PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO REGIONAL Y LOCAL EN VENEZUELA

PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO REGIONAL Y LOCAL EN VENEZUELA

Alexis Guerra

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La Tecnología y el desarrollo territorial

María Estela Marante

Licenciada en Administración. (UCLA).
Maestría en Administración Industrial. Los Angeles, California (USA).
Especialista en Propiedad Intelectual en la Sociedad de la Información.
Universidad de Castilla La Mancha, Toledo, España.
Docente del Decanato de Administración y Contaduría.
Directora de Recursos Humanos. UCLA.
mmarante@ucla.edu.ve.

Recapitulando, se puede decir que la idea del desarrollo territorial, de alguna manera es consustancial a la emergencia de algunos paradigmas por cuanto es una respuesta que desde la nueva relación sociedad-naturaleza, deconstruye las tradicionales condiciones que desde lo económico se le asignaron al ordenamiento de los recursos en función del crecimiento, desconociendo e ignorando las potencialidades de la región en sí, como actor social o asentamiento de comunidades humanas.

Hoy por hoy, la pluralidad de concepciones o enfoques acerca del desarrollo es un hecho indiscutible, pero contrastable al mismo tiempo con la situación existente en sus orígenes, cuando los modelos avanzaban desde la raíz representada por la ideología del progreso, por los caminos que desde la economía política se bifurcaban en las tesis del liberalismo, por un lado; y las del marxismo, por el otro.

En este sentido, contemporáneamente el tema de las interrelaciones entre ciencia, tecnología y desarrollo social es quizás el más importante y complejo tema que pueda plantearse, cuyos conceptos son de uso internacional y esencial en el siglo XX, e ingredientes básicos de la cultura y la civilización actuales, rebasando el ámbito estrictamente académico, para relacionarse con temas centrales de la economía y de la sociedad, permeando múltiples espacios de la sociedad actual para transformarse en un hecho sociocultural cercano a la organización productiva y de los mercados y del desarrollo de los países, toda vez que contribuyen de modo especial, a la creación de los productos y servicios que satisfacen necesidades de todo orden de la sociedad humana.

Alcanzar el desarrollo, según Carlota Pérez (2001), supone un proceso dinámico, alimentado por innovaciones locales y mercados crecientes, cuyo proceso es condicionado por ciertos factores complementarios importantes como las ventajas dinámicas y elementos externos de diverso tipo, especialmente la infraestructura física, social y tecnológica, o la existencia de clientes locales competentes y exigentes. “Estos elementos pueden haberse creado antes con tecnologías maduras, o adquirirse mediante intensos procesos de aprendizaje e invirtiendo en el mejoramiento del medio social y económico.” En el contexto del paradigma tecnológico, el crecimiento 50 de los países y regiones estará determinado por la disponibilidad de potencial tecnológico, además de la formas adecuadas de aprovecharlo, la dinámica de adaptación de todos los niveles de la sociedad, creando redes de empresas pequeñas o medianas que colaboran en el desarrollo de los negocios y la tecnología para cubrir los mercados de exportación, constituyendo los denominados “clusters” o “sistemas locales de innovación”. (Pérez, 2000).

Defendido por Carlota Pérez, investigadora venezolana y expuesto en 5 0 varias de sus obras (ver bibliografía).

El desarrollo científico tecnológico se presenta como nuevas formas de cooperación para contribuir a incrementar el conocimiento, con miras a eliminar el subdesarrollo económico latinoamericano, pero estando aún muy lejos, de acuerdo con Díaz (2000), por la falta de implantación de estrategias que apunten a la transformación productiva con equidad, por lo cual el desarrollo científico y tecnológico sigue siendo en la mayoría de los casos una cuestión pendiente.

En este orden de ideas, la tecnología, vista como un proceso social, en la práctica, integra diferentes factores (psicológicos, sociales, económicos, políticos, culturales, etc.), siempre influido por valores e intereses, erigiéndose en el factor más influyente en la sociedad contemporánea al permitir la competencia en un mundo globalizado y polarizador de la riqueza y el poder.

La capacidad endógena de los actores territoriales, el grado de desarrollo del ambiente en que actúan y la pertenencia a una red productiva se han convertido en elementos claves para desarrollar competencias y crear ventajas competitivas. “Se comienza a afirmar que las ventajas competitivas de los países, regiones y agentes no se derivan necesariamente de su dotación factorial, sino también de factores intangibles que se construyen a partir del desarrollo de competencias endógenas y de la articulación con otros agentes. En el tránsito de las ventajas comparativas estáticas a las dinámicas, la capacidad de aprender, concebida como un proceso interactivo y socialmente embebido, desempeña un papel clave”. (Yoguel, 2000).

En cuanto a los países latinoamericanos, en muchos casos relacionados con la elaboración de recursos naturales, presentan bajos niveles de incorporación de procesos de aprendizaje como elemento primordial a los efectos de obtener ventajas competitivas, y que en el contexto de las dinámicas actuales de los modelos de desarrollo, obliga a prestarle mayor atención. Ello debería incluir objetivos como el fortalecimiento de las cadenas de valor agregado, el desarrollo de la capacidad productiva para la internacionalización, la integración de las pequeñas y medianas empresas en las redes y el logro de un mayor equilibrio territorial, de 51 manera de lograr desarrollo de competencias, difíciles de obtener sin un proceso de aprendizaje importante.

Algunas funciones públicas relativas a políticas industriales, el desarrollo de la ciencia y la tecnología, la educación, el combate de la pobreza y el logro de una mayor equidad, así como la conservación del medio ambiente, requieren urgentemente de estrategias de desarrollo de más largo plazo, que en un marco de colaboración endógeno, luce factible especialmente si se concibe contando con el sector privado, las organizaciones no gubernamentales, el Estado y especialmente las instancias que en éste tienen responsabilidades directas con la generación de conocimientos, la formación profesional y la sistematización de los procesos, como es el caso de las universidades.

Dentro de los enfoques alternativos considerados, más allá de la concertación entre los actores, aparece cada vez con más fuerza el de “desarrollo sustentable” o “ecodesarrollo”, para caracterizar al crecimiento económico compatible con la preservación del medio ambiente, entendido como equidad intergeneracional o “revolución verde”.

Pero en el marco del desarrollo sustentable, lo tecnológico se enfrenta a algunos problemas, como el reemplazo de comunidades biológicas complejas y sus efectos sobre la vulnerabilidad del ecosistema en lo que se refiere a plagas, malezas, enfermedades y causantes de la erosión del suelo; los derivados de la erosión genética que reducen la fertilidad de los suelos y sedimentan los depósitos de agua y sistemas de irrigación, así como el uso de fertilizantes y pesticidas con las consecuencias de contaminación de aguas y amenaza a la población piscícola y humana. Pero a su vez, la propia tecnología es fuente de innovación, al llevar a los científicos a encontrar nuevas tecnologías de control en elmismo ámbito de acción tecnológica.

Dentro de este enfoque, el ecodesarrollo plantea una modalidad de desarrollo diferente a las actuales, poniendo énfasis en los estilos y características propias que debe tomar de acuerdo con los aspectos locales, tanto ecológicos como socioculturales. El desarrollo rural y la agricultura sustentable deben considerarse como parte de un proceso de desarrollo local, que pudiera conceptualizarse analíticamente como la búsqueda de un bienestar estable y creciente para una población que participa en la gobernabilidad de un territorio específico, en el cual es posible construir oportunidades de ingresos para su reproducción. (Salinas, 1998) Otro de los enfoques de desarrollo es el adelantado por Amartya Sen bajo la denominación de “con un poco de ayuda de 52 tus amigos”, el cual tiende a presentar el desarrollo como un proceso más amigable, que no requiere en tanta medida el sacrificio de las actuales generaciones en beneficio de generaciones futuras.

Evidentemente, muchas de las diferencias entre países ricos y pobres están determinadas por cuestiones económicas, como la falta de recursos de los países pobres para financiar sistemas sanitarios y educativos. Pero, como ponen de manifiesto los informes sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), esta aseveración no es absoluta, pues las relaciones no se dan de manera proporcional, tal como muestran los mencionados informes.

Economista Premio Nobel (1998), nacido en la India y que cursó estudios en Inglaterra y Estados Unidos.

Desde la perspectiva del desarrollo humano, el objetivo central es la actividad humana, como medio para promover el crecimiento económico, al tiempo que los logros en materia de desarrollo humano, pueden contribuir de manera decisiva al crecimiento económico. En consecuencia, habría que examinar dos cadenas causales distintas: una de ellas muestra la vía desde el crecimiento económico hacia el desarrollo humano, pues a medida que los recursos provenientes del ingreso nacional se asignan a actividades que contribuyen a este último y la otra, desde el desarrollo humano hacia el crecimiento económico, indicando de qué manera el desarrollo humano, aparte de ser un objetivo primordial, contribuye a aumentar el ingreso nacional. (Ranis, 2002).

En este contexto, resulta que los principales eslabones de la cadena que va del crecimiento económico hacia el desarrollo humano se relacionan. Del análisis se desprende que podría preverse la existencia de importantes relaciones de causalidad entre la economía y los logros en materia de desarrollo humano, pero a su vez, las relaciones no son automáticas, pues dependen de la solidez de los eslabones de la cadena y de una amplia gama de factores, incluidas la estructura de la economía, la distribución del ingreso y de los bienes y las opciones de política.

Por otra parte, en el camino que va desde el desarrollo humano hacia el crecimiento económico puede comprobarse, que los individuos que se tornan sanos, mejor alimentados y más instruidos, contribuyen más al crecimiento económico, como en efecto lo confirman los datos empíricos: la ampliación de la educación primaria aumenta la productividad de los trabajadores urbanos y rurales; en la agricultura, la educación eleva la productividad de los agricultores que utilizan técnicas modernas y, consecuencialmente, no influye tanto en los que utilizan métodos tradicionales. Además, la educación contribuye de manera importante a la capacidad técnica y al cambio tecnológico en la industria. (Ranis, op.cit).

Tecnología, innovación y desarrollo regional La dimensión global que han venido adquiriendo los mercados y sistemas productivos a nivel mundial, ponen de manifiesto el paradigma de la globalización de la economía y la sociedad. Además del progresivo cambio de dimensiones, el proceso ha venido aparejado a empresas multinacionales y al vertiginoso desarrollo de nuevas tecnologías de la información, transportes y comunicaciones que facilitan y refuerzan el funcionamiento y la interacción de las organizaciones. (Vazquez-Barquero, 2000a) Como señala Ferrer (1996), la globalización es, en todo caso, un fenómeno antiguo, asociado con los intercambios internacionales de bienes y servicios, y la internacionalización delcapital y de la producción, pero las características que toma actualmente el fenómeno, en cuanto a su vinculación con las tecnologías de la información y nuevas tecnologías, claramente lo diferencian de los procesos anteriores, más bien orientados a la apertura de mercados o búsqueda de materias primas. Por otra parte el proceso actual se ha venido fortaleciendo mediante nuevas formas de organización de la producción a través de la formación y desarrollo de sistemas de empresas y de alianzas estratégicas internacionales, lo que permite crear cada vez más redes con una dimensión global.

El nuevo papel de las nuevas tecnologías al convertirse en el dinamizador de toda la actividad y convertirse en núcleos centrales del ciclo de acumulación en los nuevos escenarios; el incremento del peso del capital intangible respecto al del capital fijo antes dominante y la evolución hacia una economía de servicios, constituyen importantes características de la nueva economía. (Caravaca, 1998). Una nueva lógica espacial está surgiendo, puesto que los flujos se entremezclan en una complicada malla de redes.. «La arquitectura de relaciones entre redes, decretada por la velocidad de la luz operando en las tecnologías de la información configura procesos y funciones dominantes en nuestras sociedades» (Castells,1995).

En cuanto a las políticas de desarrollo regional, también se presentan diferencias sustanciales con respecto a aquellas manejadas hasta ahora, pues no es precisamente el gobierno el que está en el centro de la política, sino más bien, es el desarrollo industrial endógeno el que enfatiza los roles de la cooperación entre firmas, de los gremios industriales, de los sindicatos de trabajadores y de gobierno para desarrollar en conjunto las habilidades, los recursos y las “reglas del juego”. La política pública sigue siendo importante pero en forma diferente. (Helmsing, 1999) “Tal representación de las ciudades apunta hacia nuevos modelos técnicos de lo urbano, fundados en la racionalidad económica aplicada a los flujos de materia-energía; si se quiere reducir el impacto entrópico de las prácticas urbanas cabría adoptar tecnologías ahorradoras de espacio, materia y energía y volcadas hacia el reciclaje de materiales. La idea de eficiencia ecoenergética pretende consecuentemente extender el campo de vigencia de la racionalidad económica”. (Acselrad, 1999).

En este orden de ideas, los espacios territoriales que concentran actividades atraídas por las políticas de inversiones, por sí solas no generan desarrollo, pues es preciso generar tejido productivo nuevo, promovido desde las mismas empresas. Para ello, el entorno y la empresa deberían compartir sistemas de organización, cultura productiva, tecnologías y objetivos, creando así las condiciones para que se produzcan los mecanismos difusores de las innovaciones.

El lugar de la localización de la empresa externa responde a las necesidades de funcionamiento del grupo empresarial y está condicionado por los factores de atracción del territorio, cuyas características cambian como consecuencia de las continuas transformaciones tecnológicas y productivas. El espacio local, al adquirir nuevas propiedades y cualidades para las nuevas organizaciones empresariales, se convierte en un entorno socioeconómico en el que se producen relaciones de sinergia y cooperación entre los agentes públicos y privados (Vázquez-Barquero, 1997).

La respuesta local a los desafíos globales se instrumenta, pues, mediante un conjunto de acciones de carácter muy diverso. Unas se dirigen a la mejora de las infraestructuras y entorno urbano, otras tratan de suplir las carencias y mejorar los factores intangibles del desarrollo, y otras se proponen fortalecer la capacidad organizativa del territorio. Un elemento diferenciador de la nueva política regional lo constituyen las iniciativas que inciden sobre los aspectos cualitativos del desarrollo, que tienen un carácter inmaterial. Se incluyen, entre otros, la cualificación de los recursos humanos, el saberhacer (“know-how”) tecnológico e innovador, la difusión tecnológica, la capacidad emprendedora existente, la información estratégica disponible en las organizaciones y empresas y la cultura local de desarrollo (Vázquez-Barquero, 2000b).

En el caso deAmérica Latina y El Caribe, “tras varios años de aplicación de reformas macroeconómicas en las políticas diseñadas, no parecen ser suficientes para asegurar la innovación tecnológica y de gestión de su tejido productivo y empresarial, mayoritariamente compuesto por microempresas y pequeñas y medianas empresas; para incrementar la calidad de los recursos humanos y las relaciones laborales existentes; para prevenir la degradación del medio ambiente; para difundir el crecimiento económico de forma más equilibrada en los diferentes territorios; y, en suma, para lograr mejorar el nivel de vida y desarrollo humano del conjunto de la población”. (Vázquez-Barquero, op.cit.) Este nuevo enfoque, por lo tanto, entiende que el crecimiento económico no tiene por qué ser, necesariamente, polarizado y concentrado en las grandes ciudades. El desarrollo económico puede surgir también de forma difusa en el territorio si se utiliza eficientemente el potencial existente en el mismo. La nueva estrategia de desarrollo regional se basa, pues, en una aproximación territorial al desarrollo, en la que la historia productiva de cada localidad, las características tecnológicas e institucionales del medio local y los recursos locales, condicionan el proceso de crecimiento económico. Por ello, para desarrollar una localidad hay que recurrir, además de los factores externos, a los factores endógenos de ese territorio.

Pero en definitiva, ¿en qué consiste exactamente el desarrollo local?. Pues no cabe hablar de un “modelo” de desarrollo local, dado que en su esencia está la flexibilidad y la capacidad de adaptación a cada espacio específico, y por lo tanto, sería impreciso ofrecer una definición absoluta de desarrollo local. No obstante, tratando de lograr un acercamiento en función de las ideas desarrolladas hasta ahora, puede entenderse por desarrollo local un amplio conjunto de actuaciones públicas y privadas, de tipología muy diversa y alcance muy variado, dirigidas a dinamizar la economía y la actividad productiva y empresarial en la esfera territorial específica de que se trate favoreciendo una actitud social activa, impulsando la cultura emprendedora y la innovación y contribuyendo a generar empleo y renta a través del aprovechamiento, con base en la participación ciudadana, la concertación entre los agentes sociales y la coordinación de los recursos endógenos, las ventajas comparativas y competitivas y los empleos de futuro que en cada lugar se detecten, siempre y cuando busquen la interdependencia y las oportunas sinergias entre economía, medio ambiente, tecnología y territorio.

Bibliografía

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Yoguel, Gabriel (2000) Creación de competencias en ambientes locales y redes productivas. Revista de la CEPAL Nº 71. Octubre.