GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

Emeterio Guevara Ramos

Volver al índice

 

 

 

 

VI. EL CONTROL DEL MERCADO: EL EJÉRCITO ELECTRÓNICO

La Globalización no es una opción más, es la realidad, solo existe un mercado global, y la única manera de crecer a un ritmo constante es conectándose con los mercados globales de valores y bonos, atrayendo a las empresas globales para que realicen inversiones en el país, y vendiendo al sistema global los bienes que se producen en las fábricas.

La verdad básica de la globalización es que nadie está al mando, ni los financistas como George Soros, ni las grandes potencias, ni el secretario del tesoro de los Estados Unidos, por lo tanto nadie la inicio formalmente, ni nadie puede detener la globalización, a menos que se esté dispuesto a pagar el costo con su economía y su crecimiento, y aún así no se lograría detenerla.

El mercado global en la actualidad es un ejército electrónico de inversionistas y empresas globales anónimas de acciones, bonos y divisas, bienes y servicios, conectados mediante pantallas y redes. Por su forma de invertir, el ejército no hace excepciones, no reconoce circunstancias excepcionales, solo obedece sus propias reglas, el del ropaje global, es decir, el apegarse a sus disposiciones con un único fin, el pecuniario. Si se le execra al grupo electrónico, se corre el riesgo de que éste le castigue, deje de invertir y retire sus inversiones.

En este momento (aproximadamente) el ejército se alimenta en 180 países, haciendo juicios rápidos acerca si se está viviendo según sus reglas, y recompensa con generosidad a aquellos países que actúan con transparencia. Pero el ejército no es infalible, también comete errores, reacciona exageradamente, y dispara demasiado lejos, pero si el fundamento de la economía es sólido, el ejército regresará, a la larga, siempre reconociendo el buen gobierno y la buena administración económica. Las democracias votan por su gobierno cada dos, cuatro, o seis años, pero el ejército vota cada minuto de cada hora del día, los 365 días del año.

Los países no pueden prosperar hoy, sin unirse al ejército electrónico, y no pueden sobrevivir a menos que aprendan a obtener lo mejor del ejército sin ser abrumados o atacados por sus inevitables impulsos.

El ejército electrónico lo integran dos grupos:

1.- El ejército del corto plazo: incluye a todas las personas que se ocupan de compra y venta de valores, bonos y divisas en todo el mundo, y que pueden mover su dinero en poco tiempo; Casas de cambio de divisas, los fondos mutuos y pensión, fondos especulativos de valores, empresas de seguros, secciones bancarias de inversiones e inversionistas privados, a todos los que con un ordenador y un módem pueden hacer negocios por la Red desde su casa.

2.- El ejército de largo plazo: Son las empresas globales involucradas en mayor grado en hacer inversiones directas en el extranjero, que construyen fábricas alrededor del mundo o hacen tratos de producción a largo plazo o constituyen alianzas con otras fábricas para manufacturar o armar sus productos. Se les denominó así porque deben tomar compromisos a plazos más largos cuando invierten en un país.

El sistema de la globalización se basa en el equilibrio entre Estados y al interior de los Estados, el ejército electrónico y los supermercados. El ejército electrónico de hoy lo integra cada persona que utiliza la Red para comprar bienes, servicios, bonos y acciones y el tamaño, velocidad y diversidad se da en una proporción nunca vista en la historia. En la primera era de la globalización, el ejército electrónico se mueve y cambia de forma.

Llama la atención la increíble diversidad de productos financieros con que puede alimentarse, la cornucopia de valores y bonos, mercancías y contratos futuros, opciones y derivados que se ofrecen desde una veintena de países mercados diferentes de todo el mundo significando que uno puede apostar a casi cualquier cosa

El efecto neto, que es que la globalización ha abierto títulos por un valor de billones de dólares, títulos que antes no eran nunca negociados o que nadie pensaba que podían ser convertidos en bonos, y ahora lo son. Y los países pobres, con grandes necesidades de inversión, ya no se sienten paralizados por la falta de capital. Los ahorradores no están confinados al mercado interno, sino que se pueden buscar oportunidades para invertir que ofrezcan los beneficios más altos en cualquier parte del mundo.

Para ganar dinero en un mercado de este tipo, el ejército de corto plazo no sólo necesita una pequeña ventaja, sino que debe hacer apuestas cada vez mayores. Ha surgido una nueva clase de participantes institucionales, se distinguen por su énfasis sobre el comportamiento de inversiones a corto plazo y su gran uso de préstamos para suplir las inversiones, su habilidad para entrar y salir del mercado, se ha de acceder a tasas de interés variable, bonos, divisas o mercancías, siempre que exista la posibilidad de que los beneficios sean mayores.

Los más prominentes de estos nuevos jugadores son los fondos especulativos de capital, que reúnen grandes sumas de efectivo de personas e instituciones acaudaladas, luego aumentan la suma tomando prestado dinero de los bancos para hacer apuesta de alto riesgo con altos dividendos sobre divisas, acciones y bonos en todo el mundo. La globalización de los mercados crea la ilusión de que todos los mercados son eficientes, líquidos y simétricos, y que en cada mercado hay información perfecta y transparencia.

El ejército no es una fuerza exógena, no está compuesto simplemente de fondos de dinero de lugares lejanos, inversionistas del extranjero por Internet y supermercados distantes, sino que está compuesto por personas de todos los países, también los nativos pueden unirse, el mayor secreto no difundido del ejército electrónico es que la mayoría de las estampidas no comienzan con un fondo especulativo de capital de Wall Street, empieza con un banquero local, un financiero o un administrador local de fondos que saca su dinero de un país al convertir su moneda local en dólares o apostando en contra de la divisa del propio país. Cuando el ejército electrónico inicia la estampida, el primero en hacerlo siempre es el local.

El capital puede moverse por todo el mundo, y los costos de transacción y los de transmisión son virtualmente de cero, y la velocidad instantánea. Cuando la inversión se dirige a un lugar, puede hacer llover miles de millones de dólares sobre las acciones y los mercados de bonos o sobre las fábricas y plantas, pero cuando por razones políticas, económicas o sociales, los mercados de un país se tornan inestables, el ejército electrónico convierte en una perdida brutal algo que simplemente era una ajuste de baja.

Compuesto por empresas globales, que se ocupan de inversiones extranjeras directas, no únicamente invierten en bonos y acciones, sino que invierten en fábricas, servicios, plantas de energía, etc. Son operaciones que insumen tiempo para planearlas y realizarlas, y que no pueden hacerlo de la noche a la mañana. Este ejército tuvo un incentivo para construir fábricas en el exterior, el que había un solo mercado global abierto, el ciberespacio, que permite vender cualquier cosa en cualquier lugar.

Las empresas globales necesitan cada vez más expandirse hacia afuera, ya que esa es la única forma de ser un productor global. Gran parte de las inversiones de este tipo se dedican a desarrollar alianzas con fábricas locales, que sirven como afiliados, subcontratistas y socios, buscando los mejores arreglos impositivos y fuerzas laborales de menor costo y mayor eficiencia.

Hoy, todos los mercados están conectaos directamente. La totalidad de los datos de cotización de todas las plazas bursátiles pueden ser consultados al instante en cualquier lugar del mundo y desencadenan en sus receptores compras y ventas cuyo valor de cotización es a su vez enviado inmediatamente, en forma de bytes y bits, a dar vueltas al planeta. Convertidos en Euros e invertidos en yenes a elevados tipos de interés, los créditos baratos en cualquier moneda del mundo se transforman en ingresos garantizados sin riesgo.

En su trabajo, los cazadores de beneficios se mueven a la velocidad de la luz por una red de datos con múltiples ramificaciones a escala mundial… una utopía electrónica cuya complejidad es mucho más inabarcable que la complicada matemática que subyace en las distintas transacciones. Del dólar al yen, después a francos suizos, luego una recompra de dólares….en pocos minutos los traficantes de divisas pueden saltar de un mercado al siguiente, de un socio comercial en New York a otro en Londres u Hong Kong y concluir contratos que ascienden a cientos de millones de dólares. Un gran inversionista con un poco de suerte puede ganar hasta cien millones de dólares por minuto especulando contra una moneda de un país. A fines de los noventa Japón primero, después Indonesia, Malasia, Taiwán y Singapur fueron atacados por los especuladores. Más tarde el espectáculo se traslado a Rusia, Brasil y Argentina. Hubo pérdidas millonarias en esos países que hoy, ocho años después del inicio y cuatro de su terminación, les ha impedido recuperarse totalmente de esas crisis. En este mundo global esas ganancias son las perdidas de otros agentes económicos. Al final de la cadena son los ciudadanos de los países que son abandonados por los inversionistas los que pagarán las ganancias de los especuladores. Lo harán en precios más altos, en tasas de interés más altas o en impuestos más altos. Otros verán perdidos totalmente sus inversiones.

Pero la rígida imposición de la lógica de mercado no es cosa sólo de los malvados inversionistas extranjeros. Los inversionistas nacionales juegan exactamente con las mismas reglas y son los primeros en abandonar el barco, al fin y al cabo ellos también pueden invertir su dinero en cualquier país del mundo. La crisis mexicana del 94 es claro ejemplo de cómo los inversionistas mexicanos sacaron enormes sumas de dólares del país iniciando la debacle del peso.

El ejército electrónico convierte el mundo en un sistema parlamentario, en que cada gobierno vive bajo el temor de un voto de no confianza del ejército. La principal tarea de los gobernantes hoy en día, es atraer al ejército electrónico y a los supermercados para que inviertan en sus Estados, haciendo todo lo necesario para que no se vayan.

La democratización de la tecnología, las finanzas y la información, que ha cambiado nuestra forma de comunicarnos, de invertir y de mirar al mundo, ha dado luz a todos los elementos fundamentales del actual sistema de globalización. Obligando a que la gente cambie de pensamiento local y después global, a pensar primero global y luego local. Debido a Internet todavía no se ve nada, las medidas que proliferan, va alimentando a la globalización. La revolución de Internet reunirá a la gente con el conocimiento y la información en empresas virtuales. Se promoverá la globalización a un ritmo increíble. Internet está cambiando todo.