PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO REGIONAL Y LOCAL EN VENEZUELA

PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO REGIONAL Y LOCAL EN VENEZUELA

Alexis Guerra

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Documento Líneas de Investigación

BASES TEÓRICAS DEL PROYECTO DE CREACIÓN DE LA UNIDAD DE INVESTIGACIÓN EN DESARROLLO REGIONAL Y LOCAL (DAC-UCLA)

Mauricio Iranzo T. (Coordinador)
Sociólogo. (UCV) DEA Planificación del Desarrollo Regional, Sorbonne Nouvelle, París, Francia.
Coordinador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, PNUD.
Proyecto VEN-91-04. “Apoyo de la Economía Popular. 1987-1993”.
Coordinador del Programa de Doctorado en Estudios del Desarrollo (Convenio UCLA-CENDES-UCV).
Docente Investigador DACUCLA.PPI

Introducción

La dimensión espacial – territorial ha adquirido un lugar destacado en el análisis de los procesos de desarrollo, especialmente al ser abordados en el contexto de la globalización, aunque pareciera más adecuado hablar de “glocalización”, término en el que se expresa la conjugación de lo local y lo global como polos indivisibles y complementarios de un mismo fenómeno.

Sin embargo, en la teoría económica liberal, soporte de los modelos desarrollistas que fueran aplicados en los países periféricos, aparecía marginalmente, ya que el territorio era en todo caso el área ocupada por el enclave primario-exportador, desde el cual se estimaba pudiera ocurrir el “derrame” de los beneficios hacia el entorno y en los que participaría la población circundante más por la supuesta abundancia de riqueza que por el mejor aprovechamiento de sus propias capacidades.

Es decir, la planificación economicista que guiaba la toma de decisiones en las políticas públicas, optaba por preferir la concentración de la inversión en rubros de exportación de alta rentabilidad, léase por ejemplo petróleo, propiciando mejores condiciones de vida en principio a sus allegados, bajo la premisa de una incorporación progresiva del resto de la población. El Estado actuaría de catalizador de los procesos ulteriores y de redistribuidor de la renta, en nuestro caso, petrolera. Por lo tanto, las divisas obtenidas por la explotación de las materias primas requeridas por los países desarrollados, serían entonces las que financiarían el desarrollo.

Esta concepción no solamente ha sido superada por su fracaso en la teoría y en la práctica, sino que la dinámica impuesta por la mundialización, que requiere de disponibilidades deslocalizadas en cualquier lugar del mundo, ha dado lugar más al aprovechamiento de los recursos humanos combinados con las condiciones de producción de la riqueza material y de su distribución territorial, que a la simple explotación de las materias primas, apoyándose en una gran fluidez en la circulación de los capitales transnacionales garantizada por la flexibilización de las normativas fiscales y laborales.

El estudio de esta problemática, dadas sus repercusiones en todos los ámbitos del conocimiento y especialmente en la definición de políticas de desarrollo en nuestros países, ha provocado una amplia producción intelectual en la quese encuentran enfoques e interpretaciones muchas veces contradictorios y que ameritan un abordaje admitiendo su complejidad, particularmente cuando se reconoce el papel que cumple en su discusión la dimensión regional y la local, ante lo que la universidad no puede permanecer ajena, mucho menos hoy en día que se reclama su incorporación activa a la búsqueda de opciones de desarrollo capaces de superar las limitaciones que los modelos aplicados han demostrado hasta el momento.

En este sentido, la propuesta que se presenta a continuación pretende contribuir a una profundización novedosa y transdisciplinaria del análisis de la problemática del desarrollo regional y local, así como a la producción y manejo de alternativas para afrontarla, al plantear la creación de un espacio de investigación, no necesariamente en el sentido físico del término, donde se interrelacionen y trabajen estudiosos e investigadores interesados en adelantar iniciativas en esta dirección, el cual pudiera concretarse al constituirse una Unidad de Investigación, tal como lo contempla y permite la reglamentación establecida al efecto en la UCLA y que administra el CDCHT.

Indudablemente, proponer la creación de esta figura en el ámbito universitario, entra en correspondencia con el papel fundamental al que estas instituciones están convocadas hoy en día por la sociedad, en vista de la importancia creciente que se le otorga a las posibilidades de su aporte a la construcción de una perspectiva que coadyuve al bienestar de los ciudadanos, la cual debe trascender, reconociendo su significación aunque no su exclusividad, al mandato tradicional de ser la instancia por excelencia dedicada a la generación y transferencia del conocimiento.

Pero además, en los últimos años en la UCLA se ha propiciado la incorporación de los profesores a las investigaciones relacionadas con el desarrollo, al motivarlos a cursar estudios de quinto nivel mediante convenios con universidades que contemplan este tema dentro de su oferta de postgrado, como es el caso de los existentes con la Universidad Central deVenezuela y su Doctorado en Estudios del Desarrollo a cargo del CENDES y con la Universidad de Sevilla, España, y su Doctorado en Metodologías de Análisis del Desarrollo Regional, quienes han definido líneas de investigación y han adelantado trabajos que podrán agruparse en la Unidad propuesta, aunque entre los profesores que aparecen como sus proponentes se encuentran también con Doctorado y con otros cursos de postgrado según se explica en los currículo que acompañan el presente documento de Proyecto.

Por cierto, al acercamiento al tema han concurrido profesores ubicados administrativamente en diferentes Decanatos, por lo que no es imprescindible sostener una adscripción exclusiva de esta idea a alguno de ellos, aunque la mayoría pertenecen al Decanato de Administración y Contaduría.

Por lo tanto, sin desconocer los vínculos con otras investigaciones en el campo del desarrollo, que pudieran identificarse y contextualizarse más allá de la producción de los actuales doctorantes, se presentará a continuación una justificación, de carácter general y con algunos elementos concretos, de la importancia de la temática, para posteriormente ofrecer el objetivo general y los específicos y terminar con algunas consideraciones, tomando en cuenta la producción existente, sobre los aspectos teórico – conceptuales del problema, como la fundamentación de la perspectiva territorial del desarrollo y el papel que se propone para la universidad en el desarrollo regional y local, culminando con la argumentación, de acuerdo a los ámbitos que se definirán dentro de una concepción de complementariedad, de las líneas de investigación esgrimidas actualmente por los profesores investigadores propuestos como integrantes-fundadores de la Unidad de Investigación en Desarrollo Regional y Local.

Justificación La perspectiva regional y local en los estudios del desarrollo tiene implicaciones de diversa naturaleza, que van desde su necesaria inserción en un nuevo modelo de desarrollo hasta su conceptualización más allá de los límites político – administrativos establecidos para las entidades federales y los municipios, respectivamente, pasando por la identificación de potencialidades referidas a ámbitos subnacionales, conformados por realidades en cuanto a recursos naturales y humanos que tienen una expresión geográfica y cultural que puede coincidir o no con estos límites.

No obstante, el encuentro con una nueva concepción a partir de lo regional y lo local no ha podido gestarse desde lo público en función de nuestras propias capacidades, sino que pareciera responder más a un esfuerzo por ofrecer espacios para la inversión de acuerdo a intereses exógenos, sin identificar las condiciones y potencialidades que nos son propias. Aunque la investigación desde y en la universidad ha dado, a pesar de todo, su aporte, no se ha aprovechado suficientemente el sinnúmero de posibilidades de la academia ni la trayectoria que se detenta en los campos del saber manejados tradicionalmente y que se podrían haber colocado al servicio del desarrollo. Por supuesto, delinear una propuesta, en cuanto al modelo y la política deseable, tendría sentido y pertinencia sobre todo a nivel nacional, pero el carácter y especialmente el ámbito de la UCLA la ubicaría especialmente a nivel regional y local.

Por otra parte, el tema del desarrollo desde la universidad, sea nacional, regional o local, no se ha abordado con un estudio suficientemente completo de las instancias correspondientes del Estado, en cuanto ente gestor y principal responsable de las políticas públicas, a pesar de su condición de artífice de la puesta en práctica de determinados modelos de desarrollo. Además, con demasiada frecuencia se prescinde de establecer el carácter de su intervención, sesgada constantemente por intereses ajenos a los procesos indispensables para abrir una brecha al desarrollo regional y local, como es el caso de la descentralización y la participación.

Para contrarrestar las tendencias centralistas aparentemente consustanciales a nuestra manera de concebir la democracia, sea por el régimen presidencialista que tendemos a fomentar o por la dependencia exagerada de unos ingresos fiscales administrados centralmente, es preciso investigar también las alternativas más viables para elevar las capacidades de todos los que intervienen, sean integrantes del gobierno regional o municipal, desde lo público, o de la sociedad civil, desde lo privado. Sus resultados seguramente tendrán mucho que decir en esta materia, al suministrar opciones que puedan motorizar una participación de la población en las políticas públicas con la que superen la simple condición debeneficiarios y fomenten la característica de agentes del desarrollo que deben tener los actores regionales y locales.

Si establecemos una relación operativo–funcional entre localidad y ámbito municipal, lo quetiene sentido por la incidencia de lo político–administrativo en la implantación de planes, programas y proyectos donde interactúan actores del sector público y el privado, el gobierno local podría pasar a jugar un rol fundamental no sólo en la promoción de los consensos necesarios, sino también en el liderazgo y concertación de su ejecución, para lo que debe contar con un aliado técnico con sentido estratégico, como puede ser la universidad en vista de su capacidad de generar información confiable y de actuar en el fortalecimiento de los recursos humanos que integran y soportan el poder local.

Sobre esta materia se podría adelantar criterio, en vista del conocimiento que se ha venido acumulando de la realidad municipal a través de investigaciones realizadas por profesores y por estudiantes, básicamente de postgrado, pero también gracias a distintas responsabilidades de consultoría que se han ejercido, sea a título personal o institucional.

Pero más bien podría caracterizarse su situación desde el punto de vista institucional, para fundamentar el papel que pudiera cumplir la organización de las investigaciones en ese campo, agrupando a los investigadores en una Unidad de Investigación sobre desarrollo regional y local, y así crear las condiciones para incidir efectivamente en la dinámica del desarrollo local.

Por una parte, hay que resaltar las deficiencias de funcionamiento y de gestión que se observan en los municipios de forma general, sobre todo en los medianos y pequeños, ya que carecen de la información y de los medios necesarios para cumplir eficazmente su misión. Se actúa de forma tradicional porque siempre las cosas se han hecho así y la resistencia para modificar estos usos y costumbres se ha venido convirtiendo en una barrera infranqueable, siendo necesario recurrir al apoyo externo. Además, los municipios utilizan insuficientemente la cooperación intermunicipal, desperdiciándose oportunidades y recursos que podrían aplicarse conjuntamente. La universidad tiene ante esto unas condiciones especiales, gracias a su recorrido en el desarrollo de capacidades gerenciales, que podrían ser puestas al servicio del fortalecimiento del poder local y regional.

Por otra, el funcionariado municipal en general no disfruta de políticas de formación o de capacitación que eleven su nivel de apreciación de los problemas y su manera de trabajarlos, lo que se traduce en una desmotivación permanente. Aunque este aspecto está muy sesgado por el problema clientelar a la hora de seleccionar y nombrar a los funcionarios, una participación formal de la universidad en estos procesos podría contribuir a disminuir la discrecionalidad y a aumentar la identificación del empleado municipal con sus actividades, lo que seguramente facilitará la articulación del municipio con el resto de los actores locales.

Es innecesario insistir en otros aspectos del problema, como los presupuestarios, en sus vertientes relacionadas tanto con la capacidad de recaudación como con la de ejecución de los recursos, o en los de las limitaciones para cumplir cabalmente con los servicios a su cargo, ya que ambos están estrechamente ligados a los anteriores e igualmente servirían para abundar en la necesidad de fortalecer al municipio como instancia clave para promover, animar y alcanzar el desarrollo local. La experticia del personal de la universidad en estos aspectos, especialmente en el Decanato de Administración y Contaduría, tiene reconocimiento regional y nacional.

Como corolario, es interesante recordar que la tendencia mundial es a darle cada vez más preeminencia al municipio, no a disminuirlo, ni en sus competencias ni en sus responsabilidades. José Arocena, investigador reconocido en estos temas y actual Vicerrector Académico de la Universidad Católica del Uruguay, sostiene: “La transformación de este actor local (el municipio) se orienta actualmente hacia una ampliación de sus funciones en el área de las políticas sociales y de desarrollo económico – productivo.

En esa medida, el municipio se está planteando la necesidad de instalar lógicas horizontales que le permitan crear el ámbito adecuado a sus nuevas funciones” .

1 Sin duda, esta ampliación de funciones se apoya en la idea, extensamente difundida por parte de los organismos multilaterales, de un desarrollo que debe colocar al ser humano en el centro de su acción, al entenderlo como Desarrollo Humano Sostenible Local.

Pero además, a un nivel integrador de lo local, como es lo regional, están contempladas atribuciones y competencias no suficientemente desarrolladas, por lo que los ejecutivos regionales requieren también de un soporte en investigaciones y diagnósticos todavía insuficientes, como es el caso de las cuentas macroeconómicas regionales, actualmente inexistentes, que son indispensables para la toma de decisiones en la inversión pública y obviamente en la privada. La orientación de la inversión en el ámbito regional es un resultado necesario pero también previsible de un incremento de la incidencia de la universidad en el desarrollo.

La perspectiva abordada ha pretendido mostrar una articulación necesaria, pero no se trata simplemente de creer en ella. Se requiere para su concreción en cuanto posibilidad real, del fomento de redes, rompiendo los aislamientos, y de una integración sistémica, ya que no tiene sentido aspirar a la prosperidad de una localidad o de una región sin aliarse sinérgicamente a todos los niveles, y la investigación y los proyectos universitarios pertinentes pueden jugar un papel decisivo como facilitadores de este proceso.

José Arocena (2.001): Centralización y deslocalización: la búsqueda de 1 alternativas, VI Congreso Internacional del CLAD sobre la Reforma del Estado y de la Administración Pública, Buenos Aires.

120 Creación de la Unidad de Investigación en Desarrollo Regional y Local Y es quizás esta última opción a la que la universidad puede prestar con mayor propiedad su concurso, al poner al servicio de la colectividad tanto sus saberes como su capacidad de convocatoria y experiencia y procurar así la articulación de los actores locales y regionales alrededor de una visión compartida, con la cual se puede ubicar en la relación con su entorno desde una perspectiva de responsabilidad social. La aspiración a una sociedad mejor debe estar soportada fundamentalmente en valores capaces de impulsar las transformaciones necesarias y la universidad quiere asumir el reto de ser protagonista en el respaldo al Desarrollo Regional y Local, en vista del papel que puede llegar a cumplir como nuevo paradigma en la lucha por ubicar al ser humano como centro del desarrollo.

Objetivo General y Objetivos Específicos: Ubicada la importancia y significación del tema, tanto por sus repercusiones para el futuro de la región como por sus implicaciones en la necesaria e imperativa articulación que la universidad debe tener con la sociedad, realidad consustancial a su propia naturaleza, la organización de los docentes-investigadores que aparecen como proponentes, sin que esto descarte la incorporación de otros más adelante, en una Unidad de Investigación en Desarrollo Regional y Local, pudiera ser una oportunidad para generar nuevos aportes en este campo además de contribuir a un manejo más apropiado y coherente de los esfuerzos realizados, los cuales se han dado de manera dispersa y parcelada, al plantearse su constitución con los siguientes objetivos: Objetivo General Fomentar, ejecutar y difundir la investigación sobre el desarrollo regional y local, a partir de proyectos adelantados por sus integrantes, tanto de manera individual como a través de equipos inter y transdisciplinarios en todas las áreas del conocimiento, de tal manera que promuevan y consoliden la articulación, pertinencia y responsabilidad social de la universidad con su entorno.

Objetivos Específicos: Contribuir al desarrollo regional y local a través de estudios e investigaciones articuladas a procesos impulsados por actores regionales y locales.

Desarrollar metodologías de investigación basadas en el trabajo inter y transdisciplinario, con una perspectiva de desarrollo humano y con un enfoque complementario e integrador de lo local, lo endógeno y lo sustentable.

Incentivar la investigación sobre el desarrollo regional y local entre los profesores y estudiantes de la universidad, apoyando su incorporación y fortalecimiento en los estudios de pre y postgrado.

Realizar proyectos de investigación en cada uno de los campos determinados como de atención prioritaria para impulsar el desarrollo regional y local, estableciendo las bases de datos necesarias y promoviendo la recopilación, sistematización y registro de información relevante.

Fomentar las relaciones de intercambio y cooperación con otros centros o unidades de investigación del desarrollo regional y local, tanto a nivel nacional como internacional.

Apoyar la conformación de equipos en áreas relevantes, como cuentas macroeconómicas regionales, cambio institucional y análisis socio-histórico, en coordinación con las instancias responsables a nivel nacional.

Asesorar y apoyar procesos de diagnóstico y planificación del desarrollo, adelantado por el sector público regional y local.

Contribuir a la incorporación del sector privado al análisis y discusión del desarrollo regional y local.

Promover convenios nacionales e internacionales para contribuir al desarrollo de los proyectos de investigación.

Promover, participar y apoyar la realización de eventos científicos locales, regionales, nacionales e internacionales para incentivar la producción e intercambio de saberes en la problemática del desarrollo y contribuir a la divulgación del resultado de las investigaciones.

Promover la publicación de las investigaciones realizadas a través de órganos de divulgación propios o mediante acuerdos con órganos externos que garanticen altos niveles de calidad y excelencia.

Promover y difundir la sistematización de experiencias exitosas en desarrollo regional y local.

Para ampliar la fundamentación de la idea propuesta y su soporte teórico-conceptual, se considera necesario adelantar algunos elementos sobre la perspectiva territorial del desarrollo, marco de referencia fundamental para la explicación de las líneas de investigación que, en principio, tiene planteado profundizar la Unidad y que posteriormente serán desarrolladas.

La perspectiva territorial del desarrollo: ¿Un nuevo paradigma? Las distintas aproximaciones conceptuales alrededor del desarrollo que emergen durante las últimas décadas están conduciendo a lo que podría llamarse el paradigma del desarrollo territorial (Moncayo: 2002) en tanto se considera que es precisamente dentro del espacio geográfico donde se articulan las demás dimensiones analíticas que definen los diferentes enfoques. De allí que los aspectos territoriales y la geografía se han ido convirtiendo en referentes fundamentales de los procesos socioeconómicos, tanto al interior de los países, como a escala global.

Adicionalmente, así como el escenario de fin de siglo ha estado caracterizado por procesos con fuertes impactos territoriales, tales como, la globalización económica, financiera, tecnológica y cultural, y sus respectivas dimensiones resaltantes de la era de la información, de igual manera se han venido conformando nuevos espacios integrados y un creciente proceso de urbanización en las sociedades modernas. A su vez, la dinámica de los procesos de desarrollo regional demuestra que han sido las capacidades económicas, los recursos naturales, las potencialidades sociales, culturales, políticas e institucionales del territorio, las que de una u otra forma permiten su articulación a marcos de planificación y de gestión más flexibles, o propician su aislamiento.

Desde diversos ámbitos de las ciencias sociales se destaca la importancia del rol territorial y es así, como el concepto de territorialización aparece reseñado por una multiplicidad de autores quienes lo asumen, o bien, desde la perspectiva de la globalización como forma de amortiguar sus efectos, (Pecqueur y Colletis: 1996), o desde una perspectiva endógena, (Maillat y Grosjean: 1998), cuando lo consideran como un proceso que asegura la emergencia de capacidades endógenas de desarrollo. Otros como (Latella: 1997), ubican a la territorialización desde la óptica del paradigma organizacional e institucional para considerarlo como el catalizador de las interconexiones existentes entre el sistema productivo, el conocimiento tecnológico y las capacidades sociales.

Entre las elaboraciones y numerosos testimonios teóricos y empíricos que en las últimas décadas entran a revisar las nuevas relaciones que se constituyen alrededor de la estructura económica y la denominada sociedad – red, se cuentan aquellas que tienen como centro dinamizador a la información y el papel que se le asigna al territorio o ciudad, desde la perspectiva de desarrollo endógeno. En este sentido, es elocuente lo expresado por Castells y Hall (1994:27-28) en cuanto a considerar que “Ciertamente, la paradoja más fascinante radica en el hecho de que en una economía mundial cuya infraestructura productiva está compuesta de flujos de información, las ciudades y las regiones se están convirtiendo de forma creciente en agentes decisivos del desarrollo económico”.

Del Castillo (1990), al examinar la relación entre la dinámica de los cambios espaciales (periferización de nuevos países industrializados, articulación socio-industrial con base tecnológica distinta, emergencia de nuevos sectores líderes del desarrollo económico, etc.) con el carácter estructural de la crisis, establece como criterio clave que “la evolución de un espacio es el resultado de la evolución del conjunto de las estructuras productivas que sobre el mismo están asentadas”, (p. 17) y define el espacio económico como “un espacio concreto a la vez material y humano, que es una realidad técnica, comercial, monetaria y política localizada”. (p. 33).

Igualmente otros autores (Polese. 2001; Castells. 1995; Vázquez Barquero. 2000; Precedo Ledo. 1996; Ramiro Fernández.

2001; Caravaca B. 1998) al analizar el tema observan que el modo cómo se produce el reordenamiento territorial o espacial incide en el crecimiento económico y el bienestar de la población, en general, y señalan que se ha producido una nueva jerarquía en la distribución urbana, incluso la terminología que se va creando habla de “ciudades ganadoras y perdedoras”.

En un esfuerzo de síntesis por delinear lo que (Legna Verna.1996: 77-78), denomina: “Paradigma Territorial de los 90”, observamos lo siguiente: a. El afianzamiento de novedosas formas de organización empresarial tanto al interés de ellas como entre sí. Se revaloriza la cultura local, su capacidad para vehiculizar los “know how”. Se exalta la cualificación del conocimiento y la especialización técnica y se reivindica la figura del distrito industrial, ahora bajo la conceptualización de “milieu innovador”.

2 b. En paralelo con lo anterior, ocurre el fortalecimiento de nuevas interacciones entre los agentes económicos. La integración de las empresas ahora se da a través de la constitución de redes de firmas especializadas, asociadas por relaciones de subcontratación o de cooperación.

c. Los actores, empresas o personas, que son nodos de redes funcionales se localizan en ciudades o Distritos que a su vez son nodos de redes geográficas.

d. En los Distritos, la distinción industrial/territorio no es evidente porque se trata de actividades complementarias y las “regiones ganadoras” son ante todo innovadoras que producen bienes exportables sean productos manufacturados o servicios. En dichas áreas los agentes sociales interactúan de tal modo que impulsan su desarrollo, lo cual no siempre es así. Un área urbana no necesariamente es un Distrito industrial exitoso.

e. El territorio se concibe como un campo de la acción humana construido por la dinámica de las fuerzas sociales donde las transacciones sensibles a la distancia ejercen efecto revalorizador. Los distritos industriales, sujetos de la metropolización, son atractivos para los agentes y las actividades innovadoras.

f. Los servicios cualificados constituyen las nuevas infraestructuras de las redes. Ellos juegan un papel central en los procesos de internacionalización y de ordenamiento del territorio.

g. Las áreas y regiones tienen diferentes niveles tecnológicos lo que conduce a una jerarquización del espacio. La innovación tiende a ser poco móvil y cada área tiene su propia trayectoria tecnológica. El desarrollo o subdesarrollo son la expresión de los mayores o menores niveles tecnológicos. Se plantean, al menos dos dilemas como aumentar dicho nivel y como desarrollar una trayectoria tecnológica que permita la inserción dinámica en el ámbito de la competitividad global.

De allí que la revalorización del territorio, bajo una visión diferente a la tradicional, limitada y estática, si se quiere centrada en la sola disponibilidad de recursos naturales, acompaña ahora a las nuevas teorías y enfoques que se van elaborando acerca de los modelos de desarrollo, en las cuales también se integra la variable ambiental. Por lo pronto, se acota que no todas las ciudades y las regiones son agentes decisivos. Lo son y lo serán en la medida en la cualpongan en práctica políticas sociales de “flexibilidad ofensiva” orientada a: crear, fortalecer y consolidar la capacidad innovadora de los recursos humanos; el aprovechamiento de su potencial endógeno en forma sustentable; la institucionalización de una cultura y actitudes ciudadanas con base y hacia los compromisos regionales; y una visión superadora del cortoplacismo que privilegie el interés colectivo de su población. (Legna Verna.1996).

Lo importante en todo caso es destacar la conformación de una nueva realidad de espacios de actuación (los territorios) los cuales se constituyen y reconocen como una estructura activa (de desarrollo, de estancamiento o de regresión) y no solamente un perímetro-receptáculo de las actividades productivas (Moncayo, ob. cit.). De ahí surge la necesidad de territorializar las estrategias de desarrollo, logrando al mismo tiempo mayores niveles de competitividad y eficiencia para enfrentar el desafío de la globalización (CEPAL: 1992). De esa forma se aspira que los territorios dejen de ser meros campos de maniobras para convertirse en verdaderos actores, gestores de su propio desarrollo (Veltz: 1999) dentro de los cuales, las regiones ya no estén sometidas a un horizonte prefijado o definido centralmente sino que se conviertan en verdaderos espacios dinámicos de actuación.

Esto último dará lugar a la definición de políticas de desarrollo tendientes entre otros aspectos, a la configuración y el fortalecimiento de un tejido institucional cooperativo que coloca el acento en la organización de los espacios sociales alrededor de otros objetivos necesarios y complementarios (dimensiones) vinculados por ejemplo, a la participación, las políticas de financiamiento, la planificación estatal y la tecnología; todos ellos, en profunda articulación con los procesos dinámicos propios de un contexto globalizado.

Este planteamiento nos lleva a pensar en lo que Boisier (2001) considera que se descubre en el proceso de desarrollo: una lógica territorial irreductible dentro de la cual, el desarrollo comienza a verse como un fenómeno local, de pequeña escala y, ciertamente endógeno; lo cual, refiere el autor, requiere que previamente adquiera (el desarrollo) la cualidad de descentralizado. De allí que su propia dinámica interna lo lleva a expandirse, desde abajo hacia arriba y hacia los lados.

Un marco de razonamiento sistémico se haría, en consecuencia, necesario para comprender que el desarrollo – territorial como es – no representa sino una propiedad emergente de un sistema territorial, dinámico, complejo, adaptativo y altamente sinergizado (ibid.). Se pudiera complementar dicho planteamiento señalando que, en la medida en que los profundos cambios tecnológicos, económico-financieros, socioculturales y políticos a escala mundial impactan inevitablemente los territorios subnacionales, dos tendencias: la globalización y la localización se entrelazan en una relación dialéctica que expresa dos ámbitos espaciales, dentro de un mismo campo relacional.

Desde la perspectiva de análisis que nos ofrece Vázquez Barquero (1999), el territorio, y más específicamente la teoría territorial del desarrollo, constituye una de las referencias teóricas obligadas para el abordaje del desarrollo endógeno en virtud de que ambas comparten dos principios metodológicos claves: por un lado tienen la misma concepción del espacio económicoyalavez, priorizan las acciones “de abajo hacia arriba” en las estrategias de desarrollo. Al igual que Boisier, considera que desde ambas visiones se entiende al territorio como un entramado de intereses comunitarios que se ha venido conformando a lo largo de toda su historia, dando lugar a un específico potencial de desarrollo.

Una síntesis esquemática de los planteamientos acerca del desarrollo endógeno, se encuentran en Vázquez Barquero (2000 a 53-63): 1. Constituye un instrumento útil para interpretar la dinámica económica de las ciudades y territorios y para proponer medidas que estimulen los procesos de acumulación de capital.

2. Considera que la acumulación de capital y el progreso tecnológico son, sin duda, factores claves en el crecimiento económico por cuanto conllevan economías, externas e internas, de escala, reducen los costos generales y los costos de transacción y favorecen las economías de diversidad.

Reconoce, por lo tanto, la existencia de rendimientos crecientes de los factores acumulables y el papel de los actores económicos, privados y públicos, en las decisiones de inversión y localización.

3. Postula que el desarrollo económico se puede acceder por la vía del potencial y del excedente generado localmente y la atracción, eventualmente, de recursos externos, así como de la incorporación de las economías externas ocultas en los procesos productivos. Para activar factores claves como: creación y difusión de las innovaciones y del conocimiento en el sistema productivo, la organización flexible de la producción, la generación de economías de aglomeración y de diversidad en las ciudades y la densidad del tejido institucional.

4. Constituye una interpretación para la acción en la medida en la cual la sociedad civil busca dar respuesta a los desafíos que trae consigo el aumento de la competencia en los mercados, a través de la política de desarrollo local o regional. La puesta en práctica y fortalecimiento de formas alternativas de organizaciones intermediarias y de la creación de asociaciones y redes públicas y privadas, permite a las ciudades y regiones incidir sobre los procesos que determinan la acumulación de capital y, de esta forma optimizar sus ventajas competitivas y favorecer el desarrollo económico.

La dimensión territorial del desarrollo y el papel de la Universidad en lo regional y local En la búsqueda de una interpretación dinámica del tratamiento del territorio en la aplicación de políticas para la consecución del desarrollo regional y local, no hay duda que el aporte del Estado en sus expresiones subnacionales pasa a jugar un rol excepcional, como instancia promotora y reguladora más allá de una ya caduca y superada condición, ratificada por la inoperancia de los modelos de desarrollo aplicados, de garante del bienestar.

La noción de bienestar amarrada a la posesión de bienes materiales ha servido de soporte a políticas asistencialistas, que no han podido revertir el agigantado incremento de la pobreza y la exclusión, al limitarse a distribuir bienes y servicios sin generar condiciones para poder decidir qué hacer libre y concientemente con ellos. Desde un enfoque de desarrollo humano, no se trata de la posesión de cosas, sino de las capacidades y titularidades para disponer de esas cosas.

Es decir, el enfoque de desarrollo reducido 4 al crecimiento económico, por más que garantice el acceso al bienestar material, ignora el peso y la importancia de lo intangible, entre los que se encuentra, en lugar preeminente, la identidad y valoración del territorio donde se vive.

En tal sentido, se juzga pertinente la reflexión que desde la óptica sociopolítica introduce al debate acerca del tema Fernando Calderón, (Calderón, 2002:89), en el marco de sus referencias a la decadencia del Estado patrimonialista corporativo; las insuficiencias de las reformas neoliberales; y el escenario latinoamericano que se va configurando. Particularmente, en el caso de la relación entre lo global y territorial, regional o local y las dimensiones que pudieran potenciarla para efectos del desarrollo, a saber: a. En la región se pueden crear, con más facilidad que a escala nacional, mejores condiciones para una mayor productividad y competitividad en la economía. También existen ventajas en el fortalecimiento institucional, en el desarrollo de infraestructura y tecnología adecuada. El desarrollo de flujos comunicacionales como caminos, redes de información, redes de intercambio de mercaderías y recursos humanos, pueden ser fortalecidos con mayor eficiencia a escala local y/o regional que nacional.

b. El espacio regional es el más adecuado para lograr integración social y convivencia pluricultural: un espacio de gestión del pluralismo.

c. El espacio regional es más eficaz y legítimo a nivel políticoinstitucional y por lo tanto, la deliberación es más factible en él.

Si estas dimensiones las observamos como necesarias a considerar para el desarrollo local, ellas se soportan a su vez en valoraciones socioculturales que tienen directa influencia en el comportamiento de los actores, hasta el punto que pueden procesar y hasta compensar en algunos casos, los efectos de la desigualdad y la disparidad de ingresos mediante mecanismos de asociatividad y redes de confianza (capital social), que van desde los nexos estrictamente familiares hasta los pactos o acuerdos sociocomunitarios que facilitan los intercambios de todo tipo capaces de aportar formas alternativas y sustentables de desarrollo, más factibles mientras más arraigados sean los valores compartidos. La sustentabilidad como modelo exige una clara identificación de sus protagonistas con los principios que la inspiran, de tal manera que estén incorporados a sus vivencias cotidianas.

Pero además, ubicado en su justa medida, se presenta el ámbito socioeconómico, desde el que se observan potencialidades territoriales asociables al comportamiento de la economía mundial: “Nos encontramos en una larga fase de transición tecnológica y reestructuración económica y social, en la cual las variables claves son, entre otras, la incorporación de innovaciones en el tejido productivo de cada ámbito territorial, así como la superior calificación de los recursos humanos según las necesidades locales existentes, la atención a las características al medio ambiente local y la adaptación institucional que requieren las nuevas formas de gestión en el conjunto de organizaciones existentes, ya sean privadas o públicas.” 5 El carácter localizado de estas manifestaciones permite establecer su relación con lo que se ha llamado desarrollo endógeno, que siguiendo a Vázquez Barquero (1998) podría definirse como “la forma que adquiere el desarrollo local, cuando la comunidad es capaz de utilizar el potencial de desarrollo de su territorio y de liderar el proceso de cambio estructural.”, aunque suscribiríamos el planteamiento de Boisier (2004) en cuanto a que “todo proceso de desarrollo es, por pura definición, un proceso endógeno, que sólo compete, en su sueño, en su diseño y en su implementación, a una comunidad que habita determinada localidad.” 6 En síntesis, el abordaje de la dimensión territorial del desarrollo, como componente definitorio en un espacio determinado de las relaciones entre lo sociopolítico, lo sociocultural y lo socioeconómico, requiere de una perspectiva de conjunto para el largo plazo, comprendida en el concepto de Desarrollo Humano, a través de la cual es posible mostrar el papel complementario e integrador a cumplir en la aplicación de las concepciones más particularizadas del desarrollo: DESARROLLO HUMANO Relación complementaria e integradora entre Desarrollo Local, Desarrollo Sustentable y Desarrollo Endógeno.

El Desarrollo Humano requiere del involucramiento concertado de los actores locales capaces de liderizar el uso de las potencialidades de su territorio, con el respeto a los recursos disponibles, mediante la elección de oportunidades innovadoras de bienestar individual y colectivo.

Es indudable que una conceptualización de esta naturaleza, más aún desde una visión constructivista, adquiere en su instrumentación una complejidad considerable, para lo cual las instituciones regionales y locales requieren del redimensionamiento de sus funciones tradicionales, de tal manera que estén en capacidad de responder a los procesos de cambio que exigen nuevas responsabilidades: En el contexto de la emergente sociedad del conocimiento, la educación ha pasado a tener una decisiva importancia como eslabón que articula los distintos objetivos del desarrollo. Las transformaciones en este contexto, en relación al campo del conocimiento, fundamentalmente se orientan ados grandes componentes.

Por un lado, a un nuevo modo de investigación más definido por el contexto de aplicación que por las disciplinas, más referido a la transdisciplinariedad de los objetos y métodos que a enfoques disciplinarios, más heterogeneidad de experiencias y técnicas, y mayor consideración del impacto social de la investigación. Por otro, los cambios de la institucionalidad universitaria que condicionan la forma como debe enfrentar su rol reproductor de capital humano y cultural.

7 Tales procesos, incuestionablemente ligados a la globalización, imponen la generación de conocimientos innovadores, lo cual emplaza especialmente a las universidades, sobre todo a las que actúan en ámbitos subnacionales. Sin pretenderlo como responsabilidad exclusiva, hoy en día casi una pretensión inaudita, su papel en este campo puede ser decisivo, en particular en lo que significa convocar a su producción a los actores locales y regionales en el marco de la construcción de una visión compartida del desarrollo regional, para lo cual también requiere de su propia transformación.

Aunque la universidad adolece de impedimentos sumamente difíciles y complejos de superar, para lograr que sus funciones básicas, investigación, docencia, extensión y gestión, se coloquen al servicio del desarrollo más allá de los aportes disciplinarios a los que se ha reducido su accionar, ha tenido una presenciasignificativa en los flujos comunicacionales de conocimientos, sea a partir de su producción, o su procesamiento y difusión, o a través del fomento de la integración regional y el respeto a la diversidad cultural, o mediante un papel legitimador de la articulación entre los actores regionales, considerando un entorno institucional y organizacional cada vez más variado.

En este sentido, no se trata de un mandato a cualquier universidad, mucho menos a aquellas amarradas a los criterios del pasado, ya que las incertidumbres crecientes del entorno obligan a una clarificación bien sustanciada del tipo de relaciones que mantiene con él, determinando prioridades y niveles de adecuación.

Según Sergio Boisier, “sobre todo las universidades subnacionales (regionales, departamentales, provinciales e incluso, “comunitarias” como en el Sur de Brasil), deben reafirmar su pertenencia ysupertinencia. La “pertenencia”, la incrustación en una comunidad local es clave para afianzar la identidad de la universidad;(…). La “pertinencia” se refiere a la adecuación entre el quehacer universitario y las necesidades de corto y largo plazo de la localidad en la cual está insertayalacual socialmente pertenece.” 8 A partir de su propia clarificación en este sentido, las universidades regionales podrán aportar tanto en su labor formativa como en el reforzamiento de la relación investigación desarrollo (I & D), sin descartar el cambio estructural de la economía, al desarrollo regional, pero teniendo presente la importancia de “contribuir a las estrategias locales y regionales para el desarrollo del territorio en la contemporaneidad (conocimiento + valores).” 9 En el ánimo de indagar en las estrategias locales y regionales que podrían contribuir desde la universidad, en este caso la Universidad Centroccidental Lisandro Alvarado, UCLA, no sólo a impulsar el desarrollo regional y local, sino también a proponer una direccionalidad, ubicados en el marco teórico expuesto y con el objetivo de someterlos al diálogoyalaconcertación entre sus actores, se proponen algunos aspectos considerados claves para delinear el proceso, en el entendido que presentan distintos niveles de elaboración, pero ante los que la universidad, a pesar de todo, podría dar aportes concretos y hasta comprometerse oficialmente como institución.

En este sentido, mediante una agrupación tentativa y en función de los ámbitos trabajados a través de investigaciones y estudios de diverso alcance y significación, se proponen para su abordaje sistemático y preferente por la universidad, de tal manera que incentiven el desarrollo regional y local, las líneas de investigación sobre las que podría proporcionar respuestas y contribuir con mayor impacto, como son, en lo sociopolítico, en cuanto procesos institucionales, la planificación regional, la dimensión financiera del desarrollo regional y local, y la información macroeconómica para la toma de decisiones; entre los que se identifican con lo sociocultural, en cuanto expresión de valores, sistemas de relación social y de articulación público-privado, la participación y sus modalidades, el capital social y la construcción de ciudadanía; y finalmente, en el ámbito socioeconómico, visto a través de la relación economía-sociedad, el abordaje de la economía social, el papel de la agricultura y la relación tecnología-territorio; todos ellos ubicados en sus manifestaciones regionales y locales.

Obviamente, al asumir una visión compleja y multidimensional, desde un esfuerzo por trascender el enfoque disciplinar, se parte de aceptar estos aspectos como no excluyentes y, aunque siempre existe el peligro de similitudes y repeticiones al definirlos de esta manera, se parte de reconocer la importancia de correr ese riesgo siempre y cuando se procure mostrar las interdependencias.

De esta manera, en cada ámbito se presentan a continuación, por líneas de investigación, informes que muestran algunos avances, en cuanto elaboraciones teóricas generales aunque con aproximaciones teóricas específicas, sobre aspectos fundamentales de cada una de ellas, tratando con cierta profundidad el papel de la universidad al abocarse a su desarrollo particular y de acuerdo a los aportes que tentativamente pudieran definirse en este momento, en vista de la necesidad de consolidar la propuesta sobre la actuación crucial que le correspondería cumplir, de forma corresponsable, en la construcción del desarrollo regional y local.

Líneas de Investigación por ámbitos definidos Siendo la identificación de los ámbitos un recurso para organizar de manera interrelacionada las líneas de investigación, al ubicarlas en cada uno, según los énfasis con los que se han venido trabajando, en lo sociopolítico, en la línea de procesos institucionales, se encuentran los trabajos sobre “El desarrollo territorial y la planificación”, (Alexis Guerra); “La dimensión financiera del desarrollo regional y local”, (Beatríz Ponte) y en la línea de información, “Planificación económica regional y local”, (Diego Mendoza) y “Los indicadores macroeconómicos regionales y el desarrollo territorial”, (Angélica Rauch). En lo sociocultural,enlas líneas de participación, capital social y construcción de ciudadanía, “La participación en la construcción del desarrollo local”, (Omaira Peña); “La universidad en la construcción de la sinergia participación-sostenibilidad en el marco del desarrollo”, (HildaAlejua y Aurora Anzola); “Políticas públicas y capital social en el desarrollo regional y local”, (Mauricio Iranzo T.); y “Universidad, Democracia y Ciudadanía” (Salvador Camacho). Por último, en el ámbito socioeconómico, conseguimos que la línea de economía social contiene los trabajos: “La economía social y cooperativa y el desarrollo local: el papel de la universidad”, (Nelson Fréitez); “La UCLA y el apoyo a las formas emergentes de la economía social y microempresarial”, (Alexei Guerra); mientras que en las líneas de agricultura y tecnología se encuentran “Aspectos económicos del desarrollo regional y local: el aporte de la agricultura”, (Edwing Salazar) y “La tecnología y el desarrollo territorial” (María Estela Marante).

A continuación se muestran refrencias específicas de cada uno de los trabajos y reflexiones enunciadas.

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