GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

Emeterio Guevara Ramos

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IV. LA GLOBALIZACIÓN, LOS MERCADOS DE TRABAJO Y LA POLÍTICA PÚBLICA.

En materia de mano de obra y trabajo en los países como Estados Unidos, Canadá y México la globalización es una espada de dos filos. Por una parte, el comercio y la inversión internacional han traído a los trabajadores oportunidades de trabajo, mejores salarios y ganancias como consumidores. Por el otro lado, la creciente competitividad y la creciente sofisticación del capitalismo internacional se han vuelto amenazas de presiones de reducciones salariales, condiciones de trabajo, perdida de empleos y estándares proteccionistas en algunas ramas y sectores económicos.

Las implicaciones de una integración económica más estrecha para los trabajadores de los países del TLCAN y para sus políticas laborales conducen a preguntarnos ¿Qué tan real es la globalización y cuáles son sus impactos en los mercados laborales? ¿Cuales son los desafíos resultantes que enfrentan los políticos? ¿A que magnitud la globalización busca una reconsideración de la división tradicional entre la política nacional y la internacional?

El TLCAN, como el TLC entre Canadá y los Estados Unidos antes, ha sido sujeto de considerables análisis en los efectos del empleo y del ingreso. Mientras que se entendería que no hay técnicas completamente satisfactorias para evaluar estos efectos, los ejercicios del modelo y de otras aproximaciones sugieren tres implicaciones principales del TLCAN para la fuerza laboral:

1.- Es probable que los impactos agregados del empleo en términos de números de empleos sean relativamente insignificantes, al menos para el futuro predecible.

2.- Aún si los números agregados no son grandes, sin embargo, habrá importantes concentraciones de pérdida de empleo en sectores donde la baja fuerza laboral mexicana no importa.

3.- Es probable que el efecto global intensifique la polarización salarial discutida previamente. Los trabajadores canadienses y norteamericanos mejor situados para beneficiarse serán los altamente hábiles y los trabajadores con "conocimientos" serán mejor pagados. Por otra parte, la gran fuerza laboral mexicana de bajo salario incrementará el abastecimiento de Norte América de fuerza laboral no preparada, creando una disminución de la presión salarial de los trabajadores de los otros dos países ubicados en la parte más baja de los salarios.

Resumiendo, se sugiere es que los efectos de la globalización han estado en algún lado entre los puntos de vista anteriores. La evidencia no muestra que la integración más cercana haya conducido a un éxodo mayorista de empleos de los países de alto costo a los países de bajo costo. Los bajos salarios han sido una ventaja en algunas industrias pero no en otras, presumiblemente dependientes del nivel de habilidad requerida y la importancia del coste laboral. En otras palabras, no existe un éxodo masivo de empresas de Estados Unidos y Canadá hacia México para aprovechar el diferencial del costo de la mano de obra. Ello se debe a que existen otros factores como el de productividad, costo de materia prima, costo de traslado y oportunidades de logística que hacen que los salarios no necesariamente sean el factor decisivo para las empresas a la hora de ubicarse físicamente en algún país.

Mientras que los datos no indiquen las dislocaciones agregadas de la liberalización económica que ha sido enorme, la pérdida del empleo en un país como Canadá o Estados Unidos tiende a concentrarse, creando así problemas de ajustes potencialmente serios. Además, existe evidencia que apoya la proposición de liberar el comercio y la inversión (particularmente entre el Norte y el Sur) que están contribuyendo a la creciente desigualdad salarial y la polarización que caracterizan la fuerza laboral de la mayoría de los países desarrollados.

El caso de perseguir una coordinación internacional en el ámbito laboral conforme proceda la integración global descansa sobre tres argumentos. El primero, existe una necesidad de asegurar que, los derechos humanos y democráticos básicos están protegidos, particularmente en los países menos desarrollados (PMD) donde la explotación laboral es una forma de conseguir entrar en la economía global. Segundo, aunque no haya evidencia abrumadora de una espiral hacia el mínimo común denominador en el pasado, la creciente sofisticación de los PMD y la competencia intensificada para las IDE incrementan la posibilidad de esta en el futuro. Tercero, la soberanía nacional se vuelve menos funcional donde los mercados son globales. La globalización hace cada vez m s difícil a cada gobierno emplear la política nacional para proteger a sus ciudadanos y para promover los valores nacionales.

Una propuesta más funcional involucraría el identificar y fortalecer un conjunto de estándares mínimos diseñados para:

1.- Alentar la difusión a nivel mundial de los derechos humanos, de la democracia, y de las mejoras en las condiciones laborales;

2.- Promover el desarrollo económico internacional;

3.- Mantener y mejorar m s la voluntad social y económica de los trabajadores en todos lados; y

4.- Apoyar el crecimiento económico sostenido.