GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

Emeterio Guevara Ramos

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CAPITULO 3. GLOBALIZACIÓN E INTERNACIONALIZACIÓN

I. INTRODUCCIÓN

Una economía globalizada es un tipo ideal distinto de la economía internacional y puede ser desarrollada en contraste o en paralelo con ella. En tal sistema global las distintas economías nacionales se subsumen y rearticulan dentro de procesos e interacciones internacionales. La economía internacional, por el contrario, es una en la que los procesos que dominan el fenómeno internacional son aquellos que se determinan en el nivel nacional, esto es, es un agregado de las funciones de la economía nacional. La globalización eleva estas interacciones nacionales a un nuevo nivel y con distinto poder. El sistema económico internacional se derrumba y desgaja produciendo la anarquía en la medida en que la producción llega a ser totalmente globalizada.

Así, la “anarquía” se convierte en el acto cotidiano. El comportamiento de la economía, de las finanzas y de la producción industrial que no solamente no tienen fronteras, sino tampoco regulaciones; mientras el conjunto de la economía formal está regulado por la Organización Mundial de Comercio (como mera síntesis de un conjunto de un sistema normativo internacional, sólido y eficiente), negociado entre Estados que tienen no obstante que defender sus industrias estratégicas en el comercio, por ser una contienda entre empresas, las relaciones entre los sujetos económicos resultan del todo anárquicas. Esos sujetos ya no establecen relaciones de subordinación como en un sistema estatal; no conocen relaciones jerárquicas, sino exclusivamente paritarias; y no conocen límite alguno en sus desplazamientos.

Pero también existe anarquía en otro aspecto: el de la política internacional; pues la desaparición de las grandes potencias que verdaderamente estaban en posibilidad de obtener la obediencia de la mayoría de los Estados del mundo (aunque ello ocurriese sólo de hecho y no de derecho) ha “igualado” a tal grado a los Estados en su capacidad de acción que realmente debemos observar hoy a la sociedad internacional como un conjunto coordinado sin que algún poder (de hecho) esté por encima (podríamos llamar a esta situación “competencia desregulada”) de otro.

Podríamos decir que las relaciones internacionales que no eran anárquicas se hicieron así, y que las sociedades que no lo eran se volvieron anárquicas, cambiando completamente nuestras expectativas. La anarquía que hoy palpamos es la mejor prueba de su inexistencia anterior. Al abordar las relaciones internacionales se debería meditar acerca de la conveniencia de construir un paradigma de análisis completamente nuevo.

Esta peculiar situación genera una serie de dificultades en el campo de la interpretación teórica, sobre la problemática fundamental de su gobierno, particularmente cuando los mercados globales se descontextualizan de su entorno social y se incrementa la dificultad de regularlos, aún suponiendo una cooperación activa y cuando se trata de analizar las tendencias que originan y posibilitan la globalización; así mismo, cuando se trata de distinguir las interrelaciones y patrones nacionales e internacionales y las variables que determinan su dinámica.

Las dificultades no se agotan en el campo teórico. También aparecen cuando se busca conocer el alcance y las probables configuraciones en las cuales sedimentarán estos procesos globalizadores, especialmente en relación a las profundas y radicales transformaciones que están provocando en las instituciones económicas existentes y de las posibilidades que los miembros de dichas organizaciones tengan la capacidad para descubrir mecanismos de control para dirigir estos procesos de cambio resolviendo los problemas que la globalización genera.

La transformación impuesta a los productores a través de los mecanismos de mercado y la sistemática interdependencia de los países y los mercados de ninguna manera resulta en una integración armónica en la cual los consumidores mundiales se beneficien de un mecanismo eficiente, y verdaderamente independiente, de asignación de recursos. También es cierto que las organizaciones tienen restricciones para modificar radicalmente estructuras, normas y procedimientos actuales, lo cual no será posible que se realice de la noche a la mañana, en un proceso inmediato, casi espontáneo, de manera tal que les permita ser competitivas y reinsertarse en el mercado global. Aún cuando las organizaciones que no sean capaces de realizar los ajustes correspondientes quedarán excluidas del sistema, y estarán irremediablemente condenadas a desaparecer.

Parecería que la globalización es el premio para quienes sostuvieron que los grandes eventos dirigidos a valer para toda la humanidad proviniesen de la dimensión internacional. Pero esta vez puede ser que el resultado no sea satisfactorio: ¿Hubo algún error? Al quedar anclados en la lógica estratégico propagandista de los beneficios de la globalización, no se percataron que el mundo había cambiado y que, por consiguiente, los paradigmas de las organizaciones también debían hacerlo. Por lo demás, ¿Cuántos todavía hoy se han quedado como "nostálgicos del intervencionismo de Estado"? ¿Quienes quisieran volver a un gobierno que subsidia, protege, apoya y es factor de éxito en las organizaciones?

Aún cuando no se acepte que el proceso de globalización tiene el ritmo y las características que mencionamos, los pasos que se han dado hasta ahora pueden ilustrar algunos aspectos de importancia en la integración de bloques de comercio regional. Tanto la Unión Europea (UE) como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ya son ejemplo de mercados altamente integrados a una escala casi continental en Europa y con las economías más pujantes en América.

En el ámbito de las organizaciones la conceptualización teórica de este fenómeno de la globalización económica, las llevará a tomar riesgos compartidos y oportunidades a través de inversiones Inter- organizaciones, asociaciones, integraciones, etc. intento que podría contribuir a incrementar los factores o variables relevantes de éxito, al mismo tiempo que originan y determinan las transformaciones en las estructuras y procesos productivos y organizacionales de las empresas globales que propician la eficiencia que les permita reinsertarse en la competencia global. De lo que no existe duda es que las organizaciones deberán modificar sus estructuras, conocimientos y procesos productivos, romper su actual paradigma, al mismo tiempo que desarrollen un nuevo paradigma donde la efectividad organizacional será la clave del éxito o del fracaso en la globalización.

En este contexto, la globalización de la economía producirá la transformación de las organizaciones nacionales en organizaciones globales presionando hacia la heterogeneidad y la coexistencia de distintos niveles tecnológicos con eslabonamientos productivos entre empresas -incluso de una misma rama- débiles y discontinuos, con patrones de producción y paradigmas de eficiencia muy diferentes. Hasta que evolucionen para integrarse al mercado global.

En la última década del siglo XX se desencadenaron una serie de procesos de gran trascendencia, tanto por la magnitud de los efectos generados como por la complejidad que estos asumieron en su expresión fenoménica, en donde se advierte la tendencia hacia la globalización de las organizaciones (Julios, 1990; Ohmae 1990; 1993; 1995) donde las corporaciones “sin Estado” son las encargadas de hacer los movimientos económicos en la triada (Japón, Norteamérica y Europa). La tendencia es, como lo dijo el presidente de Sony, Akio Morita, hacia la búsqueda de la estrategia de “globalización de la localización” de las plantas productivas en respuesta a la escala de los mercados regionales, donde la localización permite dar respuestas eficientes a los distintos grupos de consumidores regionales.

La competencia en el mercado global y la acelerada dinámica del desarrollo científico y tecnológico, ambos responsables de las transformaciones que de manera dramática alteran la configuración tecno-económica, modifican la tecnología organizacional requerida para configurar una nueva arquitectura organizacional ante nuevas plataformas científico-tecnológicas que transforman los procesos de producción orientados hacia la completa domesticación de la producción para satisfacer las demandas especificas del mercado. Esto contrasta con la estrategia de flexibilidad especializada en una sola planta y localidad de la empresa “centralizada”.

Por otra parte, estos cambios también han provocado el derrumbe de muchas de las certezas que guiaron gran parte de la actividad en la época moderna; certezas derivadas a partir de marcos teóricos de interpretación elaborados en el siglo XVII al XIX, hoy bajo serios cuestionamientos, pues no proporcionan las respuestas ante la complejidad de la dinámica y magnitud que asumen las actuales transformaciones. Al mismo tiempo, se desdibujan valores, ideologías y doctrinas políticas, sociales y económicas que impregnaron de sentido a los proyectos individuales y colectivos de una parte importante de la humanidad por un período de tiempo bastante amplio. Por ello, han sido abandonadas, o por lo menos no tienen el poder de convocatoria que antes tuvieron. Sin embargo, se advierte que, aunque en forma precaria, a finales del siglo XX se impusieron una serie de consideraciones en torno a las determinaciones centrales de la política económica contemporánea.

Solamente podemos empezar a evaluar la magnitud del asunto de la globalización si tenemos un modelo relativamente claro y riguroso de lo que es la economía global y de como ésta representa una nueva fase de la economía internacional y un entorno totalmente diferente y transformado de los actores económicos nacionales. En su sentido más radical, la globalización debe tomarse como el desarrollo de una nueva estructura económica, y no simplemente un cambio coyuntural hacia un mayor grado de internacionalización del comercio y la inversión dentro de un conjunto de relaciones económicas. Un tipo ideal extremo nos permite diferenciar los diferentes grados de internacionalización para eliminar las confusiones.

En el plano económico es evidente que al mercado le fue otorgado un rol preponderante: se impone como el instrumento más apropiado para manejar los intereses competitivos. En la medida en que la economía y la hermandad de naciones eliminan la economía internacional el mundo será más “industria” y menos “militante” de una ideología económica o política. En el plano político, una consecuencia final inevitable es el crecimiento de una multipolaridad en el sistema político internacional. El sistema de poder hegemónico nacional no podrá ya imponer sus propios y distintivos objetivos regulatorios ni en su propio territorio ni en ningún otro. El nacimiento de cuerpos de gobierno y empresas globales cambiará para siempre la naturaleza de la política internacional.

En el plano social, las cosas no están muy claras aunque existen tendencias definitivas. Una de ellas se impone; los gobiernos abandonan la pretensión de una sociedad más equitativa que asegura el bienestar social para el conjunto de los ciudadanos, propiciando en cambio, el surgimiento entre los individuos, de atomizadas formas de autoayuda, mediadas por el mercado y no por formas colectivas de solidaridad, donde el Estado complementa las acciones del mercado en la asignación de beneficios a la sociedad.

Estos elementos que están presentes en la orientación económica contemporánea, de algún modo, configuran un sistema político, económico y social ligado en forma indisoluble a dos procesos estrechamente relacionados: la competencia derivada de la economía global y la dinámica del desarrollo tecnológico, que además de generar las condiciones para la consolidación de un cierto sistema, imponen un nuevo paradigma de eficiencia, entendiendo por ello la sustitución de un modelo rector del progreso tecnológico-comercial que las empresas utilizaban para identificar y desarrollar los procesos, productos y sistemas de gestión mas rentables a partir de las alternativas tecnológicas que estaban disponibles en el mercado.

Las nuevas formas e intensidades que la competencia adquiere en el marco de una economía globalizada, manifiestan su significado e importancia por una parte, en las colosales dimensiones que adquieren las organizaciones transnacionales líderes del mercado global y, por otra, en las modificaciones que está experimentando la conducta empresarial.

Las dimensiones y las complejas articulaciones y características que adoptan las estructuras tecno-económicas de las corporaciones productivas, financieras y comerciales contemporáneas, simbolizadas por las empresas transnacionales, que aunque poseen elementos comunes son extremadamente diferenciadas, corresponden a un mismo proceso de concentración y centralización del capital, pero se cristalizan en distintas formas y por ello, no existen modelos únicos susceptibles de ser aplicados en forma universal. Más aún, ni siquiera para un mismo sector de la actividad económica existen "recetas" para lograr el éxito.

En lo que se refiere a la conducta empresarial -en el contexto de una competencia globalizada- se observa la adopción de una estrategia muy singular en la cual se combinan simultáneamente tácticas de competencia y colaboración inter y entre-empresas. Para ejemplificar lo anterior usaremos el ejemplo del sector de las tecnologías de la información y las telecomunicaciones (TICs) que para muchos observadores se ha constituido en el núcleo del desarrollo industrial para finales del siglo XX y uno de los tres pilares de la globalización.

La magnitud del mercado global de las TICs crecerá en un futuro inmediato debido a la liberalización de los mercados y la privatización de los servicios, procesos que se están llevando a cabo a escala mundial y están modificando dramáticamente la configuración de los mercados exigiendo a las empresas del sector un cambio radical en sus estrategias antes basadas en la manutención de posiciones monopólicas derivadas de su naturaleza tecnológica. Estas mismas empresas por una parte ven multiplicadas sus oportunidades de negocios, pero al mismo tiempo afrontan una aguda competencia en el abastecimiento de equipos de información y telecomunicación como en el equipamiento y operación de las redes de servicios y, la incesante multiplicación de opciones tecnológicas que ofrecen a los usuarios las nuevas tecnologías de "multimedia" que hacen posible la combinación de imágenes virtuales, películas en movimiento, sonido, textos y datos que permiten la transmisión instantánea y un procesamiento oportuno y eficaz de enormes, variados y complejos volúmenes de información.

Sin embargo, en relación a los efectos generados por la innovación en éste sector quizás de mayor importancia sean las asociaciones que están siendo forjadas entre las empresas de información y telecomunicación tales como aquellas dedicadas a la información de sistemas tecnológicos, las que proveen información, las empresas de publicidad, editoriales medios escritos y electrónicos, etc. La computación, las telecomunicaciones, la publicidad, la educación y el esparcimiento están generando no sólo productos y servicios complementarios sino más bien, mercancías de muy difícil diferenciación.

Una forma de alianza estratégica se establece a través de fusiones, proyectos conjuntos de inversión y/o la integración de redes y estructuras productivas para la generación de un insumo, producto o línea de productos. Por su parte, en la temporalidad las empresas buscan asociaciones delimitadas en el tiempo, diseñadas a partir de objetivos específicos, sean estos contribuir en la investigación y desarrollo de un producto o insumo principal o, con el fin de controlar importantes segmentos de los mercados nacionales, regionales y globales. Aquí cabe destacar la singularidad de estas formas de cooperación. Ellas a pesar de establecer una estructura oligopólica en los mercados globales más dinámicos sin embargo, no pueden eliminar la competencia, inclusive, ésta se estimula entre asociaciones en las que participa una misma empresa, ya que las alianzas cristalizan en unidades económicas autónomas que están obligadas a lograr un uso eficiente de los recursos y lograr la mayor rentabilidad posible.

Existen otros aspectos de la competencia global que es preciso destacar. Decíamos anteriormente que la competencia es reforzada, intensificada y canalizada a través de mecanismos diseñados para incrementar aquella eficiencia empresarial que le permita la sobrevivencia y expansión a través de las alianzas estratégicas. Sin embargo, la competencia se desplaza también a otros ámbitos y se le agregan, por tanto, otros objetivos.

Uno de ellos es reducir los conflictos sociales - al interior de la empresa- reemplazando las formas tradicionales de mediación y negociación de los sujetos colectivos (sindicatos) por formas competitivas, es decir, ubicando a los trabajadores en férreas formas de competencia en las cuales los individuos luchan entre sí para asegurarse una privilegiada inserción laboral ubicándose en los nichos productivos más dinámicos (aquellos de mayor expansión y rentabilidad) y con ello, reducir la incertidumbre del desempleo y/o la expulsión hacia ramas estancadas de la actividad económica. En este marco, la conducta estratégica de los trabajadores se dirige, entonces, hacia el drástico incremento de sus conocimientos, habilidades y destrezas, capacitándose para mostrar eficiencia ante un mercado laboral (especialmente el de las empresas globales) cada vez más reducido y competitivo.

Para efecto de nuestro trabajo en relación a las empresas transnacionales y globales y la competencia queremos destacar un aspecto específico de su actividad. Nos referimos no sólo al hecho por demás conocido de que las empresas transnacionales y las globales están incesantemente incrementando los flujos del comercio y de la inversión sino más bien, nos interesa resaltar la estructura de este intercambio. Esto es, la importancia creciente que en estos flujos están adquiriendo las denominadas operaciones internas de una red global en expansión: el intercambio de insumos y de bienes tecnológicos (resultados de la investigación y desarrollo) al interior de la empresa transnacional y global - entendiendo por ello no sólo una empresa o un conjunto de empresas ligadas por un centro de control financiero común- sino que más bien, con este concepto queremos enunciar una compleja y extendida red de relaciones de competencia y colaboración (alianzas estratégicas) y que progresivamente se van integrando en vastos conglomerados o sistemas complejos de interdependencia en donde las tareas de investigación y desarrollo, las de producción, mercadeo y financiamiento se van compartiendo y configurando entidades económicas y organizacionales de vastas proporciones y de singulares atributos.

En este punto cabe la advertencia de que una cabal comprensión de este fenómeno no parece ser lograda cuando se le analiza mediante el concepto de empresa transnacional acuñado por la teoría económica de los setenta. El efecto de la introducción de la tecnología y el decaimiento de la producción en los setenta vinculado a un alza en los salarios y un decaimiento en la producción total tiene un efecto de retroceso (Weber y Rugby, 1996).

Aunque dicha conceptualización enuncia una forma que esta íntimamente relacionada con el fenómeno que nos preocupa (esto es, son resultado de un mismo proceso de internacionalización del capital) la evolución del proceso está generando entidades diferentes: la empresa global. Habría que preguntarse por el alcance de estas modificaciones o si se trata de una alteración cualitativa que cambiaría la naturaleza misma de la empresa transnacional. Esta es una pregunta que por ahora queda en suspenso pero que requiere una respuesta.