GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

Emeterio Guevara Ramos

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La nueva soberanía

Sí tales mecanismos de gobierno internacional y de regulación están listos para ser iniciados entonces el papel de los países es el cambio. Los Estados deberían verse no más como entes gobernando facultades, capaces de imponer los resultados sobre todas las dimensiones de la política dentro de un territorio determinado por su autoridad propia, sino como sabedores de cómo las formas de gobierno pueden ser propositivas para enfrentar la globalización, y ser legítimos y controladores.

Los Estados permanecen soberanos, no en el sentido que ellos son todo poderosos u omnicompetentes dentro de sus territorios, sino porque ellos son los policías de las fronteras del territorio y, al grado que son creíbles y democráticos, son representativos de los ciudadanos dentro de esas fronteras. Los regímenes reguladores, agencias internacionales, las políticas comunes sancionadas por el tratado, todos vienen en la existencia porque los Estados nacionales importantes han acordado crearlos para conferir legitimidad sobre ellos para fortalecer su soberanía. La soberanía es inalienable e indivisible, pero los Estados adquieren nuevos papeles de igualdad al ceder poder: en particular, ellos van a tener la función de legitimar y apoyar las autoridades que ellos han creado para tales subsidios de soberanía. Sí la soberanía es de importancia decisiva ahora como un aspecto distintivo del Estado, es porque tiene el papel de una fuente de legitimidad en que el poder transferido o sancionado tiene nuevas alturas y nuevas y mayores facultades.

Los Estados nacionales tienen todavía una mayor importancia central porque son los profesionales claves del arte de gobierno, como proceso de distribución del poder al ordenar otros niveles de gobierno para darles forma y legitimidad. Los Estados pueden hacer esto de una forma que ninguna otra agencia gubernamental puede: son los pivotes entre las agencias internacionales porque proveen legitimidad como la voz privativa atada a un territorio nacional. Pueden practicar el arte de gobernar como un proceso de poder distribuidor único sí pueden presentar credibilidad en sus decisiones y, así, tener la legitimidad del apoyo popular.

En un sistema de gobierno en que agencias internacionales y cuerpos reguladores son ya importantes y crecen en alcance, los Estados nacionales son las agencias cruciales de la representación mundial. Los Estados aseguran que, en cierto grado, los cuerpos internacionales serán responsables de los puestos públicos claves de mundo, y que las decisiones respaldadas por los Estados importantes pueden ser impuestos por agencias internacionales porque ellos serán reforzados por leyes domésticas y por el poder estatal local. Paradójicamente, en el grado en el que la economía se internacionaliza (pero sin globalizarse) reincorpora la necesidad del Estado, no en su tradicional apariencia como el poder soberano único, sino como un reemplazo crucial entre los niveles internacionales de gobernabilidad al articularlos públicamente.