas, es una de las características de esta era de la globalización, que no solo es nueva en grado sino también en clase. Es una de las características que sutilmente vinculan el mundo y promueven mayor globalización de una manera no siempre aparente.

El verdadero desafío es que, si queremos competir globalmente, no tendremos una sola alianza, sino muchas al mismo tiempo.

La administración de un país siempre es importante, pero en este sistema más complejo y de ritmo veloz, la administración y el liderazgo importan algo más. Porque si no se puede ver el mundo ni las interacciones que lo configuran, no es posible adoptar una actitud estratégica frente a él.

El País como marca. En el mundo globalizado de hoy, tanto una compañía global poderosa como un país poderoso necesitan tener marcas de fábrica “fuertes” que atraigan y retengan accionistas e inversores.

Un nombre se convierte en marca de fábrica cuando los consumidores la asocian con una serie de beneficios tangibles o intangibles que obtienen de ese producto o servicio.

Para construir el valor de una marca de fábrica, una compañía necesita hacer dos cosas: primero, distinguir su producto de otros del mercado, segundo, unificar lo que dice de su marca en la publicidad y la mercadotecnia con lo que en realidad ofrece. Entonces se desarrolla una relación entre la marca de fábrica y su cliente.

A medida que un mayor número de personas empiecen a darse cuenta de que su país puede, en realidad, optar por la prosperidad se adopta la política correcta, y a medida que un mayor número de personas entiendan cabalmente como se vive en otras naciones exitosas, ellas empezarán a preguntar por que su propia administración política no ha elegido la prosperidad.

En el sistema de la globalización, donde está un país ya no importa en lo absoluto. Y tampoco importa lo que fue. Si bien se debería alentar a los países a preservar su cultura y tradición, no pueden cabalgar sobre ellas. Lo que ahora importa es lo que se es y eso depende de si se opta por la prosperidad disponible en el sistema.

En contra de la visión del Estado como administrador eficaz está el argumento de Krugman (1994: 31-44) al establecer que pensar en términos de eficacia y competitividad representa un grave riesgo: el gasto enorme del Estado para lograrlo y la necesidad de regular el comercio para obtener ventajas competitivas lo que llevaría a una guerra comercial.