PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO REGIONAL Y LOCAL EN VENEZUELA

PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO REGIONAL Y LOCAL EN VENEZUELA

Alexis Guerra

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Políticas públicas y capital social en el desarrollo regional y local

Mauricio Iranzo T.

Independientemente de los resultados que algunos sectores o más bien grupos económicos pudieran ostentar, es inocultable en Venezuela la presencia de una pobreza creciente y de una terciarización incontrolable de la economía, a la que se agrega una seudoinstitucionalización de la subcontratación, que más allá del deterioro de la actividad económica que pudiera achacarse a la polarización política, expresa la agudización de contradicciones seculares que adquieren su dimensión más crítica en la aparente confrontación formal – informal de la organización del trabajo. La informalidad, que obviamente no se limita a la buhonería, es a todas luces el disfraz de la flexibilización, que a su vez esconde la necesidad empresarial formal de disminuir sus pasivos laborales y hacer más expedita la contratación y despido del personal sin la carga de la seguridad social.

Si a esto le agregamos una transición de un modelo a otro aparejada a una confirmación del papel asistencialista y compensatorio de los programas sociales, los cuales desde hace tiempo no son definidos en el marco propiamente dicho de una política social, el papel del Estado se reduce cada vez más a la transferencia de recursos a los sectores más necesitados, dando lugar a la manipulación política de quienes quieran ser beneficiarios. Aunque no es posible ni es el objetivo de este trabajo detenerse en este punto, es interesante decir que también existen programas y proyectos que atienden a sectores de la población ubicados como integrantes de la economía social o popular, en vista de su incuestionable presencia, pero ante la que deberían definirse a profundidad criterios que fortalezcan sus aportes a las redes de solidaridad y apoyo mutuo, antes que darle soporte como economías de subsistencia basadas en la “autosobreexplotación” del trabajo, opción muy conveniente para el modelo de desarrollo implantado. Sobre este aspecto se enuncian algunas consideraciones más adelante en este documento.

Sin embargo, el marco generaldescrito no es óbice para comprobar también otras tendencias y realidades, que se manifiestan prácticamente como contracorriente, a pesar de las condiciones que favorecen la disgregación y el atomismo, las cuales logran incentivar procesos presentes como posibilidades alternativas.

Modelos emergentes La crítica fundamental tanto al modelo proteccionista como al de apertura, en cuanto modelos aplicados en los países atrasados o periféricos, radica en el enfoque economicista que los caracteriza, centrado en el crecimiento económico como objetivo, desde el que se supone deberían derivarse beneficios al conjunto de la sociedad.

Más allá de la concepción “ingenua” que revela,no hay manera de seguir sosteniendo la idea de un beneficio a futuro de un crecimiento económico que, cuando ocurre, normalmente es acumulado de manera restringida con apenas un efecto residual para la mayoría de la población. En las condiciones actuales fomentadas por el proceso globalizador, la aplicación del modelo de economía abierta al pie de la letra ha provocado desde la miseria generalizada hasta el arrase de potencialidades que no estaban en correspondencia con los intereses específicos de los actores predominantes, aunque pudieran traducirse en ventajas competitivas en algunas áreas.

En este contexto, sea por los conflictos políticos y sociales que surgen cíclicamente y/o por las presiones de los sectores económicos mantenidos al margen y que son afectados negativamente por las políticas aplicadas, se han producido opciones con distintos grados de elaboración, donde han participado desde la academia hasta las experiencias sociocomunitarias, pasando por los partidos, algunas de manera recurrente en vista del manejo político-electoral del que han sido objeto, pudiendo crearse distorsiones al despertar esperanzas y hasta espejismos de superación fomentados por la agudización de la desigualdad y la pobreza.

Pero desde el enfoque territorial, cuando se apela a la reivindicación de lo local para contrarrestar los efectos perversos de lo global, expresándolo como desarrollo local, se pretende mucho más que una consigna, la cual podría decirse contiene el significado del desarrollo, en cuanto a que realmente éste no existe si no es posible apreciarlo y vivirlo localmente. Este concepto, si además se enriquece desde una perspectiva inclusiva, que no busque diferenciarse sino más bien complementarse con lo endógeno, lo sostenible y en definitiva lo humano, podrá dar lugar a la construcción de una noción compartida que por supuesto rechaza la idea de reducir el desarrollo al simple crecimiento económico.

Por otra parte, referir lo local significa incorporar la dimensión espacial de manera preferente, en términos de ámbitos subnacionales, no necesariamente establecidos por los límites regionales y municipales, pero en los que la consideración de éstos le da una connotación importante a la hora de señalar el papel del sector público.

La delimitación de un territorio conlleva la caracterización de quienes lo ocupan, tanto instituciones como personas, y el reconocimiento de los rasgos distintivos que los muestran con determinados valores y creencias, componentes básicos de toda cultura. Por lo tanto, teniendo en cuenta la relación entre estos elementos y las menciones que se han hecho del capital social, pareciera adecuado profundizar en aquellas definiciones de desarrollo local que nos acerquen a este relacionamiento pero manejándolo con criterio de integralidad, para lo que se podrían presentar dos, una que identifica el desarrollo local con el municipio y otra, muy similar, que no delimita su espacio a esta división político administrativa: “El Desarrollo Local es un proceso de dinamización de los recursos humanos y materiales, así como de sus potencialidades, en lo económico, social, cultural y tecnológico, existentes en el ámbito territorial de un municipio, impulsado a través de la participación de todos los actores que en él se desenvuelven y con el apoyo irrestricto del gobierno local, mediante la gestión y concertación de políticas, planes y acciones que coadyuven al Desarrollo Humano de sus habitantes.” A ello vale agregar que: “Se considera al Desarrollo Local como un proceso de prácticas institucionales participativas que, partiendo de las fortalezas y oportunidades de un territorio determinado (en función de los recursos naturales, económicos, sociales, culturales y políticos), conduce a mejorar los ingresos y calidad de vida de su población de manera sostenible y con niveles crecientes de equidad” 27 Pero la complejidad del problema nos exige recurrir a la sistematización de autores como Sergio Boisier, para concentrarnos en un tipo de clasificación como la que realiza cuando afirma que “parece posible distinguir a lo menos tres contextos no necesariamente independientes entre sí que cobijan modalidades diferentes y sustantivas de desarrollo local, más allá, como se dijo, de su indesmentible dimensión geográfica: el enfoque del desarrollo local como una matriz de estructuras industriales, el enfoque del desarrollo local como un proceso endógeno de cambio y el enfoque del desarrollo local como empoderamiento de una sociedad local”, y de esta manera colocar la discusión del tema en la perspectiva de la complementariedad.

En este sentido, se establece el criterio de considerar como válido el carácter complementario de las modalidades señaladas, ya que, a nuestro entender, una no es posible sin las otras y todas son necesarias. A los efectos de este trabajo, se asume además que sin el empoderamiento de la sociedad local no es posible construirle viabilidad a las dos anteriores, y que en procesos de esta naturaleza es indispensable la convocatoria de los actores locales y regionales con capacidad para facilitarlo, como es el caso de las universidades.

Mercedes Caracciolo y María del Pilar Foti: “Economía solidaria y capital social: contribuciones al desarrollo local”, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2.003, p. 25 Sergio Boisier: “Hay espacio para el desarrollo local en la globalización?”, ponencia al encuentro internacional virtual Desarrollo Local en un Mundo Global, Diciembre, 2.004 Participación y desarrollo Si empoderamiento es “dar el poder”, y el poder que se otorga se refiere al acceso de la población a la toma de las decisiones que la afecten, indudablemente se trata de las decisiones relacionadas con lo público y más concretamente, de la participación colectiva en lo público. Pero sólo parte de lo público corresponde a lo estatal, por lo que también es preciso considerar el empoderamiento en cuanto a la democratización de las estructuras tradicionales de poder, más allá de lo estatal.

Dicho de otra manera, para que las sociedades locales asuman su propio destino, dentro de los márgenes del Estado – Nación y como resultado de procesos sociopolíticos abiertos donde se transfieran poderes y competencias, la colectividad debe buscar en sus propias dinámicas los factores que le permitan aprovechar sus potencialidades, las cuales pueden estar mediatizadas por relaciones subordinadas a estructuras sociopolíticas tradicionales, haciendo de la participación un ejercicio retórico e intrascendente.

Además, la realidad de la participación, se ha insistido, no consiste simplemente en la creación de oportunidades para ejercerla, o que desde los distintos niveles del Estado se ofrezcan mecanismos más o menos institucionalizados para actuar “corresponsablemente” o en obtener mediante la presión organizada la aceptación del derecho a estar involucrado en las decisiones del poder público. Cada sociedad detenta unas condiciones sociohistóricas y sociopolíticas que son el reflejo de su nivel de desarrollo, en las que la cultura y la tradición local juegan un papel preponderante y que se manifiestan con distintas características dependiendo de las condiciones socioeconómicas de cada estrato poblacional, que pueden ser identificadas como capacidades.

Por lo tanto, la concreción de los procesos de empoderamiento, en contradicción a lo que convencionalmente se cree, no depende tanto de la voluntad política, sino de las capacidades locales, hoy en día estudiadas, entre otras categorías, a través del concepto de capital social. Quien emite debe tener la potestad para poder hacerlo y quien recibe puede tener distintas capacidades para administrarlo y ejercerlo, en el entendido que la motorización del proceso está en manos de la población y no del gobernante de turno.

Ahora bien, en la relación social las formas de expresión de las capacidades, entendidas como aquellos atributos que le permiten al ser humano aprovechar las oportunidades adecuadamente, 29 no solamente están asociadas a los niveles educativos sino que deben ser adecuadamente contextualizadas para ser correctamente comprendidas. En este sentido, los vínculos entre empoderamiento y participación articulados a través de las capacidades, podrán apreciarse mejor al ser considerados como componentes del capital social, pero de una vez es preciso decir que si la participación, en cualquiera de sus dimensiones y más allá de lo formal, puede estar supeditada a su condición de costumbre o valor arraigado en una sociedad local determinada, también puede ocurrir que, si no existe en estos términos, se instituya legalmente, pero pase a ser objeto de manipulación por los sectores dominantes al no estar enraizada en los valores compartidos de la cultura local.

Capital social para el desarrollo Fundamentalmente con los trabajos de Bourdieu, Hirschman, Coleman, Putnam y Kliksberg, se ha adelantado en la definición de un concepto que todavía está en elaboración. Sin embargo, desde sus investigaciones, se podría afirmar que los elementos que lo caracterizan se encuentran alrededor de la identificación de redes, normas o reglas y valores que conducen a un beneficio mutuo, por Siguiendo el concepto de Amartya Sen incorporado a la definición de lo que, tentativamente, la siguiente aproximación nos da una idea de lo que consideramos Capital Social: “Son las relaciones de confianza y cooperación desarrolladas, a través de la participación, entre actores sociales para el logro de bienes públicos, que se expresan en una trama, tejido o red, de normas y compromisos cívicos, explícitos e implícitos, regidos por una ética social y familiar e inmanentes a una cultura determinada.” Siendo el resultado de las relaciones, del intercambio, su carácter es compartido, no se detenta ni se acumula individualmente como patrimonio propio, ya que es necesariamente colectivo, característica que resalta Barreiro, investigador español sobre el tema: “El capital social son las normas y las redes que permiten a la gente actuar de manera colectiva. El capital social son las instituciones, el conjunto de relaciones, actitudes y valores que determinan las interacciones entre las personas y que suponen, a la vez, una red social que produce utilidades y beneficios para las personas que participan.” (Fernando Barreiro, 2.004) Por cierto, cuando se refiere a utilidades y beneficios, no necesariamente son monetarios o financieros, ya que pueden ser intangibles.

Pero todavía falta mucho por investigar y en este campo la universidad tiene una responsabilidad fundamental, a través de la cual debe nutrir tanto las orientaciones políticas como los contenidos curriculares de las carreras que dicta. No necesariamente la solidaridad entre los integrantes de un sector de la sociedad se traduce en resultados satisfactorios para el conjunto de ella ni la confianza que demuestren algunos actores económicos en sus transacciones significa que se está respetando el bienestar colectivo.

Por lo tanto, para evitar equívocos, debe dejarse claro que cuando se insiste en un nuevo paradigma del desarrollo, no es solamente por las carencias de los modelos actualmente en proceso, en los que, por ejemplo, destaca la inexistencia de un enfoque ético de los problemas, sino porque las alternativas deben encontrarse a partir de nuestras propias capacidades y potencialidades, que en gran medida pareciera que fluyen y se nutren en los componentes de nuestro capital social. Es decir, urge impulsar un paradigma basado en la ética y el capital social, implantado a través de la participación y en función de las capacidades humanas, de tal manera que conduzca a la plenitud de una vida digna para todos.

Bibliografía

Barreiro, Fernando (2004). Capital Social y Desarrollo Local.

Ponencia al Encuentro Internacional Desarrollo Local en un Mundo Global, España. www.eumed.net/eve.

Boisier, Sergio. (2004). Desarrollo endógeno: ¿Para que? y ¿Para quien? El humanismo es una cuestión contemporánea del desarrollo. En: Revista RIADEL. Cuarto trimestre. Santiago de Chile.Post Modernismo Territorial y Globalización: Regiones pivotales y Regiones virtuales. Documento 93/19. Serie Ensayos. ILPES.

Noviembre. Santiago de Chile.

Caracciolo Mercedes y Foti Maria del Pilar. (2003). Economía Solidaria y capital social: contribuciones al desarrollo local.

Editorial Paido. Buenos Aires.

Iranzo, Mauricio. (2002). Desarrollo Local y Gestión del Desarrollo. En: Aportes para la Investigación en Gerencia y Contaduría en Venezuela. Ediciones BCVUCLA. Barquisimeto.