IMPLICACIONES CONSTITUCIONALES Y SOCIO-JURÍDICAS DE LA PROHIBICIÓN Y DESTRUCCIÓN DE LOS CULTIVOS DE CÁÑAMO EN COLOMBIA

IMPLICACIONES CONSTITUCIONALES Y SOCIO-JURÍDICAS DE LA PROHIBICIÓN Y DESTRUCCIÓN DE LOS CULTIVOS DE CÁÑAMO EN COLOMBIA

Juan Carlos Sánchez Gómez

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2.5.1 “INFORME ROQUES”

Por el Dr. Maldonado

Durante el año pasado se publicó un informe redactado por la Academia de Ciencias Francesa sobre la peligrosidad del cannabis y de las nuevas preparaciones disponibles actualmente ("cannabis rojo"). El informe indicaba la existencia de una alta peligrosidad del cannabis y sus derivados, lo cual estaba en contradicción con las conclusiones del informe que sobre el mismo tema estaba preparando la OMS. Por otra parte, la opinión pública francesa y los medios de comunicación se encontraban bastante sensibilizados frente al problema del alcoholismo en Francia sus repercusiones sanitarias y sobre todo sociales. El Ministerio de Sanidad francés del nuevo Gobierno, y en particular Bernard Kouchner, estaban interesados en la elaboración de un informe puramente científico que permitiera fijar argumentos para una discusión sobre la definición de una estrategia política nueva y más adecuada frente al problema de las toxicomanías. Bernard Kouchner ha estado siempre interesado en los problemas médicos de aspecto social, como lo demuestra su participación durante muchos años en organizaciones no gubernamentales de ayuda humanitaria, así como en la orientación política que dio durante su participación en previos gobiernos socialistas. La elaboración del informe fue solicitada al profesor Bernard P. Roques en el mes de enero de este año. El profesor Roques reunió diversos expertos franceses e internacionales especializados en los problemas de toxicomanías frente a las diferentes drogas de abuso con el propósito de finalizar el informe durante los meses de abril/mayo. La comisión encargada de la redacción del informe se reunió durante este tiempo con una frecuencia aproximada de dos veces al mes. En estas reuniones se discutían los avances que realizaban en cada uno de los capítulos los diferentes miembros de la comisión, se exponían las aportaciones solicitadas a otros expertos externos, principalmente americanos, sobre ciertos aspectos puntuales de algunos capítulos, y se planteaba la estrategia global que iba adquiriendo el informe. Éste fue finalizado a comienzos de mayo y tras las diferentes correcciones realizadas por cada uno de los miembros fue entregado al Ministerio de Sanidad. El informe fue presentado por Bernard Kouchner algunos días más tarde en el Parlamento y expuesto a la opinión pública mediante una rueda de prensa, en la que se presentó conjuntamente un informe encargado al INSERM sobre la peligrosidad del éxtasis.

El cannabis es la sustancia más consumida en casi todo el mundo, por sus propiedades psicoactivas, por personas de entre 15 y 30 años. Las principales cuestiones planteadas sobre su consumo, son: ¿El cannabis conduce a una escalada hacia drogas duras como la heroína o la cocaína? ¿Cuáles son los riesgos a largo término del consumo de cannabis sobre el sistema nervioso central, y los sistemas cardiovascular, respiratorio, inmunitario, reproductor, etc.? ¿El consumo de cannabis significa un comportamiento de riesgo al volante? ¿Tiene el cannabis propiedades terapéuticas? Este apartado se propone repasar crítica y rápidamente los resultados más recientes y, en particular, los obtenidos en pruebas sobre el hombre.

LOS CANNABINOIDES

Actualmente el THC es usado terapéuticamente en EE UU como solución oleosa (dronabinol), yelanálogo sintético, nabilone, se usa en Inglaterra.

Varias firmas farmacéuticas han desarrollado análogos del THC, como el CP55490, para obtener nuevos analgésicos. Con estructura más compleja que el THC, estas moléculas se ligan a los mismos receptores cerebrales y poseen una actividad de 4 a 25 veces superior, incluso a nivel de poder antinocioceptivo. No son utilizados en la práctica clínica por no haberse podido eliminar los efectos psíquicos del THC, al tiempo que se mantenga su acción terapéutica (Pertwee, 1992).

Numerosos trabajos químicos efectuados para eliminar los efectos psíquicos de los cannabinoides, conservando sus potenciales efectos terapéuticos (analgésico, antiemético...), se han llevado a cabo sin éxito (Mechoulam et al. 1988).

Un reciente estudio sobre 61.171 personas mostró que el riesgo de mortalidad asociado al cannabis es más débil que el asociado al consumo de tabaco (Sidney et al. 1997).

PSICOFARMACOLOGÍA DE LOS CANNABINOIDES

Perturbaciones débiles fueron observadas en la aptitud para efectuar labores cotidianas más o menos complejas. Esto se manifiesta en una ligera disminución en los resultados de las pruebas de psicomotricidad y memoria (Hall et al. 1994).

Las facultades de aprendizaje se ven ligeramente alteradas por el consumo de cannabis, sobre todo a causa de cierto déficit de atención. Aunque son resultados contradictorios, pues los grandes consumidores fueron los menos afectados (Adams et Martin, 1996). Se trata más bien de una alteración de la memoria a corto plazo, aparentemente sin repercusión sobre la retención a largo plazo (Schwartz et al., 1989).

Igualmente, el consumo diario de altas dosis de cannabis durante muchos años no parece inducir a un comportamiento amotivacional o de ausencia de motivación (Mathew et al. 1992).

Utilizado solo, el cannabis no parece ser un factor mayor de riesgo de accidente al volante (Scherman, 1992; Robbe, 1994, y otros), ocurre al contrario cuando se mezcla con alcohol, psicoestimulantes o tranquilizantes. Ensayados con ayuda de simuladores, y en la conducción urbana controlada, los consumidores de cannabis difieren poco de los otros grupos controlados. Sin embargo hay que relativizar el riesgo en comparación con el alcohol (Robbe, 1994), que es mucho más temible en los accidentes de tráfico, particularmente a causa de su efecto desinhibidor.

CANNABIS Y ESTADOS PSICOPATOLÓGICOS

No ha sido señalada ninguna patología mental directamente asociada al consumo excesivo de cannabis, lo que diferencia a esta sustancia de psico-estimulantes como el MDMA, la cocaína o el alcohol, con los que un uso repetido y excesivo puede dar lugar a síndromes psicóticos característicos (Allebeck et al. 1993; Williams et al. 1996).

Tampoco el cannabis parece precipitar la aparición de disfunciones mentales (esquizofrenia, depresión bipolar, etc.), ni tampoco síndromes amnésicos como los de Wernicke y Korsakov, observados entre los alcohólicos, han sido descritos entre los grandes consumidores de cannabis.

CANNABIS Y FUNCIONES CEREBRALES. NEUROTOXICIDAD

La toxicomanía del cannabis no comporta neurotoxicidad, definida ésta con criterios neuroanatómicos, neuroquímicos y de comportamiento. De forma que los antiguos resultados medidos por tomografía, que sugerían modificaciones anatómicas en el cerebro de los consumidores crónicos de cannabis, no han sido confirmados por técnicas modernas más precisas de neuroimagen (Landfield et al. 1988; Slikker et al. 1992).

TOLERANCIA Y DEPENDENCIA HACIA EL CANNABIS

La tolerancia y dependencia al cannabis es todavía un tema controvertido (Jones et al. 1981). En animales, el THC y sus cannabinoides de síntesis provocan fenómenos de tolerancia, y su origen bioquímico podría ser el mismo que el de los opiáceos (Adams y Martin, 1996). De todos modos, tales cambios son reversibles, como lo mostró el estudio sobre el cerebro de un mono siete meses después de haber estado expuesto durante todo un año al humo del cannabis (Westlake et al. 1991). Sin embargo, en ratas las modificaciones conductuales no se ven modificadas por la administración del agonista (Adams et Martin, 1996). Y la administración del antagonista opiáceo naloxona no precipita un síndrome de abstinencia como en el caso de animales adictos a la morfina (Kaymakcalan et al., 1997). El THC no parece capaz de inducir una conducta de auto-administración, incluso se ha medido cierto efecto aversivo (Hutcheson et al., 1995).

Igualmente, los cannabinoides están lejos de producir efectos comparables a los de la heroína, el alcohol o el tabaco. Los efectos de la desintoxicación del THC, según un reciente estudio, se describen con síntomas de nerviosismo, ligero trastorno del sueño y disminución del apetito, pero estos síntomas desaparecen rápidamente (Wiesbeck et al. 1996). Esta ausencia de síndrome de abstinencia es debida, sin duda, a la lenta eliminación del cannabis por el cuerpo humano.

Se considera que menos del 10% de consumidores de cannabis que tienen dificultades para abandonar el consumo de esta sustancia (Wiesbeck et al. 1996). Los efectos del abandono, eventualmente responsables de la dependencia, se han evaluado en igual incidencia (9%).

Si los efectos sobre el comportamiento, subsiguientes al abandono del consumo de cannabis, son leves, los efectos cardiovasculares y neurovegetativos están mejor definidos en el consumidor novel (Benewitz y Jones, 1981) con taquicardia en el momento de máximo efecto y bradicardia después

Es sobre todo por su aptitud para engendrar dependencia psíquica (adicción) que se mide la peligrosidad de las drogas. Ha quedado bien establecido que la mayoría de consumidores de cannabis usan esta sustancia sólo ocasionalmente y pueden abandonar definitivamente su consumo sin gran dificultad (Wiesbeck et al. 1996).

La teoría de la escalada (Nahas, 1993; Cohen y Sas, 1997) tras un consumo crónico de THC no parece apuntalada por los resultados de experiencias con animales. De forma que el tratamiento crónico con THC no modifica la preferencia de ocupación inducida por la morfina (Valverde et al.1998).

La heterosensibilización correspondiente a la activación de la respuesta inducida por una droga (heroína, por ejemplo) tras la administración de otra (alcohol, por ejemplo) es un fenómeno que no ha sido estudiado en detalle con el THC. No obstante, hay que destacar que la anandamida (Vela et al. 1995) y el THC (Hine et al. 1975) son capaces de aliviar la severidad de una desintoxicación de opiáceos, sugiriendo así que entre los heroinómanos el cannabis puede atenuar los efectos del mono.

Según encuestas hechas en EE UU, alrededor del 1% de los consumidores de cannabis acabarían consumiendo también cocaína, lo que no significa necesariamente que se convirtieran en adictos a ésta (SAMHSA US Departament of Health and Human Services, 1996, pág. 36). Otros estudios demuestran que el consumo de droga dura, tras el consumo de cannabis, se produce sobre todo entre una minoría de jóvenes de los ambientes desfavorecidos, que viven en medios familiares y sociales inestables, con fracaso escolar y en contacto con traficantes de heroína y de cocaína (Johnson et al. 1997). Estos resultados, añadidos a los de numerosos estudios epidemiológicos, parecen indicar que el consumo de drogas duras tras el consumo de THC es debido principalmente a causas psicosociológicas (Zimmer y Morgan, 1997). No obstante, aunque todos los criterios recogidos para definir una sustancia como adictiva no aparecen en el caso del cannabis, se ejerce cierta presión en EE UU para que se pongan en marcha programas que frenen totalmente su consumo. Esto se traduce en peticiones de análisis por los propietarios de empresas para discernir la existencia o no de consumo de cannabis y su posible exigencia de abstinencia.”

EFECTOS SOBRE EL SISTEMA RESPIRATORIO

Los efectos tóxicos más previsibles del cannabis están asociados a su utilización excesiva por inhalación. En efecto, las mismas concentraciones de sustancias cancerígenas (fenol, nitrosaminas, sustancias poliaromáticas, etc.) se encuentran tanto en el humo de los cigarrillos como de los porros (informe de la British Medical Association, 1997).

Son éstos los efectos más peligrosos en caso de uso muy frecuente de cannabis, pues conducen al riesgo de tumor pulmonar, además, su consumo no disminuye el del uso del tabaco. Por otro lado, han sido observadas inflamaciones bronquiales entre los grandes consumidores de porros (más de 10 por día), así como problemas asmáticos y alteración de las funciones respiratorias (Tashkin et al. 1987), aunque no todos estos efectos han sido encontrados en todos los estudios (Gil et al. 1995). Uno de los peligros de la inhalación de cannabis reside en el hecho de que ésta es más profunda y el aire inspirado es más caliente. Sin embargo, no existe un estudio epidemiológico que demuestre que la asociación cannabis y tabaco sea un factor de riesgo superior al tabaco solo para la incidencia de cáncer pulmonar y la insuficiencia respiratoria crónica.

CANNABIS Y SISTEMA INMUNOLÓGICO

Los estudios efectuados sobre células e in vivo demuestran que, en dosis ampliamente superiores a las utilizadas con fines recreativos, los cannabinoides perturban el sistema inmunológico. Varios estudios en animales han mostrado una reducción de la resistencia a las afecciones microbianas y víricas tras el tratamiento con THC, que se comporta como un inmunomodulador, probablemente actuando sobre los receptores CB2 periféricos (órganos linfáticos, linfocitos, macrófagos, etc.). Sin embargo, las dosis utilizadas han sido muy elevadas y, por tanto, los resultados patológicos eventuales difíciles de establecer (Friedman et al. 1994). Son necesarios más estudios para verificar los efectos directos de los cannabinoides sobre los procesos inmunitarios e inflamatorios. El receptor de los cannabinoides presente en los macrófagos es diferente del que se encuentra en el cerebro, lo que explica la obtención de efectos inmunomoduladores con derivados de THC libres de efectos psíquicos.

Hay que señalar que el THC y el cannabis fumado han sido utilizados en pacientes enfermos de SIDA para disminuir los efectos secundarios (vómitos, pérdida del apetito, etc.) de los tratamientos a que están sometidos. Ningún estudio ha señalado efectos agravantes de los cannabinoides sobre el sistema linfático afectado por el virus VIH-1 (Kaslow et al. 1989). Es, pues, una más de las razones invocadas para la utilización clínica del THC en pacientes enfermos de sida o de cáncer.

Estudios epidemiológicos en un importante número de mujeres (ausencia de fertilidad, abortos, parto prematuro, etc.) que no consumían ningún producto susceptible de enmascarar el efecto específico del cannabis, deberían desvelar estos interrogantes. En EE UU, desde el comienzo de su consumo masivo, hay un retraso en investigación sobre el cannabis de 30 años, pues no ha sido publicado ningún estudio que demuestre un descenso de la fertilidad debida a esta sustancia. Por otro lado, sería interesante que especialistas llevaran a cabo estudios sobre el funcionamiento de las células reproductoras, usando material humano (especialmente con espermatozoides) y tejidos humanos (útero y placenta) que podrían ser obtenidos sin dificultades técnicas (postoperatorios, por ejemplo) con el consentimiento del paciente.

PODER MUTAGÉNICO Y CARCINÓGENO DEL CANNABIS

Existe un estudio comparativo (Berryman et al. 1992) de la acción del THC administrado a la rata en altas dosis durante cinco semanas, junto con etanol y un mutagénico testigo, el Trenimon. Los resultados demuestran que el THC, solo o en combinación con el etanol, no posee ningún efecto sobre la tasa de pre-implantación embrionaria, la mortalidad fetal y el índice de mutaciones. Los efectos mutágenos del cannabis fumado observados en el test de AMES (Sparacino et al. 1990) son debidos a la existencia de alquitranes y a los aditivos obtenidos de los cigarrillos y en los que hemos visto que contienen las mismas moléculas que el tabaco. Estudios sobre células de cultivo en presencia de THC puro o de condensados del humo de cigarrillos deberían confirmar estas observaciones.

USO POTENCIAL DEL CANNABIS EN TERAPÉUTICA

En el pasado, el cannabis era elogiado por su virtud para aliviar las migrañas y disminuir las reacciones alérgicas. Más recientemente, el THC ha sido utilizado por sus propiedades analgésicas, en el tratamiento del glaucoma y como antiemético. Es este último efecto el que ha valido para que sea introducido en la farmacopea americana desde 1987 por la FDA (dronabinol), sobre todo prescrito para las náuseas y vómitos refractarios a otros antieméticos, en especial en pacientes tratados con anticancerosos o antivíricos. Igualmente, ha sido observado un aumento del apetito. Se han efectuado muy pocos estudios clínicos comparativos con otros compuestos y los efectos psíquicos han aparecido cuando se han aumentado las dosis.

Por tanto, sería necesario estudiar más en detalle el interés del THC o, mejor, de los derivados sintéticos comparándolos con los analgésicos utilizados actualmente (ver revista de la British Medical Association, 1997).

CANNABIS COMO ANALGÉSICO

Han sido efectuados pocos estudios clínicos a doble ciego realizados sobre un número suficiente de pacientes para ensayar las propiedades analgésicas del THC. Los dos más significativos son el de Noyes et al. en 1975 (36 pacientes sufrientes de dolores cancerosos), y el de Jain et al. en 1981 (56 pacientes presentando dolores postoperatorios). En ambos casos efectos analgésicos significativos han sido observados en comparación con el placebo. El mayor efecto secundario fue un cierto estado de somnolencia. Varios estudios (Consroe et al. 1992, 1997) informaron de los efectos analgésicos del cannabis o del THC sobre diferentes tipos de dolores neurógenos, lo que en caso de confirmación, bajo condiciones controladas, podría convertirse en una aplicación interesante, pues este tipo de dolor a menudo permanece refractario a todo tratamiento, comprendida la acción de la morfina.

Otros estudios dan resultados contradictorios (ninguna analgesia en caso de dolores dentales). Estos resultados merecen que estudios comparativos con otros analgésicos, sean opiáceos o no, sean llevados a cabo para confirmar el potencial valor del THC y, sobre todo, el de los análogos de síntesis que poseen un potencial analgésico superior al producto natural.

CANNABINOIDES Y EFECTOS ANTIEMÉTICOS

El terreno en que los resultados son más convincentes es probablemente el de los efectos antieméticos de los cannabinoides, en especial en los pacientes enfermos de sida sometidos a tratamientos que conllevan náuseas y vómitos muy frecuentes. No solamente estos efectos aparecen significativamente reducidos por el THC, sino que, además, se observa una recuperación de peso que demuestra una mejoría en la ingesta alimentaria (Mattes et al. 1994; Voth et al. 1997; Dansak, 1997). El mecanismo de la acción anti-emética del THC permanece desconocido en relación a la localización de los lugares de conexión implicados. Es por tanto necesario, antes de encarar un uso terapéutico de los cannabinoides, conocer mejor su mecanismo de acción y, sobre todo, comparar sus efectos con los de los mejores antieméticos actuales”.

El citado e idóneo informe, realizado en Francia en 1998, revela un concienzudo estudio respecto a las diferentes características, entre virtudes y repercusiones, que implica el consumo de cannabis, bien para fines terapéuticos y medicinales o bien para otros distintos. De la misma manera se podría interpretar un comparativo bien cierto respecto a las drogas permitidas, concretamente alcohol y tabaco, señalando estas últimas, como las de mayor fuerza en cuanto a la escalada de las drogas, es decir, que la iniciación de las mismas, se establece por lo general desde el consumo de alcohol y tabaco, con mayor fuerza que desde el consumo de cannabis.