LA ORGANIZACIÓN SOCIAL DEL TRABAJO Y LA PRODUCCIÓN EN MÉXICO EN LOS SIGLOS XIX Y XX

LA ORGANIZACIÓN SOCIAL DEL TRABAJO Y LA PRODUCCIÓN EN MÉXICO EN LOS SIGLOS XIX Y XX

Jorge Isauro Rionda Ramírez

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LA SOCIAL DEMOCRACIA EN MÉXICO

Consumada la independencia de México, la inestabilidad económica y política del país es patente. Los primeros años independientes se dan entre las pugnas de quienes aspiran a la independencia de España, pero sin perder sus canonjías, como lo es el Clero y la aristocracia virreinal, conocido como el grupo conservador, y quienes aspiran a una independencia al estilo liberal y capitalista, bajo la enmienda democrática. Este último grupo conocido como el liberal. Los primeros que son el origen del actual bando político demócrata cristiano y los segundos que van por el capitalismo liberal pero ajeno a los intereses eclesiásticos, más de corte jacobino (Rosenzweig, 1965; 405 – 454).

Conservadores a favor de preservar sus canonjías, dadas bajo una sociedad estamentaria, amparadas bajo la Iglesia Católica. Liberales jacobinos a favor de la desaparición de la nobleza y en directa contraposición con el Clero tratan de inventar el capitalismo en México, muy al estilo inglés y norteamericano. Y la aparición paralela con la implementación del esquema liberal de Lerdo de Tejada y Benito Juárez del proletariado industrial, con su bagaje ideológico social demócrata, dan por sentado la controversia entre conservadores, liberales y la incipiente social democracia a fines del siglo XIX.

Posterior a la muerte del presidente Benito Juárez, se dieron administraciones que abrieron la economía mexicana a inversiones de otras naciones como lo son Inglaterra y Estados Unidos de América, así como otras germanas. Estas factorías localizadas en México trajeron de sus naciones trabajadores calificados para calificar la mano de obra mexicana, así como para supervisar la producción de sus talleres. Pero no solo se trajeron a los trabajadores calificados, sino que mantuvieron sus derechos laborales de sus países de origen. Esto hizo que el obrero del país conociera las relaciones industriales vigentes en las naciones industrializadas, como los ingleses. Por ello, en anhelo de gozar con similares prestaciones, nace la organización obrera del país y la beligerancia obrera cada día es más patente en el país. El sindicalismo y la socialdemocracia prosperan a la par en la vida laboral y social de México.

En 1877 nace el Gran Círculo en la ciudad de México que se integra por trabajadores industriales urbanos y que procuran adquirir las mismas prestaciones que los trabajadores de otras naciones industrializadas tienen en materia laboral. Organizan en ese mismo año el Gran Congreso General de obreros que pretende pasar del mutualismo al cooperativismo. Es con ello que arriban a la nación las bases ideológicas como sociales de la social democracia.

No obstante más de medio siglo de publicados los trabajos de Karl Marx y F. Engels, la social democracia de México se inspira más en el socialismo utópico que en el científico. El mutualismo domina la organización obrera antes que el cooperativismo que aún es incipiente. Por ello el movimiento obrero esta desorganizado y desarticulado y no cuenta con la fuerza necesaria para promover un movimiento social a la altura de la revolución mexicana.

El porfirismo crea el clima adecuado para que maduren las organizaciones obreras en las principales ciudades del país. Aunque los sindicatos no son bien vistos por el régimen liberal, no obstante cada vez son más los sindicatos y movimientos obreros. Destacan las huelgas de Río Blanco y Cananea (1906).

La social democracia culmina en 1906 con la huelga en Sonora de los trabajadores de la mina de Cananea, movimiento obrero que termina en una tragedia ante el violento sofocamiento de las autoridades que causa muertes y atropellos a los trabajadores alzados. En esta tragedia participa el ejército norteamericano bajo el permiso del Gobernador de Sonora para reprimir el movimiento huelguista que se da en una mina en manos de industriales estadounidenses. Río Blanco es otra referencia ineludible en la trágica anecdótica de los trabajadores del país bajo el régimen porfirista.

La situación del trabajador del campo como urbano del país se vuelve insoportable, y la abierta discriminación del trabajador urbano en desventaja respecto al trabajo internacional encuna las aspiraciones de la social democracia y el sindicalismo en el país. Las agrupaciones de trabajadores son mal vistas por el régimen porfirista.

La revolución mexicana tiene dos escenarios importantes: el campo y la ciudad. En el campo la situación de los trabajadores desposeídos de su tierra da la base al surgimiento en Morelos, como en el sur del país del levantamiento zapatista (Chevalier, 1960; 165 – 187). En cambio, el las zonas urbanas, el creciente proletariado como la búsqueda de la burguesía provinciana por acceder a las instancias del poder, promueven la revolución maderista. Es interesante en este último aspecto concebir que ya en México se tiene una organización obrera beligerante y tendiente a la ideología social demócrata, por ello, la revolución mexicana procura para la población urbana la social democracia, mientras que el campesino busca un reparto agrario más justo.

Venustiano Carranza y Pascual Orozco en el norte procuran derechos más allá de los campesinos, los de los trabajadores industriales de industrias campesinas como urbanas. Es con ellos que la social democracia encuentra acomodo lo que obliga al liberal de Carranza a procurar intereses de las agrupaciones obreras de orientación más social demócrata que liberal.

Nótese cómo el liberalismo decimonónico como la social democracia de inicios del siglo XX tiene un fuerte sesgo anticlerical, lo que es base para comprender la ausencia de la Iglesia Católica como protagónica de la revolución mexicana, que más allá del zapatismo, no encuentra acomodo alguno en los ideales de la contienda revolucionaria. Sus interese se hacen patentes hasta 1926 con la guerra cristera.

La revolución mexicana se da dentro de la abierta implementación a escala mundial del régimen de producción flexible (modernismo o fordismo). La forma de expoliación de la fuerza de trabajo de este régimen es abiertamente deshumanizada. Por ello, el movimiento obrero a escala internacional patenta la necesidad de contar con un Estado corporativo, que conciba la organización obrera (sindicalismo), como parte de la organización social del trabajo y la producción. Necesariamente el estado, el nuevo estado fordista, tiene carácter social demócrata. Una social democracia con abierta inspiración marxista, pero de abierta heterodoxia en el mundo capitalista. De ahí el carácter populista de la revolución mexicana.

El desarrollo modernizador del país propio del periodo post revolucionario genera conflictos sociales al inaugurarse nuevas formas de expoliación del trabajo, puesto que la explotación se intensifica deshumanizadamente con la implementación de una organización privada del trabajo y la producción de corte fordista – taylorista. Los obreros se organizan en sindicatos y el movimiento obrero se vuelve un bastión de lucha post revolucionaria, de fuerte corte ideológico tendiente a la social democracia.