ANUARIO DE ENSAYOS DE SUCESOS POLÍTICO-ECONÓMICOS EN MÉXICO Y SU REGIÓN CENTRO

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Ángel Enrique Carrillo Picón y otros

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ENSAYO XLIX. El TLC y la muerte del campo mexicano

Reunidos en Vancouver Canadá, lunes y martes, los representantes de México, Estados Unidos y Canadá “evalúan” y dan “seguimiento” al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), puesto en marcha 13 años atrás, para conseguir la liberalización total del comercio de bienes, servicios y capitales.

Los arreglos comerciales llegarán a las manos de los mandatarios de los tres países, para ser abordados la próxima semana en la reunión de la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN), que se celebrará en Montebello, Quebec.

Según la Secretaría de Economía, el secretario Eduardo Sojo no abordó el asunto de la desgravación total de maíz, frijol, azúcar y leche en polvo pactados para 2008, tampoco abordará uno de los asuntos más importantes para sus supuestos representados: el migratorio.

Por otro lado, el dirigente de la Confederación Nacional Campesina, Cruz López Aguilar, destaca los aspectos negativos para el sector agropecuario, pues el TLCAN, combinado con una errática política del gobierno federal en la materia, ha generado un “gran rezago”. En particular, el líder campesino exigió al presidente Felipe Calderón revisar tratado comercial y negociar la salida del maíz y frijol del acuerdo.

La preocupación de los campesinos mexicanos, radica en el intercambio comercial injusto; en las desventajas de los agricultores nacionales ante los subsidios que los gobiernos de Estados Unidos y Canadá otorgan a sus granjeros y que el año próximo entrarán el maíz, frijol, azúcar y leche en polvo a nuestro país, provocando que nuestros agricultores no puedan vender sus productos, por lo que tendrán que abandonar el campo y emigrar a las ciudades o al extranjero con todos los riesgos para su vida que eso implica y con la consecuente desintegración familiar.

La crisis del sector agropecuario está a la vista, y cada vez tiene menos capacidad para producir alimentos. En este primer semestre el valor de las importaciones agroalimentarias se incrementó 50 por ciento, y los productores mexicanos son 2 millones menos que al inicio del TLC. La polarización social en el campo mexicano es creciente; la migración de la población rural llega a 300 mil personas por año en condiciones inhumanas; más de un mexicano muere cada día al tratar de cruzar a Estados Unidos, y esa realidad no la quiere reconocer Felipe Calderón, porque su único interés es servir a las corporaciones del sector agroalimentario.

La apertura desigual y brusca nos ha llevado a la desaparición de una parte importante de los cultivos y productos nacionales.

Las organizaciones campesinas siguen demandando la revisión del capítulo agropecuario del TLC, anunciaron campañas y movilizaciones nacionales en pro de la soberanía alimentaria y la reactivación del campo. Seguirán presionando por un nuevo modelo de agricultura y alimentación que tenga como eje central el derecho al trabajo de los pequeños y medianos agricultores, así como el derecho a la alimentación de 106 millones de mexicanos.

La falta de sensibilidad del gobierno neoliberal de Felipe Calderón emanado del PAN, se refleja en las desafortunadas declaraciones de Blanca G. Villarello, funcionaria de la Secretaría de Agricultura (Sagarpa), cuando dijo el mes pasado, que son “sicológicas” las preocupaciones expuestas por el sector agropecuario por la apertura total de los mercados de México y Estados Unidos en 2008.

El panorama del sector en tiempos del TLCAN es desolador. Un ejemplo es el maíz. Este grano representa 60 por ciento de la producción agrícola nacional en volumen y valor y ocupa 62 por ciento de la superficie cultivada. Tres millones de productores lo cultivan; 18 millones de personas dependen del maíz para su sustento. En 2008, más de 30 millones de toneladas de maíz libre de impuesto, ingresarán al país.

Esto genera una grave crisis entre los productores nacionales. La política agrícola y comercial desde Salinas de Gortari hasta Felipe Calderón -ingreso de maíz y otros productos importados a precios dumping (subsidiado)- ha obligado a los productores mexicanos a abandonar sus cultivos. Con esta política se enfrentó a los maiceros mexicanos, abandonados y con ineficientes programas gubernamentales de apoyo, con los maiceros estadunidenses, uno de los sectores agrícolas con mayores subsidios en el mundo. Los subsidios en Estados Unidos representan hasta 30 por ciento de los costos de producción, mientras en México a lo mucho llegan a 9 por ciento.

Al liberar de impuesto a las importaciones de maíz y otros productos, como el frijol, el gobierno mexicano regala 2 mil 140 millones de dólares a las trasnacionales importadoras y productoras de nuevos granos. El impacto es drástico también en otros cultivos: a partir del TLC, la producción de trigo se redujo en un tercio y la superficie cultivada cayó 43 por ciento; la soya, que llegó a ocupar 500 mil hectáreas, ahora sólo es sembrada en 88 mil.

La apertura total podría significar el fin del campo mexicano. El Banco Mundial ha advertido que el sector agropecuario nacional no está en condiciones de competir en el mercado que se generará a raíz de la liberación de aranceles, debido a que a lo largo de 20 años ha sido objeto de políticas sin resultados positivos.

¿Qué se puede decir ante los datos anteriores? Urge modificar la política agropecuaria del país, e impulsar una revisión a fondo del TLCAN, para proteger, y fortalecer al campo mexicano.

Pero para el calderonismo es más importante cuidar los intereses estadunidenses en su patio trasero (seguridad y abasto energético) que cuidar los de la mano de obra mexicana en Estados Unidos y los de los productores agrícolas nacionales y garantizar una apertura equilibrada y paulatina de las importaciones.