GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

GLOBALIZACIÓN ¿UN FUTURO POSIBLE?

Emeterio Guevara Ramos

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II. HACIA LA CONFORMACIÓN DE UN NUEVO PARADIGMA DE EFICIENCIA

En lugar de una conclusión, que en el marco de este trabajo no es posible en tanto se limita a exponer las formas a través de las cuales se pretende abordar el objeto de estudio, procuraremos hacer explícito el fin explicativo que sintetiza los propósitos y las categorías analíticas principales que pensamos nos permitirían avanzar en la comprensión teórica del proceso de globalización económica y la instauración de un nuevo paradigma de eficiencia en las empresas globales.

El fenómeno que necesita explicación es la naturaleza de las determinaciones centrales que originan y consolidan los procesos de globalización y el surgimiento de un nuevo paradigma del quehacer eficiente, además de la conformación de la empresa global y sus diferencias específicas con la empresa transnacional. El aporte del trabajo descansa sobre un recurso explicativo fundado en el análisis de las formas que adopta, en el presente, las diversas formas de acumulación y circulación de capitales. A partir de esta hipótesis ubicamos una hebra teórica, que permitiría desenredar la madeja de una serie de problemas, tanto de índole conceptual como práctica, que pensamos no han sido resueltos, y que se pueden enunciar en las siguientes preguntas:

¿Por qué la globalización impone a los países en desarrollo un mismo patrón de eficiencia que el utilizado por las economías post-industriales? ¿Por qué se modifica radicalmente aquella lógica de acumulación que anteriormente no sólo permitía la persistencia de formas heterogéneas de producción (y de distintos paradigmas de eficiencia) sino que, incluso la reproducción misma del patrón de acumulación exigía la coexistencia de estructuras productivas con distintas lógicas de acumulación? ¿Por qué hoy día no se les permite la sobrevivencia a aquellos productores incapaces de innovar y se les expulsa del mercado mundial en tanto no saben o no pueden reinsertarse competitivamente? ¿Por qué se enfatiza tanto en los aspectos negativos de la globalización cuando los aspectos positivos parecen sobrepasar con mucho a aquellos? ¿Por qué los Estados están cediendo sin resistencia aquellas funciones básicas y no diseñan nuevos controles para impedir los efectos nocivos de la globalización?

Pensamos que estas preguntas no tienen aún respuestas suficientes y por lo mismo, nos dirigen nuevamente sobre la temática de la globalización, la eficiencia y la empresa global. Necesitamos una mejor comprensión de estos problemas ya que en la resolución de los problemas más concretos de una organización económica (en el ámbito de las finanzas, mercadeo, diseño de la estructura organizacional, selección de los recursos humanos, etc.) siempre chocamos con una muralla donde se estrellan, una y otra vez, nuestras iniciativas.

Debemos ser eficientes, intuimos lo perentorio de esta exigencia más no nos es claro todavía porque debemos ser eficientes y que formas debe adoptar esta eficiencia. Además, es injusto pretender que empresas y países que no han tenido la oportunidad de acceder a una educación tecnológica y a una cultura de modernización empresarial sean medidos por el mismo rasero de la eficiencia y sean condenados a la exclusión de los beneficios de la globalización y a sufrir los castigos de la misma que se sintetizan en condiciones precarias de trabajo, bajos salarios, pobreza y marginación. Pero sobre todo, a mirar como la brecha entre los pobres y los ricos (tanto personas como países) se agranda día a día, año con año, y tener que resignarse a no poder cambiar las condiciones porque éstas son impuestas externamente.

Por otra parte, si vemos los esfuerzos emprendidos por las empresas mexicanas para enfrentar la competencia global, notamos una multiplicidad en la búsqueda de métodos y concepciones para alcanzar la eficiencia y también, se evidencian resultados enormemente diferenciados: el éxito absoluto en enclaves como las áreas metropolitanas de Monterrey, Guadalajara, Saltillo, San Luís Potosí, Querétaro, Tijuana, Puebla, Toluca y Ciudad de México donde se ubican las empresas que se han insertado en la globalización y lo han hecho con éxito; el fracaso es en el Sureste y en el Bajío donde no han podido desarrollarse empresas globales mexicanas.

En nuestro país, en la búsqueda para incrementar la eficiencia al interior de las organizaciones, se está privilegiando una alternativa: la adopción de sistemas adquiridos a través de la compra de tecnología y/o las alianzas estratégicas con unas empresas transnacionales y globales. El problema es para aquellas empresas que no pueden tomar estas opciones y que son la mayor parte. ¿Cuál sería la alternativa para estas organizaciones? Hacia ese sector de la actividad económica se dirige nuestra preocupación e interés. No son suficientes (aunque sí necesarias) aquellas explicaciones que están dirigidas a la descripción de los fenómenos y hacia la detección de formas organizacionales y tecnológicas con las cuales las empresas transnacionales y globales enfrentan la competencia en una economía globalizada. Parece necesario además, conocer con mayor profundidad la naturaleza de las determinaciones que precipitan estos procesos. La respuesta a nuestras interrogantes residiría en una encadenación de dos expresiones del proceso de acumulación de capital: la lógica de acumulación y sus posibles cambios y las modificaciones ocurridas en las formas de valorización del trabajo social (la teoría valor-conocimiento).

En cuanto a los problemas de índole práctica relacionados con la articulación temática propuesta - que aunque no es un propósito inmediato en el ámbito de este trabajo- pensamos que el esclarecimiento de estos problemas podría ayudar en la tarea de definir conceptualmente, con rasgos más precisos, los problemas involucrados, de tal manera de permitir una operativización del nuevo “paradigma del quehacer eficiente” y de este modo configurar una visión más general, interdisciplinaria, para ubicar aquellos conocimientos, destrezas y habilidades que en los niveles ejecutivos de las organizaciones se requerirían para asegurar las condiciones de competitividad y eficiencia exigidas por los mercados globales.

Un esfuerzo de comprensión teórico en torno a la problemática de la globalización y la modificación del paradigma de eficiencia debería, por lo menos, iniciar investigaciones que contemplen los siguientes apartados temáticos:

a) El incremento de la competencia internacional en el mundo de las empresas transnacionales y las globales.

• Las tendencias generales del incremento de la competencia, globalización, especialización y regionalización.

• Tendencias de la inversión externa directa: globalización y regionalización.

• La empresa transnacional y la global: competencia y colaboración estratégica

b) La globalización y la nueva lógica de acumulación

• El planteamiento del problema.

• Globalización y las nuevas formas de valorización del trabajo social

• Globalización y patrón de acumulación

• Consideraciones y propuestas

c) La globalización, la competencia y el quehacer eficiente

• La globalización y el cambio tecnológico

• La globalización y el nuevo paradigma organizacional

• La globalización y la empresas conocimiento

En relación a las categorías analíticas principales que a nuestro juicio permitirían avanzar en la comprensión teórica de la globalización y el cambio de paradigma de eficiencia señalamos lo siguiente: la categoría de análisis principal la constituye el patrón de acumulación y circulación, que aunque originada como concepto teórico en el análisis marxista, su uso sin embargo no es exclusivo de esta doctrina económica. Por el contrario ha tenido una amplia difusión en otras doctrinas, especialmente la corriente estructuralista. A través del patrón de acumulación y circulación designaremos a una específica modalidad -históricamente determinada- de la acumulación capitalista que se ha dado en llamar la etapa del “capitalismo salvaje”. Aquí cabe destacar dos advertencias. Primero, no se refiere al fenómeno de la acumulación y circulación capitalista en general, sino más bien, se trata de destacar las formas que esta acumulación y circulación adquiere en un determinado período histórico y; segundo, cuando se habla de un modo específico no queremos limitarnos a la exposición de ciertos rasgos particulares sino que la identificación de un modo de acumulación y circulación implica una caracterización que permita la integración de una serie de atributos en un conjunto que posea una relativa coherencia interna.

Para lo anterior, se hace preciso distinguir al capital como una singular manifestación de una relación de valor (destacando la dimensión social de esta relación) ubicándola en su proceso de incesante expansión y metamorfosis, donde es necesario distinguir tres momentos centrales:

a) la generación del excedente; b) el de su realización; c) el de su acumulación.

En nuestro caso se trata entonces de identificar los rasgos específicos que la fuerzas productivas asumen en tal modo que procuramos especificar. La especificación de un modo particular de acumulación se podría lograr si se puede determinar con certeza: el nivel y tipo del patrimonio productivo; la tecnología y los niveles de actividad; el nivel y composición del producto; las modalidades de la reproducción; el grado y tipo de cooperación. (Valenzuela, J. 1990).

Otra categoría analítica principal es la heterogeneidad productiva. Es preciso recordar que debemos explicar las causas y factores que posibilitan el despliegue de una nueva lógica de acumulación que se superpone sobre aquel modelo de acumulación denominado centro-periferia, que aseguraba su reproducción en mantener estructuras productivas sustentadas por lógicas de acumulación distintas, donde coexistían distintos criterios de rentabilidad y eficiencia, que posibilitaban extra-ganancias a las empresas líderes de los países centrales y que en última instancia determinaban el acceso privilegiado a las jerarquías y roles productivos en el sistema capitalista mundial y por tanto a la distribución del excedente.

La heterogeneidad puede abordarse desde dos ángulos (Valenzuela) primero como coexistencia articulada de formas precapitalista y capitalistas de producción y segundo, como coexistencia articulada de diversas submodalidades de acumulación capitalista. Lo anterior es de suma importancia pues la emergencia y consolidación de un nuevo tipo de articulación de dicha heterogeneidad estructural, o en el otro extremo la exclusión de dicha heterogeneidad intercambiada por una cierta homogeneidad en los procesos y estructuras productivas impuesta por un nuevo patrón de acumulación capitalista desplegado en los procesos de la globalización económica y que se manifiesta en un nuevo paradigma de eficiencia.

La instauración de un nuevo paradigma tecno-económico es otra categoría analítica principal. En este caso se trata de analizar la “revolución” científico-tecnológica en relación a las nuevas formas y estructuras organizacionales, así como con los nuevos modelos de gestión que están imponiendo las empresas transnacionales y las globales que se desenvuelven en los mercados globales. Pareciera que nos encontramos frente a una modificación radical de la frontera de la práctica óptima y con ello, presenciamos radicales transformaciones en los modelos de gestión y estructuras organizacionales, modificando, al mismo tiempo, las reglas del “sentido común” usadas normalmente para el logro de la eficiencia máxima.

Debemos averiguar con exactitud si nos encontramos en una etapa de transición, en la cual se estaría imponiendo un cambio de paradigma, esto es, un período donde se superponen paradigmas tecno-económicos uno en su fase de madurez (el predominante) y otro en su fase de gestación y desarrollo (el emergente). Si lo anterior es correcto, nos encontraríamos en una etapa de redefinición de las condiciones de la competitividad pues, por una parte, el desarrollo científico-tecnológico proporciona los medios para lograr una mayor productividad y por otra parte, otorgando un nuevo conjunto de criterios de eficiencia que configurarían, a su vez, un nuevo modelo de organización y de gestión, lo que implica una radical modificación de los conocimientos, habilidades y capacidades hasta ahora designadas para los niveles gerenciales.

Las teorías de globalización extrema como la de Ohmae (1990) afirman que las dos únicas fuerzas que importan en la economía mundial son la fuerza del mercado global y las empresas globales, y que ninguna de estas puede estar sujeta a la gobernabilidad pública efectiva. El sistema global es regido por la lógica de la competencia de mercado, y la política pública será a lo mejor secundaria, desde ninguna agencia gubernamental (nacional o de otro nivel) pueden equipararse a la escala de fuerzas mundiales de mercado. Para repetir, esta visión de respeto a los gobiernos nacionales como los municipios del sistema global: sus economías no son más nacionales en cualquier sentido importante y ellos pueden únicamente ser efectivos como gobiernos si aceptan su papel reducido de proveer localmente el servicio público que la economía global requiere de ellos. La pregunta, sin embargo, es si tal economía global existe o quiere ser.

Como hemos visto, hay una extensa diferencia entre una economía estrictamente global y una altamente internacionalizada. La economía en que la mayoría de las empresas comercia desde sus bases son economías nacionales distintas. Las políticas nacionales son fútiles, ya que los resultados económicos se determinan totalmente por las fuerzas globales de mercado y por las decisiones internas de empresas transnacionales y globales.

En las políticas nacionales posteriores permanece viable el intercambio, desde luego son esenciales a fin de conservar las fortalezas y los estilos distintos de la base económica nacional y las empresas que comercian desde allí. Pero una economía mundial con un grado alto y creciente de inversión y comercio internacional no es necesariamente una economía globalizada en el sentido anterior, las formas de regulación internacional se crearon y mantuvieron por los Estados, y todavía tienen un papel fundamental en proveer la gobernabilidad de la economía.

El punto, por lo tanto, da luz al tipo de economía internacional existente en la actualidad que, a pesar de niveles altos de comercio internacional e inversión, nacionalmente ubicó procesos de comercialización importantes aunque las acciones económicas todavía permanecen centralizadas. El punto aquí no es meramente una evidencia evaluadora, ya que se deben proveer conceptos políticos que no resten las posibilidades para la gobernabilidad económica y reforzar el papel del Estado moderno en tal gobernabilidad.

Las batallas en proceso entre la política pública de las naciones avanzadas y los mercados financieros importantes de ninguna manera se terminan, pero no hay razón para creer que las fuerzas del mercado invariable e inevitablemente predominarán sobre los sistemas reguladores. La razón es que la mayoría de los jugadores en la economía internacional tienen un interés en la estabilidad financiera, incluyendo las empresas importantes, para quienes la reducción de la incertidumbre es de obvia ventaja para su planificación de inversión, además de su producción y estrategias de venta.

La idea, común entre las teorías de globalización extrema, es que las empresas importantes se beneficiarán de un ambiente internacional no regulado permaneciendo en un ambiente extraño. Las reglas comerciales estimadas, radicadas y los derechos de propiedad internacionalmente común, y la estabilidad del tipo de cambio constituyen un nivel de seguridad elemental que las organizaciones necesitan para planificar en el futuro, y por lo tanto son una condición para el crecimiento y la inversión continua. Las empresas no pueden crear tales condiciones por sí mismas, la estabilidad en la economía internacional puede ser única sí hay un Estado coordinándose para regularlo y para acordar normas y objetivos comunes de gobernabilidad. Las empresas pueden querer el libre comercio y los regímenes comunes de normas comerciales, pero ellas solo pueden hacerlo si los Estados participan con ellas para lograr una regulación común internacional. Si no existe tal regulación y control pasamos del escenario de internacionalización al de globalización.

Igualmente, la noción de que las empresas deberían desear ser transnacionales en el sentido de extraterritorialidad es también extraña. Las bases económicas nacionales desde donde la mayoría de las empresas operan realmente contribuyen a su eficiencia económica y no simplemente en el sentido de proveer infraestructura a bajo costo. La mayoría de las empresas se empotran en una cultura nacional distinta del negocio que los provee con lo intangible pero las ventajas son muy reales.

En las empresas globales y las transnacionales que aspiran al nuevo paradigma de efectividad, las gerencias tienden a deshumanizar al personal que tiene comprensiones comunes que van más allá de políticas formales de compañía. Estas empresas, sin ubicación primaria y una fuerza de trabajo multinacional, tendrían que tratar de crear dentro de la compañía las formas y ventajas culturales de identificación que las otras empresas consiguen al casi aflorar desde las instituciones nacionales. Ellos tendrían que conseguir trabajadores del núcleo para poner el principio de la compañía como una fuente de identificación y construir una elite administrativa nacional no muy coherente que pueda comunicarse implícitamente el uno con otro. Los gerentes Japoneses que no descorazonan a los trabajadores, quienes ven la empresa como una comunidad social primaria y en proceso, hacen esto en un contexto nacional donde lo descrito anteriormente no tiene sentido.

Las empresas se benefician no solo de negocios nacionales sino también de la cultura de la Nación donde establecen su base y de las organizaciones sociales nacionales comunitarias. Este beneficio es enfatizado por la literatura sobre sistemas nacionales de innovación (Ludval 1992; Nelson 1993; Porter 1992) y sobre sistemas nacionales de negocios. Estos sistemas nacionales de negocios son bastantes distintos a las formas de homogeneidad predicadas por los nacionalistas culturales, pero ellos permanecen tenazmente distantes de una forma que es parte de otras formas de cultura nacional.

Las empresas se benefician al estar integradas en redes de relaciones con gobiernos centrales y locales, con asociaciones comerciales, con organizaciones laborales, con instituciones financieras, específicamente nacionales, orientadas hacia empresas locales, con sistemas nacionales de trabajo, capacitación y motivación. Estas redes proveen información, son unos medios de cooperación y coordinación entre empresas con objetivos comunes seguros, y se ayudan para hacer el ambiente del negocio menos incierto y más estable. Un sistema económico nacional provee formas de seguridad a empresas contra los choques y los riesgos de la economía internacional. Como hemos argumentado, los negocios nacionales que orientan los sistemas han sido muy evidentes en el mundo desarrollado en Alemania y el Japón, ambos han tenido fuertes relaciones solidarias entre la industria, los trabajadores y el Estado.

Pero las ventajas nacionales no están restringidas a esas sociedades, cuyas instituciones promocionan la solidaridad con el fin de lograr el balance entre empresas, la competencia y la cooperación de, y entre, los intereses sociales son importantes. Estados Unidos tiene una cultura nacional del negocio que enfatiza la competencia y la autonomía de la corporación individual. Pero, contra argumentos elegantes como los de Reich (1992), en Estados Unidos hay empresas con las firmes intenciones de quedarse solas con el mercado Estadounidense que surge del poder y de las funciones del Estado nacional (Kapstein 1996). Por ejemplo, el dólar permanece como la moneda casi única –aunque la amenaza del euro se incrementa- para el comercio internacional, con cuerpos reguladores y con estándares como los de la FDA que son los líderes mundiales y trabajan estrechamente con la industria Estadounidense, las cortes de Estados Unidos son medios muy importantes de defensa de los derechos de propiedad comercial en todo el mundo, el gobierno federal es un masivo subsidiario de R&D y también un protector fuerte de los intereses de las industrias y empresas Estadounidenses contra empresas extranjeras. Todo ello está dirigido desde el interior del Estado mismo.

Pero los críticos del comercio mundial como actualmente se desarrolla dicen que la teoría tradicional del comercio se basa en cuatro supuestos: la movilidad de los factores de producción; el transporte; la tecnología; y las economías de escala. Ninguno de estos factores puede ser observado empíricamente en el mundo actual (Krugman y Obstfeld (1995).

Por otra parte, las teorías de la globalización dan una muestra de cómo un conjunto mundial libera el negocio para servir a los consumidores. Los Estados y él poder militar dejan de importar en la faz de mercados globales. Como los mercados dominan y los resultados de los mercados son legitimados por la libre competencia y observados para estar más allá del control nacional, los Estados tienen menos capacidad para controlar los resultados económicos o para alterarlos por la fuerza.

Los intentos de usar la fuerza militar para lograr objetivos económicos contra los intereses de mercados mundiales son devastadores, sin planear, una sanción económica equivale a zambullirse en el tipo de cambio, las bolsas turbulentas, la declinación del comercio, etc., la guerra dejaría de tener cualquier conexión con la economía racional: la mayoría de las sociedades habrían llegado a ser inseparables industrias más bien que militares. La guerra llegaría a ser el remedio del fracaso y económicamente irían en retroceso sociedades y fuerzas políticas, conducidas por metas económicamente irracionales como la religión o la homogeneidad étnica.

Este mundo es libre para el comercio, es el sueño del liberalismo económico clásico desde sus inicios. Sin embargo, la contradicción está en que los mercados y las empresas no pueden existir sin un poder público que los proteja, bien sea en el ámbito mundial con los Estados importantes enfrentando facultades regionales autoritarias que buscan anexar la riqueza por la fuerza, como con la incautación de Kuwait por Saddam Hussein, o en el ámbito local policiaco contra piratas y bandidos. Los Estados avanzados comercian en la actualidad predominantemente uno con otro y, desde luego, es inverosímil pelear entre ellos. Pero el orden del libre comercio en el mundo requiere de una fuerza militar que los respalde, y esto solo es posible en los países avanzados, y en particular Estados Unidos, quien puede proveer estos requerimientos en el concierto internacional. Además, ellos quieren ser el policía del mundo y disfrutan de tal papel, independientemente de lo ético que pueda ser.

Las ventajas provenientes del poder público hacia las empresas y los mercados no se restringen al ámbito nacional. Desde luego, para muchos servicios vitales para el negocio y las formas de cooperación entre empresas, las instituciones de nivel nacional son demasiado remotas para el conocimiento local adecuado y la gobernabilidad efectiva. Hemos argumentado antes que los gobiernos regionales son los proveedores de servicios vitales colectivos para la industria a lo largo del mundo industrialmente avanzado. En particular, los gobiernos regionales son la articulación pública de distritos industriales compuestos de pocas empresas del medio, y son una razón importante del por qué tales empresas pueden ser internacionalmente competitivas y disfrutar de ventajas comparables a las economías de ascenso de empresas más grandes. La gobernabilidad económica regional, distritos industriales, y una división y asociación efectiva de trabajo entre Estados nacionales y los gobiernos regionales son los componentes centrales del éxito de las economías nacionales en mercados globales.

Sí los anteriores argumentos son ciertos, entonces la mayoría de las empresas, grandes y pequeñas, que son activas en mercados internacionales tienen un interés fuerte en la gobernabilidad pública, nacional e internacional, y en la estabilidad de la economía mundial. Internacionalmente buscan una medida de seguridad y estabilidad en los mercados financieros, una estructura segura de comercio libre, y la protección de los derechos comerciales. Nacionalmente buscan utilidades cobijándose en las distintas ventajas conferidas por las estructuras culturales e institucionales de los Estados globales exitosos. Sí las empresas tienen tales intereses entonces es altamente inverosímil que una economía global ingobernable compuesta de mercados no regulados configurarán la existencia de estos mercados.

La teoría de globalización tiende a confiar o en las providenciales suposiciones derivadas desde una lectura simplista de economía neoclásica, ya que como los mercados se acercan a la perfección y a la libertad desde la intervención externa ellos pretenden llegar a ser más eficientes como mecanismos colocados; o sobre las suposiciones lúgubres de la izquierda Marxista, de que el capital internacional es una fuerza inequívocamente malévola y es indiferente a los intereses nacionales o locales. En el caso anterior, el poder público es irrelevante virtualmente: sus acciones (más allá de tareas esenciales como la protección de la propiedad) pueden hacer poco, pero daña. En el posterior caso la autoridad política se somete a la voluntad del capital y no puede hacer nada para contender dentro del sistema mundial existente.

En estos apartados previos hemos argumentado que hay terrenos económicos buenos para creer que la economía internacional no es de ninguna manera díscola. Para recapitular por lo tanto, la gobernabilidad es posible en cinco de niveles que van desde la economía internacional al distrito industrial:

1. - Mediante el acuerdo para fortalecer al Estado en el mundo global, y particularmente entre los Estados pertenecientes al G7;

2. - Mediante un substancial número de Estados que crean agencias internacionales, reguladoras para alguna dimensión específica de la actividad económica, como la OMC;

3. - Mediante el control de áreas económicas grandes por bloques comerciales tal como la UE o el TLCAN, el MERCOSUR, etc.;

4. - Mediante niveles políticos nacionales que equilibren la cooperación y la competencia entre empresas y los intereses sociales importantes;

5. - Mediante niveles políticos regionales para proveer servicios colectivos a distritos industriales.

Tales estrategias y arreglos institucionales pueden asegurar algún nivel mínimo de gobernabilidad económica internacional, por lo menos a beneficio del mayor avance de las naciones industrializadas globales. Tal actividad de gobierno no puede alterar las desigualdades extremas entre esas naciones y el resto, desde el punto de vista del comercio e inversión, ingreso y riqueza. Desafortunadamente, no es realmente el problema disminuirlo con el concepto de globalización. El punto no es si la economía del mundo global es gobernable hacia metas ambiciosas como la promoción de la justicia social, igualdad entre países y mayor control democrático para el volumen de gente del mundo, sino que sea gobernable para todos los países del planeta.

Podemos concluir que lo que está ocurriendo en el mundo afecta a todos los países industrializados por igual. Hasta a la economía más grande del planeta sufre las consecuencias, ello ha llevado a Estados Unidos a que desde 1970 la mayoría de la población ha asumido las pérdidas de los empleos y la disminución de los ingresos mientras una minoría multiplica sus ingresos. Esta caída tiene consecuencias brutales en el número de ciudadanos debajo de la línea de pobreza y amenaza la estabilidad política. Ello también ha llevado a reconsiderar la postura de franco apoyo al capitalismo salvaje por pensadores que antes lo promovían. Como ejemplo tenemos a Edgard Luttwak representante del pensamiento conservador de Washington, que ahora es un crítico acérrimo del libre mercado y afirma que lo que los marxistas decían hace cien años y en ese entonces era completamente falso se está convirtiendo ahora en realidad: los capitalistas se enriquecen cada día más mientras que la clase trabajadora se empobrece.

A Luttwak se han sumado Thurow, Reich e increíblemente, Alan Greenspan para quien la creciente desigualdad se está convirtiendo en una importante amenaza para la sociedad norteamericana.

Pero no son sólo los directivos de las grandes empresas los que están promoviendo los grandes recortes de trabajadores y las reducciones salariales. También lo hacen los gobiernos nacionales. La gran mayoría de los gobiernos de los países de la OCDE siguen creyendo que hay que reducir aún más la influencia del Estado en la economía para que la prosperidad y los empleos surjan por sí mismos. Así se eliminan todas las empresas nacionales en aras de la libre competencia, Pero cuando se privatizan correos y teléfonos, carreteras, transporte aéreo y ferroviario y otras entidades nacionales, los directivos privados lo primero que realizan son recortes de personal. Así, los gobiernos incrementan la crisis que para combatir fueron elegidos.

De este modo, la estrategia desreguladora que persigue la eficacia refuerza la tuerca de la locura hasta llegar a la autodestrucción y aún así, se sigue invitando a seguir las mismas recetas que han probado ser ineficientes en la solución de las crisis.